martes, 25 de noviembre de 2014

Viaje a Brunei: Kampong Ayer es la ciudad sobre el mar más grande del mundo

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

Antonio Pigafetta, el cronista de Magallanes en la primera vuelta al mundo, no tardaría en reconocer la extraña ciudad que describió en su visita a Brunei. Y eso que  mucho han cambiado las cosas desde 1521. Por ejemplo, aquella ciudad que él describió como 'construida sobre el mar, excepto la casa del rey y la de algunos hombres principales, y con veinticinco mil hogares, las casas todas de madera, edificadas sobre gruesas vigas que las elevan del suelo' sigue ahí, con una población que ronda las cuarenta mil personas, casi el diez por ciento de la población total del país, lo que la convierte en la ciudad sobre el mar más grande del mundo. Y las casas siguen siendo de madera, aunque algunos pivotes son ahora de cemento armado y sus peatones van vestidos y no como los que sorprendieron con su semidesnudez al cronista italiano.

Kampong Ayer, la ciudad sobre el mar

Claro que los aires acondicionados de las viviendas rompen la estampa que contempló el italiano, los fuerabordas que surcan permanentemente las aguas del río Brunei no tienen nada que ver con aquellas en las que 'cuando sube la marea las mujeres van en barca para ir a vender y comprar lo que necesitan para subsistir', y el uso de que los locales hacen del teléfono móvil les aleja, ya definitivamente, de los lejanos tiempos del siglo XVI. La ciudad hoy se llama Kampong Ayer y es uno de estos remedos de Venecia que pueblan el planeta aunque desde su remoto enclave le reta en su antigüedad: de Kampong Ayer hablan archivos de mil trescientos años atrás.

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

Llegar a la Water Village, como le dicen aquí, no es difícil: de hecho es casi inevitable. A las orillas del río Brunei los taxis acuáticos se acumulan, apelan al visitante, sueltan y recogen incansables a los lugareños que se acercan al centro de Bandar Seri Begawan, la capital de Brunei, cruzan a toda velocidad de una orilla a otra y tratan de engañar en el precio al extranjero con una inocencia que raya lo infantil: '¿por qué quiere cobrarme el triple de esta mañana si yo soy el mismo?' El tipo te mira achinando los ojos y la respuesta se intuye en su gesto: ¡Ah, usted es el mismo!.

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

Y la ciudad más grande del mundo levantada sobre el agua se abre entonces inmensa en sus ocho kilómetros a lo largo del río Brunei. 'Veinte dólares de Brunei por ver los monos', ofrecen una excursión los taxistas sin caer en que los monos también sienten curiosidad y se acercan a la water village para torturar a sus vecinos, que huyen atemorizados cuando los ven aparecer, y a los visitantes esporádicos, que permanecen paralizados sin saber si correr o tirarse a las hediondas aguas.

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero


El sultán de Brunei cuida de su rebaño y les ofrece, por ejemplo, sanidad y educación gratuita, les ayuda en la vivienda y vela para que nadie cometa pecados que puedan avergonzar a un buen musulmán. A las puertas de una tienda un comerciante me mira divertido mientras fuma un cigarro pero se esconde cuando saco la cámara. 'Es ramadán', se excusa y me imagino al sultán furibundo si encontrara la foto de un súbdito cometiendo semejante felonía. La ciudad se divide en barrios, unos recién construidos e impolutos, nuevos del paquete y con pasarelas firmes y sólidas, pareados modernos y de colores pastel, una monada sobre pilotes y unas aguas poco profundas y más o menos limpias.

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero
Incluso en Kampong Ayer hay barrios y barrios...

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

Pero más allá las aguas empeoran su aspecto, los desechos se acumulan bajo los bosques de pivotes y mucho más allá la acumulación conforma una estampa de la que ningún vecino debe sentirse muy satisfecho. El agua desaparece y una gruesa capa de basuras lo inunda todo: incluso en la muy nueva ciudad de Kampon Ayer hay clases...

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

La ciudad es un dédalo de pasarelas, algunas más precarias que otras, que comunica barrios nuevos con barrios viejos, pasarelas que llegan a paradas de taxi acuáticas que se yerguen sobre sus pilotitos aislados sobre el río o a colegios de los que salen cánticos infantiles y un sinfín de niños de uniforme. Hay comisarías y clínicas, mezquitas y un parque de bomberos, supermercados de barrio, museos para los turistas, zonas arruinadas por incendios, señores que arreglan sus lanchas motoras, espacios comunes, retratos del sempiterno sultán de Brunei, y por haber hay hasta monos que atacan a los vecinos (y de los que huyo ante la posibilidad de que me desequilibren y me lancen a las fétidas aguas). Aquí nació el sultanato y tal vez por ello el mismísimo sultán arregla muchas casas aunque otras tienen una pinta más estropeada. Pregunto al dueño de una de estas últimas: ‘soy filipino’, me dice, y entonces pienso que tal vez tenga algo que ver, pero más tarde el señor que fuma ante su tienda, me dice que no, que él es de Brunei y su casa luce igual de cutre que la otra.

