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lunes, 9 de marzo de 2015

Viaje a Banda Aceh: el tsunami como ruta turística


Ibrahim perdió a su madre, a sus hermanas, incluso a su abuela, 'pero lo mejor que nos pudo pasar fue el tsunami', dice con una sonrisa en los labios. Diez años después de la terrible ola que se llevó la vida de 75.000 personas en esta ciudad del norte de la isla de Sumatra, y 165.000 más en la comarca, los vecinos recuerdan la tragedia con una amarga sonrisa, dando gracias a Allah por su regalo, tal vez incluso maldiciendo que el renacimiento de la ciudad, y de todos sus vecinos, sea a costa de una tragedia que ya forma parte de la Historia del Planeta Tierra. Fahami es un taxista buscavidas que recorre las calles buscando clientes. 'De mi familia murieron cinco personas', recuerda, 'la ola apareció de pronto, la vi al final de la calle y corrí como un loco hasta que conseguí salvarme y todavía no sé cómo.' Fahami me mira a los ojos con cierto aire guasón y concluye: 'es lo mejor que nos pudo pasar'. Mi asombro no para de crecer conforme hablo con los vecinos de la ciudad. Lina es guía turística en un enorme carguero que sigue varado en mitad de la ciudad, a cinco millas del mar: 'mucho mejor ahora', remata después de evocar el momento del fatídico día que permanece congelado en muchos relojes de la ciudad.

¿Se han vuelto locos en esta ciudad?

ruta turística del tsunami por Hachero

A las 7.58 de la mañana del 26 de diciembre de 2004 la gran ola se llevó por delante la vida de 221.000 personas (doscientas veintiuna mil), provocó el desplazamiento de medio millón y dejó cifras tan horrorosas como la muerte de 2.500 profesores y más de 2.000 colegios destrozados, el 80% de los aeropuertos destruidos, 3.000 kilómetros de carreteras hundidos, más de 70.000 hectáreas de terrenos cultivables inservibles... ¡¡Un desastre de proporciones bíblicas!! Pero de repente ocurrió un milagro. Los extranjeros, esos tipos violentos y feos que se comerían a nuestras hijas en cuanto les dejáramos la menor oportunidad, se lanzaron a ayudarnos, se sucedían nuevas olas de blancos y de negros y de chinos y de indios y de árabes y de musulmanes pero también de budistas y de cristianos, venían incluso ateos, amantes del fútbol y pacifistas y señores bien vestidos y hippies con largas barbas. La región del norte de la isla de Sumatra se convirtió en un imán para gentes bienintencionadas y también, por qué no, en una carrera geoestratégica en la que los EE.UU enviaron a sus más avanzados barcos hospital y los europeos a sus más preparados equipos de emergencia y los chinos observaron humillados que no tenían barcos hospital que igualasen a los de sus oponentes en su propio patio trasero (y así fue como el tsunami originó la primera remesa de militares chinos especializados en operaciones humanitarias que nunca más permitirían que el imperio emergente se sintiera ofendido por el actual imperio). En definitiva, los vecinos de Banda Aceh se replantearon su percepción del mundo: ¿y si no fueran tan malos esos tipos de ahí fuera?

ruta turística del tsunami por Hachero

¿Y si el tsunami no hubiera sido sino un regalo de Allah?

ruta turística del tsunami por Hachero
Muhammad Fauzan Azim Syah, director de la cruz roja en Badna Aceh, en uno de los almacenes con los que ayuda a los necesitados
Así lo cree Muhammad Fauzan Azim Syah, el encargado de la Cruz Roja y de la Media Luna en la región. 'El tsunami fue una oportunidad que nos envió Allah para empezar de nuevo'. Resulta tétrico pensar siquiera algo parecido mientras paseo por el jardín del hospital público de Meuraxa, mantenido de pie milagrosamente como recuerdo de la Gran Ola, y digo tétrico porque el hospital es un monumento vivo, o más bien muerto: una gran fosa común con 15.000 muertos se esconde bajo esta verde hierba que reluce inocente bajo el sol. ¡¡15.000 muertos se funden en un enorme abrazo bajo mis pies!! ¿Qué se hace en estas situaciones? ¿Lloras por un montón de gente que no conociste jamás, de la que no habrías tenido noticia de estar vivos, gente anónima que ahora abona la tierra no para que broten verduras y árboles sino carreteras inmaculadas y urbanizaciones de saludable aspecto?

