sábado, 12 de abril de 2014

Viaje a Iquitos: en el Pasaje Paquito venden los secretos de la selva del Amazonas

¿Se siente deprimido porque es incapaz de dejar a su mujer satisfecha? Pruebe 'Levántate Lázaro' y su hembra gozará de noches inolvidables. ¿Es su marido el que se aburre en las artes amatorias? Beba 'Rompe Calzón' y sacará la tigresa que lleva dentro. El muestrario del Pasaje Paquitos es tan grande como turbador y podemos elevarlo a las alturas del santoral psicotrópico, afrodisíaco y naturista. Durante algo más de cien metros los puestecillos se suceden y arremolinan en un callejón estrecho que provoca estupor al forastero, mientras se esfuerza por comprender qué se esconde tras la miríada de extraños nombres de los compuestos a la venta. La humedad de la selva, el calor sofocante, la súbita lluvia y la desorientación tropical hacen el resto.
Pasaje Paquito por Hachero
Pasaje Paquito por Hachero
De entre todos, el rey es el conocido como 'Siete Raíces', un preparado a base de cortezas de cascarilla, chuchuasha, huacapurana, tahuari, murare, icoja, fierro caspi, cumaceba, clavo huasca, murcuhuasca, bolaquiro, jengibre y miel de abeja, una bebida estimulante que vale para todo, desde evitar los resfriados a estimular la irrigación sanguínea de los cuerpos cavernosos del pene, pasando por su concentración energética o la ayuda impagable al rejuvenecimiento de las células. Si ha sido capaz de leer el párrafo de un tirón, sin deletrear alguno de esos nombres con extrañeza, mi más sincera enhorabuena. Pero no cante aún victoria: los remedios de la selva son infinitos.

Pasaje Paquito por Hachero
Pasaje Paquito por Hachero

Tenemos el Levántate Pájaro Muerto, a base de Siete Raíces, aguardiente de caña y Para-Para (bebida elaborada a su vez con motelo sanango, chuchuasha, fierro caspi, chicosa, genitales de achuni y genitales de lagarto negro, aguardiente y miel de abeja), un compuesto al que se añade chachachasca, clavo y el pene molido de un roedor llamado achuni. Pueden imaginar por qué Levántate y qué es el Pájaro Muerto.

Pasaje Paquito por Hachero

El Rompe Calzón, por su parte, excita el útero, calienta a la hembra y sitúa su cerebro en un mundo de lascivia contumaz debido a su elaboración a base de Siete Raíces, miel de abeja, chuchuhuasi, polen y aguardiente de caña.

Pasaje Paquito por Hachero

Para los menos escrupulosos tenemos el 'Párate hasta el fin de siglo', a base de pico de pájaro carpintero, tortuga motelo, chicosa, fierro, los socorridos genitales del achuni y los del lagarto negro, una mezcla de veintiuna raíces a base de cortezas de chuchuasha, huacapurana, tahuari, cumaceba, camu camu, murare, isula, aguardiente y la inevitable miel de abeja.
Pasaje Paquito por Hachero

Los problemas sexuales no tienen excusa en la selva del Amazonas: 'Siete Veces sin Sacarla' (S.V.S.S.) es otro conocido brebaje que se obtiene al dejar macerar una mezcla de las cortezas de chuchuhuasi, huacapurana, tahuari, murare, icoja, fierro caspi, cumaceba, clavo huasca, azúcar huayo, ajo sacha, chirisanango, ipururo, ceima caspi, uña de gato, chicosa, cocobolo, huashaquiro, macerado en aguardiente y miel de abeja. Los hombres se guiñan los ojos y se propinan cómplices codazos mientras hablan de las maravillas del 'Siete Veces...'.

Pasaje Paquito por Hachero

Los vendedores del Pasaje Paquito parecen obsesionados con la virilidad. Paquito, el señor al que debe el nombre la calle, a buen seguro se frotaría los ojos al ver su caluroso callejón invadido por chamanes de pega y amantes de los herbolarios pululando en amor y compaña. La historia, más allá de las murmuraciones, asegura que fueron las señoras María de Marreros y María de Yap las que comenzaron el negocio y que, visto el éxito, se les fueron uniendo todo tipo de aficionados y profesionales. Hoy son legión y las autoridades lanzan regularmente mensajes a los extranjeros para que tengan cuidado con lo que compran, porque alguna que otra vez les venden productos en mal estado, y para que extremen la vigilancia porque cada vez hay más carteristas. En honor a la verdad yo no he tenido nunca problemas en mis visitas al célebre Pasaje, ni en un aspecto ni en el otro, pero hay que tomar en cuenta estas advertencias.

