miércoles, 11 de enero de 2012

Las dos vidas de Gonzalo Guerrero: un maya de Huelva

Si los vecinos de Gonzalo hubieran visto el cuerpo de aquel guerrero maya muerto por un disparo en una batalla sin nombre jamás habrían reconocido al mozalbete que zarpó de Huelva dispuesto a comerse el mundo. Gonzalo lucía argollas en las orejas, tatuado su cuerpo, la piel tan tostada que parecía morisco y las barbas sucias y descuidadas. Nadie hubiera dicho que nació cristiano en Palos, que lo bautizaron como Gonzalo Guerrero y que en su otra vida fue arcabucero en la toma de Granada bajo las órdenes del Gran Capitán. Pero esa fue su primera existencia, la olvidada. La segunda vida de Gonzalo comenzó el 15 de agosto de 1511, cuando el barco en el que viajaba a descubrir y conquistar fue desbaratado por un huracán que sepultó bajo las aguas a ochocientos hombres y dejó a ocho más exangües, derrotados a merced de las olas, hartos de beber sus propios orines y, finalmente, escupidos a orillas del Yucatán.


Ocho cristianos perdidos en tierra desconocida, tierra que no constaba en los mapas porque ni siquiera mapas había de aquella zona, ni siquiera se sabía que existía esa parte del mundo y que el Almirante estaba equivocado porque aquello no era el Cipango ni tampoco las Indias. Su desconcierto sólo podía crecer y su estupor fue por poco tiempo porque de la pared selva surgen unos indios pintarrajeados que se los llevan a una granja de engorde.


La segunda vida de Gonzalo Guerrero podría haber terminado apenas en sus comienzos pero la fortuna eligió por él a cuatro de sus compañeros para que acabaran de fondo de cazuela. Guerrero ha caído en manos de los cocomes, unos belicosos mayas en decadencia después de años tiranizando al resto de etnias mayas, pero con fuerzas suficientes para devorar náufragos. El de Palos, es de imaginar que sinceramente aterrorizado por lo que está viviendo, consigue fugarse de su cautiverio acompañado de un fraile de Écija, Jerónimo Aguilar, dos atletas que huyen jungla a través hacia ninguna parte porque, recordemos, el Yucatán a estas alturas aún no ha sido descubierto por los españoles. Su huida acaba en manos de otros mayas de nombre inverosímil, los Tutul Xiúes, conocidos por sacar las tripas de los adúlteros por el ombligo y por esclavizar con trabajos forzados a sus prisioneros. El cacique local, un tipo llamado Taxmar, los observa en silencio y duda de su naturaleza: los papagayos también chapurrean así que el aprendizaje del maya no prueba nada. Pero Taxmar cree que algo hay porque los extranjeros con piel de pergamino, al fin y al cabo, mantienen conversaciones más elevadas que los loros.


Gonzalo aprende el idioma, se integra, sabe que no tiene más remedio que caer bien si quiere tener un futuro, aunque sea un futuro surrealista en un lugar del que ningún pariente ha oído hablar jamás. Hace carrera entonces en el ejército local, adiestra a los soldados en el arte de la guerra, y los adiestra bien porque Guerrero tiene tablas en esto: ha estado en la conquista de Nápoles y en la toma de Granada como arcabucero del Gran Capitán. Cruzó el Atlántico encargado de los esclavos y sabe satisfacer a los negreros. Taxmar le propone atacar al pueblo vecino, los Cocomes, los devoradores de náufragos, su primera pesadilla, los devoradores de náufragos. Guerrero acaricia su venganza: forma un ejército y les devuelve cada golpe, desbarata su ejército, destruye sus casas. Taxmar, complacido con su nuevo juguete, decide sacarle más provecho y lo regala a un cacique vecino, Na Chan Can, jefe de los Cheles, señor de Chetumal y dueño de Ichpaatun, otro mundo extraño para alguien de un pueblo de Huelva, un cúmulo de nombres pintorescos que acogen a Guerrero como toda una promesa en el arte de la guerra.


