Mostrando entradas con la etiqueta Kurdistán iraquí. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Kurdistán iraquí. Mostrar todas las entradas

viernes, 30 de octubre de 2015

Viaje al Kurdistán iraquí: la ciudad de Erbil tiene más de 44 siglos de historia (II)


En el muro de la citadela un vendedor de artesanías reúne en su escaparate lo más granado de la historia de Erbil. Los primeros cristianos, héroes kurdos, príncipes mahometanos, califas, mogoles y mongoles, una presión social que tiene mucho de tectónica y que une y separa pueblos a los que luego separará para volver a unir. Los kurdos se dicen descendientes de aquellos medos que destruyeron Nínive y la poblaron como dueños absolutos hasta el siglo X para recibir luego, por supuesto, a los árabes que en su expansión del islam la absorbieron al califato de los Omeyas, en primer lugar, y más tarde por abasíes, selyúcidas y hasta el propio Tamerlán, que la destruyó a finales del siglo XIV. La citadela que hoy veo y por la que camino es un fuerte levantado por el imperio otomano pero me lo imagino formando parte del entramado fangoso del subsuelo en unos siglos para que futuros viajeros paseen por un castillo construido sobre esta cima que ahora yo piso.

kurdistanirak26-imp

Poco que ver con la aldea que fue apenas un par de décadas antes. Capital del Kurdistán iraquí desde 1992, Erbil alberga el parlamento popular, llamada la Asamblea Nacional del Kurdistán Iraquí, y un gabinete integrado por los partidos mayoritarios, el PDK y el UPK, amén de otros partidos menores. Rebeldes por naturaleza y poco amigos de los sometimientos, nada raro después de tantos siglos soportando invasiones, los habitantes de la región se las tuvieron tiesas con Sadam Hussein. Los kurdos de Irak sufrieron una represión muy distinta de los kurdos de Turquía, los más numerosos: a diferencia de éstos, a los de Irak se les permitía el uso público de su lengua y hasta podían tener periódicos. Para cualquier kurdo iraquí el nombre de Mustafá Barzani es lo más parecido al padre de la nación: luchó contra los británicos cuando se apoderaron de la región tras la caída del imperio otomano, luchó contra el rey Faisal I de Irak, a quien los ingleses regalaron su polvoriento reino, Barzani fundó el KDP, el Partido Democrático del Kurdistán, conformó la milicia kurda, los hoy famosos peshmergas, que regularmente luchaban contra el gobierno de Bagdad.

Erbil por Hachero
Barzani está en todas partes...

Su nombre hay que confrontarlo con el de Yalal Talabani, su opositor y más joven, cultivado y con ideas izquierdistas. Ambos lucharon contra el ejército de Sadam a ratos y cuando llegaban a un acuerdo con Bagdad se enzarzaban entonces entre ellos por el control de la región. Barzani siempre soñó con la independencia y acudió con cierta regularidad a los EEUU para que les echara una mano, un tema que en Washington veían con exótica curiosidad. La inestable situación costó cientos de miles de vidas y millones de desplazados, escenas tan trágicas como el bombardeo con armas químicas de la ciudad de Halabya y aledañas y la inesperada explosión vital del Kurdistán iraquí como símbolo de seguridad y estabilidad.

Kurdistán iraquí por Hachero

La guerra de 1991 entre el régimen de Sadam Hussein y los Estados Unidos les dio una oportunidad: la zona de exclusión aérea, que prohibía a los iraquíes sobrevolar más al norte del paralelo 36, permitió labrar un futuro distinto, aunque lo que realmente hicieron fue una guerra de psicópatas entre las dos facciones, el PUK, una guerrilla organizada por el hijo de Barzani y apoyada por Irán y Siria, y el KDP de Talabani, apoyada por Bagdad. El caso es que en 1998 los Estados Unidos, que ya planificaban un Irak post Sadam y sabían de las enormes reservas petrolíferas de estos levantiscos vecinos de Erbil, impusieron una tregua y ayudaron a los guerrilleros del PUK a aplastar una guerrilla islamista que surgió en las montañas: Ansar al Islam, un grupo inquietantemente parecido a Al Qaeda y al Estado Islámico en sus planteamientos y en sus métodos, unos locos barbudos fanáticos del Islam ...pero de etnia kurda.