Pasaje Paquito por Hachero
Pasaje Paquito por Hachero
 Pasaje Paquito por Hachero

El Pasaje Paquito ofrece hoy alrededor de 134 plantas diferentes, de las aproximadamente 500 plantas medicinales que utilizan los vecinos de Iquitos. A decir verdad, y según la Dirección Regional de Agricultura de Iquitos tan sólo 19 tienen verdadero valor comercial. De hecho la fama del Pasaje Paquito es tan grande que hay siete empresas que comenzaron aquí pero ahora comercializan los recursos a nivel nacional e internacional. El grueso de las plantas proviene de bosques naturales, y apenas se cultiva intencionadamente, aunque alguna sí que ha alcanzado ya semejante estatus. Sesenta y dos especies se venden en estado fresco, veintisiete se comercializan en cortezas, veintidós más en raíces, diecinueve variedades se presentan en forma de licor, doce en polvos o harinas y el resto en resinas, frutos, semillas, aceites y flores. El tema no deja de tener su interés porque en la región se estiman entre 60.000 y 90.000 especies vegetales, de las que tan sólo algo menos de 3.000 se han catalogado para la farmacopea y sólo 500 se usan en la ciudad de Iquitos. Tan sólo la 'Sangre de Grado' se cultiva en superficies que sin ser grandes tampoco son pequeñas, pero supone una excepción a un negocio que no deja de ser rentable a muy poca escala y sólo con según qué especies..

Pasaje Paquito por Hachero

Pasaje Paquito por Hachero
Oculta tras los puestecillos, una droguería al uso parece acorralada y en segundo plano...
¿Su interés es otro porque se considera ya más que apto para las lides del amor? No se preocupe, tenemos botellitas con ayahuasca, el limpiador amazónico que produce además bonitas imágenes de la selva y sus animales, y el no menos inquietante cactus de San Pedro, que confiere alma a las cosas inanimadas y espíritu al reino vegetal para que usted, ser curioso donde los haya, puede conversar con aquel tronco milenario o interconecte su cerebro con el la masa colectiva de aquella bandada de murciélagos. De la ayahuasca ya he hablado AQUÍ pero no del San Pedro, o sampedrito para los iniciados que le muestran adoración, un singular cactus que crece a una altura mínima de mil metros (no en esta zona, pues) pero que proporciona unas lúcidas visiones gracias a su concentración de mescalina que propicia la psicoexploración y que pueda usted tener, por ejemplo, una animada conversación con un arbusto o con el mismísimo sol.

Pasaje Paquito por Hachero
Pasaje Paquito por Hachero


¿Se encuentra usted mal? Llévese 'Sangre de Grado' para las úlceras y los tumores, 'Jergon Sacha' para una atribulada lista de enfermedades, desde el SIDA a la diabetes, o 'Uña de gato' para purificar la sangre y fortalecer el sistema inmunológico. Arquímedes es un médico con esta página web que no deja de loar a la Uña de gato como la medicina definitiva. Una liana explotada sobre todo por los indígenas de la etnia shipibo, mis primeros maestros en la ayahuasca, que descubrieron el enorme, y desconcertante, arco de posibilidades de esta soga amazónica. No sólo potencia y regulariza el sistema inmunológico, evitando infecciones dañinas, sino que aumenta las defensas antivirales, antibacterianas y antitumorales, evita la metástasis en los casos de cáncer y revigoriza la eternamente ansiada virilidad. Un producto de herbolario tan crucial que la OMS la cataloga como el sucesor de la quinina, en importancia, porque aumenta la inmunidad hasta en un 50%.

Pasaje Paquito por Hachero
Pasaje Paquito por Hachero

¿No sabe lo que tiene pero algo le ronda el organismo? ¡¡Tómese una infusión de guayaba, con ocho cucharaditas de azúcar y una más de sal: mano de santo. ¿Es acaso un caso de parasitosis intestinal? Acuda al ojé, un árbol amazónico que crece junto a los ríos y que produce un látex blanquecino muy eficaz, o eso dicen, contra los parásitos de la bebida, pero también contra el dolor de muelas, la picadura de hormiga, la mordedura de serpiente y como estimulante de la memoria. ¿Acaso sufre de cólico estomacal, hemorroides, pulmonía o gastritis? Tome la hoja del paico, un planta medicinal y aromática que se ofrece en infusión y que tiene, por añadidura, la virtud de eliminar las pulgas si se usa machacada en polvo...
Pasaje Paquito por Hachero

Si tienes curiosidad por descubrir algo más de las plantas que se mencionan en el artículo, aquí tienes una guía de las plantas medicinales de la Amazonía peruana para ir al Pasaje Paquito pertrechado de sabiduría y conocimiento.