Gonzalo ya es maya. Piensa como un maya, ha aprendido a ver la vida como un maya. Asciende hasta convertirse en jefe militar, vive con su esposa, Ix Chel Can, la hija del cacique, es padre de familia numerosa. Por si fuera poco, tatúa su cuerpo, perfora sus labios, nariz y orejas. Guerrero lleva al máximo su aculturación y sus hijos son más mayas que los demás: les adhieren tablillas para que sus cabezas sean apepinadas, como marca el canon de belleza local, cuelga de las caderas de sus niños grandes péndulos para que caminen con piernas de cow boy, de sus frentes cuelgan cordeles de colores para que sean bizcos, el colmo de la belleza maya. Pero Guerrero conoció un día la llegada de sus paisanos y sintió temor. Pilotado por un vecino de su pueblo, el prodigioso piloto Antón de Alaminos, la expedición de Francisco Hernández de Córdoba desembarca en Champotón en busca de agua. Era el 4 de marzo de 1517 y los pobres conquistadores pensaban que hacían historia descubriendo tierras nuevas. Cuenta Bernal Díaz del Castillo, cronista y conquistador, que el viaje acabó en tragedia. Los españoles sufrieron un ataque que dejó muertos a cincuenta soldados y al resto huyendo heridos. Entre ellos, el mismo Hernández, atravesado por diez flechas que le causaron la muerte al llegar a Cuba. En su tierra podían darlo por muerto. Podían ignorarlo los cronistas. Guerrero había derrotado al ejército más poderoso del momento.



Pero los españoles ya han situado al imperio maya y su llegada es cuestión de tiempo. Gonzalo avisa a los suyos, los mayas, les cuenta que les harán la guerra, les esclavizarán y les quitarán cuanto de valor tengan. Lo sabe muy bien: era su trabajo. Tras Hernández de Córdoba llegan Juan de Grijalva y Pedro de Alvarado, conquistadores menores a los que también plantó cara, y, sobre todo, las huestes del mismísimo Hernán Cortés, quien, enterado de la presencia de españoles en aquella región, les envió una carta:

Señores y hermanos, aquí en Cozumél he sabido, que estais en poder de un cacique detenidos. Yo os pido por merced, que luego es vengais aquí á Cozumél, que para ello envío un navío con soldados, si los hubieredes menester, y rescate para dar á esos indios con quien estais, y lleva el navío de plaza ocho días para os aguardar. Veníos con toda brevedad.

Jerónimo Aguilar descubre que sus oraciones no han caído en saco roto. Es su momento. Acude a su amo, le promete un rescate a cambio de su libertad, y una vez conseguida busca a su compañero. Pero Gonzalo, el maya de Huelva, contesta con unas palabras míticas:

            
"Hermano Aguilar, yo soy casado y tengo tres hijos. Tienenme por cacique y capitán cuando hay guerras, la cara tengo labrada, y horadadas las orejas... que dirán de mi esos españoles, si me ven ir de este modo? Idos vos con Dios, que ya veis que estos mis hijitos son bonitos, y dadme por vida vuestra de esas cuentas verdes que traeis, para darles, y diré, que mis hermanos me las envían de mi tierra."






            
El fraile le avisa de que no pierda su alma por una india, el de Palos se ofende, es mi esposa, le dice, y su mujer, que no pierde detalle, interviene y le llama esclavo frente a su marido, que ya es hombre libre. Jerónimo se marcha hacia el lugar donde ha atracado el navío de Cortés. Los españoles lo acogen, le dan calzones y alpargatas y se convierte en el único español que conoce la lengua del lugar. Guerrero también conoce la lengua del enemigo: el castellano. Ante Cortés no recula y se enfrenta a los Montejo, padre e hijo, conquistadores hasta entonces invencibles. Guerrero estaba en las tinieblas, estratega tatuado, príncipe sin aclamar. Cuatrocientos años antes de que Joseph Conrad descubriera el Congo, y cinco siglos antes de que Francis Ford Coppola lo recreara en el Vietnam, un vecino de Huelva vivía las aventuras del capitán Kurtz. Sus soldados no temían a los caballos ni a las armas de fuego, como sí hacían los mexica de Moctezuma. Los conquistadores encontraban los pueblos vacíos y los pocos indios que capturaban repetían la misma historia: ‘el español murió’. Moriría, pero más tarde, y lo hizo en batalla, como era de esperar, y de un tiro de arcabuz, guiño de la historia a quien tanta muerte causó de arcabucero. Fueron las tropas de Lorenzo de Godoy, fundador de San Pedro Champotón y maestro de campo de los Montejo, quienes acabaron con la leyenda del maya blanco. Un maya de Huelva.