ruta turística del tsunami por Hachero
El hospital destruido y convertido hoy en una inmensa tumba colectiva llamada Ulee Lheu, con 15.000 cuerpos bajo la hierba
ruta turística del tsunami por Hachero

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La tumba colectiva se llama Ulee Lheu y es una de las muchas fosas comunes que jalonan la costa norte de Sumatra pero con la particularidad de que, según reza la placa conmemorativa y explicativa, aquí yacen 14.800 cuerpos, la segunda más grande de la región. Mi recogido silencio es absurdo: un rebaño de cabras brinca en busca de los brotes tiernos de los matorrales, los niños del vecindario brincan también con sus despreocupados juegos, una madre grita instrucciones a su hijo para que se coloque mejor en el interior de un helicóptero despanzurrado y el pequeño brinca en busca de un buen encuadre.

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El gran carguero conocido como 'diésel'
'Si hemos salido adelante ha sido también por un buen gobierno', me cuenta Lina, la guía del diésel que permanecerá como mudo testigo para los próximos milenios en el interior de la ciudad. El enorme carguero forma parte de la ruta turística del tsunami que salpica el mapa de Banda Aceh y los vecinos de la ciudad lo tienen en alta consideración porque su generador eléctrico suministró de electricidad a toda la población durante años. 'Incluso hoy funciona todavía', me dice Lina, 'pero ya no está aquí, se lo llevaron'. Ahora el carguero es un continuo ir y venir de curiosos que pasean por cubierta, se toman fotos aprovechando la altura del buque y tocan las barandillas con reverencia mística. Lina recuerda el tsunami como un shock traumático que le da de comer hoy día y la oportunidad de conocer turistas de todas partes, 'aunque sinceramente los más simpáticos son los alemanes y ustedes los españoles', dice con una sonrisita. Los recuerdos de Lina, apenas con veinte años, marcan la frontera entre la generación de los que recuerdan el tsunami con nitidez y los que mezclan terrores con memoria. ‘Fue un horror y de mi familia nadie salió herido, aunque sí perdimos la casa: eso sí’, concluye, ‘hay que reconocer que a Banda Aceh le ha servido mucho...’.

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Muhammad Fauza, el responsable de la cruz roja en Banda Aceh, coincide con Lina, la guía del buque diésel, en aquello del buen gobierno: 'el gobernador actual era de la guerrilla y su hombre de confianza también así que puede imaginar el cambio tan grande'. ¿El gobernador actual era un comandante de una guerrilla que sembró la ciudad de cadáveres exigiendo la sharía? En un diario local leo el testimonio de un vecino que contaba cómo cada mañana salía de su casa y encontraba cadáveres en la calle a los que daba la vuelta para comprobar si era alguien conocido antes de ir a trabajar. ¿Y qué hacen ahora los antiguos fundamentalistas? 'No renunciamos a la sharía', me dice el sonriente Fauzan en un almacén de la cruz roja, 'aunque ahora, gracias a todo el apoyo exterior, no queremos la experiencia de otros países, los del Golfo o Afganistán, o la misma Brunei, el tsunami nos significó una apertura de mente en un lugar muy cerrado y sometido durante décadas a guerra y violencia, así que ahora tenemos una visión más suave de la sharía', para concluir aún más sonriente, 'pero no renunciamos a la sharía porque al fin y al cabo es la ley de Dios y eso es innegociable'.

ruta turística del tsunami por Hachero
Este parque se llama 'Aceh agradece al mundo'
ruta turística del tsunami por Hachero

