martes, 11 de febrero de 2014

Viaje gastronómico: caviar verde en las islas Filipinas


Mi primo Joel dice que hoy comeremos 'lato'. Yo asiento serio porque no sé qué es un 'lato' pero digo que sí porque suena a aventura para el paladar y nunca digo que no a una aventura gastronómica. 'El lato es el caviar verde y lo venden en los mercados', me dice Joel. Los filipinos son tan afortunados en su gastronomía que disponen de enormes cantidades de caviar en sus mercados. Eso sí, caviar verde, también conocida como 'uva de mar'. Su nombre real es 'lentillifera de Caulerpa', se asemeja a un racimo de uvas y tiene un sabor que recuerda al caviar. Sin embargo es un género de algas, algas verdes, y se trata de una especie poco usual porque no es más que una célula con muchos núcleos: ¡pero qué células! Dicen de ellas que son de las más grandes del mundo y cuando te las llevas a la boca no dirías jamás que vas a comerte unos núcleos...

Caviar verde, lentillifera de Caulerpa, en el mercado de Puerto Princesa, por Hachero

En el mercado de Puerto Princesa, capital de la isla filipina de Palawan, los puestos rivalizan por vender los manojos de este caviar verde más frescos que los del vecino. Y el mercado de Puerto Princesa no es cualquier cosa: parece que hayan cometido una desagradable matanza entre los amigotes de Nemo, el de la película de Walt Disney. A 40 pesos el kilo de Chlorurus sordidus, más allá a 30 el de pez loro de Timor, en aquel barreño descansan su sueño eterno peces pipa, los colores de los peces tropicales se desbordan en los puestecillos y siento la misma pena, imagino, que pueda sentir un alemán cuando visita el mercado de mi ciudad y contempla las grandes cabezas de atún como reclamo en los mostradores.

peces tropicales por Hachero
peces tropicales por Hachero
peces tropicales por Hachero

Pero, volviendo al conocido como caviar verde, dicen que su origen está en la isla filipina de Cebú pero en el mercado de Puerto Princesa, en la isla de Palawan, está también por todas partes. La vendedora me mira curiosa: ¿por qué fotografiará este guiri mis algas para la ensalada?, parece decir. Mi primo Joel me invita a tomarlos en un picnic sobreacuático: mójalas en vinagre, estarán más sabrosas. Y lo están, es cierto, las bolas estallan en el paladar y lanzan por doquier un sabor a mar muy agradable con el ácido de un vinagre oscuro mezclado con salsa de soja. Lo cierto es que la lentillifera de Caulerpa es hoy una exquisitez que se exporta a Japón, que se cultiva en Vietnam y que alcanza precios muy altos en Indonesia, donde se consumen cocidas en azúcar.

Caviar verde, lentillifera de Caulerpa, en el mercado de Puerto Princesa, por Hachero

Cada glóbulo ronda los dos milímetros de diámetro, dispuestos en hileras a lo largo de un tallo del que se desprenden fácilmente. Crecen en estolones horizontales que sobresalen de la superficie desde su raíz, de dos a cinco metros bajo el agua, o bien sobre rocas y escombros de coral, en aguas templadas, o en fondos arenosos. Joel me señala donde las recogen, 'ahí', señala al horizonte mientras las mojo en vinagre. En la isla de Cebu las cultivan en estanques, me cuentan, estanques submarinos que producen hasta quince toneladas anualmente.

Caviar verde, lentillifera de Caulerpa, en el mercado de Puerto Princesa, por Hachero

RECETA

Preparación y limpieza del alga:

Debe ser preparada con cuidado, para que no pierda su frescura y mantener sus nutrientes en buen estado.

Enjuagar y lavar con un chorro de agua es un método común, pero usar el agua corriente para limpiarla, probablemente pasada una hora más tarde se pondrá suave y tomará un color pálido, se marchitará y la sensación de mordedura ya no será igual.

La mejor manera de lavarla es con un poco de agua salada o  agua limpia (1 litro) con 50 g de sal de mesa, así se mantendrá crujiente.

Caviar verde, lentillifera de Caulerpa, en el mercado de Puerto Princesa, por Hachero

Salsa

La salsa de aliño es muy simple. Solo tenemos que mezclar una moderada cantidad de vinagre o salsa de limón, con un poco de azúcar, sal y chile al gusto.