Pasaje Paquito por Hachero

jueves, 10 de abril de 2014

Viaje a Cuba: santeros, orishas y la muerta que acompaña mis pasos



La señora Lucía me mira a la cara y parece transmutarse. Jadea, gime, da brazadas, sus ojos, con un estrabismo evidente, bizquean aún más y, finalmente, parece desplomarse en el sillón mientras sentencia: 'en tu familia alguien murió ahogado'. Me hace gracia la escena porque La Habana no deja de sorprenderme siempre. La señora Lucía me había alquilado una habitación, la suya, con una descomunal cama rodeada de objetos de santería: un enorme tarro de cristal lleno de agua y en cuyo interior flotaba errática una muñeca que parecía una niña ahogada, un cenicero con colillas de puro, inciensarios, botecitos de perfume, todo ello regado con hordas de cucarachas que pululaban por el techo y, de cuando en cuando, se precipitaban en caída libre sobre mi aterrorizada persona. La señora Lucía yacía ahora repantingada en su sofá, los ojos desorbitados y sus manos abanicándose, un sofoco que parecía abarcar todo su cuerpo.


La señora Lucía tenía razón porque mis dos abuelos murieron ahogados, uno en un río, el otro en un ataque de asma, cosas de la vida. La señora Lucía se levantó entonces, milagrosamente repuesta, y me dijo: 'tú tienes muy mala suerte con tus relaciones', y lo decía mientras asentía ostentosamente, 'tus novias te duran poco y eso tiene una explicación', y agitaba también los brazos mientras sonreía misteriosamente, 'a tu lado hay una muelta que te espanta los amores porque ella misma está enamorada de ti'. Miré nervioso a mi alrededor esperando tal vez que la muelta se materializara y resultara ser una voluptuosa mulata del oriente cubano pero no acerté a ver nada más que las paredes de la casa palacio del hogar de la señora Lucía. Una casa palacio despiezada y repartida entre un número tan grande de vecinos tras la Revolución que sus propietarios originales no la reconocerían nunca, por cierto. 'Ella está ahí, no puedes verla', me advertía la santera, 'pero te sigue a todas partes y no dejará jamás que fructifique una relación'. Debió de advertir un gesto de angustia porque inmediatamente me ofreció la solución: una limpieza de espíritu me devolvería la paz conyugal que tanto ansiaba, según ella, y sería por fin un alma centrada y no descarriada.


No lejos de su casa, en plena calle Cuba de la Habana centro, dos santeras novicias parlotean animadamente. Están vestidas con sucesivas capas de ropa blanca en busca del blanco impoluto aunque el conjunto en general deja un poco que desear. Me dan la espalda cuando me acerco con una cámara de video y se relajan cuando la bajo. 'Tenemos que estar un año vestidas así', dice una de ellas, 'y ya llevamos once meses'. A puntito, les digo, 'a puntito', me dicen, y una de ella cuchichea con la otra: 'se cree que no sabemos que nos está grabando pero lo sabemos, sólo que vamos a hacer como si no lo supiéramos para que no sepa que lo sabemos'. Apago la cámara confundido por la perorata y escucho su explicación. La ropa debe de ser blanca en su totalidad, desde los bloomers, que es la ropa interior, hasta las enaguas, que aquí se llaman sayuelas, pasando por el sujetador, el corpiño, la blusa, un turbante y chal. Este color, dicen, permite un intercambio energético activo y la energía positiva que reciba el cuerpo será absorbida sin problemas y la negativa que produzca saldrá sin traba alguna.



Dice la estadística que entre el 70% y el 80% de la población cubana realiza algún tipo de práctica religiosa afrocubana, desde la Santería propiamente dicha hasta otras prácticas menores, como el Palo Monte o los Abakuas. En casa de una amiga de La Habana abrimos una botella de ron: ella se levanta y se va a un rincón donde echa un chorrito por el suelo. 'Para los orishas', dice muy seria mientras me sirve un trago en un vaso. En un bar de Santiago de Cuba un camarero anota la comanda mientras me analiza para concluir: 'usted es Changó', el camarero es santero cuando acaba la jornada y se explica, 'usted es dinamita'. Las creencias medio yorubas medio católicas están por todas partes y en Cuba es imposible huir de ellas. Tenga cuidado con ellas, pueden llegar a obsesionarle si cree que su descreimiento tiene algún riesgo. 'No creo', se dice uno, '¿molestará mi falta de fe a los orishas?', se sorprende uno pensando, '¿cómo creer que molestaré a esta ficción?', me decía mientras cambiaba una media de tres veces diarias la rueda pinchada del coche de alquiler, asediado por la fiebre, bajo una lluvia persistente, sentado en un charco. ¿Tendrá algo que ver el collar del tal Changó que cuelga de mi muñeca? 'Llévelo bien si no quiere enfadar al Orisha', me aconsejó el santero santiagueño antes de salir, 'eso quiere decir que se lo cuelgue al cuello', ¿al cuello? ¡pero si es enorme!, 'no, al cuello, en la mano le provocará todo tipo de males'. Angustiado por los males que me infringía un espíritu en el que no creía arrojé el collar por la ventanilla del auto mientras atravesaba Camagüey y la mala suerte se fue tras las coloridas cuentas que rebotaban por la acera.


