Mostrando entradas con la etiqueta Siria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Siria. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Viaje a la frontera turco-siria: V de Kobane


En la cola del reparto de alimentos de la Media Cruz Roja, o en las escaleras a medio acabar de un edificio sin terminar, en el interior de una mezquita, en las calles, en tiendas, en comercios cerrados, en jardines y en los campos de refugiados. Los vecinos de Kobane refugiados en la ciudad turca de Suruc sacaban la mejor de sus sonrisas y ponían dos dedos en forma de uve. V de Kobane. V de resistencia, de no podrán con nosotros. V de Victoria.

v de kobane-imp

¿O será V de paz? ¿De basta ya? El uso de los dos dedos en forma de V se popularizó en la Segunda Guerra Mundial y desde entonces no hay poderoso o mindundi que no lo haya usado. Un gesto tan natural que sale sin pensarlo, sin pretenderlo, un gesto de dignidad o de cabezonería pero un gesto que se ha convertido en universal.

v de kobane 9-imp

v de kobane 8-imp

Durante la guerra de los Cien Años los franceses juraron cortar los dedos corazón e índice de todos los arqueros británicos que capturaran en la batalla de Agincourt para que nunca más pudieran disparar sus flechas. Los ingleses, sin embargo, salieron victoriosos y se dedicaron a enseñar esos dedos tan odiados en Francia, unos dedos que, además, formaban una V, la V de victoria. Eso, al menos, dice la leyenda (pincha aquí), según unos escritos de Jean de Wavrin contenidos en la Biblioteca Nacional de Francia en los que se hablaba de que 'cortarían tres dedos de la mano derecha a todos los arqueros hechos prisioneros para que no murieran más hombres ni caballos' (sic).

images-3images
Unknown-4Unknown-2

Pero un historiador inglés le dio la vuelta a la tortilla porque vio que los tres dedos exigidos por los franceses excedían en uno a los ofrecidos por los ingleses y en ese mismo artículo recuerda ese gesto en la mano del rollizo Winston Churchill repetido hasta la saciedad. Sir Winston no desaprovechaba la ocasión para hacer el símbolo de la V y se popularizó como el de la Victoria.

RICHARD NIXON FAREWELL
Unknown-6Unknown-7
Unknown-8

Sea suyo, sea de los arqueros, sea un símbolo esotérico o sea lo que sea, los dos dedos en forma de V ya son una propiedad del planeta entero y aunque todo parece indicar que tiene cierto origen anglosajón, no hay persona en este mundo que no lo use como propio. El Washington Post enumera esta serie de personajes y momentos curiosos, comenzando por la la BBC, donde se menciona a un tal coronel Britton instando a usar el símbolo como gesto de resistencia en los territorios ocupados de Francia frente a los invasores nazis. La V es la inicial de la española Victoria pero también de la inglesa Victory y de la francesa Victoire y de la holandesa Vrijheid, que significa libertad. Los afroamericanos en los tiempos de Luther King usaban la doble V como reclamo de igualdad. Truman, Eisenhower o Nixon también usaron este gesto, este último de un modo especialmente ridículo que ha pasado a la historia. Por no hablar de Lech Walesa, en su épica lucha contra la Unión Soviética, la inefable Margaret Thatcher tras derrotar a los argentinos en la guerra por las Malvinas, o Yaser Arafat al modo Churchill: repetidamente, siempre que tenía ocasión, casi como modo de reafirmarse.

v de kobane 4-imp

v de kobane 2-imp

'Kobane será nuestro Stalingrado', decían, y dicen, los kurdos, y supongo que lo dicen, y lo decían, desde el punto de vista soviético, del de los vencedores, los de la V. Los combates se producen en cada calle, en cada casa, en cada estancia, y la sensación que flota en el ambiente es que el vencedor, el de la V, se llevará también la victoria final de la guerra, como ocurrió en Rusia. Claro que ni Kobane es Stalingrado ni el número de muertos de la segunda es comparable a los que ya han caído en la primera. Los kurdos sueñan con poner la primera piedra de un estado independiente, un Kurdistán que englobe a los kurdos de Siria con los del sur de Turquía y los ya independientes de facto del norte de Irak. Al menos esos. Los kurdos de Irán tendrán que esperar porque su inclusión en ese hipotético país es algo menos que una quimera (de momento).