Preparación y la forma de comer:


1/ Deben ser consumidas crudos, no pueden permanecer en salsa mucho tiempo, ya que perderían sus características.

2/ Servir separadas de la salsa y sumergirlos en el momento y comer. De esta manera, la sensación en la boca y la fragilidad no va a cambiar.

3/ Con wasabi, ensalada de crema, limón o vinagre con chile, la sensación en la boca es explosiva y  deliciosa.

http://www.tiendadecaballitos.es/Caulerpa-lentillifera

Caviar verde, lentillifera de Caulerpa, en el mercado de Puerto Princesa, por Hachero

La caulerpa lentillifera tiene un alto índice de minerales, propiedades antibacterianas y antifungicida, se usa para el tratamiento de la presión sanguínea, riesgos de hipertensión y reumatismo, es rica en vitamina A y C y ácidos grasos sin saturar. Aunque genera unas toxinas que pueden ser peligrosas para el ser humano (tiene derecho a defenderse de gente como yo que las devora con gesto de placer) los científicos dicen que comerla es seguro, y yo doy fe de ello, y además el uso de la caulerpa lentillifera va en aumento. Por ejemplo, en Okinawa, en Japón, es una de las comidas típicas, a pesar de que les importaron de las Filipinas y en Vietnam le vieron tanta punta al tema que ya la producen industrialmente. 

El caso es que la caulerpa, el caviar verde, o la uva de mar, está llamada a ocupar una posición importante y con mucho futuro en la industria alimentaria aunque hasta ahora sólo Japón, Vietnam e Indonesia se han puesto manos a la obra para producir grandes cantidades debido a que crece de una manera desaforada y en cualquier parte. Tanto que en el Mediterráneo , sobre todo en las costas de Mónaco, ya se la considera una especie invasiva y del mismo modo se está expandiendo por el golfo de México. Mojo mi último racimo en el cuenco con vinagre y salsa de soja: delicioso, pienso mientras el mar se abre paso por entre mis encías. Tal vez podamos domar a esta especie invasiva con la amenaza de enormes ensaladas de algas marinas. O caviar verde.

Caviar verde, lentillifera de Caulerpa, en el mercado de Puerto Princesa, por Hachero

Viaje a Filipinas: el Frente Moro de Liberación Nacional toma Zamboanga

Arnold Hachero

Arnold Hachero, mi 'primo' en Zamboanga, sur de Filipinas, describe lo que está viviendo así: 'La situación aquí no es nada buena', asegura, 'todo está cerrado, hasta los bancos, así que tampoco hay dinero, el miedo lo invade todo y las tiendas no abren, o lo hacen por poco tiempo'. El desabastecimiento es general. Los colegios están cerrados, los bancos, las tiendas y los centros comerciales. Los pocos que se atreven a abrir, cierran a las pocas horas. Muchas familias están separadas porque el conflicto les cogió en diferentes partes de la ciudad y con la llegada del ejército y los enfrentamientos no han tenido ocasión de regresar a sus casas ni encontrar a sus parientes. Arnold, y sus amigos, alivia en lo que puede el destino de los más desfavorecidos a través de la distribución de la ayuda humanitaria que almacena alguna asociación caritativa de la ciudad.

Todas las fotos son de Arnold Hachero

Arnold Hachero
Arnold Hachero
Arnold Hachero
Arnold Hachero

Todo comenzó el pasado 9 de septiembre de 2013 cuando varios comandos del Frente Moro de Liberación Nacional FMLN entraron en la ciudad de Zamboanga y se dividieron por los barrios con un objetivo definido: crear el terror y vengar una pretendida afrenta. El FMLN es un grupo musulmán conformado en guerrilla nacionalista que busca la independencia de la mayor parte del sur de las islas Filipinas, donde los musulmanes son mayoría. Sin embargo, la ciudad de Zamboanga es una isla de cristianismo, católico en su mayoría, en este mar islámico. No sólo eso. Zamboanga es la ciudad en la que el gobierno de Filipinas mantiene unas tensas negociaciones con el Frente Moro de Liberación Islámica, una escisión del Frente Moro de Liberación Nacional con una evidente orientación religiosa. El gobierno negocia la creación de una entidad autónoma que habría de llamarse Bangsamoro, que a su vez sustituirá a su versión antigua, la Región Autónoma en Mindanao Musulmán, otra utopía sobre la que orbitan interminables conversaciones que, hasta hoy, no han logrado nada.