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A su lado, sus ayudantes cabecean al unísono corroborando el discurso: el tsunami significó una apertura de mente en un lugar muy cerrado y sometido a guerra y violencia. ‘Ahora la gente ve al resto de naciones del mundo con agradecimiento’, aseguran, mientras que antes ‘había miedo y rechazo’. Interesante, pienso e imagino una gran ola regeneradora que limpió las mentes mientras sembró de escombros y cadáveres toda esta región. Una catarsis que ha cambiado incluso el concepto mismo de la sharía. ‘¿Ve este cartelito?’, me señala Fauzan una pegatina incrustada en su cuatro por cuatro. Lo miro y lo leo. ‘Es un proyecto para evitar futuras tragedias’, me cuentan los tres al unísono, ‘si cada persona dona mil rupias (apenas seis céntimos de euro) tendremos un remanente para paliar el sufrimiento si vuelve la ola y además estaremos en disposición de ayudar a otros países que sufran lo que hemos sufrido nosotros...’. A su lado, como los personajes secundarios de las novelas de Kafka, los ayudantes sonríen y menean la cabeza. ‘Queremos devolver al mundo lo que han hecho por nosotros...’

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Campaña '1 persona, 1000 rupias'

El agradecimiento se palpa en cada esquina. Aquella urbanización de casas tradicionales de la isla de Sumatra, donde ahora viven estudiantes de las escuelas superiores y universitarias de la ciudad, erigida con dinero internacional, aquella levantada con dinero pakistaní, la de más allá con dinero japonés, esa casita que se levantó gracias a Alemania, a Italia, a Bolivia.

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Barrio que mezcla los estilos arquitectónicos tradicionales de todo el norte de la isla de Sumatra, construido con ayuda internacional
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Pero el tsunami ha dejado algo más que una ciudad nueva y una población agradecida. Los turistas no dejan de llegar e incluso existe una ruta del tsunami. Allá están las altas torres que ayudarán a los vecinos en próximos tsunamis (¡!), ahí sigue el pesquero que aterrizó sobre el tejado de una casa con una curiosa imagen que dio la vuelta al mundo, más allá ocupa una manzana entera el gran carguero al que todos llaman diésel, el parque 'Aceh agradece al mundo' es un rosario de placas de agradecimiento, el museo del Tsunami es el primer punto de esta ruta turística que recorre la ciudad de cabo a rabo.

ruta turística del tsunami por Hachero

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El 'barco en el tejado' es parte de la ruta turística y los nombres de los fallecidos del barrio permanecen en las paredes amarilleando carteles

El conocido como 'barco sobre el tejado' permanece sostenido por una férrea estructura metálica que evite cualquier movimiento que lo deposite donde Newton ordenó que las cosas deben de estar: en el suelo. La vivienda es un memorial con forma de infravivienda del Bronx y los nombres de los fallecidos en el barrio colgados en dos lienzos que comienzan a amarillear por el paso del tiempo. Alrededor del 'barco en el tejado' se despliega un amplio barrio de casas nuevas, buenas viviendas, casa recias y modernas que miran al vecino con la esperanza de que se quede ahí y que no vuelva la Gran Ola a reclamar una nave que no tiene nada de natural sobre los tejados.

Por eso, tal vez, el barco seguirá en el último piso, el carguero a cinco millas de la costa y la ciudad plagada de puntos turísticos. Porque, como dijo el poeta francés Jean Racine, 'en la tragedia sólo conmueve lo verosímil' y aquí todo ha adquirido un punto inverosímil que aleja, conforme avanza la ruta del tsunami, la conmoción y lo trágico...