kurdistanirak8-imp

Hoy el Kurdistán iraquí tiene unas relaciones tan buenas con Turquía que hasta exporta petróleo a través de un oleducto construido al norte del país y Masud Barzani, el hijo de aquel legendario guerrillero, hoy no sólo es presidente sino que fue el primer mandatario kurdo en viajar a Diyarbakir, la capital del Kurdistán turco, un guiño al mundo de que los kurdos no renuncian a su gran ideal, el del Kurdistán como país, sin tener que añadirle Kurdistán Iraquí, o Turco, o Sirio, o Iraní. Un hecho curioso porque los turcos han bombardeado las montañas al norte de Erbil repetidas veces en busca de los guerrilleros del PKK, los kurdos turcos, que usaban la región para esconderse y coger fuerzas para seguir atacando a los militares de Estambul. Los kurdos de Turquía, sobre todo, observan con evidente envidia el devenir de esta región a la que nunca faltan desdichas: hoy es el Estado Islámico el que amenaza la tranquilidad y la inversión de miles de millones de dólares para convertir Erbil en una suerte de Emirato del golfo. Y algo han conseguido porque tiene las tasas de pobreza más bajas de Irak, el mayor índice de seguridad y hasta la ONU reconoce esta ficción nacional con el título de 'entidad federativa'. Una entidad federativa que cuenta con su propia bandera, 'Alaya rengin', roja, blanca y verde y con un sol como presidente.

Erbil por Hachero
Este es el paisaje habitual de Erbil: grúas y apartamentos de lujo

Wael me pasea por el barrio de los ricos. Y no es cualquier cosa porque todos los barrios nuevos tienen aspecto de estar habitados por ricos. Esplendorosa destaca the White House, una réplica exacta de la Casa Blanca de Washington. 'Esa es más interesante', me indica Wael ante un enorme y deslumbrante chalet, 'porque el dueño la levantó hasta tres veces pero no terminaba de gustarle y ordenó demolerla otras tantas veces hasta que ahora parece que está satisfecho...'. Como contrapunto, y al atardecer, el centro de Erbil parece detenido en el tiempo. Los abuelos se sientan al fresco de las fuentes, con la citadela al fondo, visten orgullosos sus trajes tradicionales con esos pantalones bombachos que deben ser un sueño de los herniados, manosean sus rosarios, rezan mientras fuman sus arguiles, toman té y las mujeres, con riguroso velo, pasean rodeadas de nubes de niños.

Erbil por Hachero

Pero en los barrios la cosa es distinta. Los cuatro por cuatro, siempre nuevos e impolutos, cruzan las avenidas recién asfaltadas, las grúas forman parte del paisaje inmobiliario, de un coche de alta gama baja una escultural muchacha en minifalda pero con hiyab, a mis espaldas un grupo de chicas ríe estrepitosamente mientras sorbe la boquilla de la pipa de agua. En los centros comerciales no falta mercadería. 'Todo es petróleo', me dice Wael, 'y mientras siga así no tenemos miedo del Estado Islámico'. 'Le daré un ejemplo', me dice, 'los directivos de Exxon tienen alquiladas dos plantas de un hotel de lujo y pagan más de medio millón de dólares al mes: ¿cómo van a permitir que los yihadistas les fastidien el negocio?

kurdistanirak27-imp

kurdistanirak23-imp

En el verano de 2014 un escalofrío recorrió la ciudad: los barbudos del ISIS se acercaban y cundió el pánico, muchos se subieron a los coches con la intención de huir. 'Yo no', dice Wael, 'porque vi que los directivos de Exxon ni siquiera se inmutaban...' A pesar de que la región es más segura que el resto de Irak, y se nota en esos enormes norteamericanos que uno encuentra a veces comprando fruslerías por el centro, los atentados no son imposibles y aventurarse fuera de la ciudad es poco menos que un suicidio si no se va bien acompañado. De hecho las ciudades del país a veces resultan casi inalcanzables, dependiendo de cómo evolucione la guerra contra los yihadistas. Duhok, Halabja y Solimania son las otras cabezas de gobernación que cuesta visitar por el temor a un secuestro. La carretera a Bagdad sufre de esporádicos controles del Estado Islámico y en sus cunetas aparecen repetidamente conductores asesinados. La que conduce a Mosul es una vía muerta porque, de momento, Mosul está en manos de los barbudos.

kurdistanirak9-imp

Por si fuera poco, la hasta hace poco casi que aldea polvorienta con cuarenta y tres siglos de historia es solidaria y tiene repartidos por su perímetro urbano más de cuarenta mil refugiados desplazados por los yihadistas. Al norte de la ciudad, en un suburbio cristiano y floreciente llamado Ainkawa, se han concentrado los cristianos alrededor de la iglesia de Saint Joseph. Más allá están los sunitas, y los yazidíes, los chabaquíes, hay chiítas que han venido del sur, en algún lugar están los zoroástricos. Para ser una sola ciudad, su variedad étnica y religiosa es asombrosa. Además tienen campos de refugiados, o edificios a medio construir, que cumplen la misma función, pero los desplazados son libres de pasear por la ciudad. En el mercado me encuentro a un sunita de Mosul al que entrevisté en su tienda. Del campo de Horsham sale una extensa familia para 'pasear'. Los cristianos parecen intercambiables y aparecen en varios puntos de la ciudad saludando como tal cosa. Los carteles indicativos de la autopista también añaden una tentación de interés suicida: por aquí se va a Bagdad.