La santería tiene sus raíces en la tribu Yoruba, pueblos de las riberas del Níger que fueron arrancados de sus tierras para servir como mano de obra esclava en las plantaciones caribeñas. Los yoruba vivieron un infierno en vida que en ciertas partes aún dura hoy, y no hay más que ir a Haití para comprobarlo. Pero hicieron que los sacerdotes que trataban de evangelizarlos lo vivieran también y para sobrevivir a las oleadas de adoctrinamiento y cruces y evangelios decidieron camuflarse entre santos y vírgenes. Ahora Santa Bárbara, la que truena, es Changó, que soy yo según aquel santero de Santiago, Yemayá es la Virgen de Regla, como diosa de la maternidad, y Oshún es la Virgen de la Caridad del Cobre, la dueña del amor, la sexualidad y el oro. Son muchos más, y el santoral tiene para ellos otro nombre: son los Orishas, deidades que gobiernan el mundo desde sus tejemanejes y que sólo se inclinan ante Olodumare, que es el dios universal, y Ashé, que es su energía expandida hacia el mundo. Para conocer más de esta peculiar religión: pincha aquí. Aquí un babalawo cubano que se ofrece por internet...







Juan Manuel Durán, el jerezano que descubrió América desde el aire (o el vuelo del Plus Ultra)




El 22 de enero de 1926 el teniente de navío Juan Manuel Durán González sacó de su equipaje una caja de dulces y la ofreció a los tripulantes de su cabina. Todo un detalle que arrancó sonrisas de un equipo tenso hasta el límite que se enfrentaba al segundo descubrimiento de América. Con los carrillos masticando azúcar y rodeados de cientos de barquichuelas el capitán de la expedición, que era el hermano anarquista de Franco, se sintió algo más aliviado de la presión que le acongojaba el cerebro. La desembocadura del río Odiel hervía de pequeñas embarcaciones que arropaban en su despedida al Plus Ultra. Como cuatrocientos años atrás, una nueva nave partía del puerto de Palos de la Frontera para descubrir un continente. La diferencia era abismal porque el continente ya estaba descubierto, la nave volaba y en lugar de mares lucharían contra nubes. Pero el reto era parejo porque nadie antes había logrado cruzar el Atlántico por el cielo.

El viaje se hizo en un hidroavión capitaneado por Ramón Franco, acompañado por el capitán Ruíz, el mecánico Pablo Rada y con la supervisión de Juan Manuel Durán González, un jerezano que representaba a la Marina pero que no emularía a Rodrigo de Triana: la etapa más comprometida la haría a bordo de un buque de seguimiento. La hazaña se había convertido en una obsesión para los norteamericanos y en una carrera contrarreloj para las naciones europeas. Los tabloides ofrecían recompensas a los pilotos que consiguieran abrir la ruta, los italianos preparaban un vuelo, los portugueses ya habían fracasado, en Inglaterra todos daban por supuesto que serían ellos los primeros en cruzar el Atlántico por el aire.
Monumento a la tripulación del Plus Ultra en La Rábida, Palos de la Frontera, Huelva
Los tripulantes acudieron al monasterio de la Rábida, como hizo Colón siglos atrás, y Huelva lo vivió como otro descubrimiento: la víspera del despegue cientos de onubenses acamparon en los alrededores de la Rábida. Juan Manuel observa la algarabía con pesar porque su periplo tiene fecha de caducidad: al llegar a Porto Praia, en Cabo Verde, el jerezano desembarca y navega hasta Pernambuco porque la aeronave excedía en cuatrocientos kilos su peso recomendable. El crucero pasó al norte de Brasil, a dos mil kilómetros del continente africano, lo que batía todos los records de navegación aérea del momento. Las multitudes llenaban carreteras, calles y muelles y eran tantos los curiosos que las primeras filas caían al mar en oleadas. El siguiente punto fue Pernambuco, donde nuevamente embarcó Juan Manuel, y de ahí a Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires. Recorrieron 10.270 kilómetros en 59 horas y 39 minutos. Sufrieron la rotura de una hélice, que repararon sin aterrizar, y utilizaron por vez primera un radiogonómetro, un novedoso entonces rastreador de señales de radio.


Juan Manuel Durán nació en Jerez en 1899 y tuvo una vida corta pero intensa. Formado en la primera promoción de pilotos navales, Durán ya tenía experiencia en los aires gracias a su participación en los sucesos de Alhucemas a bordo de la escuadrilla Macchi M-24, en una de las primeras intervenciones en una guerra desde el aire. A los veintiséis años, poco después de su hazaña y convertido ya en profesor de la escuela Naval de Barcelona, falleció en una lamentable demostración de mala suerte: su hidroavión chocaba con otra aeronave en pleno vuelo, precisamente en una época en la que apenas había ingenios volantes. El jerezano fue rescatado con vida del mar pero murió poco después a bordo del buque Alsedo, precisamente el que acompañó al Plus Ultra durante la parte más dura de su trayecto. Sólo sobrevivió a su gesta cinco meses.