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[caption id="" align="aligncenter" width="450"]<a href="http://www.losmundosdehachero.com/wp-content/uploads/2014/09/tsunami-por-Hachero-13-imp.jpg"><img src="http://www.losmundosdehachero.com/wp-content/uploads/2014/09/tsunami-por-Hachero-13-imp.jpg" alt="ruta turística del tsunami por Hachero" width="450" height="630" /></a> Monumento al Tsunami en el parque Aceh agradece al mundo[/caption]

lunes, 2 de marzo de 2015

Viaje a Sumatra: en el museo del Tsunami

tsunami banda aceh por hachero

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El tsunami que asoló el océano Índico es ahora una ola de cartón piedra congelada para siempre en el momento en el que se disponía a morder la vida de millones de vidas, incluidas más de doscientas mil humanas, el tsunami es ahora un museo, una biblioteca repleta de libros que ilustran una Gran Ola con dibujos infantiles, es una exposición de estilo naif que muestra angustiosas manos buscando en vano un asidero, el tsunami es un turba de muñequitos de enorme atractivo para los niños que corren estáticos de un desastre que les asusta, es una tienda llena de recuerdos en forma de llaveros y pins, de camisetas, de sudaderas, de pegatinas, el tsunami sale de las mentes de los que lo vivieron y del recuerdo de los que murieron y adopta formas insospechadas, placas conmemorativas, carteles indicativos, torres de salvamento, barcos en lugares insólitos, toda una ruta turística que recuerda a la humanidad que la espada de Damocles pende sobre nuestras cabezas y que nuestras vidas son tan efímeras ante la naturaleza como canjeables por unas monedas en una caja registradora.

tsunami banda aceh por hachero

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En el centro de Banda Aceh se levanta imponente el Museo del Tsunami, dos mil quinientos metros cuadrados de mole en forma de barco con cuatro plantas dedicadas a exposiciones. A sus puertas se fotografían adolescentes sonrientes, con velo ellas, con camisetas ellos. El tsunami atrae a una multitud de curiosos que proceden de la ciudad, de la región, del resto de la isla de Sumatra, de todo el país y hasta del extranjero.

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En Banda Aceh la Gran Ola cambió todo y los vecinos coinciden en que para bien. 'Yo diría que sí, que para bien', dice el recepcionista de mi hotel, el Rumoh hotel, Ibrahim, 'esto ahora es otra ciudad, moderna y preparada'. Nada más entrar en el Museo del tsunami una serie de pantallas de ordenador muestran fotografías espantosas, y espantosas en todos los sentidos porque a la tragedia de los cuerpos hinchados y la destrucción general se une un ligero desenfoque que le añade dramatismo, pantallas borrosas y rayadas, y el ambiente festivo de un grupo de niñas con velos de colores chillones que se toman selfies con sus enormes smartphones.

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A continuación se abre la bóveda de los nombres, representados tan sólo unos cientos de los miles que fallecieron, grabados en círculos e iluminados con una débil imitación de tea, dispuestos en hileras que se arremolinan buscando el fondo de la chimenea en que se convierte la estancia. El canto de un muecín retumba en las paredes y siento el borboteo de los que están a punto de morir ahogados y el hedor de las montañas de escombros mezclados con humanos y bestias, la primera impronta de la Gran Ola.

tsunami banda aceh por hachero

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Los nombres giran y giran y parecen querer salirse de las paredes para volver a la vida y disfrutar de los beneficios del tsunami, envidiosos de los que sobrevivieron, sepultados en grandes fosas comunes, condenados a pervivir en la pared de un museo sin explicarse muy bien qué han hecho para merecer semejante honor eterno en este pseudo barco.

tsunami banda aceh por hachero

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Porque el museo es un barco y su forma es la de un barco, sus paredes son curvadas y evocan olas, el primer pasillo es oscuro y en la penumbra llegas a mojarte porque cae una cortina de agua que invariablemente salpica al recién llegado, por poca empatía que tengas con el entorno puedes sentir el terror impreso en este extraño museo, el terror de la sacudida de un temblor de 9.1 grados en la escala Richter, una sacudida que sepultó en agua a tanta gente que provocó una ola de solidaridad internacional aún mayor.

tsunami banda aceh por hachero

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'Por aquí entró la ola en Banda Aceh', me cuenta Fahami en el origen de la pesadilla mientras su taxi tose gripado sobre un puentecillo, por supuesto nuevo, por supuesto financiado con dinero de la solidaridad internacional.

tsunami por Hachero 15

Nadie lo diría, me digo mientras el sol lánguidamente se esconde tras la isla de We que tapa el horizonte, y trato de evocar entonces el muro creciente e inexorable de agua que arrastró el pasado al más lejano Recuerdo y dejó, a cambio, toneladas de escombros, muertos y olvidos y el extraño resurgimiento de una ciudad que estaba muerta antes de su deceso. Un deceso que curiosamente fue su resurrección, una ciudad que ahora respira vida y es la envidia de toda Indonesia.