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

A las espaldas de la ciudad sobre las aguas se levanta el telón. Los vehículos de los vecinos esperan en la carretera que circunvala el barrio y nuevamente puede uno recordar que está en Brunei. Algunos coches deportivos, otros de gama alta, muchos de gama media pero nuevos como si los acabaran de comprar, una carretera con el firme en buen estado, la jungla espesa apenas a unos metros, con su amenaza de escupir monos furiosos que te tomen por el pito de un sereno.

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

En realidad Kampong Ayer es una suma de barrios marineros, 42 exactamente, según consta en el centro de información del centro de la ciudad, si es que esta ciudad tiene algún centro. También dice que las pasarelas y caminos que recorren toda la ciudad suman 36 kilómetros y que es el corazón de la cultura del país porque de aquí partieron las actividades que dan sentido al país, desde el sultanato a la alfarería, sus trabajos textiles, su espíritu comercial. Fuera de Kampong Ayer, la jungla, espesa como decía, alguna columna de humo surgiendo espontánea del interior de la selva, una de las mejor conservadas de la isla de Borneo, el río, el petróleo, el sultán y su colección de caros vehículos.

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

Antonio Pigafetta, el cronista que narró la primera vuelta al mundo de la expedición de Magallanes, describió Kampung Ayer, en Bandar Seri Begawan, capital del sultanato de Brunei, como ‘la Venecia de Oriente’, otra Venecia más, en todo caso, que se une a aquellas cuatro casitas levantadas sobre pilotes que dio nombre a todo un país, Venezuela, a Suzhou, otra Venecia de Oriente pero denominada en su caso así por Marco Polo, aunque hay quien considera así a la ciudad de Bangkok. Por su parte, Giethoorn es la Venecia de Holanda, Annecy es la Venecia de los Alpes, Uidapur city es la Venecia de la India, en Benín está Ganvié, la Venecia africana, aunque Makoko, en Nigeria, le disputa ese título africano, tenemos Aveiro, que es la Venecia de Portugal, y los estadounidenses, que te lo disputan todo, tienen la suya: Fort Lauderdale, la Venecia de la Florida, y hasta en Cataluña hay otra Venecia, la de Empuriabrava, y el Puerto de Mogán, la Venecia de las Canarias. Por rizar el rizo, en Italia, el país de la Venecia original, hay otra Venecia más, y le dicen la Venecia de los pobres, Comaccchio, al sur de la Venecia original....

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

martes, 18 de noviembre de 2014

Viaje a Borneo: pesadilla en el paraíso del submarinismo (II)


Mantabuan por Hachero
Turistas chinos se fotografían con los soldados destinados en Mantabuan

‘El turismo chino ha bajado al menos un cincuenta por ciento’, me cuenta Lee en su tienda de recuerdos, tan vacía como llena de mercadería. 'Los turistas temen a los piratas porque sus principales objetivos', me confirma mientras trata de venderme baratijas hipercoloridas. ‘No se queden en los ressorts’, me aconseja un taxista en Kota Kinabalu, ‘ahí son ustedes presa fácil, mejor busquen hoteles en el interior de la ciudad’. Los devotos del sultán vienen de noche, dice, en pequeñas y rápidas embarcaciones sin luces, se acercan a las instalaciones más aisladas y toman los rehenes sin apenas resistencia.

Mantabuan por Hachero

Mantabuan por Hachero

Muchos ressorts se levantan en mitad de las aguas, aprovechando su poca profundidad y el paradisíaco entorno, y los empleados apenas tienen medios para defenderse. Las patrullas de la policía circulan permanentemente pero la superficie a vigilar es enorme y la cantidad de islas abrumadora. Los soldados ocupan islas clave en las rutas de turistas y en el camino a las Filipinas pero los seguidores del sultán son muy hábiles. El asesinato de algún empleado de hotel y los secuestros de varias turistas chinas ha alertado al gobierno de Pekín y le ha llevado a emitir una alerta para sus ciudadanos, lo que los desvía a otros centros de buceo. No son los únicos: el gobierno inglés también desaconseja la visita, como el de los EE.UU o el de Alemania. ‘Pero aquí están los tiburones ballena, tan grandes como autobús’, dice desesperado Lew mientras lanza la eterna pregunta de los lugareños de sitios con mala prensa: ‘¿quién puede garantizar al cien por cien la seguridad en ninguna parte del mundo?’.

Mantabuan por Hachero


Por las calles de Semporna patrullan militares de uniforme. Ahora pasa un camión pintado de camuflaje, ahora un comando compra un pinchito de pollo en un puestecillo, ahora pasa otro camión. Nada intenso, todo relax, los soldados sonríen al extranjero, los vecinos saludan al extranjero, los turistas se acercan a los restaurantes al anochecer a ejercer de verdugos con los peces y crustáceos que aguardan tristones su suerte en sus peceras. Pero se cuentan más sillas que comensales y todo indica que aquí se han vivido días mejores. Los chinos invaden los centros turísticos y este de Semporna presenta demasiadas calvas. Ahí pasea una familia alemana, por allá se ve a dos chicos australianos, un grupo de españoles ríe a carcajadas en una mesa.