Referencias

El vuelo del Plus Ultra, conferencia del Coronel de Aviación José Gomá Orduña en Palma de Mallorca, 1951, seminarios de formación de la F.E.T. y de las J.O.N.S. de Baleareas, editado por la Universidad Internacional de Andalucía.

<strong>El vuelo del Plus Ultra, José Warleta Castillo, Instituto de historia y cultura del ejército del aire, www.ejercitodelaire.mde.es




martes, 8 de abril de 2014

Viaje a Colombia: con los gamines de Bogotá



'Durante años los he seguido, los he cuidado, los he protegido, he dado mi vida por ellos pero ahora pienso que lo mejor es que se mueran todos'. Yo no daba crédito a lo que esa mujer, asistenta social especializada en niños de la calle, me estaba diciendo. Me miró con una lágrima resbalándole por la mejilla y concluyó su explicación, 'los he visto crecer, malvivir, venir magullados, violados y destrozados y al final la mayoría muere antes de cumplir los dieciocho años, dígame usted si no es mejor que se mueran chiquitos y no pasen por tanta miseria'. Era la primavera de 1997 y yo vivía en la capital de Colombia. Las anécdotas con niños de la calle, aquí llamados 'gamines', del francés gamin, eran abundantes, diarias, hirientes.

Por ejemplo, una noche, cerca de la temida calle del Cartucho, una de las más peligrosas de Bogotá. Es el año 1997, insisto, porque el barrio del Cartucho hace mucho que no existe, afortunadamente. Durante la noche cientos de gamines, y desechables, término muy gráfico con el que los colombianos denominan a los indigentes, dormían por las calles al calor de un neumático ardiendo, del pegamento o del basuko, un crack de mala calidad, y la plaza de España, que abría la avenida de Caracas hacia el barrio, se llena de cuerpos torpes que buscan sitio para dormir. En la puerta de un bar un niño de siete años pide limosna. 'Me llamo Luis', dice el pequeño, 'y vine a Bogotá andando desde Bucaramanga'. Pero Bucaramanga está a quinientos kilómetros, le digo. 'Sí, muy lejos'. Rebusca entre la basura y pide monedas en la calle. ¿Te metes droga?, 'No, no', responde ofendido. Se la meterá, pienso cenizo porque la mayoría acaba enganchado al basuko para superar las frías noches de la ciudad, que está a más de dos mil setecientos metros sobre el nivel del mar. 'A veces un amigo me deja dormir en el suelo de su casa'. Luis se pierde en la negrura de la noche arrastrando su mantita, la que carga todo indigente de Bogotá, tras explicarme que su papá murió, su mamá se echó novio y perdió entonces su lugar en la casa. Luis se marcha y arrastra los pies mientras deja a un lado el Palacio de Nariño, la casa del presidente de la nación que, cosas de la vida, estaba a tiro de piedra del peor barrio del país, el Cartucho.

gamines por Hachero

Alvarito tiene un pantalón al menos diez tallas más grandes de la que le corresponde. Y encima se ha meado. Tendrá cuatro o cinco años y se me acerca para pedirme una moneda. Estoy sentado en una escalera, la de la iglesia de Lourdes, en el barrio de Chapinero. No tengo, mijito, le digo al joven pedigüeño pero se me sienta al lado, se acurruca, cierra los ojos y se tapa los oídos porque uno de sus amigotes se está riendo de su creciente mancha de pipí. Alvarito apoya su cabeza en mi pierna y se duerme. Incluso ronca.



Salgo de un bar en el complejo Pasteur, en el centro de la ciudad, son más de las dos de la mañana y busco un taxi. Se me acerca un gamín, su ropa enorme y el cráneo rapado. 'Una moneíta, se'or', dice con el acento de la calle, el acento 'ñero, como se dicen ellos. Antes de darle nada me fijo en su cabeza: está abierta, tiene sangre reseca, incluso asoman burbujas rojas que resultan ser sesos. Pero criatura, le digo, qué te ha pasado. 'Un policía me golpeó cuando estaba dormido en un escalón', asegura, me mira desafiante y se pierde en la negra noche. A su lado, una niña con rizos castaños y llena de mugre me mira muy fijamente. 'Lléveme a su casa', me dice, 'no quiero estar más tiempo en la calle'.