Bibliografía:

Memoria del Fuego: I Los Nacimientos. Eduardo Galeano siglo XXI Editores S.L., México    1982
Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Bernal Díaz del Castillo
La conquista de América, El problema del otro, Tzvetan Todorov, Siglo Veintiuno Editores
AGUIRRE Rosas, Mario, Gonzalo de Guerrero, padre del mestizaje iberomexicano, ED Jus, 1975


© José Luis Sánchez Hachero
sanchezhachero@hotmail.com




Fotografías: Frescos de Diego Rivera en el Palacio Nacional de México D.F




lunes, 9 de enero de 2012

Viaje a Grecia: la venganza de Priapo


Dionisio era un dios muy aficionado al vino y a las juergas, amante de las mujeres bellas y de los muchachos de piel fina, de la locura ritual y del éxtasis. Hijo de Zeus, quien lo originó de su propio muslo, el pícaro Dionisio lideraba una pandilla de indeseables entre los que se contaban centauros, sátiros y silenos, prendas todos dispuestos siempre a llevar la fiesta al summum y a los asistentes a la mayor de las francachelas. En los frontales de templos desaparecidos, en el fabuloso museo arqueológico de Atenas, vemos a los faunos con sus velludas patas de carnero y a los seguidores de Dionisio, embriagados y desnudos, alegres en compañía de jóvenes imberbes, uno puede imaginarlos allá, arriba, en el Olimpo, como réplica del Partenón, libando de flor en flor, pizpiretas chicharras encantadas de haberse conocido, ácidas con las hormigas, cáusticas con la vida misma.


Dionisio cautivó tanto a los griegos que su mito creció y viajó por el Mediterráneo como una hoja llevada por los vientos. Al llegar al sur de Italia, las comunidades helenas parecían tan felices con sus ritos dionisíacos que los nativos quedaron encantados y crearon un dios a su imagen y semejanza y le llamaron Baco y vieron que era bueno porque ponía las narices rojas, y probablemente los culos también, y lanzaron sus coronas de laureles por los aires soñando con aquel Olimpo latinizado en el que el día de mañana no existía y en el que todo era placer. Pero Dionisio, alocado como era, les dejó un regalo envenenado, una semilla en el vientre de la exuberante Afrodita, la deseada por todos, la madre de un hijo común, los padres de Príapo, el del miembro siempre enhiesto, el incansable recolector que garantizaba espléndidas cosechas y que el ciclo de la vida continuara para siempre y jamás.




Podría seguir extendiendo el mito de Dionisio, y el de Baco, hacia la región más occidental de ese Mediterráneo tan dado a francachelas y mitos, a bacanales y copas de vino, pero me detendré en Grecia con un dicho latino que afirma que 'Post Festum, Pestum (et post coitum, tedium)'. Lucas Papademus, que tiene poco de Dionisio y tal vez algo de Príapo, suplica a sus socios europeos una quita de su deuda de, al menos, el 50%, lo que dejaría su obligación de pago en un 120% del producto interior bruto, PIB, o sea, que en el hipotético caso de que todos sus acreedores perdonaran la mitad de lo que los griegos les adeudan aún deberían trabajar un año y casi tres meses, sin gastar en nada más, para pagar el legendario pufo que tantas noticias ha generado estos años. Una solución de la que se habla insistentemente desde hace años y que, conforme se acerca inexorablemente, plantea una pregunta. ¿Está todo el pescado vendido en Grecia?



Lo que sí podemos asegurar es que algo huele mal en Grecia, algo huele a podrido, a fétido, y no son solo las bombas lacrimógenas que los antidisturbios helenos lanzan casi que a todas horas en la mundialmente conocida Plaza Syntagma, y con las que me recibieron, cargado yo con mi mochila, ansioso por encontrar, a las seis de la mañana, una tela con la que evitar que mis mucosas huyeran desordenadas. 



Llegué a Atenas en mitad de una de las frecuentes huelgas generales con las que los sindicatos afean el hundimiento económico a su clase política. Los griegos se han separado tanto de sus mandatarios que, en palabras de un hostelero ateniense, es mejor que no vayan a los restaurantes porque 'los desprestigian'. En los informativos de la televisión aparecen escenas de señores trajeados que corren perseguidos por turbamultas que les arrojan huevos y harina, las escaleras que conducen al Parlamento están decoradas con horcas y bombas lacrimógenas, con carteles revolucionarios, con los indignados griegos sentados en los jardines y policías que deambulan por doquier con sus porras preparadas, nadie sabe si para descargar su odio al manifestante o su indignación con los que les mandan.