Arnold Hachero
Arnold Hachero

El FMLN, que a su vez desarrolla otras negociaciones por su parte, aceptó mal que sus primos tomaran la delantera en esto de las conversaciones por la paz y su líder, Nur Misuari, exigió la independencia de todos los enclaves musulmanes del sur durante el pasado mes de agosto. Es decir: Mindanao, Basilan, Palawan, Sulu, Tawi-Tawi y hasta los territorios malayos de Sabá y Sarawak (que es el norte de la isla de Borneo, Kalimantan para los indonesios). Una cadena de islas paradisíacas en las que, no obstante, se esconde el terror, el terror de la pobreza de campesinos olvidados, de pescadores miserables, de aldeas medio abandonadas, del caldo perfecto para que la sopa de la indignación tome la determinación más radical. La de que nada ni nadie importa.

Arnold Hachero

Por eso crean el terror pero también, como decía arriba, por una afrenta. Dicen por Zamboanga que los enfrentamientos comenzaron cuando un contingente de varias decenas de guerrilleros llegó a la ciudad para preparar la llegada de Musari y montar el dispositivo de escolta pero la policía no consintió nada de esto y los detuvo. Desde aquel incidente, los muertos se cuentan ya por decenas, los heridos por cientos y los rehenes por muchos cientos, aunque el número fluctúa porque el ejército libera a unos mientras los rebeldes secuestran a otros.

Arnold Hachero

El asedio ha desplazado, hasta hoy, a más de 70.000 personas, el barrio de Santa Catalina ha sido el principal escenario de enfrentamientos entre los guerrilleros y los soldados regulares del ejército filipino pero las autoridades han evacuado muchos barrios más, la mayoría al sur de la ciudad: Santa Bárbara, Talón-Talón, Río Hondo y Mampang están hoy medio vacíos y sus poblaciones se queman al sol de escuelas y complejos deportivos a las afueras de la ciudad. Bless Hachero, que también es 'prima' mía, cuenta su experiencia: 'Podemos escuchar el fuego de metralleta y las bombas caer en Santa Catalina', escribe aterrada mientras asegura que su barrio parece en calma. Lo que comenzó como una sucesión de refriegas involucró pronto a la aviación estatal, que ha bombardeado las zonas en las que los rebeldes se hicieron fuertes y los muertos se contaban por decenas al cabo de una semana. Los comandos especiales del ejército toman las calles vestidos de camuflaje, fusil en mano, cualquier movimiento es sospechoso, permanecer en la calle es un riesgo en sí mismo.

Arnold Hachero
Arnold Hachero

Con sus amigos del Rotary East Club, Arnold distribuye los pocos alimentos que consigue entre las almas caritativas. Sobre el césped del complejo deportivo los más afortunados han levantado pequeños chambaos bajo los que espantar el espantoso sol tropical: el resto duerme como puede en el graderío. Arnold y sus amigos ocupan posiciones claves en el municipio: Vernon capitanea los transbordadores a la cercana isla de Basilan, feudo de otro grupo terrorista: Abu Sayyaf, Dominador Flores es el jefe de los bomberos, entre todos remueven agenda y encuentran cajas de alimentos donde no había nada. La ayuda es una gota de agua en el océano, alrededor de diez mil personas se aburren soberanamente en el desvencijado campo de fútbol. A las ocho de la tarde, ya de noche, comienza el toque de queda que les sumirá en el silencio hasta las ocho de la mañana.

Arnold Hachero
Arnold Hachero
Yo mismo con el señor Dominador Flores

La ciudad latina del sudeste asiático, Zamboanga la bella, la antigua fortaleza española en la que se desarrolló un idioma único, el Chabacano, resiste hoy, mal que bien, frente al invasor musulmán, como siempre, como hicieron los conquistadores españoles frente a los islámicos que ya poblaban esta región antes que los cristianos, una confrontación con mucho de político pero algo más de religioso y mucho más de choque de civilizaciones. Un enfrentamiento que nos ha dejado monumentos extraordinarios, desconocidos en España, como las iglesias fortalezas de las Visayas, el fuerte del Pilar de Zamboanga, el mismo idioma chabacano. Perfectos desconocidos en su patria de origen que mantienen su idioma contra viento y marea, contra ataques y olvido, que mantienen su religión y su cultura contra la indiferencia incluso de sus primos del otro lado del mundo. Porque muchas veces duele más la indiferencia que las balas de los rebeldes.

