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viernes, 8 de noviembre de 2013

Diego Pérez: un pirata de Utrera



Diego Pérez nació en Sevilla, más concretamente en Utrera, no se sabe bien en qué año, pero sí que en un arrebato mató a su mujer y huyó a la isla de Margarita. La cosa es que tampoco aquí duró mucho y acabaron deportándolo al continente porque cosa que tocaba, cosa que fastidiaba. También se hartaron de él en tierra firme y cuentan que el de Utrera acabó volviendo a Europa y estableciéndose en la Normandía francesa. Dice Juan de Castellanos, el autor del poema más largo de la literatura españolaJuan de Castellanos, el autor del poema más largo de la lengua castellana, que era hijo de un cura, educado y de apariencia fina, lenguaraz y de fácil conversa, y deja una descripción que aúna su apariencia y sus ruindades:

Hombre de condición sanguinolienta

Pronto para cualquier bellaquería,

suave labia, muy gentil presencia

y entrañas de dolosa pestilencia...


Pero podrido como estaba su corazón convenció a un compañero de bajezas para que se dedicaran a la rapiña aunque su porte no le igualó al más exitoso de los piratas andaluces, Pedro Blanco, del que puedes saber más pinchando aquí. Su camarada resultó ser Jacques de Sore, un hugonote radical que odiaba todo lo que oliera a católico y al que le faltó tiempo para montar cinco navíos con los que piratear por el Caribe. Con el beneplácito del rey Francisco I y la inestimable compañía de lo peor de su conciencia en forma de Diego Pérez, el normando de Sore se preparó para arrasar todo lo que estuviera al alcance de su mano. El utrerano aceleró el viaje porque se dirigía a una región que conocía muy bien: tanto que había tenido que salir corriendo. Por el camino, asegura Juan Castellanos en su Elegía de Varones Ilustres de Indias, una tormenta les mandó al traste cuatro de las cinco naves, aunque Diego, tenaz como él solo, les prometió resarcirse en tierra. Y lo logró porque en la isla Margarita se hicieron pasar por comerciantes aprovechando que arribaron de noche y nada más desembarcar saquearon a los vecinos.

cabo de la vela

Su siguiente presa la tomó frente al cabo de la Vela, en el desierto de la Guajira, lugar sagrado para los wayuus que, no obstante, no pudieron evitar que Diego Pérez, a la sombra del francés, secuestrara una nave, pasara a varios pasajeros a cuchillo y hasta tomara la ciudad de Santa Marta. Cobrada su parte, el utrerano dio muestras de ser un buen pupilo del francés y profanó varias iglesias antes de huir monte arriba con tan mala fortuna que se perdió de sus compañeros y fue descubierto por sus paisanos. Diego Pérez dio espectáculo a los sufridos vecinos mientras colgaba de un madero en el año de 1555. Su camarada, Jacques de Sores, ya puesto en faena, siguió rapiñeando por el Caribe, con especial saña en templos y manifestaciones católicas, y aún tuvo tiempo para quemar La Habana, asediar Santiago de Cuba y asesinar a decenas de religiosos en las Canarias. Un bagaje que le ha hecho pasar a la historia con el sobrenombre de El Ángel Exterminador y al que se recuerda especialmente en Santiago de Cuba y La Habana, donde sólo dejó cenizas.

diego pérez

 Juan de Castellanos, Elegías de varones de Indias, Biblioteca de Autores Españoles, ordenada por Buenaventura Carlos Aribau, Tomo Cuarto, Madrid, 1847. 

sábado, 26 de enero de 2013

Francisco de los Cobos: el poder de la Corona y el oro de América
































De cada cien kilos de oro y plata que llegaban de América, Francisco de los Cobos se quedaba uno. No está mal para alguien que nunca pisó tierra nueva. Francisco recibe en 1527 el título de Ensayador Mayor de los Metales Preciosos de la Casa de Contratación de las Indias y alcanza el premio a una vida dedicada al arte de medrar. Durante el resto de su existencia su sello validó los metales preciosos que traían los barcos y amasó tal fortuna que hasta Tiziano se dignó a retratarle. Nacido en el seno de una familia ubetense, noble pero con problemas económicos, Francisco empeñó su vida en amontonar dinero y poder. Y lo consiguió. Comenzó como ayudante de su tío, que era secretario de Isabel la Católica. De ahí a contador Mayor de Granada, Regidor de Úbeda, encargado del registro de pagos y concesiones del rey Fernando, Regidor de Granada, escribano del crimen de Úbeda, secretario de Carlos I, comendador Mayor de León, asesor real en Flandes y Alemania, miembro del consejo real y, finalmente, tanta confianza logró que fue el encargado de anunciar al mundo el nacimiento del pequeño Felipe II. Francisco fue un tipo ocurrente, campechano, el único que se ganó la simpatía de Guillermo de Croy, arzobispo de Toledo y hombre de confianza de Carlos I, un flamenco que despreciaba a todos los españoles pero que vio en el de Úbeda a una persona de confianza, trabajadora y zalamero con gracia.


