martes, 20 de noviembre de 2012

Viaje al Kurdistán: el PKK, la guerrilla feminista en la que está prohibido el amor

Kurdas admiradoras de Abdullah en la ciudad de Cizre

Apenas la pequeña Havva comenzaba a desarrollar sus encantos naturales, su madre pensó: ya es hora de casarla. Y buscó un pretendiente que se la llevara a otro pueblo y que aliviara, al tiempo, la paupérrima economía familiar, donde una boca de más era mucho más y una boca menos un respiro. Así que, a cambio de algo de dinero, la pequeña Havva salió de su pueblo acompañado de un señor al que no conocía de nada y que la habría de convertir de niña en señora. De sus seis hermanos el que más sufrió fue el pequeño Abdullah, un chico tímido que tenía en su querida Havva a su confidente y a su norte y guía. Hasta aquí la historia es común entre los kurdos, sobre todo en los kurdos de generaciones pasadas y, aún hoy, en los de zonas remotas. Lo relevante en esta historia es que Havva tenía un apellido que hoy retumba en toda Turquía, y hasta más allá: Ocalan. Y su hermano Abdullah comparte ese apellido: es Abdullah Ocalan, el carismático y sanguinario líder del PKK, el Partido Kurdo de los Trabajadores y jefe absoluto de la guerrilla que desafía cada día, desde hace treinta años, al gobierno de Ankara.


Siete eran los hijos de la familia Ocalan, un padre prolífico pero siempre enfermo e incapaz a todas luces de mantener una prole de esta envergadura, y frente al padre una madre enérgica y siempre enfadada, superada por la magnitud de esa familia en un entorno de pobreza supina, sin apenas ingresos y con tantas bocas abiertas que el salón parecía más una montaña agujereada de cuevas en la Capadocia que otra cosa. Y la enérgica señora no desperdiciaba un momento para humillar al lánguido padre, incluso en público, o de espolear a sus hijos con prédicas que en otro lugar se verían siempre como machistas radicales. El pequeño Abdullah, por ejemplo, que era un chico tímido, como dije y como ha dicho él mismo en alguna entrevista, no podía volver si le habían pegado sin haberse vengado del modo más bruto porque su madre no le dejaba entrar en casa y así, el apocado Abdullah, llegó a convertirse en el esbozo de matón que desarrollaría más tarde. Pero entre tanta oscuridad, gritos y mal rollo en el hogar, la luz de Havva, su hermana querida, brillaba sobre todas y el día en el que la pobre casadera abandonó el hogar Abdullah se sintió más solo que nunca.


Los kurdos son un pueblo tan anclado en sus tradiciones como cualquier otro de los que pueblan Oriente Medio. No es raro ver a niñas de quince años ya casadas por sus familias en matrimonios de conveniencia, matrimonios como los de toda la vida, a veces a cambio de dinero o incluso de ganado, matrimonios que pueden convertirse en una pesadilla para las pequeñas. Y, en este caso, para su hermano, el paradójico tímido matón, el pequeño Abdullah Ocalan. Un momento en el que debió desarrollar un espíritu vengador, y hasta vengativo, oprimido por la pobreza, por la prolífica prole, por su madre tiránica, por su padre enfermo y por la pobre Havva que debió de abandonar el hogar mirando atrás con el rostro empapado en lágrimas. Tal vez por eso la guerrilla que Ocalan levantó años después tuvo un marchamo muy particular: un marcado, pero a su manera, sentimiento feminista.


Por las calles de las ciudades, incluso de las más rurales y apartadas, Ocalan es un héroe y las mujeres lo aclaman, gritan su nombre, llevan su foto y el número de ellas me parece muy alto para lo que se estilan las cosas en esta región del mundo. Llevan las banderas kurdas que se asocian al PKK, rojo, amarillo, verde, llevan pañuelos con esos mismo colores, llevan la cabecera de las manifestaciones y llevan muchos años llevando todo esto. En el monte, en el interior de la guerrilla, tienen también gran parte del peso de esta lucha ultramontana, y hay un punto de diferencia con otras organizaciones de la zona, como las palestinas, las árabes que luchan en Siria, y qué decir de las de clara orientación wahabita, donde las mujeres no pueden ni asomar la nariz de sus rigurosos chadores. En el PKK la mujer está en una situación de mayor igualdad, producto no necesariamente de la pobre Havva y del trauma que dejó en el impactado Abdullah sino en la orientación ideológica de estos rebeldes, anclados en un marxismo libertario que ha originado una sociedad más abierta en temas de género. Todo esto sin olvidar las sangrientas represiones internas y externas que propulsó el 'feminista' Ocalan, unas purgas que, por aquello de la igualdad, no respetó a hombres por ser hombres pero tampoco a las mujeres por ser tales. Una lucha que, por cierto, tampoco ha cambiado muchas de las costumbres y que deja a los hombres poblando los cafés jugando al dominó mientras ellas cargan con el peso del hogar.