Mantabuan por Hachero

Pero los turistas occidentales son los menos, apenas una gota en el mar de chinos que se multiplican de año en año al amparo del crecimiento económico de su país y que, aún con la amenaza de secuestros, siguen siendo aquí mayoritarios. Una tragedia para la economía malaya porque el turismo supone un puntal muy importante en la economía de Sabah y el ridículo internacional es grande si permiten que lanchitas de piratas te invadan la región cuando les viene en gana...

Mantabuan por Hachero

Mis compañeros chinos se dividen en dos grupos: a un barco los que practicarán snorkle, al otro los del buceo con botellas. Dos chicas ni se inmutan y no se mojarán ni un pie: sólo se hacen fotos, compulsivas, casi sin apenas tiempo de reposar la anterior, creo que apenas miran el paisaje y sólo lo ven en los encuadres, como fondo. Y hablando de fondos, el fondo marino de Mantabuan es un espectáculo de vida y color, estamos en el punto más alejado del conocido como Semporna Islands Marina Park y, según reza la publicidad del Singamata, el arrecife coralíneo decuplica la superficie de la misma isla. Por allá aparece parsimoniosa una tortuga ante el entusiasmo de los chinos que pronto tuercen la cabeza para observar atónitos un gran banco de peces tropicales que parecen atravesar al bañista y perderse más tarde por el bosque de coral con sus extravagantes formas.

Mantabuan por Hachero

Mientras, en la distancia, los soldados observan a los extranjeros con indisimulado hastío. Los militares sudan mientras otean el horizonte, escrutan una pequeña embarcación que cruza el horizonte, sueñan con intercambiarse con aquellos chinos que disfrutan de un entorno privilegiado. Un entorno cansino, enloquecedor, amenazante. Allá a lo lejos una bandada de peces salta al unísono fuera del mar, más allá una nube descarga lluvia sobre la isla vecina, acá una bandada de aves surca el cielo despreocupada. No me siento inseguro ni parece que vayan a secuestrarnos en cualquier momento, pero quién sabe: tal vez el sueño del sultán no tenga tanto que ver con el reino medieval sino con billones de metros cúbicos de gas y millones de barriles de petróleo...


Mantabuan por Hachero

Más literatura sobre la inseguridad en el área:

http://www.straitstimes.com/the-big-story/asia-report/malaysia/story/mabul-island-no-longer-the-safest-area-sabahs-east-coast-20

http://www.therakyatpost.com/news/2014/07/14/dont-travel-east-sabah-britons-warned/

http://es.globalvoicesonline.org/2013/03/15/los-malayos-apoyan-una-ofensiva-del-ejercito-contra-los-terroristas-de-sabah/

Mantabuan por Hachero

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Viaje a Borneo: pesadilla en el paraíso del submarinismo (I)

Mantabuan por Hachero

Mantabuan no mide más de diez hectáreas pero al menos quince soldados malayos fuertemente pertrechados patrullan su perímetro. ‘Yo llevo tres años’, cuenta uno montado en una cuatrimoto con su M-16 al cuello y sudando copioso. 'Bienvenido al puesto de la isla de Mantabuan', saluda un cartel que parece una amenaza más que una bienvenida bajo el que se parapeta un soldado con gafas oscuras tras unos sacos terreros. El sol cae a plomo en esta minúscula isla, hogar de dos familias de pescadores y con una pequeña pero frondosa selva donde se esconde el cuartel de los militares.

Mantabuan por Hachero

Las aguas turquesas, el horizonte salpicado de islas rebosantes de vegetación que resbalan hasta el mar de las Célebes, el cielo nítido y azul, las barreras de corales. Ninguno de los soldados contempla el maravilloso paisaje con mis ojos. En los suyos hay cansancio, sopor, aburrimiento. Tan sólo la llegada, de cuando en cuando, de un bote cargado de turistas, sobre todo chinos, rompe la monotonía. Los chinos saltan despreocupados a tierra, a la isla de Mantabuan, y se aglomeran ante los soldados, que descansan bajo una frágil techumbre. Suenan clicks, saltan flashes, los soldados sonríen de mala gana, agarran firmes sus fusiles, posan junto a los turistas, juguetean con sus móviles.

Mantabuan por Hachero

En una hamaca otro soldado desgasta las yemas de los dedos pasando pantallas en su smartphone. El sopor se une al calor y la escena no deja de tener su interés. Los turistas chinos fotografían y se fotografían, se toman selfies, adoptan extrañas poses en la orilla, parecen salidos de otro mundo, un universo kitsch y multicolor que pasea despreocupado por una isla de postal mientras que a pocos metros los soldados languidecen aburridos aunque, de cuando en cuando, afinan sus prismáticos por si algo sospechoso merodea el pequeño reino del coral.