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'Ahora tenemos carreteras, edificios nuevos, inversiones', desgrana el recepcionista de mi hotel, un hotel construido con dinero turco, mientras señala los edificios de la acera de enfrente: 'aquel se levantó con dinero alemán, y aquel de allí con dinero coreano, y en la ciudad tenemos barrios construidos con dinero de Taiwan, de Portugal, de Italia...'

tsunami banda aceh por hachero

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El techo del museo del tsunami está jalonado con las banderas de los desinteresados donantes. Veo la de Malasia, la de los EE.UU, la de Bolivia, de Croacia... Todos enmarcan la palabra 'Paz' en sus idiomas. Porque en Banda Aceh el agradecimiento se siente en cada esquina. De la polvorienta ciudad que barrió el tsunami, azotada por la indolencia y la miseria, por los asesinatos y sabotajes de una guerrilla fundamentalista, la Gerakan Aceh Merdeka (GAM) y por las correspondientes represalias del ejército indonesio, se ha pasado a una ciudad nueva, nueva del paquete, tan nueva que sus vecinos se pellizcan por si la Gran Ola les hubiese trasladado a un mundo irreal y mentiroso.

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Las carreteras no tienen baches, el alcantarillado fluye, los carteles impiden que te pierdas, se puede pasear de noche y la madrugada no está jalonada de disparos de AK47. En 1999 visité Timor Oriental, que a su modo era un infierno, pero aún peor era la situación de Banda Aceh... 'Este puente es alemán', dice el conductor del mototaxi que me lleva al hotel mientras cruzamos el emblema que une las dos partes de la ciudad separadas por un río que tras el tsunami pareció más bien un océano.

tsunami por Hachero

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En la exposición de fotografías del tsunami el ambiente es de mercado festivo. Los turistas llegan de toda Sumatra, y por extensión de toda Indonesia, hacen grupos ante las instantáneas y posan satisfechos, las muecas de dolor de las fotos contrastan con las de los turistas, el salón donde las maquetas reproducen tsunamis de goma espuma que aterrorizan a muñecos que habitan ciudades de cartón piedra tiene un aire de jardín de infancia no tanto por las reproducciones sino porque ya pillan al respetable saturado de tragedia y de olas asesinas.

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Máquina de generar olas...
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Pero aún queda más: un gran salón donde se reproducen tsunamis en miniatura, clases prácticas para los escolares que pueden generar olitas con máquinas pedagógicas, maquetas de la corteza terrestre en las que el magma contrasta con el azul de las réplicas de las olas. Pero de todos los recuerdos me quedo con una bicicleta retorcida rescatada de alguna tragedia anónima y que ahora yace como desorientada en una gran urna: ella también sufre como los nombres del cuarto de los nombres: ella tampoco puede disfrutar de la nueva Banda Aceh, de sus carreteras sin baches, de su ciclista desconocido, de la paz de un sitio que ha tenido que morir de la peor de las maneras para renacer y desarrollarse.

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domingo, 22 de febrero de 2015

Viaje a Banda Aceh: en las torres del tsunami

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En Banda Aceh la espada de Damocles no pende de un techo sino que crece desde el suelo y no pretende recordar la fugacidad de la buena vida sino de la vida a secas. Las imponentes moles de las llamadas torres del Tsunami se recortan contra el horizonte de la ciudad, se asoman a las ventanas de los vecinos, lanzan mudos gritos de alarma que, conforme pasan los días y las décadas, resbalan de los oídos de los vecinos más jóvenes.