En los inicios del PKK las mujeres no abundaban en una región en la que, como Havva, estaban destinada a casarse pronto y aliviar la situación económica familiar quitando una boca, como decía, y atrayendo dinerito fresco. Pero a partir de finales de los años ochenta, cuando se infiltraron en las universidades y Ocalan pretendió conferir un espíritu más urbano y cosmopolita a su lucha, las mujeres comenzaron a aflorar. Al principio como meras administrativas (porque una guerrilla necesita de todo, no se vayan a creer). Pero luego, una vez que la guerra aumentó de intensidad y los hombres kurdos terminaban en la cárcel por decenas de miles, tuvieron que multiplicar sus tareas, tapar las bocas hambrientas, buscar dinero donde lo hubiera, comportarse como hombres y mujeres al tiempo. Alguna hubo que llegó incluso a altos cargos en los primeros partidos kurdos que alcanzaron el Parlamento, como la carismática Leyla Zana, que pasó a la historia por hablar en kurdo en el hemiciclo por primera vez en la historia de Turquía y que terminó, por ello mismo (porque estaba prohibido por una ley que decía que el kurdo no existía y los kurdos tampocos), perseguida judicialmente y amenazada de muerte.

universitarias kurdas en Mardin

Como explica Aliza Marcus en su excelente Blood and Believe, a principios de los noventa las mujeres son ya un tercio de la guerrilla y el mismo Abdullah Ocalan aseguraba que su movimiento tenía, entre otras prioridades, la liberación de las mujeres. Una especie de shock colectivo en aquella sociedad rural y primitiva en la que las niñas eran carne de negocio, las mujeres en general carne de esclavitud y la sociedad todo un monumento al Patriarcado más rancio y casposo. Las mujeres vieron en la lucha de Ocalan su propia lucha y estuvieron, al parecer, dispuestas a olvidar incluso las barbaridades que el loco Abdullah hacía en sus propias filas. Las mujeres entrenan en el valle de la Bekaa, en el Líbano, entran en combate en la región turca de Sirnak, permanecen parapetadas en el norte de Iraq, o en las regiones kurdas de Siria, son parte integral ya del movimiento. Para muchas, la durísima vida en el monte es preferible a la vida esclava del hogar y las familias, a pesar de que muchas veces se resisten, no pueden evitar que se echen al monte porque, al fin y al cabo, se suponen que lo hacen por la patria kurda y que negarse a este acto de sacrificio es negarse a ser kurdo y eso está muy mal visto entre los vecinos. Y las jovencitas, aliviadas por lo que consideran un modo de escapara del destino de la pobre Havva, se echan al monte como escapatoria del pasado y como modo de reivindicar su papel en la utópica Kurdistán.

huelguistas en la ciudad de Gaziantep

Pero, paradojas de la vida, no dejamos de estar en oriente medio, no dejamos de estar en una sociedad con ramificaciones de lo más tribal y, aunque comunistas, musulmanes de obra y acción. El temor principal de los hogares es que las niñas, pues muchas no son aún ni mujeres, pierdan la virginidad, el honor más grande para las familias. Así que el PKK se adapta: mujeres sí, emancipación también, pero esto no es las FARC de Colombia, que en ocasiones parece un campamento de adolescentes hasta las cejas de éxtasis, sino una guerrilla recatada, pacata y muy de su región: Oriente Medio. El amor estaba prohibido y las relaciones sexuales se llegaban a pagar con la ejecución del gallito robacorazones. Claro que era difícil prohibir una cosa como el amor, tan etérea ella, y mucho más fácil de castigar un pollito, cogido in fraganti, una deshonra para la familia de la jovencita y un descrédito para la guerrilla, de la que podían pensar que era un despiporre y que tú, querida hija mía, al monte no te vas con esa pandilla de sátiros. La situación, decían, era de guerra, no de fiesta, aquí se viene a luchar y el sexo, el amor y todas esas paparruchadas están fuera de la lucha por la patria. Valor tenían de decirlo bajo un icono revolucionario tan del gusto de los kurdos como el del Che, que está por todas partes, un tipo que precisamente no tenía precisamente fama de cortarse un pelo con las rebeldes.