Mantabuan por Hachero

Mantabuan por Hachero

Mantabuan por Hachero

Porque esos soldados velan por la seguridad de los turistas, sobre todo chinos, que han sido repetidas veces secuestrados en el paraíso del submarinismo por piratas islámicos filipinos que viven a apenas dos horas de aquí. A principios de 2013 un grupo de unos doscientos milicianos provenientes de las filipinas islas Jolo invadió esta región malasia de Sabah, en el norte de la isla de Borneo, y exigió su integración en el Sultanato de Jolo, un reino que floreció en el medievo y que se extendía por estos idílicos paisajes. Los guerrilleros se atrincheraron en la ciudad de Lahad Datu, a unos kilómetros de aquí, y se montó una carnicería que pasó desapercibida en los medios occidentales pero que ha convertido el paraíso del submarinismo en una zona de alto riesgo. El ejército malasio aplastó la ridícula invasión pero muchos milicanos se escondieron entre la gran población inmigrante filipina y, dicen, señalan los objetivos: turistas, en su mayoría. Desde entonces hay que andarse con mil ojos y de cuando en cuando alguno cae prisionero de los molestos vecinos.

Mantabuan por Hachero

‘Tonterías’, dice Lew mientras reparte los equipos de buceo a un grupo de chinos que se disponen a embarcarse rumbo a los corales de Mantabuan. Lew trabaja en Singamata Reef Ressot, uno de los más populares centros de buceo de Semporna, y también noticia porque el último secuestro se cometió en sus instalaciones. Situado a algo más de una milla de la ciudad, el complejo se levanta sobre las poco profundas aguas del mar de las Célebes y supone un objetivo fácil para los piratas que quieren pescar arriba del mar. Lew se indigna cuando le pregunto por los secuestros y mira al cielo mientras pregunta quién está libre de sufrir algún mal. 'Mejor mire allá, mire qué foto hay desde aquí'. Coincido en su sentido de la estética pero el gesto se le tuerce cuando pasa lentamente una lancha de la policía junto a las instalaciones y el piloto frunce el ceño tras sus grandes gafas de sol mientras comprueba que todo va bien.

Mantabuan por Hachero


El ressort ofrece habitaciones que tienen como vecinas a los peces y a las islas que recortan su silueta en el horizonte, un mar turquesa y pasillos de madera que circulan sobre el agua. Una noche apareció una embarcación de la nada, seis hombres armados treparon al conjunto turístico y se llevaron a una turista china y a una empleada filipina del ressort. El cautiverio se prolongó durante dos meses y originó una herida profunda en el negocio turístico del paraíso del buceo. Un negocio sin igual, quitando la pesca, claro está, que aquí es abundante y emplea a muchos vecinos.

Mantabuan por Hachero

Mantabuan por Hachero

Pero había mencionado un sultanato, el de Jolo, que parece una cosa tan remota y arcaica como los reinos de los cómics. Pero el sultanato de Jolo tuvo su momento de gloria en 1457 y su capital en la isla del mismo nombre, Jolo, que hoy forma parte de las Filipinas. Lo que fue su imperio quedó en manos de España, en un principio, y más tarde repartido entre Malasia y Filipinas. La región de Sabah, en Borneo, pasó a formar parte del estado de Malasia después de su independencia tras la II Guerra Mundial, ante el berrinche del sultán de las Jolo, aunque el sultán tenía una carta escondida: un acuerdo firmado con la Compañía Británica de Borneo del Norte para explotar la región por el que aún hoy el gobierno de Kuala Lumpur paga algo más de mil euros anuales al sultanato como compensación.

Mantabuan por Hachero

Paparruchas, deben pensar en las Jolo, furiosos por la dádiva y por la pérdida de sus territorios ancestrales. El sultanato quedó entonces dividido y los musulmanes de las Jolo con una mueca de disgusto que incluso llegó al gobierno de Manila y que a punto estuvo de degenerar en guerra cuando Ferdinand Marcos preparó un plan militar para recuperar sus pretendidas posesiones (conocida como Operación Merdeka). Cosas del pasado porque hoy Manila tiene muchos más problemas de los que ocuparse que de invadir a la vecina Malasia, a pesar del dulce caramelo de un terreno tan saturado de gas en su subsuelo como de corales bajo las aguas transparentes de sus miles de islas. Según esta página (pincha aquí) Sabah tiene alrededor de 11 billones de metros cúbicos de gas y 1.500 millones de reservas petrolíferas, el 11% y el 25% respectivamente de las expectativas de todo el país. Las aspiraciones del sultanato se unen pues a la avaricia nacional de un tesoro más jugoso que el que haya podido enterrar algún pirata en estas paradisíacas playas... Los militares, mientras tanto, siguen patrullando el perímetro, un perímetro breve y ajustado en el que el único punto de interés no es la isla cercana, el insultante azul traslúcido del mar o la caprichosa forma de aquella nube sino el nuevo disparate fotográfico de los turistas chinos...