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Porque las moles de hormigón que nacieron de grandes sumas de dinero provenientes de la ayuda y la solidaridad internacional son hoy escenario de emocionantes partidos de fútbol infantil, de nerviosos pilla pilla y del juego del escondite, teatro de mocosos que corren posesos por los amplios salones a la sombra del inclemente sol, castillo de príncipes y soldados (¿quién sabe dónde están las guerreras y las princesas?) que sólo saben de la Gran Ola que conmocionó a todo un planeta por las historias de sus padres y por las fotos del museo del Tsunami, cuya silueta también se recorta en el horizonte con su pinta de buque de tierra adentro.

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La imponente silueta del Museo del Tsunami, semejante a un buque de tierra adentro, se recorta en el horizonte mientras los niños van a lo suyo: jugar

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Desde lo más alto de las torres del tsunami puede imaginarse la devastación sin verla. Porque todo lo que se distingue es nuevo: hasta el mismo horizonte quedó alterado con el tsunami de 2004 y la línea de costa ofrece nuevos accidentes que antes no estaban.

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Allá está la mezquita Masjid Raya Baiturrahman, que Allah quiso conservar indemne (alhamdoulillah) ante el embiste de las olas, más allá un barco descansa aún a las puertas de una casa, desde aquí se puede imaginar cómo la enorme ola penetró por el norte de la ciudad, inundó la calle Rama Setia, desbordó la avenida Sultan Iskandar Muda y unió fuerzas al río Aceh para sembrar de escombros miserables donde antes sólo había miseria a secas.

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También puede verse cómo las orillas del mar quedaron alteradas para siempre y jamás (la eternidad que tarde otro desastre natural en volver) y que los barrios antiguos en poco deberían parecerse a los que ahora lucen brillantes y con ventanales nuevos, pobres y ricos igualados por las fuerzas de la naturaleza y por la mentada solidaridad internacional.

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Las torres del tsunami son cuatro y se construyeron a lo largo del barrio de Meuraxa, el que sufrió con mayor intensidad el impacto de la Gran Ola. Ahora son una parte más de la ciudad, una parte íntima que esparce tranquilidad entre los vecinos, cuatro titanes que se recortan en el crepúsculo de Banda Aceh para recordar, mientras no se difumine la memoria, que una vez hubo un desastre de proporciones bíblicas y que este barrio tan colorido y frondoso, una vez fue un infierno de agua y muerte.

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Las torres fueron fruto de la prevención a posteriori, que siempre es de agradecer aunque llegue tarde, fueron construidas con cemento reforzado y tienen una capacidad para quinientas personas a las que es fácil imaginar buscando cobijo en sus cuatro plantas, accesibles por rampas y escaleras, y colapsando un refugio que no deja de provocarme dudas. Coronadas con helipuertos y dotadas de cuartos de baño, oficinas y salas de reposo y hasta de oración, las torres languidecen hoy como un monumento al tsunami, con sus baños abandonados y sus amplios espacios convertidos en salas de juegos para niños que, en su inmensa mayoría, ni siquiera habían nacido cuando sus padres huyeron de la Gran Ola.

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Allá abajo se distinguen los restos de un helicóptero destrozado y que costó la vida a su tripulación, otro monumento más terrenal de lo que supuso luchar contra la naturaleza, en el horizonte se recorta la figura de otra de estas torres de dieciséis metros de altura construidas a una milla de las orillas del mar. Por las calles abundan los carteles que señalan a las torres, casillas de seguridad en el gran parchís que ha generado el tsunami en un tablero que hoy luce impoluto.

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Pero los vecinos resoplan satisfechos porque los titanes, de dieciséis metros de altura, más que servir de refugio en caso de catástrofe parecen tener asignada otra tarea: la de vigilantes que otean sin descanso el horizonte, ese que antes no era, para avisar a los suyos de la fugacidad de la vida. Y no la buena vida sino la corriente, la de siempre. La de todos los días.

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