lunes, 14 de enero de 2013

Viaje al País de la Niebla: Sumapaz, el páramo más grande del mundo está en Bogotá



Al sur del municipio de Bogotá, pero sin salir de él, se encuentra Sumapaz, el páramo más grande del mundo. Me asombra que esté en su término municipal, que en Colombia se denomina distrito capital, pero así es y para llegar hay que subirse a un autobús y prepararse para un viaje de más de tres horas. ¡Tres horas en autobús y uno no sale del término municipal! El caso es que el vehículo sube cuestas penosas, se enfrenta a un frío creciente, se detiene ante un control militar en el que los soldados examinan cuidadosamente la documentación de los pasajeros y llega, por fin, al páramo. El páramo más grande del planeta. Dice la biogeografía que un páramo es un ecosistema montano intertropical con predominio de vegetación tipo matorral, y por su parte el diccionario que un páramo es una superficie de terreno llano, de altitud elevada y suelo rocoso y pobre en vegetación. El de Sumapaz es el mayor del mundo porque su extensión es de ciento setenta y ocho mil hectáreas, y si una hectárea es un campo de fútbol podemos decir que caben ciento setenta y ocho mil canchas de balompié a cuatro mil metros de altitud. 




La brusca caída de la noche, que en el trópico es a plomo, confunde las suaves pero inexorables colinas en un festival de nieblas que parecen fundirse con la noche y con la tierra. Es un lugar mágico, frío, distante y, sobre todo, sagrado para los indios muiscas, un lugar donde Bachué, la madre del género humano, se sumergió en la laguna de Iguaque para parir toda una raza, un sitio al que los hombres no deben volver a entrar. Pero entramos y, a juzgar por el control militar, el ajetreo en este lugar de suma paz es considerable.




Los conquistadores españoles llamaron a este lugar el País de la Niebla y el amanecer vuelve a demostrarme por qué. Las nubes están tan en casa que no se van, se aferran a los picos más altos, a las suaves pendientes, a los escarpados riscos, envuelven los valles o se plantan serenas sobre los tejados. Por aquí pasó el botánico gaditano José Celestino Mutis y los naturalistas Alexander Von Humboldt o José Cuatrecasas. Por estas escarpadas montañas y por entre los jirones de nubes pasó la expedición de Nicolás de Federmann, un alemán que se empeñó en encontrar el fabuloso tesoro de Eldorado pero sólo dejó un reguero de cadáveres helados. Los chibchas, que también pululaban por estas regiones, vivían horrorizados el descaro con el que esos barbudos conquistadores se internaban en una zona tan sagrada y prohibida y a buen seguro que sonreían pícaros cuando en lugar de oro sólo encontraban frailejones  en flor y cóndores volando en círculos.

Ropa tendida en la niebla

Y durante el siglo XX Sumapaz ha sido también un corredor de las FARC que comunicaba los grandes campamentos de las regiones del sur con los alrededores de la capital, Bogotá, el refugio seguro para los guerrilleros que escondían entre las tinieblas a sus secuestrados en campamentos móviles, una región de espaldas al gobierno colombiano que proporcionaba seguridad y reclutas a los subversivos. Hoy la zona es segura, me dicen, pero las noticias no son tan tranquilizadoras y de cuando en cuando surgen novedades en forma de enfrentamientos o el asesinato de algún concejal. En el municipio de Dolores encuentran un zulo con armas de la guerrilla, un enfrentamiento deja diez subversivos muertos y al célebre dirigente de las FARC el Negro Antonio capturado, una explosión acaba con la vida de dos soldados de la XIII brigada de la Fuerza de Tarea Sumapaz. La población ha apoyado tradicionalmente a la guerrilla y la impetuosa entrada de las fuerzas armadas regulares provocó tensiones y una violencia añadida que muchos campesinos no perdonan ni olvidan.






Acompaño a un grupo de psicólogos, músicos y trabajadores sociales que desarrollan un curioso proyecto para recuperar la estima de mujeres que han sido golpeadas por la violencia. Su director, Edgar, asegura llevar a cabo un proyecto de psicología de la liberación, una idea que parece enlazar con la teología de la liberación pero sin contar con el Altísimo. 




Y como muestra, el polideportivo de un pequeño pueblecito llamado Nazareth se convierte en su particular laboratorio: los músicos tocan sus instrumentos, Edgar dirige la acción micrófono en mano con sencillas instrucciones y una voz envolvente, un gran grupo de mujeres campesinas camina en círculos, eleva las manos, se abrazan, se besan, lloran a moco tendido mientras recuerdan a sus muertos y a sus vivos, se tocan los rostros, se rozan, miran sin ver porque están en otra dimensión, la de las emociones cristalizadas, de pronto bailan, sonríen, una abuela ríe como loca, es una suerte de catarsis y una respuesta colectiva a un drama colectivo: una señora recuerda cómo perdió a su marido campesino por una crecida y luego a sus dos hijos por un oscuro incidente que no concreta, otra afirma que la violencia no está sólo en la naturaleza o en la política sino de puertas adentro y que su marido le pega, los niños del pueblo han hecho dibujos que cuelgan alegres y coloridos de un panel: cuando me acerco a verlos el contenido sigue siendo colorido pero ya no es tan alegre: un soldado mata a un hombre, hay una leyenda de odio al ejército, los niños dibujan alegres y coloridos los dramas negros y grises que observan a su alrededor.