gamines por Hachero

Las experiencias con gamines me resultaban traumáticas porque traumático es que miles de niños duerman solos, reunidos en pandillas, galladas les dicen, escondidos en túneles y alcantarillas, vendiendo sus cuerpos y consumiendo sus pulmones, un disparate que evoca al Señor de las Moscas pero con la crueldad de que la isla está llena de mayores que pasan de largo ante los dramas infantiles. Los niños robaban en las tiendas, pedían monedas, en los semáforos calibraban la presión de los neumáticos con un palo o directamente amenazaban a los conductores con piedras de grandes dimensiones que se estamparían en las lunas delanteras si no caía una moneda. Eran libres, pero en el peor de los sentidos: eran libres de hacer lo que quisieran con sólo una amenaza: la de sus vidas.

gamín por Hachero

Dice la Procuraduría general de Colombia que 150.000 niños al año no son registrados y que al menos medio millón desconocen quiénes son sus padres. También dice la Procuraduría que cada año 30.000 niños son forzados sexualmente y que unos dos millones de menores, de entre 7 y 17 años, trabajan en el sector informal, que es lo mismo que decir que trabajan en negro. Según la UNICEF dos millones de niños sufren maltrato y de ellos el maltrato es severo en al menos la mitad de las víctimas. La UNICEF también se moja en la prostitución infantil y asegura que son 30.000 los niños involucrados en el tráfico sexual. Por si fuera poco, la mitad de la población desplazada en Colombia son niños y niñas, al menos un millón cien mil, y el 10% son víctimas de las minas antipersonales. La procuraduría de la Nación vuelve a la carga y asegura que 750.000 niños abandonan los estudios cada año por hambre física. En los grupos armados regulares se estima que luchan entre 6.000 y 7.000 menores de entre 15 y 17 años.

recicladores por hachero

Sin embargo, la funcionaria pesimista que me lloró en el ayuntamiento de Bogotá se equivocaba. Hoy los gamines siguen pululando pero su número ha descendido. Dice Patricia González, de la Fundación Niños de los Andes que el término gamín se ha sustituido por 'Niño en situación de calle', lo que indica que la concienciación ha crecido en la sociedad, pero que siguen existiendo. 'Los niños que hacen malabares en las esquinas tienen mejores ropas que los andrajos que hacían visible a los niños abandonados de otros años y ya no deambulan solos por las esquinas'. Sin embargo, siguen desnutridos, ahora acompañados de hermanos y padres, con pocas posibilidades de acceder a la escuela y a la sanidad, el gamín sigue ahí, escondido tras otro aspecto menos terrible pero igualmente desamparado y en estado de necesidad. Muchas son las cosas que han cambiado de la Bogotá de la década de los noventa, la de Pablo Escobar y las grandes batallas entre el ELN y las FARC contra el ejército. Por ejemplo, el barrio del Cartucho, probablemente la más degradante manera de vivir de un ser humano, tampoco existe y en su lugar se levanta una gran plaza, la del Milenio. Los enganchados, narcos, asesinos, gamines, recicladores y desechables no han desaparecido sino que se les ha desplazado algunas cuadras más al sur. Pero su número ha descendido: el de gamines, me refiero, proyectos como la Fundación Niños de los Andes, y los servicios sociales municipales, han logrado disminuir unas cifras de oprobio.

La figura del gamín era tan típica que se les sacaban fotos en la plaza Bolívar de Bogitá, eran parte natural de los jardines, de las aceras, de los portales, estaban por todas partes atormentando con su sola presencia a las almas sensibles y adormilando en general a toda la sociedad que terminó por verlos como parte clásica del paisaje. Tanto que una vez me encontraba en el Cartucho hablando con el loco Calderon, que se había hecho con el poder de la calle y se presentaba como el jefe del barrio cuando un terrible olor nos inundó las narices: un gamín se le había cagado en los zapatos mientras charlabamos: ninguno lo habíamos visto venir. Poco despues el loco Calderon</a> caía muerto de un balazo a manos de un indigente del barrio, espero que no fuera el pobre gamín, que se llevo un buen par de patadas... Una amiga que trabajaba de asistenta social en el Cartucho contaba historias terribles sobre el barrio pero de todas me sigue impactando la del indigente que llevaba siete años sin darse un baño: lo llevó a un albergue, le dio de cenar, le cambió la ropa sucia por ropa nueva y le dio un baño relajante. Al día siguiente el indigente amaneció muerto ... de hipotermia ....

gamines por Hachero

Acababa ya el año 1973 cuando Jaime Jaramillo presenció una escena que habría de cambiarlo para siempre: una niña de la calle, los célebres gamines, corrió desde la acera a recoger una caja recién caída de un camión. Una caja de colores, con una muñeca en la portada. La pequeña no llegó a su destino porque la atropelló un vehículo. Jaime, muy afectado, se acercó a la caja y comprobó la dimensión del drama. La caja estaba vacía.

