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miércoles, 4 de junio de 2014

Viaje a Senegal: en la ciudad colonial de Saint Louis


Corría el mes de junio de 1816 cuando la fragata Meduse partió del puerto francés de Rochefort rumbo al senegalés de Saint Louis sin sospechar siquiera que estaba destinado a convertirse en un icono de la desgracia. La fragata se las prometía muy feliz porque su misión era todo un logro patriótico: recuperar la colonia de Saint Louis de manos de los invasores británicos tras la debacle de Napoleón. Sin embargo, todo lo que podía salir mal, salió mal, y la tragedia de la tripulación aún perdura hoy a través del famoso lienzo del pintor francés Gericault titulado La balsa de la Medusa, un óleo que congela en el tiempo una de las escenas que imaginó a bordo de una frágil embarcación sobre la que se arremolinaba centenar y medio de náufragos de los cuatrocientos pasajeros iniciales.

La balsa de la Medusa

Tan sólo quince personas consiguieron sobrevivir a las dos terribles semanas que permanecieron a merced de las olas, soportando hambre y frío, devorando los cuerpos de los que fallecían y de los que mataban porque consideraban culpables de su desgracia, penetrando por la puerta grande en la más salada locura. La desgracia ocurrió en 1816 y la fragata Meduse se dirigía al puerto de Saint Louis en el camino inverso que, apenas dos siglos después, habrían de emprender miles de senegaleses en busca de los puertos europeos donde presumían cascadas de miel y montañas de pan.

saint louis por hachero

El puesto de Amina en el mercado de Saint Louis resume toda la ciudad. Decadente, aplastado por una pátina de polvo que desluce el brillo de un antiguo esplendor, con un aire colonial escondido tras sus desconchones, enérgico y ajetreado, con un nosequé naif que mueve a la compasión. Amina, con sus ochenta primaveras, se esfuerza por vender patatas y cebollas en una calle polvorienta y sin asfaltar bajo todo un universo de molestas moscas que forman nubes y tiñen de negro las sombrillas de los vendedores. Una vez se abandona el centro histórico, Patrimonio de la Humanidad desde el año 2000, Saint Louis se interna en el clásico cliché del África que tanto molesta al visitante occidental: caótica, polvorienta, pobre, intensa.

saint louis por hachero

Amina está contrariada porque su hijo Mustafá ha vuelto del desierto del Sahara, y lo ha hecho andando, en lo que era su tercer intento por alcanzar Europa. 'La próxima lo logrará', dice la anciana con una amplia sonrisa de esperanza en la que muestra una boca desdentada. Su historia no es nueva en este blog, ya la conté aquí

saint louis por hachero

Saint Louis por Hachero

Doscientos años después, el mar sigue ofreciendo imágenes tan impactantes como las de la Medusa. En el barrio de Guet Ndar, entre rebaños de cabras, niños desnudos y cantos del muecín, Hassan y sus amigos me hablan del callejón sin salida de sus vecinos. Hassan, y los demás, han sido pescadores aunque ahora deambulan con un rosario en la mano aprovechando el ramadan y buscando la mejor posición a La Meca. Guet Ndar es el barrio de los pescadores, un barrio superpoblado y, tal vez por eso mismo, inmerso en un ambiente que parece invitar a eso de 'tonto el último'.

saint louis por hachero
Hassan y sus amigos se quejan amargamente: 'ya no quedan buenos pilotos'

'Cada vez hay menos pilotos', se quejaba amargamente Hassan mientras el almuédano rompe el breve silencio de la tarde con su llamada a la oración, 'todos se fueron a las Canarias y ahora no hay quien maneje bien los barcos y se pesca mucho menos'. En el momento álgido de la inmigración ilegal a bordo de cayucos, en 2006, cuando cientos de jóvenes enfilaron proa al norte y muchos perdieron la vida en el intento, el barrio perdió algo más que una multitud de jóvenes: se fueron los que tenían el know how, como el que dice. Lo peor de todo, además, es que muchos de aquellos jóvenes se fueron para revivir la tragedia del Medusa y fueron cientos, tal vez miles, los que acabaron bajo las aguas y quién sabe si no hubo quien responsabilizara al piloto y terminara devorándolo también... Así está la situación hoy: pincha aquí.

deportados llegando a Saint Louis por Hachero

Los deportados desde España llegaban a Saint Louis pensando que aterrizaban en Barcelona...