Mantabuan por Hachero

La invasión de los musulmanes filipinos en 2013 dio un giro cuando el sultán de las Jolo, Jamalul Kiram II, fallecía poco después de la dudosa hazaña de puro viejo en un hospital de Manila, aunque su hija, la princesa Jacel Kiram, ha prometido continuar la obra de su padre y recuperar, como sea, la región de Sabah. Por si el problema fuera poco, los malasios sospechan que Nur Misuari, el líder del Frente Moro de Liberación Nacional, enfrentado al gobierno de Manila y que hace un año invadió la ciudad de Zamboanga, al sur del Mindanao filipino, ha tomado el testigo de las aspiraciones del fallecido sultán de Jolo y se une así a la larga lista de amenazas para los amantes del submarinismo en uno de los lugares más espectaculares del planeta: los que suspiran por el sultanato, los orates de Abu Sayyaf, los terroríficos Yemaah Islamiya, grupos de piratas eventuales y, ahora, los revoltosos guerrilleros del Frente Moro.  Según el comando de seguridad de Sabah, los Esscom, operan al menos catorce grupos de secuestradores filipinos en la zona, de los que tan sólo cuatro han podido materializar algún secuestro, y entre ellos mencionan a los terroríficos Abu Sayyaf, que ya secuestró en Sipadan a 21 personas en el año 2000.

Mantabuan por Hachero

miércoles, 22 de octubre de 2014

Viaje a Malasia: el paraíso de la banca islámica

banco islámico por Hachero

Pasear por el centro de Kuala Lumpur es el mejor modo de comprender que la cifra no está equivocada: de los veintisete bancos que operan en Malasia, dieciséis son islámicos. Una cifra que convierte a esta nación del sudeste asiático en el primer país por arraigo de la banca islámica comercial. Un tipo de banca que, sin embargo, no ha tenido éxito en los países árabes a pesar de que en un principio parezcan más musulmanas que las naciones del sudeste asiático. Entre las enormes torres y rascacielos que dominan el centro financiero de la ciudad se esconden multitud de sucursales de esta peculiar manera de entender las finanzas. Y es que la banca islámica se basa en la sharía, o la ley islámica, y en principio deben fomentar las actuaciones económicas que contribuyan al desarrollo de la comunidad y que no estén solamente pendientes de amasar cada vez más dinero. La banca islámica quiere que la economía sea dinámica, activa, que esté al servicio de los creyentes, por muy inversores que sean. Y para que los inversores, a los que supone devotos y píos, obtengan remuneración deben invertir a través de dos contratos ‘islámicos’, los llamados mudarabah y musharaka, que fomentan el reparto de riesgo y de beneficios entre los inversores. Un modo de que todos ganen dinero salvando las apariencias e impidiendo que las entidades financieras sean vistas como avariciosos centros de usura y de mafiosos de casino.


Y ahí radican las tres grandes angustias económicas que chocan con el Islam: el cobro de intereses, asumir grandes riesgos y las apuestas. Tampoco se puede invertir en empresas que vayan contra la sharía: por ejemplo, industrias que centren su objetivo en la fabricación de alcohol, el comercio de cerdos, la pornografía o el juego.

banco islámico por Hachero

El quiz de la cuestión está, precisamente, en eso: en el beneficio bancario porque son legión los musulmanes que se niegan a utilizar los bancos porque consideran usura el interés, que se supone en contra del libro sagrado. Y como muestra un dato: la bancarización en el mundo musulmán apenas llega al 14% de la población. Pero los tiempos avanzan y la ruptura se produjo a lo largo del siglo XX, cuando el boom petrolífero inundó de dinero a unos países sin instituciones preparadas para recibir semejante caudal monetario. Así que, quitando algunos experimentos en el Egipto de Nasser y en el Pakistán posterior a la partición con la India, hay que acudir a los años setenta y a los países del golfo Pérsico para encontrar el origen de este extraño mundo de dineros y fe islámica. El tema estuvo ahí larvado, con instituciones que no acababan de romper aunque tampoco terminaban de hundirse, hasta que en el año 2011 parece haber despegado definitivamente.


El problema de estas entidades radica en su ubicación en un mundo cada vez más globalizado e interconectado, el mundo de las finanzas, y al tiempo cada vez más imbuido por la fiebre de la rentabilidad y de la falta de escrúpulos. Los bancos occidentales viven una auténtica pesadilla de monetarizar y rentabilizar inversiones, ofrecer altas tasas a sus impositores y, sobre todo, conseguir beneficios en una espiral sin un fin concreto. Para ello se acude a multitud de productos que en el mundo islámico no se reciben nada bien: por ejemplo, los créditos al consumo, que llevan aparejados deudas con tipos de interés, anatema en el Islam. El banco islámico, en cambio, practica el qard al hassan, es decir, préstamos sin interés, o bien sirve de intermediador entre comprador y vendedor de cualquier producto para justificar la remuneración por un trabajo, en este caso ese: el de intermediación. Y es que en el mundo económico islámico la deuda así sin más no se justifica y hay que llenarla de contenido. El ejemplo clásico es el de la hipoteca islámica, en la que el banco compra la vivienda a la orden de un cliente y se la revende mediante contrato de arrendamiento o bien por una comisión del precio de venta por su tarea de intermediación. Argucias legales que en Europa aún no encuentran un acomodo fiable porque cada contrato se consideraría por su parte y al final ambos contratantes incrementarían el pago de impuestos...