v de kobane 6-imp

Pero mientras eso ocurre, los vecinos de Kobane que han ocupado cualquier hueco de Suruc, desde campos de refugiados en mitad de sembrados a edificios a medio construir o mezquitas atestadas, levantan sus dedos índice y corazón y posan ante las cámaras. Victoria, paz, tesón. No importa. Y tampoco importa que el gesto venga de los arqueros británicos, de Winston Churchill o de John Lennon. Estamos aquí, parecen decir, no han podido borrarnos del mapa. Y eso siempre es una victoria. Con Uve.

v de kobane 7-imp

viernes, 19 de junio de 2015

Viaje a la frontera turcosiria: las escondidas clases de Al Salam


La escuela Al Salam, en Reyhanli, tiene más de mil cien niños pero apenas nadie en la ciudad sabe donde está. Es una escuela escondida, sin distintivos, una escuela sin enseñanza reglada, sin programa educativo oficial ni título acreditativo al acabar el curso. Un curso que tampoco se sabe muy bien cuándo empieza ni cuando acaba. Por no tener, el supuesto colegio no tiene ni instalaciones, no tiene patio, ni recreo, no tiene pistas deportivas ni jardín trasero. Lo único que parecen tener es ánimo y el incansable aliento del que se sabe perdido, arrinconado, sin nada que perder. Tal vez por eso las clases son un mar de entusiasmo y de uves. Uves de victoria.

clases sirias en Turquía por Hachero  dd-imp

Por eso cientos de niños se apiñan en las habitaciones de un espacioso, pero destartalado, apartamento en el centro de Reyhanli, una desapacible y gris ciudad en la frontera de Turquía con Siria. El drama de los refugiados de la eterna guerra Siria resulta evidente en esta zona: es más: resulta ofensivo.

clases sirias en Turquía por Hachero 1 -imp

'Hace tres meses decidimos organizarnos porque nos parecía lamentable cómo tantos niños pierden el tiempo día tras día', comenta Ola Alsaed, la profesora de inglés del centro. A su lado, Abd Al Salam Al Ichalid, el director y promotor de la idea, antiguo maestro y alcalde de una pequeña y remota localidad de la que no quiere ni acordarse. 'Tenemos más de mil cien niños', levanta la vista de sus papeles, 'y hemos tenido que dividirnos en dos turnos, de siete de la mañana a mediodía, los más pequeños (de 6 a 12 años), y desde mediodía hasta las cuatro de la tarde los mayores (hasta los 18 años)'. Las habitaciones del apartamento son amplias pero la imagen no deja de resultar opresiva, incluso triste a pesar de las sonrisas de los niños y del enorme esfuerzo que realizan los maestros, todos ellos voluntarios. Hace frío, la mayoría de los niños llevan gruesos chaquetones y están muy juntos para calentarse, en cada sala pueden apiñarse sesenta o setenta niños. 'Además siempre aparece alguno nuevo', dice Ola, lo que dificulta aún más la tarea porque, al tiempo, 'otros no aparecen más...'.

clases sirias en Turquía por Hachero  clase 2 2-imp

Y los miro y me veo a mí mismo, sus caritas me evocan mi niñez: veo a Manolito gafotas, y al pillo de Jaime, veo a Joaquín, que parecía tan tímido, y al demonio de Enrique: son ellos y soy yo, y es su realidad pero también son mis recuerdos, mis recuerdos de infancia, una infancia feliz, atormentado sólo por las rivalidades de críos que aquí, en cambio, se transforman en tormentos vitales, en disparos, casas destruidas, bombardeos, cráteres, sospechoso olor a gas, traslados a media noche y a todo correr, los llantos de mamá, de papá, de tus tíos...