El mismo Ocalan fue muy criticado cuando se casó con su compañera de partido, Yesire Keldirim, una pija, a decir de todos, que no veía el mundo en la línea revolucionaria de su marido sino que quería su casa como Dios manda y que discutía con el germen del futuro Amado Líder delante de todos, para su oprobio y de los demás. Abdullah, atrapado entre el recuerdo de su enérgica madre, su no menos enérgica esposa, el recuerdo de su pobre hermana y la ideología izquierdista que predicaba la igualdad más allá de razas y géneros, no tenía otra vía que desarrollar un feminismo... a su manera, de Oriente Medio, y aunque terminó divorciándose y mandando a su otrora esposa a Grecia para efectuar labores internacionales (sobre todo para que no la ejecutaran en una de las purgas que no dejaba títere con cabeza), Ocalan la recordaba agradecido en las entrevistas, la mujer que le enseñó a intentar comprender a las mujeres (que ya es mucho para un kurdo ultramontano). Por eso, cuando la manifestación me lleva en volandas en un pueblo tan remoto como Cizre, a pies del Tigris y pegado a las fronteras siria e iraquí, parece que sólo veo mujeres, mujeres coloridas, mujeres que llevan banderas rojoverdeyamarillas, mujeres que gritan Ocalan a todo pulmón mientras esquivan las bombas lacrimógenas de la policía, mujeres con velo pero también muchas mujeres sin velo, mujeres que ululan y chasquean sus lenguas y hacen el signo de la victoria a dos manos, en la calle, desde las azoteas, las niñas más niñas y las abuelas más abuelas. Porque el movimiento kurdo es un movimiento con mucho de femenino, un movimiento feminista a su manera, una guerrilla de género donde, paradojas de la vida, el amor está prohibido por decreto.


©José Luis Sánchez Hachero
sanchezhachero@hotmail.com


jueves, 15 de noviembre de 2012

Viaje a Siria: atrapado en la frontera mientras el ejercito libre de Siria toma Ras El Ain (1)




Assal y el Gran Oso posan ante la camara en la recien conquistada ciudad de Ras El Ain

La ciudad turca de Ceylanpınar es una de las puertas que comunica Siria con Turquia, una ciudad polvorienta y alejada de cualquier cosa, perdida en los mapas y perteneciente a la provincia de Salıurfa. Me monte en un autobus un poco alocadamente y me presente temprano en el pueblo. Pretendia conocer la frontera por la que se escapan misiles sirios y balas perdidas que han puesto en alerta incluso a la OTAN despues de que miles de civiles sirios hayan huido por los agujeros que practicaban en la larguisima alambrada que separa los dos paises (y las dos ciudades, pues Ceylanpınar continua en Ras El Ainş la ultima ciudad siria). Fue llegar y besar el santo. Al primer vecino que veo pasar le pregunto como llegar a Siria y el tipo me agarra de la mano y me lleva por una calle estrecha y sombreada, atravesamos una via del ferrocarril un tanto herrumbrosa, pasamos por una valla de metal aplastada, un monticulo y una serie de alambradas de espinos en las que han practicado agujeros. Por fin llegamos a una casa y al darle la vuelta, oh sorpresa, estoy en Siria (!!). Los rebeldes del Ejercito de Liberacion estan por todas partes y  un chaval que chapurrea ingles se me presenta: hola, soy Assal y Ras El Ain es ya territorio libre. Pero solo por un rato, por lo que parece, un rato que los guerrilleros aprovechan para descansar en el puesto fronterizo que acaban de tomar. Y se han acomodado a sus anchas, y cuando digo a sus anchas es eso: a sus anchas. Un tipo giganton con cara de no haber dormido en muchos dias esta repantingado en un sillon de terciopelo que ha sacado del puesto, en el suelo crujen cristales rotos y basura, mucha basura por los suelos. En la barrera levadiza que debia dejar pasar, o no, a los vehiculos cuelgan los fusiles de los guerrilleros, algunos tienen una pinta casi que artesanal, los guerrilleros parecen exhaustos tras una batalla muy larga que ha tenido repercusion en todo el mundo despues de que algunos proyectiles se desviaran y entraran en Turquia, provocando panico y destrozos materiales a partes iguales. Pero ademas de exhaustos, los guerrilleros estan felices, Al Assad ya no esta aqui, comentan entre ellos mientras algunos refugiados que esperaban un cambio desde la parte turca vuelven con sus trastos para sus hogares.