            En el momento culminante de su vida recibe el título de Ensayador Mayor de los Metales, el súmmum de la riqueza porque obtenía el uno por ciento de los metales que llegaban de América antes de quintarse. Por sus manos pasa el oro y la plata de las colonias y su sello garantiza la pureza. Además, cobra tributos sobre las carnes en Andalucía y el tabaco de América, consigue la concesión de las salinas de Nicaragua y todas las minas del levante español. La ingente fortuna se evaporó en manos de sus herederos pero al menos dejó a la posteridad innumerables obras artísticas. Francisco conoció a Tiziano en un viaje a Bolonia y consiguió que el italiano retratara al mismísimo Carlos I. Cobos murió en Úbeda, viejo y enfermo, pero legó a la historia la silueta de un avaricioso que tuvo el detalle de financiar a artistas como Tiziano o Sebastiano del Piombo y legar una colección de arte tan amplia que mezclaba algunas de las mejores muestras del tesoro de Moctezuma con las de Atahualpa, regalos de Cortés y Pizarro.



Bibliografía


Carlos V y sus banqueros, Ramón Carande, Antonio Miguel Bernal, Crítica S.L Barcelona, 2004
Boletín de la Real Academia de la Historia, Tomo CXCVI, Número 1, año 1999, V.A., Madrid, 1999
Historia de América, Juan Bosco Amores, Editorial Ariel S.L., Barcelona, 2006



José Luis Sánchez Hachero
sanchezhachero@hotmail.com
losmundosdehachero@gmail.com


domingo, 2 de diciembre de 2012

Pioneros del tabaco: Rodrigo de Jerez y Nicolás Monardes




Los vecinos de Ayamonte, en Huelva, no salían de su asombro cada vez que veían a Rodrigo echar humo por boca y narices. Cosa del demonio, decían mientras el marinero les aseguraba que existía otro mundo donde la gente caminaba desnuda y aspiraba tizones de hierbas candentes. Rodrigo de Jerez volvió a casa con un buen cargamento de aquellas hojas a bordo de la Niña y escandalizó tanto a sus paisanos que denunciaron a la Santa Inquisición que el tal Rodrigo echaba humos. Otros dicen que fue su esposa quien lo descubrió en un sótano practicando este vicio nefando y que ella misma lo denunció por poseído. El caso es que se pasó encarcelado seis años porque ‘sólo Satanás puede conferir al hombre la facultad de expulsar humo por la boca’...


Años después, el tal Rodrigo había extendido el arte del fumar, o el vicio del fuma, según se mire, por media Andalucía. En la calle Sierpes de Sevilla el médico Nicolás Monardes cultivaba con mimo un huerto de plantas extrañas. Los vecinos observaban curiosos las exóticas plantas que Monardes conseguía hacer brotar de aquellas raras semillas que obtenía en los muelles del puerto. De entre todas ellas, Nicolás tenía una debilidad: el tabaco.

El nombre propio suyo entre los indios es picietl, que el de tabaco es postizo de nuestros españoles, por una isla do hay mucha cantidad dél llamada este nombre 'Tabaco'... En pasiones de pecho hace esta yerba maravillosa obra, en especial en los que echan podres y materia por la boca y en asmáticos y otros males antiguos; haciendo de la yerba cocimiento y açúcar hecho xarabe y tomado en poca cantidad, hace expeler las materias y pudriciones del pecho maravillosamente. Y tomando el humo por la boca hace echar las materias del pecho a los asmáticos."

Monardes tomó al tabaco por la medicina total: capaz de curar la artritis, el mal aliento, la jaqueca, el dolor de estómago y el de muelas. Tanto confió en la planta que fabricaba píldoras de tabaco para que sanara todo enfermo insalvable. De sus libros destaca la 'Historia Medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales', publicado en 1574, en el que explica sus experimentos con decenas de productos del otro lado del océano. Entre ellos, plantas de gran importancia, como el maíz, la piña, el cacahuete, la batata, la coca o la zarzaparrilla. Monardes aprovechó su cercanía al puerto de Sevilla, centro del comercio entre los dos continentes, para crear su huerto con plantas americanas. Su libro fue un éxito tan grande que en apenas cien años se había traducido a seis idiomas y vendido más de cuarenta ediciones.


     Bibliografía


La Historia Medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales, Sevilla, Nicolás Monardes.- 1580
Manuel de diagnóstico y tratamiento del tabaquismo, H. Pardell, E. Saltó, LL. Saleras, Editorial médica panamericana S.A. Madrid, 1996


©José Luis Sánchez Hachero
sanchezhachero@hotmail.com


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