clases sirias en Turquía por Hachero  vv-imp

¿Y quién paga todo esto?, pregunto. 'Los padres, los refugiados, entre todos, lo que haga falta para que estos niños estén ocupados y aprendan algo porque la alternativa es pasar el día entero junto a sus padres en un apartamento, en un campo de refugiados o, en el peor de los casos, deambulando por las calles', dice Ola. El apartamento tiene diez habitaciones a modo de aulas distribuidas alrededor de un gran salón. En el aula número 8, una habitación con la puerta medio desencajada, los niños me reciben de pie, gritando al unísono un irreconocible pero emocionante 'how are you'... 'Aprenden árabe, algo de turco, deporte, religión, intentamos seguir el temario sirio porque en Turquía no los pueden educar, pero sobre todo', se emociona entonces Ola, 'intentamos darles amor para que los niños sigan siendo niños'.

clases sirias en Turquía por Hachero  clase 6-imp

clases sirias en Turquía por Hachero  2-imp

clases sirias en Turquía por Hachero  clase 3-imp

Ola proviene de la azotada Idlib, no muy lejos de esta ciudad pero al tiempo como si estuviera en la mismísima luna porque las separa algo más que una frontera: una guerra, miles de deprimentes tiendas de lona que hospedan a decenas de miles de refugiados, civiles que deambulan desorientados, hastiados, enfadados, soldados del ejército de Bashir Al Assad, del Ejército Libre de Siria, del Estado Islámico, de Al Qaeda y de sus primos de Al Nusra, bombardeos anónimos de los que nadie se responsabiliza y crímenes de los que nadie sabe a quién acusar. Una tierra regada con sangre que escupe a sus vecinos a un país que los acoge como 'huéspedes' pero que apenas puede hacer mucho más por ellos. En el colegio hay niños de toda Siria, de todas las religiones y tendencias, asegura el director, Al Salam, siempre detrás de sus papeles, 'aquí no discriminamos a nadie pero necesitamos apoyo para seguir con el trabajo... a ver si alguien en Europa se anima', remata con una sonrisa desesperanzada.

clases sirias en Turquía por Hachero  4-imp

En la ciudad hay quien dice que detrás de estas escuelas está el dinero de Al Qaeda, que tiene presencia confirmada en la zona desde que en mayo de 2013 dos coches bombas reventaran varios edificios del centro de la ciudad y asesinaran a más de medio centenar de personas. 'Yo no cobro', asegura Ola, 'y como yo, todos, somos todos voluntarios'.

clases sirias en Turquía por Hachero  clase 4-imp

El fenómeno no deja de tener su importancia. Ola calcula que sólo en Reyhanli son doce las escuelas como esta, aunque más pequeñas, que dan clase a niños refugiados de Siria, aunque hay quien eleva las escuelas a treinta y tres. En la cercana Antakya, la capital de la provincia, también proliferan y algunos llevan nombres rimbombantes y un poco pelota, como el Recep Tayyip Erdogan, el controvertido presidente del país que los acoge. Y el fenómeno se repite en muchas de las ciudades con fuerte presencia siria. Y ya son más de un millón seiscientos mil los refugiados que han encontrado acomodo dentro de Turquía, una cifra que no deja de crecer conforme el lío se incrementa en el vecino del sur.

clases sirias en Turquía por Hachero  3-imp
El director, el señor Al Salam, con sus ayudantes en el despacho

En Al Salam los niños vienen de toda Siria, sobre todo el cercano occidente del país. Algunos tienen cicatrices que prefiero obviar, otros parecen retraídos pero la mayoría no pueden ocultar lo que son, niños, niños que saltan cuando ven el objetivo y que meten sus naricitas en el primer plano, que bizquean, se dan collejas, niños que, pese a todo, se comportan de un modo más educado que sus colegas de la calle y que tienen caras que parecen libros abiertos. Libros en los que se leen sin saber árabe que han visto demasiadas cosas desagradables, y no hablo ya de cuerpos sin vida ni de miembros destrozados, que también, sino de angustia, de mudanzas improvisadas y a toda prisa, del miedo de que alguien viene, de los rumores de sus papis, de que aquel pariente ya no vendrá más, tal vez de padres y madres desaparecidos, del rincón de juegos que ya no está y de aquel juguete que no volveré a sobar con mis manitas.
clases sirias en Turquía por Hachero clase 2 -imp

clases sirias en Turquía por Hachero  clase 5-imp

Ola me cuenta que tienen otro apartamento con más niños pero que este es el principal. Y visito entonces cada clase, entre loor de multitudes, clase por clase, con profesoras igualmente embutidas en chadores y gruesos abrigos, clase número uno, clase número dos, clase número tres... '¿Tienes esperazanza de regresar a Idlit?', le pregunto a Ola, pero su mirada es opaca. 'Confío en Allah para regresar y no pierdo la esperanza porque nunca se debe desconfiar de la voluntad de Él pero expectativa, lo que se dice expectativa, no tengo ninguna...'.