Assal me muestra su metralleta: esta abollada, el mango con la madera raida y casi que arrancada, llena de muescas y raspaduras, parece a punto de la desintegracion. Cree usted que podemos luchar con esto?, me pregunta y pienso que seguro que es un farol porque con eso solo no se derrota al ejercito de Al Assad, que pasaba por ser uno de los mejores de la region. En cuanto la OTAN nos traiga la ayuda tendremos armamento nuevo y lucharemos mejor, dice un tanto candido y yo no salgo de mi asombro porque parece que todo el mundo en esta region espera que la OTAN venga como el Septimo de Caballeria, repartiendo armas nuevas y relucientes para que la gente luche mejor. Los turcos tambien la han pedido y Assal, pegado a su grandisimo amigo, lo dan como cuestion de tiempo. Su gran amigo tiene unos desconcertantes ojos azules y una barba a lo Abraham Lincoln, es muy grande y decido bautizarlo porque no me entero del nombre: sera el Gran Oso. Y el Gran Oso me mira condescendiente, sonrie, parece que le caigo bien pero al tiempo parece pensar que con un solo dedo podria hundirme el craneo. Y no lo dudo, podria. Es de Alepo, me traduce su amigo, y entonces le cambia la cara porque Alepo, lo que se dice Alepo, ha quedado hecha una pena, segun los reportes y las fotografias de los valientes que si se deciden a llegar tan lejos. El Gran Oso esta ahora triste y sus ojos azules parecen nublados y amenazarian lluvia en otro contexto pero no aqui, en un puesto fronterizo recien arrebatado a las huestes de Al Assad, y menos delante de un enano insignificante que le hace fotos como un minusculo Polifemo con su solo ojo. 

guerrillero del Ejercito Sirio Libre tras la toma de Ras el Ain




Los bombardeos de Ras el Ain han sido noticia planetaria y han obligado a amenazar a la OTAN con intervenir si los aviones y tanques sirios siguen amenazando a un pais de su organizacion. De hecho, tres aldeas trucas cercanas han sido desalojadas en parte y la loca huida del reportero de la television turca, rodeado de vecinos en estado de panico mientras caian proyectiles, han martilleado los noticieros del paiıs durante una semana. Este momento de paz debe ser, pues, efimero. Los guerrillero no las tienen todas consigo, posan coquetos ante la camara pero dicen que las tropas regulares pueden volver en cualquier momento y que por ahora sus camaradas los tienen entretenidos unos kilometros mas al este. Dos pick up han sido reconvertidos en fuego movil y las metralletas asoman imponentes en las cajas. Sentado en el suelo, un guerrillero llora mientas se mesa los cabellos, otros sonrien a mi paso, y todo esto mientras la larga avenida que conduce al centro de Ras El Ain se va poblando de civiles que regresan a ver que queda de sus hogares. Llevan trastos y criaturitas colgando de las espaldas, pero la situacion esta tan poco clara que se cruzan con otros que intentan escaparse a Turquia.


Dicen que las tropas regulares estan volviendo y hay cierto nerviosismo en el ambiente, aunque seguro que nada que ver con lo que han vivido estos sujetos. Estoy en mitad de un mar de rumores y contrarrumores y de pronto caigo que soy el unico extranjero: claro, me he colado sin decirle nada a nadie, supongo que tendre problemas si pretendo volver a Turquia aunque en ningun momento vi soldados turcos por el camino. El vecino que me trajo se perdio bajo una alameda tomando te con algunos ancianos cargados, ellos tambien, con sus metralletas. Assal me invita a seguirlo al centro de la ciudad pero tambien me aconseja que haga saber a los turcos que estoy aqui y me deja su telefono para que lo llame cuando solucione este absurdo problema legal. Asi que me encamino al agujero por el que entre y, oh sorpresa, ya no esta. Justo detras un soldado turco me hace aspavientos para que me vaya. Pero, a donde voy si yo no soy sirio? Se lo explico con una sonrisa al militar en mi macarronico ingles pero me mira sin comprender: vayase, parece decirme. İrme? a donde? Uhmm, estoy atrapado en Siria pero debe de haber una solucion. Tiene que ver que soy extranjero y que no tengo cara de refugiado: pero recuerdo con horror que me he dejado una larga barba y que al entrar por el agujero de la valla cai rodando y estoy lleno de polvo. Si que parezco un refugiado. Pero los refugiados no llevan camaras de foto, me digo, y se le muestro alegre con cara de dejame pasar. No, me indica, unase a la fila de refugiados que va por alla, y efectivamente, alla van, y me uno a ellos como uno mas, polvoriento y aplastado por el sol, hasta que encontramos otro agujero en la alambrada con un soldado que espera detras con cara hosca. Comienza el lento escrutinio de las pertenencias, no vaya a ser que se cuele algun guerrillero o algun pariente de Al Assad.