Arnold Hachero

lunes, 10 de febrero de 2014

Viaje a Cádiz: el saqueo de 1596 como precedente de Gibraltar


110 años antes de que una flota angloholandesa se adueñara del Peñón de Gibraltar, otra flota angloholandesa se apoderó de Cádiz con las mismas intenciones. Durante catorce días miles de marineros británicos y holandeses saquearon la ciudad sin que apenas nadie se atreviera a toserles, y después de pensar largo tiempo si quedarse o marcharse optaron por lo segundo y dejaron atrás una enorme tea humeante donde antes había habido un próspero puerto. El segundo conde de Essex, Robert Deveroux, oficial principal del saqueo, apoyado por algún subalterno y los oficiales holandeses, propusieron acondicionar la ciudad para convertirla en el bastión inglés con el que la reina Elizabeth I fantaseaba de este modo: ‘si no sólo se toma un puerto sino que se le guarnece y mantiene, se convertirá en una espina clavada en el pie del rey de España’.

Cádiz por Hachero

El segundo conde de Essex, por su parte, meditaba: ‘Si el lugar es bien elegido y la lucha bien dirigida, en muy corto espacio de tiempo no sólo se ganará lo que se ha gastado sino que el mayor provecho será para S.M. y riqueza para nuestro país, ya que si se mantuviera ocupado el lugar una gran parte del flujo de oro de las Indias podría pasar de España a Inglaterra...’ . El objetivo declarado de la corona británica, por tanto, consistía en mantener una plaza en el sur de España, no tanto por la consideración geoestratégica actual, el control de la entrada al Mediterráneo y un acceso privilegiado al continente africano, sino la captura de los galeones procedentes de las Indias. Cinco siglos después, y en retrospectiva, podemos decir que la pérfida Albión consiguió lo que pretendía, aunque en un lugar mejor y algo más al sur: Gibraltar.

Cádiz por Hachero
Frente a este castillo, entonces islote, atracó la flota británica
El 13 de junio de 1596 una flota anglo holandesa formada por ciento veinte buques zarpó del puerto de Plumouth en misión secreta. A bordo viajaban más de seis mil soldados de ambas nacionalidades. Al frente de la expedición, Lord Charles Howard of Effingham y el segundo conde de Essex, Robert Deveroux. El destino: la ciudad de Cádiz. El objetivo: bajar los humos al rey Felipe II, enseñoreado de los Países Bajos, de la Francia de aquel entonces y de media Europa y las suculentas colonias de las Indias Occidentales. Los británicos, espoleados por su reina, la tal Elizabeth, veía indignada cómo el rey católico quería absorberlos en su imperio sin pensar que la actitud de sus gobernantes, y sus marinos, entregados a la causa pirata, en su versión corsaria, tuviera algo que ver. De hecho, antes de la Armada Invencible, que fue en 1588, el corsario Drake atacó también la ciudad de Cádiz en abril de 1587, lo que deja la sensación de un toma y daca que terminó por inclinarse del lado británico.

Cádiz por Hachero
Las arenas que hollaron los piratas de su Graciosa Majestad tiene hoy otros usos más lúdicos
Con tan definido objetivo, la flota anglo holandesa recorrió la fachada portuguesa, en aquel tiempo posesión española, atrapando los barcos que se le cruzaban en el camino y alejado de costa, para no minar el factor sorpresa. Cómo una marina tan desmesurada pudo pasar desapercibida dice bien poco de las defensas españolas. El domingo 30 de junio la flota fondeó frente a lo que hoy es castillo de San Sebastián, y en aquel entonces nada más que un islote, donde pensaban desembarcar, pero había una borrasca tan pronunciada que decidieron aguantarse las ganas de degollar católicos y esperar la pleamar del día siguiente.