clases sirias en Turquía por Hachero  cdf-imp
clases sirias en Turquía por Hachero  54rf-imp

Son las doce. Acaban las clases y los niños no salen en tropel sino ordenadamente, desfilan sobre una alfombra extendida en el salón y rezan. No todos, tan sólo los mayores, pero rezan. Y rezan a un dios al que al otro lado de la frontera rezan unos locos que llevan banderas negras y que asesinan y decapitan en su nombre, y también al que reza Bashir Al Assad en sus demostraciones públicas para que el pueblo sepa que es baasista pero que tiene su corazón pío, y el mismo dios al que rezan los de Al Nusra e incluso los del Ejército Libre. Abajo de la escuela, apenas a cien metros, una familia se ha hecho fuerte en los bajos de un edificio en obras. Los niños, mugrientos y vestidos con harapos, salen tras un murete de ropa tendida y juegan en la calle, bajo la lluvia. Son la otra cara de los refugiados sirios en Turquía. Los que no suben los dos pisos de la escuela de Abd Al Salam.

clases sirias en Turquía por Hachero v-imp

miércoles, 6 de mayo de 2015

Viaje a Oriente Medio: con los vecinos de Kobane


'Kobane será el Stalingrado de los yihadistas'. Lo que al principio me pareció una comparación disparatada lleva camino de convertirse en algo más que una frase ocurrente. La batalla de Kobane, o de Ayn Al-Arab, ciudad en el norte de Siria pegada a la frontera con Turquía, amenaza con convertirse en el remedo sirio de la épica batalla que supuso un punto de inflexión para los ejércitos nazis en su invasión de la Unión Soviética. Pero mientras en la ciudad luchan todas las facciones posibles en la guerra siria, y todas ahora unidas contra el Estado Islámico, desde los pershmergas kurdos pasando por el Ejército Libre Sirio, mercenarios simpatizantes con alguno de los bandos, tropas de Al Assad acechando en la distancia, refuerzos del PKK y vecinos convertidos en guerreros, los civiles han huido al otro lado de la frontera, al lado turco, donde deambulan como almas que lleva el diablo, preguntándose qué ha pasado para que terminen ahí. Claro que tampoco tienen mucho tiempo para preguntas porque desde Turquía puede ver cómo las bombas destrozan su ciudad, sus casas, sus calles y su vida.

vecinos de Kobane por Hachero 26-imp

vecinos de Kobane por Hachero 25-imp

Deambulo yo también con ellos por Suruc, ciudad turca a cuya demarcación perteneció en un pasado Kobane y a la que han acudido en masa desde que los disparatados yihadistas del Estado Islámico atacaron su localidad en agosto de 2014. Las vicisitudes de la historia dejaron a ambas ciudades, Suruc y Kobani, separadas por una franja de terreno que no ha conseguido separar las vidas de muchas familias que ahora tienen pasaportes diferentes. Esos son los que han tenido más suerte y ahora conviven primos lejanos con primos cercanos. Pero el resto no ha tenido la misma fortuna, más allá de la hospitalidad y solidaridad de los vecinos turcos, mayoritariamente kurdos en esta región y solidarizados sin fisuras con sus primos del sur.
vecinos de Kobane por Hachero 1-imp