Pero, ¿qué ocurrió con aquellas fiestas del dios Dionisio? ¿Es que, acaso, sólo acudían dirigentes, mandatarios, políticos? ¿Es que sólo Ulises escuchó los cantos de las sirenas, sólo el Odiseo supo escapar de ellas (y porque se amarró al palo mayor)? ¿Dónde quedaron aquellos días de vino y rosas, cuando los griegos lanzaban fortunas al aire? ¿Fue sólo culpa de Caramanlis, el líder conservador que contrató a más de 100.000 (cien mil) funcionarios nuevos en apenas cinco años? ¿Fueron las mentiras del ejecutivo al esconder un déficit del 14% tras un apocado 7%? ¿Fueron los ciudadanos los que, vendados sus ojos, disfrutaron de revalorizaciones crecientes, de préstamos incesantes, de hipotecas fáciles y abundantes? En Atenas necesitaban 45 (cuarenta y cinco) jardineros para cuidar la maceta de un hospital: jardinerísimos. El Instituto para la protección del lago Kopais sigue a pleno rendimiento, a pesar de que el lago se secó del todo en la década de los años treinta, 40.000 hijas solteras de funcionarios fallecidos tenían una pensión vitalicia de mil euros y un 25% de los griegos jamás ha pagado un céntimo de impuestos.


En Atenas encontramos el curioso caso de un coche oficial para el que se necesitaban 50 conductores contratados (cincuenta), y por supuesto no podemos olvidar a las casi cinco mil familias que habían 'olvidado' comunicar el fallecimiento de aquel abuelo con fabulosa pensión. En Grecia existían 600 categorías de trabajos especialmente extenuantes, que se beneficiaban, entre otras prebendas, de jubilaciones a los cincuenta años, como los peluqueros, los músicos de viento o los presentadores de televisión. ¡¡Presentadores de televisión como trabajo extenuante!! peluqueros y presentadores. Mientras el crédito fluyó y las cifras mantuvieron el maquillaje, apenas nadie protestaba: era lo normal. Pero cuando el calor apretó y el carmín corrió libre barbilla abajo los griegos vieron que Afrodita no era tal sino su hijo y que los arrumacos que lanzaba escondían a su enorme verga erecta exigiendo carne fresca. Y la carne fresca es, como suele ser, inocente y virginal: la juventud griega, ajena a la bacanal por una cuestión estrictamente generacional (eran tan jóvenes que aún no podían endeudarse) asiste atónita al fin de su país y se concentra ante la Cueva de los Más de Cuarenta Ladrones para pedir cuentas. Y la Cueva está en la plaza Syntagma, aquella que los antidisturbios protegen con sus sueldos de mil euros, sus porras extensibles y sus bombas lacrimógenas.






En el interior de este extraño y cercado Olimpo, los parlamentarios sudan en largas sesiones en las que tienen sólo derecho de asistencia pero ni voz ni voto. Porque los griegos, como sus vecinos los de las banacales y sus primos los devoradores del ladrillo del otro extremo del Mare Nostrum, picaron el anzuelo y se lanzaron a levantar también sus ritos dionisíacos y sus bacanales y sus carnestolendas sin pensar que el mañana llega y que las rubiascas hormigas del norte tenían sus madrigueras repletas del grano que con tanto desdén tiraban las morenas chicharras del sur. Ahora que las chicharras se tiran de los pelos, o de las antenas, recuerdan los tiempos de vino y rosas y asienten graves diciendo contritas, 'no podía durar, era un cuento de hadas, no era real...'






¿Dónde estaban aquellas chicharras cuando el dios Hermes, que controla los mercados, aplicaba la doctrina del shock, que popularizó Noemí Klein en su estupendo libro del mismo nombre (y cuyo documental completo podéis ver aquí: la doctrina del shock: el documental), a otras regiones del planeta? ¿Por qué permanecimos ajenos cuando el dios de los Mercados arrasaba a los tigres asiáticos a finales de los noventa, o cuando desmontó lo poco montado que tenía el África subsahariana, o por qué nos congratulamos de no vivir en un lugar tan poco recomendable como la América Latina de los ochenta? ¿Son peores ahora las agencias de calificación que entonces? ¿O es tan sólo que ahora nos hemos convertido en sus víctimas? Eso parecen preguntarse los indignados griegos, al pie del cañón, sin importar el día de la semana ni la hora del día..