erbil por Hachero
boda kurda en Erbil por Hachero

Los espíritus acumulados de cuarenta y tres siglos de historia observan las evoluciones de los hombrecillos desde lo alto de la citadela. Los temores que nos causa Al Baghdadhi, los orates de Al Nusrah o los bombardeos aliados no les asombran en absoluto. ¡Cómo asombrar a unas piedras que han visto pasar a Ciro el Grande, a Darío el Persa, Alejando el Magno o Gengis Khan! ¡Cómo asombrar a una gente cuyos abuelos lucharon contra el Gran Tamerlán, los Omeya o las tropas de Sadam Hussein! Abandono Erbil con una sorpresa: los controles son mucho más exhaustivos para salir que para entrar y el aeropuerto tiene una terminal de mentirijilla, tan sólo para chequear a los viajeros. Pero me voy con un buen sabor de boca, el de un país de opereta que aspira a convertirse en una nación de verdad y que sienten haber dado ya el primer paso. El mayor pueblo sin nación del planeta ya ha metido la cabeza. Ahora sólo falta que la comunidad internacional supere las divisiones interesadas que los británicos y franceses trazaron tras la caída del imperio otomano y que los kurdos de Turquía, Siria e Irán se les unan en un nuevo país. Una tarea titánica y poco menos que imposible a día de hoy. Hasta que se visita Erbil y uno duda. Tal vez el Kurdistán sea algo más que una ficción.

kurdistanirak1-imp

lunes, 1 de junio de 2015

Viaje a Irak: con los chabakíes expulsados por el Estado Islámico


'En la ciudad huele a muerto', me dice Eptisan, 'he hablado por teléfono con algunos vecinos que no pudieron huir del Da'esh y nos dicen que mi calle huele a muerto porque los yihadistas no recogen los cadáveres'. No resulta fácil conocer a un chabakí, sobre todo porque viven repartidos entre Mosul y un puñado de aldeas al norte de Irak, en las montañas de Sinjar, en la remota región de Nínive, que me trae recuerdos de las clases de historia, de Babilonia y de Mesopotamia. Por eso cuando mi amigo Wael me los señala, 'mira, chabaquíes', los observo como el que ha ido al museo. Sus historias son tan tremendas como las de todos los que han huido de esta absurda guerra, y la frase de Eptisan, 'mi calle huele a muerto' lo atestigua, pero a los relatos increíbles se une, en mi caso, el aliciente de contemplar cara a cara a gente de un pueblo del que sólo he leído referencias lejanas.

shabakíes por Hachero 28-imp

No se sabe muy bien cuántos individuos compone esta misteriosa minoría y las cifras bailan entre los sesenta mil y los doscientos cincuenta mil. En todo caso, su hogar está muy delimitado a un puñado de sesenta aldeas al norte de Irak, aldeas con nombres como Ali Rash, Khazna, Yangidja y Tallara, aldeas que hoy están en manos de los despiadados yihadistas del Estado Islámico, ISIS, de donde han expulsado a decenas de miles. 'Los vimos venir desde lejos', me cuenta Nur Hisian, una hermosa adolescente de doce años, 'y nos subimos a la segunda planta de nuestra casa, mamá estaba aterrorizada porque los pershmergas habían huido y no había nadie para detener su avance...'

shabakíes por Hachero 4-imp
Nur, la chabakí que huyó de Nínive

Los chabakíes, que suelen vivir junto a yazidíes y cristianos, se prepararon para lo peor. Abderrahman tiene once años y recuerda que la mayoría de los yazidíes huyó a las montañas porque los yihadistas 'venían con mucha gente y con sus banderas negras, y estaban como locos buscando yazidíes y chiítas, ellos sí les plantaban cara porque sabían que querían matarlos, pero al final los mataban de todos modos porque se resistían'. Vienen de Kokjali, dice, y asistieron a la destrucción de la mezquita, desde la que un grupo de resistentes plantó cara a los yihadistas. No quedó ninguno de los defensores y los chabaquíes que pudieron, huyeron con lo puesto.