vecinos de Kobane por Hachero 29-imp

Desde la calle puedo ver las cabecitas de los niños, asomándose a un balcón inexistente de un edificio en obras. La ropa tendida, las mantas tapando las ventanas sin marcos ni cristales, el ladrillo visto. El edificio está a medio construir pero ya vive alguien: 'somos  alrededor de trescientos en todo el bloque', me asegura un muchacho con gestos. Nadie habla nada inteligible. ¿Árabe? ¿Kurmanji? ¡¡Qué dices!! Un muchacho chapurrea algo de inglés y me acompaña un tramo. 'Cuidado', dice, 'los resbalones son frecuentes'. El edificio está sin acabar y las nubes de polvo indican dónde algún niño acaba de despanzurrarse en esas escaleras precarias, sin barandillas y peligrosísimas para tantos renacuajos que se asoman a recibirme. '¡¡Peshmergas, peshmergas!!', me grita muy serio al cruzarse un señor que baja la escalera tocado con kufiyya, el tradicional pañuelo blanco y rojo de la región. Los guerreros kurdos, provenientes del norte de Irak, son la última esperanza de un vecindario, el de Kobane, que tan sólo puede asistir impotente desde el horizonte a la destrucción de su ciudad.

vecinos de Kobane por Hachero 28-imp

vecinos de Kobane por Hachero 23-imp

En 1912 la compañía alemana Koban Railway Company construyó una estación en un lugar desértico para aliviar el largo camino que debía unir el ferrocarril entre Estambul y Bagdad. La estación tuvo más éxito que la línea férrea y los kurdos que poblaban la región, cuan nómadas del desierto, vieron un buen lugar para poner instalar sus sombrajos. Posteriormente fueron los armenios, perseguidos por los turcos, y sobre todo los kurdos, en el gran genocidio de 1915 que acabó con cientos de miles de ellos, los que huyeron de sus poblaciones, situadas más al norte, para establcerse también al margen de los sombrajos y de la estación. La ciudad que comenzó siendo un pedregal con una estación alemana quedó bajo mandato francés tras el desmoronamiento total del imperio otomano y comenzó su existencia con edificios de estilo galo, otros de arquitectura armenia, los kurdos añadieron sus particularidades y el extenso yacimiento histórico, que muestra vestigios de los asirios, añadió más literatura que belleza al asentamiento.

vecinos de Kobane por Hachero 19-imp

vecinos de Kobane por Hachero 18-imp

Cuando los yihadistas del Estado Islámico le pusieron cerco, allá por julio de 2014, la población de las localidades cercanas se concentró en Kobane, que con apenas cuarenta mil habitantes multiplicó su número por diez, y cuando los locos de la bandera negra entraron en la ciudad casi doscientas mil personas corrieron en tropel rumbo a Turquía, donde se sumaron al millón y medio de sirios que ya habita el país desde el inicio de la guerra. Ahora deambulan por las calles, ocupan edificios, mezquitas, parques y jardines, reciben alimentos de la media luna roja en largas filas callejeras y confían su suerte a los YPG, unidades de protección ciudadana, algo parecido a paramilitares vecinales, y a las guerrillas que antes luchaban contra Al Assad y ahora contra los barbudos. La llegada de doscientos pershmergas, 'los que se enfrentan a la muerte', provenientes del norte de Irak y armados con material pesado, añade un elemento más de confusión en la batalla. 'Kobane será el Stalingrado de los yihadistas', resuena en mi cabeza la sentencia de un kurdo que desfiguró la frase con un 'si dios quiere'.

vecinos de Kobane por Hachero 13-imp

'No quiero escuchar hablar más de dios ni de religión', me dice enfadado un abuelo en plena calle. Me asombra ver a un musulmán renegando de su credo pero las tropelías de esos barbudos que enarbolan la bandera del Islam no deja de resultar contraproducente. Tanto matar por Dios y quemar herejes y brujas en la hoguera nos causó un hondo rechazo a los cristianos. Quién sabe si los musulmanes no deban pasar por un trago parecido para pensar que detrás de dios sólo hay cuatro letras. En un cuarto lleno de polvo, frío y gris, un grupo de hombres me invita a tomar café. Café turco, muy cargado. ¿Y sus casas?, les pregunto. Bum, imita uno el sonido de una bomba, todos ríen la ocurrencia y luego algo parecido a una depresión se instala en el colectivo. ¿Confían en los pershmergas? ¡¡Pershmergas, pershmergas!!, sonríen con franqueza. ¿Y qué piensan de los yihadistas? Rostros serios, duros, miradas torvas, no quieren ni oír hablar de ellos. En una cunita de madera un bebé duerme plácido. La única luz proviene de un pequeño generador que ronca en una esquina. La conversación se estanca en un rosario de sonrisas que deriva inevitablemente en gestos de rabia.