Saint Louis por Hachero

En la desembocadura del río Senegal los cayucos imitan a la balsa de la vergüenza, las tripulaciones parecen pirámides humanas, o esos castillos catalanes llamados 'castellers'. El río arrastra en su llegada al mar un laberinto de cayucos, desechos de difícil encuadre y magníficas aves que contribuyen con su graznidos a incrementar un caos ya de por sí notable. Cuesta trabajo encontrar el Patrimonio de la Humanidad en mitad de esta anarquía pero a poco que enfocas la vista se alza, con una dudosa majestuosidad, un puente de hierro, oficialmente el puente Faidherbe, entre nosotros: el puente Eiffel. Y digo Eiffel porque fue el propio Alexandre Gustave el que lo diseñó para, misterios de la vida, acabar salpicando el mapamundi de sus obras: he visto diseños de Eiffel hasta en Iquitos, en pleno centro amazónico del Perú. El destino final del puente fue África aunque, dicen las crónicas, el objetivo estaba más cerca de Francia: el Danubio. Lo cierto es que Saint Louis está más allá de la desembocadura, en un estrecho islote de dos kilómetros de largo, una antigua ciudad colonial fundada con el nombre del rey de Francia del momento, Luis XIV, y con el honor de ser la primera ciudad colonial fundada por europeos en el África occidental según wikipedia, no sabría yo qué decir

saint louis por hachero
El centro de Saint Louis contrasta con las caóticas calles del barrio de los pescadores...

saint louis por hachero

A Saint Louis le dicen muchas cosas, desde la Venecia africana a la capital del jazz senegalés, apelativos que durante mi estancia sólo me causaron extrañeza. Claro que no perseguía objetivos turísticos y que los vuelos de Air Europa devolviendo inmigrantes ilegales no me dejaron tiempo para mucho más... Tan sólo la casa de Hadji Diouf, el famoso futbolista de la selección senegalesa que jugaba en Inglaterra. 'Mi hijo juega en el Bolton', me dijo su madre con cierta cara de mosqueo cuando captó mi disimulo: 'sí, claro, Diouf, lo conozco', mentí piadosamente. Una casa enorme, llena de habitaciones a su vez llenas de gentes que iban y venían, una enorme pantalla de televisión en un salón, una visita que nunca supe explicar, ni explicarme, un futbolista al que nunca vi pero al que ya no puedo olvidar. Una casa que me recordó aquellas crónicas de Kapucinsky en las que la fortuna puede convertirse en pesadilla cuando los familiares, los conocidos, los familiares de los conocidos y los conocidos de los familiares se instalan en tu hogar para aprovechar tu buen momento. O, visto de otra forma, el vibrante ritmo social del África negra, acogedor, encantador y dispuesto siempre a regalarte una sonrisa. En esta página puedes seguir la vida de Saint Louis y conocer su agenda cultural y social.

saint louis por hachero

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Saint Louis tiene un pasado que enlaza directamente con la isla de Gorée, uno de los centros esclavistas más famosos de África. Construida en 1659, fue la primera ciudad francesa en África, aquí nació la Compañía Francesa de las Indias Occidentales y aquí también comenzó el negocio esclavista de los galos con las consabidos intercambios de objetos de hierro, baratijas y telas por marfil, polvo de oro, aceite de palma y, poco después, esclavos. La ciudad creció como cruce de caminos entre el África negra y Europa y apenas un siglo después ya superaba los diez mil habitantes y los británicos, ávidos cuan cucos de ocupar las tierras de sus eternos enemigos, la hacen suya temporalmente. Más tarde, en 1827, una década después de que Francia la recuperara de manos de los británicos y los náufragos de la Medusa fueran ya leyenda, el asentamiento se convierte en la capital política de Senegal.