'Te mataré' .... 'No, por qué'
'Odiamos a los soldados por lo que nos hicieron en nuestro páramo'


El festival se interrumpe y un trío de abuelas muy mayores, envueltas en sus ponchos, toma la palabra. Hay demasiados militares en la región, dice un señora con sombrero, nos humillan a diario, la situación es muy grave, otra la interrumpe, antes se vivía mejor, dice convencida, el auditorio escucha atento. 


A unos kilómetros de Nazareth se encuentra San Juan de Sumapaz, de donde fue alcalde Jaime Garzón, el más irreverente de los comediantes colombianos, el más crítico con el poder y sus excesos, un antiguo subversivo que negoció con guerrilleros y gobierno hasta que se lanzó a la fama del humor y acabó asesinado por ello: en Colombia el poder no parece tener mucho sentido del ridículo. Su muerte sigue envuelta en un halo de oscuridad, al estilo de las nubes que sumergen su querido páramo en una neblina permanente, una neblina que confundió a los españoles y que recibió a los primeros perros que conoció Bogotá, traídos por Federmann para mayor horror de los indios. Una neblina que me despide como me recibió, enroscada en las copas de los árboles, en las cimas de las colinas, en las cabezas de los campesinos, una neblina para que no olvide el visitante que en el páramo más grande del mundo hay mucho que arreglar y mucho que esconder.









José Luis Sánchez Hachero
sanchezhachero@hotmail.com
losmundosdehachero@gmail.com



viernes, 11 de enero de 2013

Viaje a Turquía: las lustrosas carpas del lago del profeta Abraham



En los jardines de Balikli Göl nadan ufanas y confiadas unas enormes carpas que no temen a nada. Y no temen a nada porque no hay nada a lo que temer: el que ose pescarlas perderá la vista y vagará ciego para siempre y jamás. Así que las carpas aletean felices, comen hasta reventar, se multiplican sin descanso. A las orillas de los grandes estanques se acercan devotos y peregrinos, compran bolsitas con comida y se la tiran a los peces mientras se hacen fotos. 




La piedad se demuestra de muchas formas y en la sagrada ciudad de Urfa adopta forma de carpa gorda y lustrosa viviendo la dicha de disponer de un ejército anónimo e infinito que se preocupa por su bienestar. Y es que cada una de estas carpas es un tronco de una pira y cada gota de este estanque una llama de un fuego inextinguible. 





Cuenta la leyenda que el profeta Abraham, que nació aquí, se exasperaba con la proliferación de ídolos paganos y que un buen día subió a la montaña que enseñorea la ciudad y los destruyó sin contemplaciones. El rey Nimrod sintió la afrenta como personal y construyó una poderosa catapulta para vengarse del barbudo profetilla lanzándolo desde la cima pero el bueno de Yahvé dispuso un lecho de rosas y Abraham rebotó entre pétalos. ¡Nimrod estaba furioso! Tanto que mandó construir una pira, atar al profeta de las narices y prenderle fuego. ¡Pero Yahvé tenía otros planes y a un gesto suyo el fuego se tornó agua y los troncos, peces! ¿Quién osaría comerse un pez que procede del mismo Yahvé? ¡Ciego quedarás si pescas una de estas carpas! Y las carpas, que tal vez conozcan la historia, nadan alegres, ufanas, como decía, despreocupadas porque nadie levantará un dedo, ni un anzuelo, para freírlas en la cazuela. Arriba en la montaña, dos enormes columnas corintias guardan mudo testimonio, dicen los vecinos, de aquel enorme tirachinas del frustrado rey Nimrod, prueba irrefutable de que nada tiene que ganar el que se enfrenta a un hijo de Dios. Sobre todo si detrás de su ira se halla el deseo carnal por una bella dama, en este caso la hija de Abraham, Zeliha, de la que se encaprichó el monarca sin mucho éxito...


 Con ser mucho, no lo es todo. En la muy antigua ciudad de Urfa está la cueva en la que se refugió el santo Job de las perrerías que le dedicó el ahora trocado en colérico Yahvé cuando decidió poner a prueba su paciencia durante siete años con distintas pruebas (o putadas) que afectaron a su salud, a su cartera y a su familia. Como el siete es un número mágico en el Antiguo Testamento, Abraham vivió siete años en una cueva que hoy frecuentan los devotos, una cueva excavada al pie de la montaña del tirachinas. Los peregrinos, que tienen en alta estima al profeta Abraham, aprovechan su visita a Urfa para conocer la cueva del mismo modo que los troncos de la pira, aquellos que se mueven, respiran, están gordos y alguno salta. 