vecinos de Kobane por Hachero
Osama no puede moverse y pasa los días sentado, recibiendo visitas

En la primera planta reposa Osman, un niño rellenito con un rostro que irradia pena. 'No puede andar', chapurrea en inglés una voz, 'tuvo un accidente'. Al drama del traslado debe unírsele el drama de no poder corretear con los demás niños por el esqueleto del edificio sin acabar porque en el mundo infantil todo sigue siendo un juego. Las cabecitas surgen por decenas, salen tras las mantas que hacen las veces de puertas, saltan por las escaleras, deambulan por un edificio convertido al tiempo en pesadilla y en gran parque de atracciones.

vecinos de Kobane por Hachero 15-imp

vecinos de Kobane por Hachero 6-imp

La vida pasa entre ropa tendida y nubes de polvo, noches heladas y suelos cubiertos de esterillas donadas por Naciones Unidas. Al caer la noche las mantas no bastan para evitar que el frío entre por unas ventanas que no existen mientras allá, apenas a cinco kilómetros, los locos de Alá insisten de manera terrible en conquistar la ciudad de Kobane. Mucho interés estratégico debe tener semejante enclave como para que los yihadistas se enconen y los kurdos hayan conseguido que su eco resuene en todo el mundo. 'Los turcos se la han dado a los árabes', dicen los kurdos, 'como pago por la liberación de varias decenas de diplomáticos que estaban en poder del Estado Islámico'. No creo que lleguen a tanto, pienso, por mucho que quieran fastidiar a los kurdos. Más bien se mezcla la rivalidad de Ankara con Al Assad, por no decir odio, unido a las pocas ganas de que los kurdos de ambos lados de la frontera insistan en su deseo de un gran patria kurda. Quién sabe, los designios del poder siempre son inescrutables. Y sobre todo para esta gente que sólo piensa en cómo demonios estará su casa, si habrá saltado por los aires, si la habrán saqueado, si estará llena de barbudos, de agujeros, de colillas, si se habrán muerto las plantas y los juguetes seguirán en su sitio. Y sobre todo: cuándo pasará este suplicio porque el invierno llega y las mantas, como decía, no son suficientes. 'Diga usted en Europa que tenemos mucho frío', me despide el muchacho que chapurrea inglés.

vecinos de Kobane por Hachero 16-imp

jueves, 7 de noviembre de 2013

Viaje al Proyecto del Sudeste de la Anatolia (GAP): el agua de Turquía como fuente de poder



Mustafá Kemal tuvo un sueño en los años treinta: el desierto sería verde, sobre la arena crecerían árboles y los beduinos tendrían tanta agua que el Creciente Fértil no sería una absurda frase con sentido sólo en los libros de historia. Mustafá Kemal, más conocido como Atatürk, o padre de los turcos, no sólo cambió radicalmente el rumbo de los restos del imperio otomano tras su derrota por los aliados en 1918. Atatürk no sólo trasladó la capital de Estambul a Ankara para olvidar cuanto antes al extinto imperio, no sólo cambió el alfabeto del árabe al latino, no sólo revitalizó un país que lo tuvo todo y ya no tenía nada. Mustafá también soñó con un vergel en el desierto y el tiempo le está dando la razón.

GAP3


Fue en 1936 cuando creó la Administración para Estudios Eléctricos con el firme objetivo de proponer una política hídrica que aprovechara los recursos hidrológicos que, pensaba, se perdían en vano. Y se perdían porque las corrientes fluyen, como dijo el filósofo, y el preciado agua atravesaba desiertos pedregosos y sedientos para perderse tras las fronteras de Siria y de Irak.

Atatürk


Las corrientes fluviales eran las de dos de los ríos más famosos del planeta, el Tigris y el Éufrates, ambos con sus fuentes en la Anatolia y sus desembocaduras en el golfo Pérsico, y las pérdidas ocurrían nada más cruzar los bordes fronterizos, donde se convertían en ganancias para otros (para sirios e iraquíes: y lo que es peor, para kurdos rebeldes). La idea que sembró Atatürk creció en las oficinas del imperio venido a menos hasta que en la década de los sesenta la ciudad de Diyarbakir se convirtió en el centro de las primeras explotaciones en serio. No debió de irles nada mal porque el proyecto siguió creciendo como una bola de agua y en la década de los ochenta surgió el conocido como Proyecto del Sudeste de la Anatolia, cuyo acrónimo en turco es, precisamente, GAP. Tan importante resulta que el sureste de la Anatolia lleva ahora ese nombre: región del GAP.