En el proximo capitulo seguire explicando como me vi de refugiado sirio atrapado en la frontera turca y por que no pongo mas fotos: un avance: los turcos me borraron gran parte del material...

© Jose Luis Sanchez Hachero



lunes, 12 de noviembre de 2012

Viaje a la frontera entre Turquía y Siria: kurdos, Nusaybin y Qamishle



En la frontera entre Turquía y Siria se aguanta la respiración. En Nusaybin, ciudad turca paralela a la de Qamishle, se respira tranquilidad, los comercios abiertos, los abuelos con sus clásicos turbantes manoseando sus rosarios sentados a las sombras de los frondosos árboles del parque, los conductores de autobús vociferando sus rutas con los vehículos en marcha. Pero la frontera está cerrada a cal y canto y la amplia carretera que lleva a Siria está desierta. Todo el límite de Nusaybin está vallado con alambre de espinos seguido por más alambre de espinos y, a su vez, flanqueado por torretas con soldados que dibujan sus siluetas en el contorno de la ciudad vecina, que a su vez es el país vecino. Un soldado me avisa, nada de fotos, un cartel me lo recuerda, nada de fotos, y la tranquilidad que se vive en este paso fronterizo invita, precisamente, a entretener los nervios con el extranjero que se empeñe en hacer una foto así que, entendido, nada de fotos. 

Bastantes problemas tiene Turquía en esta frontera como para añadirle una foto hecha a destiempo. Porque al otro lado, en Qamishle, predominan los kurdos, que están de uñas con el gobierno de Ankara a resultas de la represión de los que no dejan de ser sus primos cercanos, cuando no algo más. Las fronteras son porosas y varios boquetes abiertos en su perímetro invita a pensar que de cuando en cuando alguno se cuela. Como una muestra más para la inquietud, los kurdos de la ciudad vecina, esa Qamishle, marchaban ayer junto a miembros de la oposición a Al Assad por las calles sin ningún pudor porque desde la muerte del líder kurdo en Siria, Mechal Tammo, hace ahora un año, los kurdos han tomado partido definitivamente. Tammo recibió cuatro balazos que terminaron con su vida, la vida del fundador del Consejo Nacional Sirio, un partido opositor en la línea kurda, y el gobierno de Al Assad, al parecer, sabe mucho de este crimen porque se decía, incluso, que Tammo podría encabezar un supuesto proceso de transición. Pues bien, Tammo ya no está y los kurdos no pueden ver a Al Assad, así que, sobre todo después de la nueva demostración de repulsa al gobierno, es cuestión de tiempo que el ejército sirio ataque esta ciudad. Y los turcos miran en la distancia esperando balas que caigan y refugiados que corran campo a través para colarse por esos boquetes delos que hablaba antes. Pero el globo ha estallado, mientras esto ocurre, unos kilómetros más al oeste, en la ciudad de Ceylanpinar, la gemela de Ras el Ain, donde los rebeldes sirios luchan codo con codo contra los militares sirios. La tensión crece en la grandísima frontera turca, la televisión repite machaconamente el momento del incidente y la OTAN anuncia que si esto sigue así, intervendrá. Ya veremos....