shabakíes por Hachero 33-imp

Nadie sabe a ciencia cierta quiénes son estos chabaquíes. Ellos afirman proceder del norte de Irán y aseguran que sus antepasados eran los soldados del sha Ismail I, un azerí que reunificó Irán y extendió el chiísmo por la región, aunque también se dice que el tal Ismail era un importante poeta sufí en secreto y que por eso esta gente mezcla conceptos chiítas con otros más propios del misticismo sufí. Para terminar de enredar la madeja los iraquíes se dividen entre los que los consideran kurdos persas y los que creen que no son más que turcos de la Anatolia. El caso es que los chabaquíes han sido poco menos que casta inferior durante siglos, considerados los más pobres entre los pobres, hablantes de un extraño idioma que mezcla árabe con turco, persa y kurdo y despreciados por sus vecinos. Aunque los yazidíes han alcanzado algo más de fama por aquello de que en sus ritos parecían adorar al demonio, los chabaquíes tienen también una religión de lo más heterogénea.

shabakíes por Hachero 32-imp

shabakíes por Hachero 31-imp

Su interpretación del Corán es más literal que la que trata de imponer la Sharía y aunque esto pueda darles apariencia de musulmanes, sus creencias mezclan islam y cristianismo. Por ejemplo, permiten la confesión pública, como los cristianos, y beben alcohol, lo que les crea serios problemas con sus vecinos y mucho más con los disparatados yihadistas del Estado Islámico, que los ven como herejes. Además, no construyen mezquitas sino unos edificios que llaman Khanqah y que sirven para reuniones espirituales. Por si fuera poco, su libro sagrado no es el Corán ni la Biblia sino el Kitab al Managib, o Libro de los Actos Ejemplares, o Byruk, que para liarlo todo aún más está escrito en lengua turca. Un libro que interpreta un líder al que llaman Baba y al que apoya una cohorte de religiosos que sirven como mediadores con el poder divino. A pesar de este cocktail, los chabaquíes están dentro del islam y se dividen en tres tendencias, dos de ellas chiítas y una última sunita. Siempre han vivido mezclados con yazidíes y cristianos, y tal vez de esa convivencia vengan unas tradiciones que parecen prestadas según el momento.

shabakíes por Hachero 10-imp

Desde su posición, en lo más bajo de la sociedad, los chabakíes han luchado por emerger y sobreponerse a su fatal destino pero sus peculiaridades, el entorno y los reveses de la historia no ayudan mucho. El partido Baas, de Sadam Hussein, quiso arabizarlos y que olvidaran su lengua ellos entonces dijeron que se consideraban más kurdos que árabes pero que no eran ni lo uno ni lo otro, los radicales islámicos siempre los han visto con malos ojos y ahora los orates del Estado Islámico se empeñan en destruir cualquier vestigio de su cultura, sobre todo después de que hayan invadido sesenta aldeas shabak y hayan ejecutado a unos dos mil chabaquíes o expulsado a sus habitantes.

shabakíes por Hachero 8-imp

shabakíes por Hachero 14-imp

Aprovecho para preguntarles por los yazidíes, otra minoría que huyó de los barbudos sin que a estas alturas tengamos muy claro lo que ocurrió con ellos. 'Los yazidíes huyeron a las montañas pero por el camino les atacaban y ya no sé quiénes, si eran los de ISIS, el ejército de Irak o los EEUU'. Eptisan Ahmed Daoud es una mujer de armas tomar, vive en una impersonal tienda de campaña en una larga hilera de impersonales tiendas de campaña contra las que se recortan, al fondo, altos edificios de apartamentos que indican la prosperidad que vive el Kurdsitán iraquí estos días. Pero Eptisan ve la prosperidad ajena como eso: prosperidad ajena porque no tiene salario ni ningún ingreso, tan sólo cinco niños, alguno muy enfermo, y muchas quejas: 'me piden dinero para medicinas pero no tengo nada', 'apenas hay ONGs que nos presten ayuda', 'sólo he conseguido un paquete de leche en los últimos días'. Y a pesar del drama, sonríe mientras relata hechos espeluznantes: 'no sé si han minado mi casa, tengo miedo y no sé si podré volver algún día, esa gente está loca, matan a cuchillo, decapitan, eso no es islam', el grupo de mujeres chabaquíes se incrementa y forman un corro, desgranan sus miserias, semiocultas tras sus velos, 'llamo por teléfono a los vecinos que se han quedado y están en estado de pánico, dicen que las calles huelen a muerto porque matan a muchos y no los recogen, mi calle está llena de cadáveres', otra mujer la interrumpe: 'mi marido murió por una bomba de ISIS cuando volvía del trabajo...'. Un drama de siglos, el de los chabaquíes, shabak people, que parecen condenados a emular a Sísifo para siempre y jamás, huyendo permanentemente de expulsiones, de asesinatos, de ataques étnicos y religiosos. Me despido con pesar: el de haber conocido a una minoría esquiva, presente tan sólo en el norte de Irak, hundida en el pozo de la tragedia.

shabakíes por Hachero 6-imp

Donativos

Publicidad