Gaziantep pistachos

Y es que los efectos beneficiosos del proyecto ya se dejan notar: es el tercer exportador mundial de pistachos, un fruto seco que crece desaforadamente en los alrededores de la ciudad, y en su provincia, hasta alcanzar la asombrosa cifra de 60.000 millones de toneladas, sólo superada por Irán y los Estados Unidos. El pistacho, y otros productos de las huertas turcas, rebosan los cestitos en el zoco, en el mercado, en los dulces Baklava que venden las numerosas tiendas de la ciudad, miles de turistas turcos visitan cada año la ciudad buscando pistachos y grandes comilonas en selectos restaurantes, el pistacho es la seña de identidad de esta ciudad, incluso con un monumento en forma de pistacho, y por supuesto las aceitunas, productos claramente beneficiados por la expansión de las presas del GAP. Pero esto no es sino una minucia: los cultivos de maíz desbordan los arcenes y en cualquier rincón de la Anatolia te encuentras un abuelo que te vende mazorcas asadas en carritos calentados con carbón…

Gaziantep pistachos

Para el mundo exterior es un hercúleo intento de convertir el desierto en vergel gracias a la represa de los dos ríos, del Tigris y del Éufrates, en 22 pantanos, 19 hidroeléctricas con una capacidad de 7476 megawatios, cientos de kilómetros de canales de irrigación, un macro proyecto a lo largo de más de 75.000 kilómetros cuadrados, con casi dos millones de hectáreas de tierra cultivable, un sueño que tenía un presupuesto inicial de 21.500 millones de euros y que a buen seguro se habrá quedado corto porque debía de haber terminado en 2010 y aún quedan presas por construir (por no nombrar las enmiendas que ha sufrido el proyecto porque se les han unido otras 11 presas junto a las fronteras de Irán e Irak). Los turcos estiman que los dos grandes ríos generan más de 50 billones de metros cúbicos de agua al año, lo que podría generar 27 billones de kilowarios por hora, además de emplear a casi cuatro millones de personas en agricultura y derivados en una región azotada por las sequías, la desertización y sus consecuencias (entre las que se cuenta el PKK). Es decir, el sueño de Atatürk se diversificó con el tiempo, los beduinos no tendrían sólo forraje fresco para sus bestias sino también luz eléctrica y trabajo a paletadas. Y para todo eso es necesario construir más viviendas, y centros de salud, y colegios y centros de distribución de productos agrícolas y hasta piscícolas. Los mercados estarían abastecidos a más no poder, los guerrilleros kurdos dejarían las armas porque Turquía les ofrecía algo más que arena y los belicosos vecinos les respetarían como potencia hídrica. Como plan no está mal y, además, tiene visos de convertirse en realidad.

GAP

La carretera que une Sanliurfa con Gaziantep ofrece una extraña mezcla de paisajes: ahora desierto pedregoso, ahora campos de maíz, ahora piedras desperdigadas, ahora enormes campos de cultivo. De no ser por el escenario allá al fondo, donde las columnas de humo delatan los bombardeos de la guerra de Siria, cualquiera diría que se está construyendo una versión polvorienta del paraíso (que debió de estar por estas regiones, por cierto). La capital de los kurdos, Diyarbakir, parece aumentar de tamaño a ojos vista, la ciudad antigua está cada vez más lejos del perímetro, que crece sin cesar, los bloques de pisos, las grúas, los andamios, las calles levantadas, y todo esto durante kilómetros y kilómetros, me hacen recordar las estampas de mi triste país en los años que todos conocemos ya como 'De la Burbuja'. Y no es la única. Sanliurfa crece a través del desierto, Gaziantep se expande, Mardin se acerca a su propio horizonte. Un Mercedes último modelo adelanta mi desvencijado autobús, y no es el primero que veo. En Mardin conozco a un grupo de ingenieros y arquitectos atraídos por los altos sueldos que se pagan en la región: construyen urbanizaciones enteras, hablan por Iphone y consultan el correo en sus Ipads mientras se dirigen a sus potentes 4x4.