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Viaje al Kurdistán: setecientas huelgas de hambre, el PKK y la independencia del Kurdistan


Mustafá sonríe plácido mientras me asegura que el País Vasco y Cataluña son sus ejemplos a seguir. 'Tienen periódicos en su lengua', dice, 'ven la televisión en su idioma, lo estudian en sus universidades y hasta pueden usarlos en los tribunales'. Mustafá es un seguidor del PKK, el ilegalizado partido kurdo de los trabajadores, que mira al infinito mientras fantasea con su Kurdistán libre al estilo de una Cataluña que considera poco menos que el paraíso terrenal. No es tan fácil, le digo, también allí hay aspiraciones, discrepancias, sueños que se antojan lejanos y otros ejemplos a seguir: Escocia, sin ir más lejos, o Québec, si es por irse más lejos aún. El paraíso siempre está en la otra esquina, pienso repantingado a las puertas del comercio de Mustafá junto a la mezquita principal de Diyarbakir, la capital kurda de la Anatolia turca, aunque Mustafá sigue fantanseando, a partes iguales, con el ejemplo catalán y con los goles de Messi.

Mientras, casi 700 presos kurdos secundan una huelga de hambre, algunos desde hace cincuenta y siete días, lo que deja a una cincuentena de ellos muy cerca ya de la muerte, y lo hacen por lo que consideran una represión intolarable de su cultura. Piden que el kurdo pueda usarse en las universidades, en los tribunales, que puedan tener periódicos y cadenas de televisión en su lengua, y están dispuestos a morir por ello. Tampoco serían los primeros porque en los últimos treinta años son ya más de cuarenta mil las víctimas mortales que ha dejado este conflicto olvidado e incomprendido en Europa. Me desplazo a Mardin, ciudad de postal con mayoría kurda pero con vecinos cristianos del rito sirio y árabes. Hace cincuenta y siete días un preso kurdo encerrado en la prisión de la ciudad, un tal Faysal Sariyildiz, del partido Paz y Democracia, comenzó la primera huelga de hambre: además de las reivindicaciones clásicas, pedía también que Abdullah Ocalan, el líder del PKK capturado hace años, tenga acceso a un abogado porque lleva ya más de 400 días aislado y sin posibilidad de vuelta atrás. De hecho, el presidente de Turquía, Recep Erdogan, curiosamente casado con una kurda, ha dejado caer la posibilidad de resucitar la pena de muerte para ejecutar al que considera un asesino. Claro que otros lo ven como guerrillero y luchador por la libertad,  por eso el ejemplo de Faysal en la cárcel de Mardin se extendió a 66 cárceles más, hasta alcanzar los casi 700 presos en huelga de hambre. Entre ellos la esposa de mi amigo Kamiran Yildirim, una parlamentaria que no come desde hace catorce días. Yildirim intenta olvidar la lucha durante la noche con unos tragos de rake, el aguardiente local que mezclan con zumo de zanahoria y de rabano (cosas veredes), pero por el día hace activismo y se presenta junto a los estudiantes de la universidad local para leer un manifiesto: más de lo mismo, es decir, nuestras aspiraciones a nuestra propia lengua, nuestra propia cultura y etcétera. Pero la protesta no deja de resultar curiosa: prohibidos como tienen los kurdos manifestarse, se limitan a mantener unos carteles en alto. En Diyarbakir se atrevieron a marchar, cosa que tienen prohibida, y los enfrentamientos con los antidisturbios fueron de impresión y dejaron decenas de heridos y detenidos.

El bueno de Kamiran a las puertas de la universidad de Mardin
La constitución turca prohibe las reclamaciones politicas que se vistan de religiosas y étnicas porque las considera amenazas evidentes hacia la patria turca, la aspiración del gran Atatürk cuya efigie sigue señoreando la Turquía rural ochenta años después de su muerte. El objetivo está claro: hay que modernizar el viejo país, y hay que hacerlo mirando a Europa, ese oscuro objeto de deseo, esa aspiración enfermiza que nos arranque definitivamente de la irracionalidad centroasiática. Y para eso hay que mantener a raya a la peor de las amenazas, la islamista. Pero también las veleidades étnicas que pueden romper lo que aún permanece de aquel extenso imperio otomano: en este caso, la Turquía rural, la olvidada durante decadas, la del sureste de la Anatolia. Por eso durante un siglo se ha denominado a los kurdos 'turcos de las montañas', por eso se les ha prohibido partidos que incidieran en lo étnico y que enarbolaran aspiraciones sospechosas de independentismo. Y por eso, también, surgió el PKK como aspiración de los que no querían esperar indefinidamente algo tan sencillo como la integración y el respeto de raza. Sin embargo, el PKK nace con la mirada puesta en las revoluciones latinoamericanas, en las tropelías maoístas y en el socialismo como modelo de gobierno. O lo que es lo mismo: gasolina roja para el fuego conservador de los turcos de occidente, facilmente asustadizos ante cualquier remedo sovietıco. Durante décadas el PKK se ha mirado en la ETA, en el IRA y hasta en las FARC para sacudirse el yugo turco y el resultado de este encono son los más de cuarenta mil muertos del conflicto.