En esta página explican todo eso de la banca islámica de la manera más clara posible, pincha aquí:  Y en este diagrama está resumido al límite

banco islámico por Hachero

Irán tiene islamizado completamente su sistema financiero, es el único país que lo ha conseguido, frente a Malasia que, como decía, tiene el mayor número de bancos islámicos, 16 frente a un total de 27 (Arabia Saudí, por ejemplo, tiene 12 bancos de los que sólo 4 son islámicos, o Egipto, con 39 bancos de los que sólo 4 cumplen con las reglas financieras halal). Tan llamativo como estos datos son los contrarios, como Marruecos, que sólo cuenta con una banca islámica desde 2007, el mismo caso de Túnez, que lo tiene desde 2010. En todo el planeta existen 716 instituciones conformes a la sharía, de las que 511 ofrece exclusivamente productos islámicos y 205 ofrecen ventanillas islámicas en una diversificación de sus productos, entre estos últimos UBS, Citibank, Merrill Lynch, JP Morgan, BNP o Paribas... lo que deja entrever que el horizonte de esta banca no es nacional sino centrada en individuos. Tan es así que Luxemburgo ya cuenta con la primera sede de un banco islámico.


Cada institución debe tener, pues, un consejo de expertos que estudien las empresas en las que invierten el dinero y pueden emitir fatuas en caso de que detecten un uso no adecuado de las finanzas.

banco islámico por Hachero


Así pues, con todo tan idílico y utópico, decido cambiar moneda en uno de estos bancos islámicos y me encamino a una ventanilla. Craso error. Las divisas no deben de entrar en la categoría de usura o de halal y el tipo cambiario es desproporcionadamente alto con respecto a la cotización del día. Saludo con un Salam Aleikum y busco otro banco, en este caso no islámico, donde el intercambio de divisas es proporcional al internacional....

jueves, 9 de octubre de 2014

Viaje a Brunei Darussalam: el sultan de Brunei no puede equivocarse por ley

Brunei por Hachero

El sultán de Brunei no tiene punto medio. O no se le ve jamás, o no puedes evitar encontrártelo en cada esquina. Su rostro ceñudo e hirsuto te observa desde los retratos de los más acólitos, que aquí son legión, su cuidada perilla le confiere al sultán una virilidad de la que adolece en otros retratos de cuerpo entero, donde se le nota cierta forma abotijada.

Brunei por Hachero

El sultán te espera en el interior de un centro comercial, en forma de retratos un tanto naives pero colocados en un lugar de honor por si acaso, el sultán te recibe en la exposición de bienvenida al turista que se adentra en la ciudad flotante más grande del mundo, el sultán te observa serio desde la entrada de los hogares más humildes, tras los mostradores de los comercios, sobre las mesas de los restaurantes.

Brunei por Hachero

Nada raro en las monarquías musulmanas, por cierto, y menos para mí, vecino de un Marruecos que ha visto a Hassan I, y ahora a Mohammed VI, en los lugares más inesperados. Claro que aquí sólo son algo más de cuatrocientos mil habitantes y la presencia del sultán se nota incluso en sus ausencias, en los cuidados jardines, en las calles impolutas, en el parque móvil de alta gama...

brunei por hachero

brunei por hachero

Y es que el sultán de Brunei, Hassanal Bolkiah Mu'izzaddin, tiene un ego tan grande que el país se le queda pequeño. En el centro de Bandar Seri Begawan, la capital de Brunei Darussalam (Brunei Morada de la Paz es el nombre oficial de este curioso país), se levanta el museo de los Presentes Reales. Un delirio que acumula los regalos que otros monarcas y otros países han tenido a bien entregarle a su majestad. El edificio es desproporcionado a lo que guarda, y la plantilla de trabajadores, pero sobre todo trabajadoras, demencialmente nutrida. Una enorme cúpula corona el museo, una cúpula que se levanta sobre un fastuoso carruaje sobre el que el sultán empezó, en octubre de 1967, su reinado, aunque un reinado un tanto limitado porque Gran Bretaña ejerció el protectorado sobre sus territorios hasta 1984, cuando le otorgó la independencia.

Brunei por Hachero
Museo de los regalos reales

Lograda la libertad plena, el monarca decidió que, por ley, no puede equivocarse jamás, tanto en su vida privada como en su vida pública. Así que sin dudas sobre su capacidad de adivinar, vaya en zapatillas o en calzado oficial, el día que decidió que sus regalos tendrían un señor edificio no puede tomarse a chanza. Si lo decidió el sultán, por algo será. A las puertas espera una legión de pudorosas y sobrevestidas azafatas, te atienden hasta cuatro señoritas con chador y pulcramente cubiertas, una te consigue las llaves de una taquilla, otra te recuerda la necesidad de caminar descalzo en un lugar tan sagrado, otra te señala la planta de arriba y te dice que de hacer fotos ni hablar, otra más te vuelve a mostrar la planta de arriba. Y entonces el gozo fogoso del que se ve retratando los óbolos del monarca se esfuma en una mueca de estupor. 'Las fotos sólo se permiten en la planta baja', me consuela la azafata mientras me requisa temporalmente la cámara e imagino gestos de dolor verdadero entre los turistas chinos que no dejan de tomarse imágenes a las puertas del edificio.