Hasankeyf Tigris

El sudeste de la Anatolia transpira dinero y actividad febril, visité incluso las obras de la nueva ciudad de Hasankeyf, una ciudad entera, y nueva del paquete, construida a toda velocidad para trasladar a toda la población de la antigua Hasankeyf, que quedará sumergida bajo otro pantano en un dramático capítulo del GAP (porque hundirá nada menos que 120 siglos de historia, doce mil años) Los efectos colaterales del GAP no son nada, cree el gobierno turco, con el futuro que le ofrece al país. Aquí puedes ver la página oficial del proyecto GAP y sus pretensiones.

construcción Sanliurfa

construcción Sanliurfa

Turquía mira cada vez menos a Europa, la eterna aspiración desde que Atatürk desmanteló los restos del imperio otomano, y comienza a sentirse parte importante de la Geoestrategia, del Heartland y el Rimland de los grandes geógrafos del pasado. Si durante la década de los años noventa las autoridades iraquíes estimaron que los cauces de los ríos Éufrates y Tigris había disminuido nada menos que tres cuartas partes (de 40.000 millones de metros cúbicos a 11.000 en sólo tres años), poca fuerza tendrán ahora en el devastado Irak post Sadam. ¡¡Y qué decir de Siria, donde Al Assad no tiene asegurado el desayuno de mañana!! Turquía tiene las manos libres para seguir con un plan que iba a continuar pese a sus vecinos. Ya lo ha dicho las autoridades turcas: somos conscientes de lo necesitado de agua que están nuestros vecinos pero nosotros no podemos perjudicar nuestro propio sistema hídrico y energético...'. 

Hasankeyf Tigris


De hecho, la pieza central de todo el entramado es la presa Atatürk, con el nombre del soñador, una presa que ya ha recibido amenazas de atentados terroristas (antes de que Irak y Siria entraran en barrena). Más de dos mil kilómetros cuadrados de tierra fértil de la meseta de Harran se riegan por la simple ley de la gravedad. Se trata de un desequilibrio en la posición que ha ocupado Turquía en el último siglo. Ahora que parece alejarse Europa definitivamente los turcos se dan cuenta de que les da igual porque ante ellos se abre un horizonte inesperado: el de posición predominante en el Asia Central. Aburridos ya de esperar a que Europa les abra unas puertas que les cerraron en el sitio de Viena, en 1529, cuando el imperio otomano alcanzó su cénit, los turcos comienzan a replantearse si su lugar está donde les señaló el soñador Atatürk o tal vez donde reside su espíritu, el asiático, con sus hermanos de raza, los uigures, los turcomanos, los uzbekos, incluso los mongoles y japoneses.

Hasankeyf Tigris

Turquía vuelve a ser consciente de su lugar en el mundo, en el mayor puente natural de la geografía planetaria, la Anatolia, los turcos se preguntan si tal vez no han despreciado demasiado al islam durante décadas y deban girar la cabeza al mundo de Mahoma. Robert Kaplan recoge el dato en su nuevo y fascinante libro, The Revenge of Geography: en 1945 Turquía tenía 20.000 mezquitas, en 1985, 72.000 y hoy son muchas más. Su posición se ha afianzado tanto que incluso Israel, su aliado por años, le ha tenido que pedir perdón por la masacre de la Flotilla de la Libertad, un caso sin precedentes en la diplomacia hebrea. Turquía lucha con otra potencia emergente en el centro de Asia, Irán, y ambos lo hacen por el liderazgo del Islam, uno desde la opción suní, como es Turquía, la otra desde la alternativa del chiísimo, como es Irán. Pero si Irán tiene en su poder unas poderosas redes diplomáticas por toda la región, Turquía parece tener un as guardado bajo la manga: tiene agua, muchísima agua, y más que va a tener, en una región donde cada gota cuenta como un tesoro y que Turquía acapara con la intención de ser el centro hídrico, energético y pieza fundamental para el acceso a las riquezas petroleras y gasísticas del centro de Asia.

GAP4

Donativos

Publicidad