Eso si, la huelga de hambre ha devuelto al PKK un protagonismo que había perdido en los últimos años, casi desde que su lıder, el ya mencionado Abdullah Ocalan, fuera detenido en 1999 en Nairobi despues de largo tiempo escondido en Siria. Tras su captura fue encerrado en una prision para el solo en el Marmara pero el tipo insiste en su concepcion de la lucha armada y ahora lleva mas de cuatrocientos dias aislado (que aprovechara para seguir escribiendo libros, como solia). Los diez mil presos kurdos del país incluso secundaron una simbólica huelga de hambre de dos días para recordar la situacion del que sigue siendo su presidente y algo se mueve en Ankara porque ya incluso considera reconocer el kurdo en los tribunales. Y piuede ser peor si alguno muere en los próximos días, cosa bastante fácil después de casi sesenta días sin comer. Kamiran está orgulloso de su mujer y su amplia sonrisa lo corrobora.

Aslan es ecamarero en el rehabilitado caravansar de Diyarbakir, convertido ahora en una sucesión de garitos con cachimbas. Levanta entusiasmado sus dos pulgares, y más si tuviera, cuando le pregunto por el PKK. 'De diez familias de esta region, ocho son del PKK', me asegura Mustafá, el del comercio en la mezquita. Pero el PKK no existe, está prohibido, borrado, su solo nombre se pronuncia bajito. Hasta que los simpatizantes convocan protestas porque los activistas pueden morir en prisión. Entonces se agitan nerviosos, corean consignas, colapsan la calle y organizan huelgas que paralizan pueblos enteros, y los antidisturbios, que tienen sus órdenes, los dispersan con cañones de agua, con gas pimienta, con porras y porrazos. Isfan es ingeniera y también kurda y asegura que en todos estos años ha perdido a treinta primos en los enfrentamientos y que a pesar de su iphone y su ipad y su altisimo sueldo su espiritu esta con la lucha porque ahora no se trata de socialismo o de marxismo ni leninismo: se trata de raza y los kurdos se sienten ultrajados historicamente. Treinta primos son muchos primos, incluso para las extensísimas familias de aquí, me digo, y supongo que algo queda. Anque los golpes viene por los dos lados. La televisión turca ha repetido mucho estos días la imagen de un cockatil molotov impactando de lleno en un policía y el PKK, como respondiendo a la evocación, vuela una comisaría y deja un soldado muerto y luego pone un coche bomba cerca de la frontera con Irán y arranca el suspiro a un niño de diez años junto a un reguero de heridos. Vuelan entonces los cazas turcos, en dirección a Iraq, donde se suponen muchas de las bases del PKK, protegidos por sus hermanos de raza de la Unión Patriótica del Kurdistán, que campea por la región de Mosul como previo a lo que algún día será, dicen, su Cataluña, su Escocia o su Québec.

El caravansar de Diyarbakir ofrece una curiosa imagen más allá de lo pintoresco que resulta todo. Alfombras con los rostros de conocidos héroes kurdos se mezclan indectiblemente siempre con la del Che Guevara, un icono rebelde que he visto en todas las aspiraciones guerrilleras de medio mundo y que alcanzó su máximo paroxismo en Timor Oriental, cuando un guerrillero del Falentil me presentó a su hijo con emocionado orgullo: 'lleva el nombre de dos grandes luchadores por la libertad, Bill clinton Che Guevara', me dijo el individuo. Los kurdos no han llegado a tanto pero se han quedado muy cerca, mira esta noticia. Mientras, Víctor Jara surca los aires del caravansar con su pueblo unido jamás será vencido y sus notas chocan con las alfombras kurdas que acolchan las paredes...