El cadáver de la pequeña debió de rondar la mente de Jaime Jaramillo durante días, semanas, puede que hasta hoy mismo, y el eco mudo de aquella sonrisa truncada se convirtió en una obra de colosales dimensiones. Jaime Jaramillo hoy es Papá Jaime, ha escrito libros de autoayuda, de meditación, libros que son bestsellers y lo complementa con conferencias por medio mundo. Jaime Jaramillo es hoy toda una institución en Colombia y uno de los responsables de que los gamines trascendieran la dimensión pesimista del 'no hay futuro', del 'son parte del escenario habitual', de la vileza que nos acompaña a todos en el día a día. Su obra se llama Fundación Niños de los Andes y puedes ver sus proyectos y acciones en esta página: Fundación Niños de los Andes

Bogotá por Hachero

Los gamines son la consecuencia más denigrante de un conflicto bélico que se enreda en miles de recovecos. Niños y niñas desplazadas por la violencia, niños que acaban vagando en las grandes ciudades sin padres ni madres, o bien niños que llegan a las ciudades en compañía de madres viudas que poco después han encontrado pareja nueva y los ponen de patitas en la calle, niños y niñas que comienzan un recreo que es el sueño de todo niño y de toda niña, pero que termina por convertirse en pesadilla. Un recreo para toda la vida.



                                              Gamines, por Eduardo Galeano

Tienen la calle por casa. Son gatos en el salto y en el manotazo, gorriones en el vuelo, gallitos en la pelea. Vagan en bandadas, en galladas; duermen en racimos, pegados por la helada al amanecer. Comen lo que roban o las sobras que mendigan o la basura que encuentran; apagan el hambre y el miedo aspirando gasolina o pegamento. Tienen dientes grises y caras quemadas por el frío.

Arturo Dueñas, de la gallada de la calle Veintidós, se va de su banda. Está harto de dar el culo y recibir palizas por ser el más pequeño, el chinche, el chichigua; y decide que más vale largarse solo.

Una noche de éstas, noche como cualquier otra, Arturo se desliza bajo una mesa de restorán, manotea una pata de pollo y alzándola como estandarte huye por las callejuelas. Cuando encuentra algún oscuro recoveco, se sienta a cenar. Un perrito lo mira y se relame. Varias veces Arturo lo echa y el perrito vuelve. Se miran: son igualitos los dos, hijos de nadie, apaleados, puro hueso y mugre. Arturo se resigna y convida.

Desde entonces andan juntos, patialegres, compartiendo el peligro y el botín y las pulgas. Arturo, que nunca habló con nadie, cuenta sus cosas. El perrito duerme acurrucado a sus pies.

Y una maldita tarde los policías atrapan a Arturo robando buñuelos, lo arrastran a la Estación Quinta y allí le pegan tremenda pateadura. Al tiempo Arturo vuelve a la calle, todo maltrecho. El perrito no aparece. Arturo corre y recorre, busca y rebusca, y no aparece. Mucho lo llama y nada. Nadie en el mundo está tan solo como este niño de siete años que está solo en las calles de la ciudad de Bogotá, ronco de tanto gritar.


Memoria del Fuego III. El Siglo del Viento

viernes, 28 de marzo de 2014

Viaje al Báltico: los últimos de Hel (tragedia en dos actos)



La tumba de los defensores polacos de Hel sigue frecuentada por los bisnietos de los heroicos defensores de la península que tuvo el extraño privilegio de contemplar dos veces la misma tragedia. Porque Hel no deja de ser un pueblecito de pescadores al final de una larga lengua de tierra que se interna en el mar Báltico y que se asemeja así a una suerte de isla sin serlo. Durante el verano miles de turistas arrastran sus autocaravanas, disfrutan de sus hotelitos y balnearios, persiguen a los miles de cisnes que nada despreocupados a pocos metros de la orilla, inundan campings y pensiones, abarrotan las playas y bailan frenéticos al son del último éxito de este país de discotequeros ochenteros. Pero en Hel ocurrieron dos tragedias paralelas y desconcertantemente parecidas. Y todo gracias a su especial configuración geográfica. Hel es una isla sin serlo, un fin de trayecto, una estación término, la punta de una protuberancia que no llega a ser exactamente península ni tómbolo. Más bien callejón sin salida, primero para el ejército polaco en la invasión de los nazis, finalmente para los nazis en el contraataque del ejército Rojo.

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El 1 de septiembre de 1939 el ejército alemán entró en Polonia como Perico por su casa y coronó su invasión de Polonia en pocos días. Sin embargo, al norte del país, en el interior del mar Báltico, resistía una débil lengua de arena que había pertenecido a los alemanes durante casi tres siglos: la península de Hel. Mientras todo el país se derrumbaba como un complicado laberinto de fichas de dominó, los 3.000 soldados de la Unidad Fortificada de Hel resistieron como la casi isla que eran en una nación que ya estaba de rodillas. El 2 de octubre de 1939, cuando ya Polonia no existía sino como conquista alemana, el batallón de Hel se rindió, exhausto y malhumorado. Los últimos de Polonia resistieron como pudieron, parapetados al final de este extraño corredor: hundieron un destructor alemán, hicieron caer una cincuentena de aviones nazis, los buques anclados a sus orillas contribuyeron con sus marineros a la defensa de la exigua ciudad, los polacos demostraron un valor inexplicable lanzando, de cuando en cuando, contraataques que desconcertaban a los nazis, tan seguros de su victoria. La alternativa a la muerte en la lucha no resultó mucho más alentador: a pocos kilómetros se abrió el primer campo de exterminio nazi fuera de Alemania.