Cádiz por Hachero

Cadiz por Hachero
Negros nubarrones se cernieron sobre la ciudad de Cádiz y la borrasca toma forma demoníaca sobre la playa de la Caleta

La borrasca ayudó a los gaditanos, aunque tampoco mucho. Dicen las crónicas que los vecinos, aterrorizados por lo que veían en el horizonte, subían grandes piedras a las azoteas para arrojarlas sobre los invasores, que echaban arena tras las murallas para que resistieran mejor, que el griterío y los llantos eran descorazonadores. En el interior de la bahía de Cádiz la flota de Indias aguardaba turno para salir rumbo a América, una fabulosa inversión que parecía abocada a perderse en manos de los británicos. La gente deambulaba pálida, muerta antes de tiempo, y observaban desde las playas la enorme flota cerniéndose amenazante sobre la ciudad. Según el canónigo Francisco de Quesada, que salió de ronda mientras los ingleses preparaban el ataque, 'no hallamos en la calle ni en la muralla ánima nacida, y las tres puertas de la villa quedaban trancadas solamente con unos maderos y piedras sin que nadie asistiese a ellas'. Una situación de pánico generalizado y de ausencia de poder: nada nuevo bajo el sol. De hecho el poder, con mayúsculas, El Poder, paseaba plácido en su carroza por las playas de Castelnovo, hoy en Conil de la Frontera, cuando supo que 'más de ochenta velas' se habían descubierto en Cádiz, y le faltó entonces tiempo para avisar a las villas de Vejer, Conil, Chiclana, Gibraltar, Tánger y Ceuta. Claro que eso ocurrió el sábado 29 de junio, cuando los británicos ya habían dejado atrás el Algarve portugués y asomaban sus narices por la bahía de Cádiz.

Cádiz por Hachero

Los barcos de la bahía corrieron a esconderse lo más al interior posible, los más pesados frente a Puerto Real, los más livianos internándose en los caños de las marismas. Pero del ataque no se libró nadie. La flota española se parapetó frente a Puntales con Álvaro de Bazán a la cabeza, el que da hoy nombre a los astilleros militares de San Fernando, pero los ingleses entraron en la bahía como Perico por su casa, los cañones de tierra parecían de plastilina y los valerosos marineros patrios saltaban de los barcos, ahogándose muchos de ellos, descuidando su artillería, escondiéndose tierra adentro. En el lado español se perdieron 21 barcos de guerra y unos 40 mercantes, además de 19 galeras de las más refutadas del país.

Cádiz por Hachero
Los caños de Sancti Petri forman parte de la enmarañada red de pequeñas vías de agua por las que huyeron los barcos más livianos
Al final de la batalla, los ingleses habían perdido 30 hombres y un par de pequeñas embarcaciones que ardieron por negligencia de sus propios hombres. Entre los españoles, dos de los buques más emblemáticos, el San Felipe y el Santo Tomás terminaron varados e incendiados por sus propios marineros, y los otros dos, el San Mateo y el San Andrés, en manos británicas. Con la flota española desarbolada y cautiva, tres mil hombres desembarcaron en Puntales y se encaminaron a San Fernando, que en aquella época se llamaba la Isla de León, donde los soldados ofrecieron una tímida resistencia que acabó con las puertas de las murallas abiertas y los cañaíllas presos. Sir Francis Vere, el segundo de la expedición, dejó un recuerdo un tanto ridículo de la batalla de San Fernando: ‘parecía mejor un tumulto interior y una riña callejera que una lucha entre naciones tan poderosas...’.

Por si todo esto no hubiera sido una humillación difícil de digerir, lo peor vendría ahora: el segundo conde de Essex, en lugar de vengar las bajas, dio orden de cuidar ‘que no hubiera violencia ni se infirieran ofensas por parte de soldados u otros hombres a ninguna de las señoras o al resto de las mujeres’. Y para demostrar que iba en serio, ejecutó a dos ingleses acusados de violación. Los españoles, anclados aún en una mentalidad medieval, no salían de su asombro porque lo habitual era que cualquier invasión acabara con los prisioneros pasados a cuchillo y el propio Felipe II dejó caer una frase legendaria: ‘tanta hidalguía no se ha visto jamás entre herejes...’.

Cádiz por Hachero

El martes por la mañana, los vecinos de Cádiz que se habían hecho fuertes en el castillo de San Felipe, pidieron tregua y ofrecieron 120.000 ducados y 50 rehenes de entre lo más granado de la población como prenda del rescate. El anecdotario es rico a partir de ahí. Sir John Wingfield falleció por sus heridas y fue solemnemente enterrado en la catedral de Santa Cruz, y ahí sigue el hombre porque dicen que era católico, aunque profundamente anti español. La vida en la ciudad tomada se disparataba a veces y en algunos momentos los oficiales perdían el control de sus hombres, que se abandonaban a cierta fiebre iconoclasta y destruían sacras imágenes como la virgen de la iglesia de los jesuitas, arrastrada por las calles en un jolgorio no exento de alcohol que tuvo que ser de órdago.