¿Qué tiene ahora de turístico Grecia? ¿Sus monumentos, sus playas, sus islas? ¿O tal vez sus indignados, sus corruptos políticos, sus titulares en los diarios de todo el planeta?







¿Qué quedó de aquella extraordinaria civilización que nos dio la democracia, la filosofía, la poesía, la política? ¿Las artes, la arquitectura, la medicina? ¿Sólo queda un país con una deuda tan difícil de digerir que incluso los evzones (guardias helenos del parlamento) serán patrocinados por alguna bebida carbonatada? ¿Qué guarda ahora la tumba del soldado desconocido? ¿Una factura impagada?







De Grecia se dice que puede abandonar la moneda común, el euro, y hasta hay quien lo pide abiertamente, como el gobernador del banco central checo, Miroslav Singer: Grecia y el euro, una solución que agrandaría el problema porque sus deudas seguirían en la moneda común mientras que la nueva divisa, pongamos que fuera el neodracma, sufriría una devaluación muy fuerte que arrastraría tras su estela el poder adquisitivo de sus ciudadanos: ganarían mucho menos y tardarían mucho más en devolver sus deudas. Por si fuera poco, el Fondo Monetario Internacional y la misma UE piden, casi que exigen, al gobierno heleno que reduzca el salario mínimo interprofesional. Una petición que no caerá en saco roto, a pesar de los sindicatos helenos y de sus propios ciudadanos, porque, entre otras razones, Grecia apenas tiene poder decisorio sobre sus propios asuntos.


Deutsche Telekom posee ya el 40% de la empresa nacional helena de telecomunicaciones y no es sino el comienzo: la lotería, el aeropuerto internacional de Atenas, las instalaciones deportivas de Atenas 2004, la gestión de las carreteras, de los puertos del Pireo, las compañías del agua y de la electricidad, la banca estatal, el servicio de correos, los inmuebles estatales... En los foros internacionales resuenan propuestas asombrosas, como aquella que pedía la privatización de algunas de sus diez mil islas, venta de islas griegas, o el plan secreto de Angela Merkel, el Plan Eureka, que incluye una privatización total de todo lo privatizable (como si no lo estuviera ya).






Dionisio aún no se levanta de la cama: dice que le duele la cabeza, que ve láseres fluorescentes apuntando a sus retinas, que en su cabeza ladra un perro y que no tiene fuerzas para dar conversación pero que, si se esperan un poquito, en seguida se le pasará: eso sí, con una copita. A las puertas del parlamento griego, en la plaza Syntagma, plaza de la Constitución, emigrantes turcos se hacen de oro vendiendo lápices láseres para que los protestones apunten a los antidisturbios, que terminan vestidos de verde fosforito. El perro más famoso del mundo, tras Rin Tin Tin y Milú, se tumba a recibir caricias y caramelos de los atenienses: es Lukanukas y está agotado porque hoy ha perseguido por igual a policías y manifestantes.


La carrera final ya ha empezado. Antes de vender las islas, los griegos venden los buenos días, las buenas tardes, las indicaciones y las sonrisas. Aquí ven que no bromeo: ¿quiere usted saber dónde está ese monumento que patrocina la bebida de burbujas? Pues son tres euros...








Las brumas que atenazan Grecia se extienden como una niebla espesa sobre todo el Mediterráneo. Las fiestas de Dionisio alcanzaron su esplendor en la réplica romana y Berlusconi sintió el dedo amenazador del dios teutón posándose sobre su espalda. La niebla se extendió aún más, cubrió las islas que separaban las bacanales romanas de la península ibérica, entró por el levante español y se introdujo en cada rendija de la meseta y de sus valles y montañas, entró en la tierra de Viriato y hoy parece diluirse por el mar tenebroso. Priapo se relame codicioso: su trabajo no ha hecho más que empezar: cuanto más se acerca al Occidente más cuantioso es su botín y más adormecidas están sus víctimas. Porque aquí, al problema de la mentira, se une la pesada digestión de miles de ladrillos y paredes de perlita. Y aquí, además, los ebrios están convencidos de que la resaca se les pasará con otra borrachera de ladrillos y créditos...