En Urfa también vivió durante siete años un pastor llamado Moisés antes de viajar a Egipto y convertirse en el profeta por antonomasia. Por si fuera poco, en Urfa vivió también Jetro, descendiente de Abraham que además de dar nombre a un célebre grupo de música un tanto hippy dio esposa al profeta Moisés, la tal Séfora, un profeta para los musulmanes, los judíos y los drusos y que tenía siete nombres, como siete fueron los días que tardó Yahvé en crear la tierra (contando el descansito, claro). ¡Y qué decir del profeta Elías, el que subió al cielo en un carro de fuego! Pues que también anduvo por aquí. Pareciera un parque temático pero en lugar de ratones gigantes, profetas y visionarios.

Los jardines de Baliklli Göl y el estanque de Abraham de noche y de día
 


























Por eso hoy los turcos, y los musulmanes en general, peregrinan a la muy sagrada Urfa, una ciudad con mayoría kurda pero muy integrada en Turquía y casi que en la Humanidad: debe de ser porque la la acumulación de profetas e iluminados es tan alta que no apenas hay piedra que no haya sido rozada por algún halo de santidad. Y los magníficos jardines de Balikli Göl, desde los que ha crecido la ciudad, son buena muestra de ello, con hordas de devotos cargados de comida para peces, rezando en la mezquita de Halil Ur Rahman o frecuentando los píos lugares de una Antigüedad prolífica en devoción, en santos y profetas, cuando la ciudad se llamaba Edessa y tenía en cada vecino un enviado de Yahvé.





©José Luis Sánchez Hachero
sanchezhachero@hotmail.com
losmundosdehachero@gmail.com


















martes, 8 de enero de 2013

Francisco Ximénez, el sevillano que tradujo la Biblia de los Mayas

Así es el Popol Vuh, la biblia de los mayas

En el principio, los dioses crearon el mundo, los valles y las montañas. Más tarde dieron vida a los animales pero como no les rindieron adoración decidieron que se comieran unos a otros. Concibieron entonces hombrecillos de barro pero resultaban demasiado imperfectos y los dioses acudieron entonces a la madera. Los hombrecillos de palo tenían algo más de fortaleza pero no carecían de sentimientos así que los dejaron en la selva como simios sin alma, abandonados a su suerte. No se amilanaron los dioses y siguieron creando engendros con la esperanza de que alguno resultase fiel a la frágil llama de la humanidad y consiguieron por fin una raza obediente y respetuosa. Salieron de unos granos molidos de maíz y fueron cuatro hombres de los que extrajeron, a su vez, a cuatro mujeres. Claro que ya estaban más que aburridos de crear imágenes impertinentes así que les redujeron la vista y la inteligencia…


El Popol Vuh es el relato de la creación del mundo maya transmitido en lengua quiché de generación en generación hasta que un sevillano de Écija, el padre Francisco Ximénez, obispo de Santo Tomás Chuilá, hoy Chichicastenango, lo encontró escondido bajo el altar de una iglesia y lo tradujo al castellano para que no se perdieran esas leyendas tan inocentes que le parecían cuentos de niños. El ecijano aseguraba que la primera versión había sido escrita en lengua quiché, uno de los pueblos mayas que poblaron Centroamérica, pero con caracteres latinos y que él la tradujo al castellano gracias a sus conocimientos de las lenguas indígenas. El padre Ximénez hizo dos versiones, una literal, que por ello resulta casi ininteligible, y una segunda que recogió en su obra ‘Historia de la provincia de Santo Vicente de Chiapa yGuatemala’, acabada en 1722. La traducción durmió en la Universidad de San Carlos de Guatemala hasta que fue descubierta en 1854 por un estudioso austríaco, Charles Scherzer, que la publicó en Austria como un gran descubrimiento.

Y fue tanta la admiración que el manuscrito fue sustraído, por no decir directamente robado, por un misionero francés llamado Charles Etienne Brasseur que se lo llevó a Francia y comenzó entonces un peregrinar de mano en mano y de coleccionista en coleccionista hasta acabar en la biblioteca Newberry, en los Estados Unidos. El padre Ximénez dejó otras obras para la posteridad, como un confesionario en cakchiquel, quiché y tzutuhil, un catecismo para los indios y hasta una guía pastoral indígena. Ninguna alcanzó la importancia del Popol Vuh, considerada hoy día como la Biblia de los mayas.

Bibliografía
Popol Vuh, Linkgua Ediciones S.L., Barcelona, 2007
El Popol Vuh y la trilogía bananera, Jorge Alcides Paredes, University of Delaware, 2002


 ©José Luis Sánchez Hachero
sanchezhachero@hotmail.com
losmundosdehachero@gmail.com



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