Brunei por Hachero


Una lástima, me digo ya planta arriba mientras contemplo la metopa que el rey Juan Carlos I de España le entregó en persona colocada en una urna observada atenta por una cámara en el techo. Más allá una placa de un jeque del golfo, acullá un regalo del rey de Tailandia, la Shell le entregó una enorme maqueta de un gasero, hay instrumentos africanos, collages sin apenas gracia provenientes del centro de Asia, reproducciones de templos, de castillos, de palacios, y armas como símbolos de amistad. La mayoría de los regalos me parecen tan kitsch como los rickshaws de Melaka, lo mismo que la réplica de un dorado trono de oro macizo donde se sustanció su despegue de la vida común, o aquel canapé de piel de tigre que envejece rodeado de rojo satén. Estoy tentado de sacar el móvil y dejar constancia del almacén real convertido en museo pero el ojo orwelliano me hace desistir: ya he probado los calabozos de Gibraltar, no creo necesario conocer los de otros subproductos de la Gran Bretaña.

Brunei por Hachero

Brunei por Hachero

Las vitrinas apenas llenan el enorme espacio del museo y las lanzas, las telas, los retratos al óleo y demás fruslerías no terminan de dar sentido a semejante edificio. Ya en la planta baja consigo, por fin, recuperar mi cámara aunque siento que lo llamativo está precisamente arriba. Abajo no hay más que el carruaje que lo llevó el día de su coronación y una representación de aquel momento con maniquíes que hacen las veces de soldados reales, además de cuarenta sombrillas de diseño cúbico en dos colores, amarillo y rojo, que fueron portados por 'Los Jóvenes' el fastuoso día de marras.

Brunei por Hachero

El caso es que la mayor parte del museo nos retrotrae al momento más importante de la historia del sultán, o del sultanato, lo mismo es: la coronación del monarca el 1 de enero de 1984, cuando se independizó de Londres. Una independencia que no cortó los lazos de amistad construidos desde 1888, el año en el que los ingleses establecieron un protectorado  de común acuerdo con la familia real que alcanzó su momento de gloria en 1962, cuando una rebelión armada contra el monarca fracasó gracias a los británicos. Desde entonces, Inglaterra mima a su pequeña ex colonia y el sultán de Brunei envía ósculos de amistad desde su pequeño reino tropical. Una amistad nada desdeñable para los británicos porque Brunei produce casi 200.000 barriles de petróleo al día, mientras que consume apenas 12.000, y literalmente flota sobre una balsa de miles de millones de metros cúbicos de gas. Como curiosidades, Brunei tiene cero dólares de deuda externa y el sultán proporciona a sus súbditos sanidad y educación gratuita, subvenciona el arroz, la vivienda y  construye delirantes mezquitas en una inequívoca oda a Allah y al fasto económico.

Brunei por Hachero
El príncipe heredero del sultanato es Al Muhtadee Billah y también tiene su caricatura

Y ahora más que nunca porque el sultán, convencido como está de que no puede equivocarse jamás ha escandalizado a todo el mundo con su decisión de imponer la sharía y rescatar del olvido las lapidaciones a las adúlteras y homosexuales, las amputaciones a los ladronzuelos y la pena capital a los blasfemos y apóstatas. Su decisión de imponer la suprema ley islámica, no ha sentado nada bien en el resto del planeta, pasto de Sodoma y Gomorra (pensará Hassanal) y desde la oficina de Naciones Unidas para los derechos humanos a Amnistía Internacional son legión las organizaciones que han exigido la revocación de un código que nos retrotrae, dicen, a la edad más oscura de la humanidad. El sultán, que además de tener un sultanato es uno de los hombres más ricos del mundo, posee hoteles de renombre internacional repartidos por todo el mapa, como el Príncipe de Savoia, Le Meurice o el Dorchester, pero también el Beverly Hills y el Bel Air, establecimientos que están, respectivamente, en Milán, París y Londres, pero también en Los Ángeles y Nueva York. Su decisión, soberana e irreprochable por ley, ya sufre el boicot de los siempre revoltosos chicos del cine, de los colectivos de gays y lesbianas de todo el mundo y de cualquier persona de bien. No entra en esta categoría la familia real británica, que ya ha roto varias veces el boicot, pensando, quién sabe, en el lago infinito de gas sobre el que descansa Brunei y en el que se basa la fortuna y la suerte del sultán..