Saint Louis por Hacherosaint louis por hachero

Sin embargo la isla de Gorée le ganó siempre en actividad esclavista y la prohibición de esta ominosa práctica en 1848 dejó a ambos enclaves sin un rumbo definido. No decayó, empero, la actividad comercial de Saint Louis, gracias a su privilegiado emplazamiento y a que París la nombró capital de sus colonias en el África occidental (lo que encuadraba no sólo Senegal sino también Mali, las Guineas y Costa de Marfil). Saint Louis entró en el siglo XX con una sonrisa tan amplia como el iceberg que hundió el Titanic y así se le debió de quedar, enorme y congelada, porque apenas unos meses entrado el siglo veinte su importancia decayó de pronto. Francia comenzó a invertir ingentes cantidades de dinero en un punto algo más al sur, situado frente a la ominosa isla de Gorée, conocido como Dakar, un sitio que albergó a partir de entonces un enorme puerto. La independencia de la colonia, en noviembre de 1958, significó el mazazo definitivo para Saint Louis: Dakar se erigía en capital del nuevo país y Saint Louis quedó sepultado en un pasado de esplendor y oprobio. El oprobio de sus tiempos de esclavista, cuando desfilaban alrededor de diez mil esclavos cada año por sus playas se contrarresta ahora con la llegada de turistas, la panacea para los locales aunque un goteo insignificante como para pensar que será la solución de la ciudad. Unos turistas que se cruzan con los jovenzuelos que sueñan con Europa y que están dispuestos a revivir los días de la balsa de la Medusa si es necesario. Antes, obligados. Ahora, de motu propio. Europa en el horizonte.

Saint Louis por Hachero

viernes, 31 de enero de 2014

Viaje a Filipinas: en la iglesia de Miag-ao, patrimonio de la Humanidad y construida sin arquitectos


Desde que Magallanes pusiera un pie en las Filipinas el desencuentro entre los cristianos y los musulmanes ha sido tan evidente que los combates entre el Frente Moro y el ejército filipino tienen un nosequé a dejá vu. Ambos mundos, el islámico y el cristiano, se empujan mutuamente, los musulmanes desde el sur, sembrando de mezquitas el perfil de las ciudades, los cristianos desde el norte, multiplicando campanarios y cruces. No hay que soñar mucho para imaginar la vida de aquellos religiosos católicos (y romanos, apostillan siempre en Filipinas) de siglos atrás sudando la gota gorda bajo un sol tropical que convierte en particulares infiernillos sotanas y casullas, y con un ojo puesto en la exhuberante vegetación por si aparecían los temidos moros reclamando su lugar. En la tropical isla de Panay, a pocos kilómetros de su capital, Ilo Ilo, en las conocidas como islas Bisayas, se levanta uno de los ejemplos más gráficos de un pasado totalmente desconocido en España. Y eso que hablo de un ejemplo construido por españoles durante el mandato de la corona española y de frailes que sufrieron los tormentos que hoy ocupan portadas cuando los cometen los orates de Abu Sayyaf.

miag ao hachero
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Concretamente hablo de la iglesia de Santo Tomás de Villanueva, uno de los cuatro templos filipinos que la Unesco ha reconocido como patrimonio de la Humanidad, todas construidas por religiosos españoles de esos que en la península ibérica nos suenan a chino filipino. Fray Francisco Máximo González es uno de ellos, un agustino que debía de soñar tanto con el paraíso celestial como con los moros y que decidió edificar una mezcla de ambos: su iglesia, se dijo, será inexpugnable. Corría el año 1786, la conquista de las islas que el explorador malagueño Rui López de Villalobos, en un acto un tanto pelota, denominó Filipinas en honor de su querido monarca, Felipe II, aún arrojaba tantas expectativas como frailes y soldados muertos, y el pobre fray Francisco quiso levantar muros entre su feligresía, cada vez más abundante, y sus detractores, cada día más sádicos. Así que ni corto ni perezoso se marcó una fantasía arquitectónica que quita el hipo incluso a los que no somos aficionados al noble pero insulso arte de visitar templos. Un lugar que desconcierta aún más cuando comprobamos que el tal fraile Francisco, y los frailes que lo sucedieron, en el extraño puente marítimo de la época entre Acapulco y Manila, no tenían mucha idea de arquitectura y sí de la fe con la que enfrentarse a los temidos moros. De hecho se limitaron a idear este templo fortaleza y a supervisar las tareas de los artesanos locales, que fueron quienes realmente levantaron la iglesia.