Los ingleses habían estado sólo catorce días en Cádiz, suficiente para dejar la ciudad arrasada, ardiendo como una tea y rapiñeada hasta el último rincón. Entre los objetos de rapiña, una colección de libros sobre religión y filosofía que aún se guarda en la biblioteca de la catedral de Hereford. Los soldados, por su parte, sacaron todo el vino de las casas y se dedicaban a pasear sus indignas borracheras por la ciudad, con la poca vergüenza de acusar a los holandeses de ser sus mentores en esto del alcohol, costumbres que decían haber adquirido en los Países Bajos mientras luchaban contra los españoles. Los 50 prisioneros que aún permanecían en manos de los británicos, por los que pedían 120.000 ducados, terminaron siendo embarcados porque el dinero no llegó y los parlamentarios enviados sólo ofrecieron confusos pagarés y bonos que no fueron precisamente bien acogidos. Cinco siglos atrás la economía española gozaba de la misma aceptación que hoy en el antecesor de la City...

Sir George Carew llegó a afirmar en su diario que a pesar de que los españoles habían concentrado un ejército de 50.000 hombres entre Sevilla, El Puerto, Jerez y Puerto Real, 'nunca tuvimos miedo ni por tierra ni por mar de ataques, pues vivimos con una gran tranquilidad y descanso, como si hubiésemos estado en Cheapside...'.

Cádiz por Hachero


Los británicos se marcharon sin que apenas nadie los molestara y se dieron el gustazo de pararse en Faro, en el Algarve portugués, para saquear un ratito. Luego pensaron en saquear también La Coruña pero un brote de sarampión entre la marinería les impidió detenerse más tiempo. A sus espaldas, Cádiz prácticamente desaparecida del mapa y la corona de los Austrias en quiebra tras valorar en 5 millones de ducados las pérdidas de la flota de las Indias. Dicen las crónicas que en la ciudad ardieron las iglesias y hospitales, una cuarta parte de todas las casas y hasta se pensó que no era posible recuperarla y que debía trasladarse en bloque al Puerto de Santamaría.

Cádiz por Hachero


Como anécdotas más poéticas dice la leyenda que los ingleses robaron tantos barriles de vino de Jerez que ayudó a popularizarlo en las islas británicas, y dice también la leyenda que el mismo Miguel de Cervantes dedicó un soneto satírico a las tropas del duque de Medina Sidonia y a su lugarteniente, el capitán Becerra:

Vimos en julio otra semana santa
atestada de ciertas cofradías
que los soldados llaman compañías,
de quien el vulgo, y no el inglés, se espanta.

Hubo de plumas muchedumbre tanta
que, en menos de catorce o quince días,
volaron sus pigmeos y Golías,
y cayó su edificio por la planta.

Bramó el Becerro, y púsoles en sarta,
tronó la tierra, escurecióse el cielo,
amenazando una total ruina;

y, al cabo, en Cádiz, con mesura harta,
ido ya el conde, sin ningún recelo,
triunfando entró el gran duque de Medina...

Cádiz por Hachero

La última consecuencia del saqueo de Cádiz es la desconcertante sospecha de que Shakespeare se inspiró en el segundo conde de Essex para su más recordado personaje, el de Hamlet, todo un tratado sobre la traición. Robert Deveroux se perfilaba como un perfecto aspirante el trono tras la humillación que infringió a Felipe II. La reina, que lo había tenido como su más admirado militar, había mandado ejecutar a buena parte de los oficiales del saqueo de Cádiz porque sospechaba que le robaban todo, y el pobre Deveroux pasó de favorito a sedicioso por defecto. En Inglaterra su valentía despertaba más admiración de la que la propia reina pudo aguantar. Aprovechando que el segundo duque de Essex fracasó en su guerra contra Irlanda, la reina, su amada reina, ordenó decapitarlo en la torre de Londres cuando el victorioso saqueador de Cádiz tenía sólo 34 años. Tal vez lo que oliera a podrido no fuera, al fin y al cabo, Dinamarca...