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El mayor grado de paroxismo se alcanzó el 25 de septiembre cuando los polacos colocaron unas potentísimas bombas procedentes de torpedos que destruyeron la lengua de arena en sí misma y dejó el extremo oriental de la península convertida, ahora sí, en isla. Hoy no se nota la cicatriz y sí que, sin embargo, el descabellado acto no fue más que un reflejo de la desesperación porque apenas una semana después, el 1 de octubre, el contralmirante, angustiado por la falta de víveres y de refuerzos en un país que ya no existía sino como una gran máquina de picar carne, capituló y los alemanes se apoderaron del último rincón de Polonia que no estaba aún en sus manos.

Hel por Hachero
La entrada a Hel no deja de tener un algo tétrico en otoño...
La historia no dejaría de tener su interés exclusivamente para los estudiosos de la II Guerra Mundial, que son muchos, de no ser porque, apenas seis años después fueron los soldados del ejército nazi los que capitularon cuando la Alemania nazi era un recuerdo cercano. El 10 de mayo de 1945, días después de la capitulación del Reich, los soldados alemanes, alrededor de 30.000 más otro tanto en civiles que huían de los rusos, seguían parapetados en este remoto rincón del Báltico, asediados por el Ejército Rojo, sin más pasillo que recorrer, sin víveres ni vituallas, con su Fürher ya cadáver y el otrora imperio nazi desaparecido, nunca mejor dicho, en combate.

Hel por Hachero
Hel por Hachero
Hel por Hachero
Hel por Hachero

Los monumentos que recuerdan a los héroes de Hel están por todas partes, eso sí. Aquí se conmemora la rendición de Hel, el dos de octubre, allí el momento en el que decayeron las fuerzas, un día antes, a las afueras del pueblo los nostálgicos aún visitan la tumba de los caídos en el 39, más allá un museo al aire libre recrea las trincheras y rescata algunos proyectiles de la época...

Hel por Hachero

Hel por Hachero

Hel por Hachero

Hoy Hel tiene su ojos en otra cosa: el turismo, una industria de lo más estacionaria porque en otoño e invierno el clima no es que sea frío: es que duele, y las decenas de hoteles y restaurantes que jalonan la desolada calle principal están vacíos o en semipenumbra. En el puerto los pescadores sacan cubos de arenques y en el mar, con el frío que hace, cientos de cisnes despliegan sus alas en una extraña imagen.Hel por Hachero

Hel por Hachero

La contraofensiva no dejó de tener su interés. En marzo de 1945, el ejército rojo de la Unión Soviética avanzó por el frente de la Pomeramia, desmantelando todo el entramado nazi que se derrumbaba como un castillo de naipes. El 28 de marzo, el Primer Frente Bielorruso del Ejército Rojo tomó Gdynia y Gdansk, con casi veinte mil prisioneros y cuarenta y cinco submarinos alemanes capturados, y el 5 de abril los soviets embotellaron a los alemanes en la trampa donde antes ellos mismos habían embotellado a los polacos.
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Hasta el 10 de mayo de 1945 el ejército ruso no se hizo con este extremo de la dichosa península. Hitler, que había tenido su base no lejos de aquí, llevaba ya diez días muerto, nueve en el caso de Goebbels, y el Jefe del Estado Mayor del Alto Mando de las fuerzas germanas había hecho pública su rendición sin condiciones tres días atrás, el 7 de mayo. Como la rendición se había realizado ante los altos mandos de los ejércitos británico y estadounidense, los rusos se molestaron un pelín y llevaron casi que en volandas a los jefes de la Wehrmacht ante el todopoderoso general Zhukov, comandante en jefe de los ejércitos rojos: la rendición se hizo extensiva a todos los frentes y los disparos comenzaron a silenciarse. Curioso, me digo mientras paseo por este balneario gélido, que en este lugar los alemanes acorralaran a los polacos sintiéndose invencibles y que luego fueron acorralados por los soviéticos mientras se sentían los últimos guarapos del imperio. Los alemanes trasladaron a todos los civiles a esta lengua de tierra, ahí se acumularon los últimos soldados defensores de la cruz gamada, todos huyendo en desbandada de la Gran Venganza Rusa para terminar emparedados entre la sed de justicia y un mar helado y lleno de cisnes… Cuando el último soldado nazi salió de Hel, la Alemania nazi ya no existía y sus víctimas serían ahora sus verdugos...
Hel por Hachero


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