miag ao hachero

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El lugar se llama Miag Ao, un nombre que más que a tagalo en España suena a chino, y aparte de la iglesia apenas tiene otro aliciente. Cuando mi prima Maria Fe, filipina y tagala ella, se empeña en enseñarme el dichoso templo suspiro y me imagino procesionando entre figuritas divinas y santos locales con nombres que mezclan el fervor castellano con el exotismo tropical. ¡¡ Pero no !! Al primer vistazo ya se adivina que la iglesia guarda algo, tal vez un secreto, tal vez muchos, puede que ecos en eterno rebote de batallas tras batallas. La portada, con motivos que harían palidecer a nuestra curia, está flanqueada por dos campanarios que recuerdan más bien a las torres de algún castillo leonés. Sus muros son tan gruesos que uno puede imaginar el impacto futil de grandes bolas de cañón mientras dentro el cura reparte hostias y bendiciones sin inmutarse. Dicen que guardan pasadizos secretos y que nunca sabremos todos sus secretos porque la mezcla de castillo medieval, iglesia barroca y estilo plateresco local ha tenido que ser remodelado varios veces por culpa de terremotos e incendios.  Incluso parece ser que esta iglesia no es la original sino que hubo otras dos previas construidas en alguna otra parte que no termino de averiguar, la primera de ellas en 1731, y que esta, la última, y más ferrea presumo, comenzó su andadura en 1787. Pero no importa, el templo se levanta magnífico bajo el aplastante sol tropical, sus muros que son contrafuertes y sus ventanales que parecen escapados de alguna película del conde de Montecristo. Se terminó en 1797, es decir, más de medio siglo después de su primer intento, y cuando estarían ya habituados a defender la fe a gorrazos.

miag ao hachero

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Y cuando decía que el motivo de la portada haría palidecer a nuestra curia actual, no lo digo por sembrar una duda: ya me dirán qué pinta si no el bueno de san Cristóbal ataviado de indígena agarrando cocos de un frondoso palmeral para su querido Cristo, encaramado en la espalda del santo mientras señala con su dedito el fruto deseado. Los motivos locales en las representaciones arquitectónicas del cristianismo en lugares remotos siempre tiene un puntito que mueve a la dulzura condescendiente pero que nos plantea dudas como la de qué pensará un devoto siríaco, un maronita o un armenio, iglesias anteriores al catolicismo, cuando se enfrente al sombrerito de la virgen del Rocío o el barroquismo suicida de la Macarena. ¿Verá un disparate del tamaño del cocotero bajo el que se esfuerza san Cristóbal en esta extraña iglesia fortaleza con motivos tropicales?

miag ao hachero
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El cristo de ojos azules y melena rubiasca que ilustraba mi catecismo, ¿es el reflejo de este cristo de ojos achinados que ansía el agua de coco que su discípulo, aún por nacer, por cierto, le dará en una brevedad que se le debe de antojar eterna? La cerveza local, que para más inri se llama San Miguel, me lleva a imaginar el fin de fiesta al estilo de Canaa, lo que no deja de tener su interés si consideramos que el vino aquí, mas que de coco, es de arroz.

miag ao hachero

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La Unesco se decidió a convertirla en patrimonio de todos en 1993, junto a otras tres iglesias españolas de los tiempos de la colonia, aunque de todas me quedo con esta por este punto a templo de Mowgli, o tal vez de Apocalysis Now, un espacio que dentro recuerda más a una nave industrial que a un templo, olvidada la planta de cruz latina y todas esas virguerías de pijos que se podían permitir sus colegas de Europa, sin más asedios que los de sus propios hermanos de fe. Dentro el espacio es largo y corrido y busco desesperado un motivo ornamental que justifique mi entrada en tan sacro lugar. Pero no, no lo hay, las ventanas ofrecen alguna sombra curiosa, los túneles misteriosos, si los hubiera, estarán sellados, o hundidos, o tal vez disimulados y silenciados por el cura párroco (hoy es su día libre, para mi decepción). Su resistencia a los incendios es asombrosa: ardió durante la guerra contra los españoles, en 1898, en 1910 sufrió otro incendio, y otro más durante la ocupación japonesa, y por si fuera poco en 1948 se medio derrumbó por un fortísimo terremoto y todo para terminar siendo patrimonio de la humanidad gracias sobre todo al empeño que puso Imelda Marcos, la de la fabulosa colección de zapatos, en sus tiempos en el Vaticano. Y eso sin hablar de tifones y olvidando los raids destructivos de los moros.

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