Referencias

'El saco de Cádiz', Stephen y Elizabeth Usherwood, diario del 'Mary Rose', servicio de publicaciones de la Diputación de Cádiz, 2001

Viaje a Hong Kong: la ciudad del dinero (II)

Hong Kong por Hachero


Desde las alturas del Peak la ciudad se abre paso a través de las riberas de la bahía de Hong Kong. Pareciera el delirio de un gigantesco niño travieso cargado de enormes legos. El punto más alto de la bahía comenzó como un imán para los adinerados europeos que señoreaban la ciudad en los tiempos de la colonia, gracias a sus espectaculares vistas y a que la temperatura descendía varios grados y dejaba el horroroso y húmedo calor abajo, al antojo de coolies y descamisados. Fueron ellos quienes bautizaron este monte como Victoria Peak, aunque los locales le dicen Mount Austin o, simplemente, the Peak. Aún hoy permanecen en las agradables urbanizaciones de las alturas los más acaudalados tycoons de Hong Kong, y del sudeste asiático en general, como Lau Sha Kee, el magnate de los magnates y el segundo hombre más rico de la ciudad, tras Li Ka Shing, quien a su vez es el hombre más rico de Asia, con 32.000 millones de dólares en su haber.

Hong Kong por Hachero

Porque Hong Kong es eso, una acumulación de ricachones que juegan a su antojo con conglomerados de empresas que sitúan enormes cantidades de dinero al otro lado del planeta en cuestión de segundos, millonarios que invierten en propiedades inmobiliarias, en internet, en telecomunicaciones, en maderas preciosas, en construcciones, siempre intentando el monopolio o, si se pone dura la cosa, el cártel con otros compañeros de igual ralea, negocios en los que la frontera entre lo privado y lo público se difumina gracias a un entramado infinito de relaciones privilegiadas con gobernantes de todos los niveles. Porque, seamos francos, Hong Kong es el paraíso del libre comercio pero un paraíso cimentado sobre concesiones públicas que huelen mal o muy mal, una victoria más grande que el Peak de los hombres de negocios sobre los hombres de política.

Hong Kong por Hachero

Hong Kong por Hachero

Hong Kong por Hachero

En Hong Kong resuenan míticos los nombres mencionados pero también los de Ronnie Chang, Henry Fok, Kwok Tak-seng o Peter Woo, acaudalados businessmen que encontraron en la fundación de entidades bancarias una salida a sus anecdóticos problemas de financiación o de liquidez. Por eso el Peak no deja de tener su gracia. Rodeado de mansiones misteriosas que permanecen fuera del escrutinio popular, pero siempre orientadas a las mejores vistas sobre las lejanas playas de las islas conocidas como ‘Nuevos Territorios’, las pesadas cuestas son pasarelas continuas de turistas, curiosos y doncellas de permiso dominical que suben a extasiarse con las vistas de la bahía de Hong Kong: de todo aquello que jamás podrán tener porque pertenece a los tycoons que viven anchamente en enormes mansiones o en lujosos apartamentos con piscinas propias (en una ciudad donde el metro cuadrado obliga a muchos locales a dormir en jaulas: pincha aquí para verlas).

Hong Kong por Hachero

Eso sí, si piensas en emigrar a esta ciudad de locos por el simple hecho del dinero creo que deberías saber que la jornada semanal ronda las cincuenta horas y que los desplazamientos suelen ser tan largos que te consumen el resto del día, aunque todo se haga en servicio público (el 90%, la mayor cifra del mundo).

Hong Kong por Hachero

De hecho, según la publicación china Hurun, Hong Kong es la tercera ciudad del mundo, tras Moscú y Nueva York, en número de milmillonarios del mundo, o billonarios (en inglés mil millones es un billón), con cincuenta y dos de estos campeones de la riqueza. También es normal que se instalen en Hong Kong: es la tercera ciudad del mundo, o estado, o lo que quieras considerar que es, con los impuestos más bajos y con una de las mayores densidades del planeta, 16.000 personas por milla cuadrada.