 © José Luis Sánchez Hachero
sanchezhachero@hotmail.com







martes, 3 de enero de 2012

Viaje a Colombia: Neonazis en los Andes, Tercera Fuerza




Existe una comunidad en el norte de Bogotá que se denomina Tercera Fuerza y que, como pueden leer en sus camisetas, tienen sus referentes políticos en la Herencia, la Tierra y la Comunidad. De cuando en cuando se reúnen y apoyan manifestaciones anti-izquierdistas, bajan al centro de Bogotá y exhiben su estética neonazi, sus cruces gamadas y demás parafernalia de difícil digestión en este lado del charco. 



Son neonazis, pero neonazis andinos, lo que en Europa resulta un tanto difícil de entender por el empeño que tienen los neonazis europeos en excluir a todo el que no hunda sus raíces en el viejo continente. Los neonazis de Bogotá tienen su propia página web: http://www.tercerafuerzanacion.org/, donde explican su fascinación, sobre todo, por Rudolf Hess, el lugarteniente de Hitler que huyó a Inglaterra y quedó preso durante décadas, hasta su muerte. Tercera Fuerza ha intentado alguna vez celebrar su cumpleaños en Colombia pero no ha tenido mucho éxito porque incluso el gobierno de Álvaro Uribe les paró los pies. Eso sí, en 2011 consiguieron celebrar el cumpleaños del Fürher http://prensarural.org/spip/spip.php?article5731



El grupo Tercera Fuerza nació en la ciudad colombiana de Pereira, en el eje cafetero, pero, cosas de la vida, su trayectoria se detuvo cuando algunos de sus miembros se trasladó a vivir a España, donde supongo que se sentirán más arropados racialmente. Entre ellos hay algún español, como el periodista Fabio, un falangista octogenario, y entre todos aspiran a alcanzar la cifra de 100.000 asociados, una cosa un tanto utópica en un país que se supone marcado por el estigma de las razas inferiores (en la ideología de los admiradores del austríaco en Europa).


Por extraño que suponga, Tercera Fuerza se declaran nacional socialistas y seguidores del general Rojas Pinilla, el único general golpista en la historia de Colombia (curioso que un país como Colombia, tan convulso, sólo haya tenido un golpe de estado en todo el siglo XX). Los cabezas rapadas de Colombia se saludan con su SEIG HEIL y no se consideran tan americanos como europeos, descendientes de aquellos conquistadores que ganaron un nuevo mundo para las coronas del Viejo Mundo (y sus bancos, más que nada). La mayoría de sus componentes tiene aspecto caucásico y europeo pero los había también con marcados rasgos locales. 





Los miembros de Tercera Fuerza tienen pocos judíos en Colombia a los que martirizar pero, dejando atrás eso de la raza, en la política pueden explayarse a gusto en una nación repleta de guerrillas comunistas y grupúsculos de izquierda. Se les relaciona con los grupos paramilitares de autodefensa y sus peleas con los estudiantes más revolucionarios son antológicas. Eso sí, en el vecino dirigente venezolano, Hugo Chávez, han encontrado un filón de indignación y ahora, además, en Gustavo Petro, el nuevo alcalde de Bogota, un antiguo guerrillero muy crítico con las políticas de Álvaro Uribe y con el actuar de los grupos de extrema derecha. Aquí los ven cantando el himno colombiano y atizando a un muñeco que representa a Hugo Chávez.





Aquí tienen a sus muchachas, muy rubias y monas ellas, tal vez más preocupadas del descanso del guerrero que de la lucha política propiamente dicha. Eso sí



Costa Rica, México, Uruguay, Argentina o Chile son otros países son fuerte presencia neonazi. Un panorama completamente desconocido en Europa por el gran público. En Sevilla, el 28 de enero se producirá un encuentro con Gianluca Ianonne, líder de la Casa Pound, y un concierto del grupo RAC (Rock against Communist) Zero Zeta Alfa, una ocasión definida por diferentes grupos de orientación nacionalsocialista como única para reunirse en Sevilla. Una ocasión única también para los grupos antifascistas, que también planean su réplica. Cuidado si van a Sevilla ese fin de semana...

editado: finalmente el encuentro neonazi no se produjo porque su líder, Ianonne, fue detenido por su implicación en un tiroteo...


 © José Luis Sánchez Hachero
sanchezhachero@hotmail.com




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