Brunei por Hachero

Una suerte, eso sí, que la sharía sólo se impondrá a los musulmanes, que son el 70% de la población local. Llego a Bandar Seri Begawan por barco desde Malasia y lo hago en viernes de Ramadán: las calles están desiertas, las carreteras vacías, los taxistas parecen un lujo de otro país, llueve desesperadamente. Suerte que poco después un señor con aspecto de chino pero que se declara malayo, aunque con pasaporte de Brunei, y católico apostólico y romano, me ofrece su vehículo para acercarme al centro. La velocidad de su inglés es tal que sólo capto ideas y a veces creo que ni él mismo está seguro de lo que dice.  '¡Qué gran papa fue Juan Pablo II!', dice mi benefactor mientras me habla de que ser católico en Brunei es algo más que una cosa rara: se conocen todos, claro. 'Hay tres obispos', me cuenta mientras recorre unas carreteras modernas, cuidadas y totalmente vacías, 'y tenemos comunidades de católicos en las principales ciudades'. Suerte que la sharía no se les imponga directamente aunque sí de modo tangencial: los no musulmanes deben vigilar sus espaldas antes de mencionar a Allah o entrar en discusiones sobre la fe islámica. Tampoco se puede poner en tela de juicio la labor de Hassanal, que ha sido desde sultán a jefe de estado, primer ministro y ministro de defensa o de finanzas, patriarca del estado feliz en el que no puedes encontrar ni una gota de alcohol, para desesperación de los expatriados, ni una mujer vestida a la occidental.

Brunei por Hachero

Un despropósito para una familia que vulnera en su vida diaria cada punto de la sharía que tanto interés tienen en instaurar. Por ejemplo, la colección de vehículos de lujo, que no es propia del sultán sino más bien de su hermano menor, el Príncipe Jefri, quien sufre una supuesta afición por el sexo, los harems y las grandes fiestas subidas de tono. De momento las sospechas recaen sobre Jefri, todo un friki que controló durante años las ventas de petróleo y gas desde su ministerio de Economía (hasta que lo echaron por el desastre que estaba gestando) y que, según el New York Post, tenía un yate de 152 pies que se llamaba 'Tetas', y dos yates menores: Pezón 1 y Pezón 2. Jefri además tiene 17 hijos, productos de su alegre vida genital, y ahora vive lejos del sultanato porque le condenaron a pagar casi 4.000 millones de euros por el desfalco que produjo y si se topa con su hermano acaba en los calabozos reales. The New York Post recoge la historia de Shannon Marketic, una miss norteamericana que aseguraba haber recibido una oferta de trabajo de 3.000 dólares diarios para un trabajo promocional en Brunei y terminó convertida en esclava sexual obligada a bailar para el príncipe, una historia que se ha escuchado en otras ocasiones en boca de otras chicas, como Jillian Lauren, que escribió un best seller basado en su supuesto cautiverio, 'Some girls: my life in a Harem'.

Brunei por Hachero

Y no es que el sultán se quede muy atrás en lujo: según Vanity Fair su mansión tiene 1.788 habitaciones, 257 cuartos de baño, cinco piscinas, un salón de celebraciones con capacidad para cinco mil personas y un garaje para más de cien coches. Una humilde cochera en comparación con la colección de su hermano, que se cifra en 3000 vehículos que hacen más comprensible el extraordinario buen estado de las carreteras de este país tropical. Las vías están en franco buen estado y me pregunto si será por el bien de sus súbditos o porque de otro modo no tendría sentido su espectacular colección. Una colección misteriosa y escondida de la que apenas hay alguna foto robada y el testimonio de un broker de los coches, Michael Sheenan, uno de los pocos occidentales que ha conseguido entrar en el misterioso garaje y cuyo asombro puedes ver pinchando aquí. Entre sus coches, Aston Martin construidos ex profeso para el sultan, modelos de Bentley sobre chasis especiales, BMWs originales y únicos, multitud de ferraris pero con la excepcionalidad de que del F50 Bolide, propiedad del sultán, no se conoce nada más porque oficialmente no existe... Por las calles, eso sí, los vehículos de alta gama son legión, y parecen recién sacados del paquete, de nuevos. Lo mismo ocurre con la mayoría de las viviendas, nuevas y modernas, a pesar de algún barrio menos favorecido en el que intuyo viven inmigrantes.

Brunei por Hachero

De hecho el 90% de su PIB procede del petróleo y en los supermercados encontrar un producto local es tan difícil como ver el garaje del sultán. Un país que produce al día 25.3 millones de metros cúbicos de gas no puede tener problemas económicos aunque sí de estrategia y visto lo visto (fundamentalismo religioso, barra libre de servicios sociales y gasto exagerado en pamplinas por parte de la familia real) no parece que el mundo posterior al crudo genere más que inquietud. A día de hoy importa el 60% de sus alimentos, lo que deja entrever que el resto de productos, desde tecnología a locomoción pasando por todo lo que uno puede imaginar, viene de fuera. Un mundo a la medida del sultán y su familia, una suerte de mundo feliz en el que el nombre, Morada de la Paz, está muy bien puesto porque apenas ocurre nada más destacable que una ráfaga de viento o que unos turistas se pierdan en la inmensidad de una ciudad vacía. Pero vacía solo sobre el papel porque en cada esquina, en cada rincón, puede observarte un rostro enjuto y serio.

El rostro del sultán.

Brunei por Hachero

Donativos

Publicidad