Hong Kong por Hachero

Hong Kong por Hachero

Cerca del templo de Wong Tai Sin me encuentro un barrio de casas bajas. Está literalmente rodeado de altísimos rascacielos con pinta de ‘recurso habitacional para miles de familias de clase media baja’, casas colmenas que suponen verdaderas ciudades verticales. No hay más solución para la mayor parte de los siete millones de almas que viven aquí, en un territorio ocupado en tres cuartas partes por territorios naturales y tan sólo en un veinticinco por ciento por un hábitat humano. Del barrio de casitas asoman plantas, hay una peluquería en el que un señor se deja afeitar, un bar gris y hediondo donde un grupo de chinos toma té con la mirada perdida, callejones muy estrechos y húmedos con los adoquines que sobresalen. Y lo mejor de todo: está rodeado por un escuadrón de ingenieros que discuten mapas, que miran a su alrededor observando cosas que aún no se han construido, obreros que transportan materiales de obra. Creo que el barrio tiene los días contados y ese 25% de terreno urbanizable podrá acoger un par de torres más para unirse a las alturas y dejar cada vez más lejos el ras del suelo...

Hong Kong por Hachero

Hong Kong por Hachero
Los barrios de casas bajas no parece que formen parte de la misma ciudad pero sí, lo son, son el mismo Hong Kong, pero el Hong Kong condenado a muerte que desaparecerá en poco tiempo
Hong Kong por Hachero

Y lo que ocurre allí abajo no deja de provocar asombro. A la miríada de barrios especializados en todo tipo de mercancías, desde la venta de peces exóticos a relojes de imitación, se une la segunda mayor bolsa del continente asiático, que ya es decir, tras la de Tokio, y un núcleo de bancos que colocan a esta pequeña ciudad en el puesto undécimo mundial en transacciones bancarias.

Hong Kong por Hachero

Un lugar pequeño, a pesar del delirio de rascacielos, que ofrece absolutamente todo lo que un alma inquieta pueda necesitar: por ejemplo, un restaurante mongolés junto a un taiwanés, separados por un reflexólogo junto a la escalera mecánica más larga del continente.

Hong Kong por Hachero
Hong Kong por Hachero

Y es que, a pesar de que el 80% de su economía se basa en el sector servicios, con cifras tan extrañas como las más de 300.000 empleadas domésticas, su renta per cápita es mayor que la de casi todos los países de Europa y el ritmo de su crecimiento anual no baja del 8%. Hong Kong es la ciudad con el mayor número de rascacielos del mundo y su acumulación resulta tan llamativa que el departamento de turismo lo ha convertido en un atractivo más, con un espectáculo de luces y colores que cada día a las ocho de la tarde sorprende a los visitantes que pasean observando su skyline con una cuidada coreografía que involucra a cuarenta y cuatro edificios de los barrios de Hong Kong y Kowloon en un curioso, y algo kitch, baile de luz y de color. Subido en un extraño barco, conocido como Barco de los Desperdicios, el festival de color se tiñe con el rojo intenso de la vela y la bruma del calor diurno condensada en la noche mientras esos locos rascacielos bailan con coloridos rayos láser.

Hong Kong por Hachero


Dicen los chinos que la China se acaba en el Peak y que a partir de ahí sólo hay agua. Y dicen más: que por eso mismo en Hong Kong se refugian los dragones. Una cosa lógica, me digo mientras miro a ambos lados de la calle por si me salta uno a la chepa. Pero no, algo hay de esta locura. Dice Raymond Lo, el gran maestro del Feng Shui en Hong Kong, que debemos entender el dragón como una representación de la energía y que hablamos del logotipo de la ciudad. El populoso barrio de Kowloon, por ejemplo, significa Nueve Dragones, y debe de tener una extraordinaria energía porque los vecinos de la ciudad lo consideran el responsable del dinero y del poder. Y de ambos hay mucho en Hong Kong. El mayor centro mundial del comercio, el tercer mayor puerto de volumen del mundo, el mayor centro financiero, el mayor...

Hong Kong por Hachero

Tanta envergadura y tanto record, sin embargo, no hacen de la ciudad un museo ridículo del que reírse. Hong Kong asombra por su variedad, por su mente abierta y por las posibilidades que ofrece (entre ellas la de sudar la gota gorda), por su capacidad para camuflarse y sobrevivir a capitalistas desalmados, comunistas chinos, traficantes de opio, japoneses invasores y demás. Por eso qué mejor que acabar con la filosofía del más célebre de los hijos de la ciudad, que no deja de ser la filosofía de la ciudad misma:

'Vacía tu mente, se amorfo, moldeable, como el agua. Si pones agua en una taza se convierte en la taza. Si pones agua en una botella se convierte en la botella. Si la pones en una tetera se convierte en la tetera. El agua puede fluir o puede golpear. Sé agua amigo mío'

Bruce Lee

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