Los muchachos de la universidad se dispersan tras su protesta pacífica. No eran ni treinta pero los antidisturbios eran más de cincuenta. La lucha desigual sigue, bombas clandestinas contra cazabombarderos, huelgas de hambre contra prohibiciones constitucionales. Ankara mueve ficha y deja caer, como decía, que permitirá el uso del kurdo en los tribunales, una puerta inaudita hasta ahora que parece empezar a abrirse para que, ya que Messi no jugará en el Galatasaray, sí les acerque al menos un poco más a Cataluña. Aunque entonces una de las estudiantes me mira sin comprender: 'si tienen todo eso, ¿por qué se quejan?' Porque las aspiraciones no se esfuman cuando se consiguen, supongo yo, evolucionan y quieren crecer y tal vez llegará el día en que los kurdos no se miren en el espejo catalán y les toque entonces el escocés.
Kurdos

©Jose Luis Sanchez Hachero
sanchezhachero@hotmail.com














 

lunes, 5 de noviembre de 2012

Viaje a Turquía: tres guerras, dos externas y una interna, y cien mil refugiados sirios

Frontera de Turquia con Siria en el paso de Kilis

El trueno de un caza rompe el cielo de Diyarbakir, la ciudad más grande de la Anatolia. Me pregunto a dónde irá. Tal vez a la cercana frontera con Irak, un país de opereta dominado en sus regiones del norte por los kurdos, a los que el gobierno de Ankara acusa de albergar bases clandestinas del PKK, considerados por Turquía, y por la comunidad europea, terroristas. En los últimos días aviones turcos han bombardeado varias de estas bases situadas en territorio iraquí, enclaves de sus hermanos de raza de la Union Patriotica del Kurdistan en la provincia de Erbani, en lo que es una muestra evidente de que las fronteras en esta parte del mundo no tienen mucha credibilidad. Pero esperen, puede que el caza vaya a algún punto de la extensa provincia turca de Diyarbakir, donde me encuentro y donde actúan esos miembros del PKK, o esos terroristas que ya no son iraquíes sino turcos, aunque no menos kurdos. De hecho hace unos días reventaron una comisaría cerca de la capital, de Diyarbakir, dejando un soldado muerto y seis más heridos, y luego les dio por poner un coche bomba en una localidad cercana ya a Irán, donde murió un niño y hubo otros dieciocho heridos, una cadena de atentados que fue respondida por el ejercito turco con un incremento evidente de controles y presencia. O tal vez me equivoque en ambos casos y el caza que rompe el cielo de Diyarbakir se dirija a otra frontera, la de Akçacale, que comunica con Siria, donde las bombas del régimen de Al Assad caen puntuales día sí y día también, desviadas, se excusan los baazistas, 'sin querer' en su loca carrera por derrotar a los rebeldes sirios que se parapetan en la última ciudad antes de la barrera, un 'sin querer' que ha dejado ya cinco muertos turcos y la tensión al rojo vivo entre los dos países.


Con tantos objetivos potenciales imagino al caza soltando bombas aquí y allá, casi que al tun tun porque caiga donde caiga, acertará a algún enemigo de Ankara. Porque Turquía tiene un problema, y Recep Erdogan, su presidente, lo sabe, cómo no saberlo, un problema de una magnitud aún por calibrar en la Anatolia. Kurdos, turcos, kurdos iraquíes y rebeldes sirios, todos parecen en empeñarse en destruir el sueño turco de Mustafa Kemal, el legendario Atatürk que latinizó su desfasado alfabeto árabe y giró el rostro del agónico imperio otomano hacia occidente a principios dels giglo XX. En este sentido, Erdogan viene de visitar a Angela Merkel en Berlín, la gran lideresa que recibe en un palacio neoimperial a los monarcas extranjeros y a los que aspiran a formar parte, más o menos colonizados, de su gran corral europeo donde ella es, paradojas del destino, el gallo mayor. En este caso Erdogan ha insistido en su europeidad al estilo Ataturk mientras que, por lo bajini, pide ayuda desesperada porque en sus fronteras ya se acumulan 110.000 refugiados sirios, y aunque ACNUR le agradezca que mantenga las fronteras abiertas para que los civiles puedan seguir huyendo, la situación se adivina apocalíptica si no hay un cambio pronto. 




Unas cifras que sólo pueden crecer y que la propia ACNUR considera que se duplicaran en los próximos meses. En la ciudad de Kilkis se levanta el primer campo de refugiados de casas prefabricadas, con su mezquita y su hospital y también con sus quince mil sirios, pero cerca está el de Islahiye, con tiendas de lona y famoso desde que Angelina Jolie lo visitara con un hiyab, y más allá está el de Osmaniye, y el de Nizip... Miles de historias que esperan bajo el sol la solución a un drama que, conforme pasa el tiempo, tiene menos fácil la solución. Desde la región de Hatay, la antigua Antioquía de los griegos y bañada por el Mediterráneo, hasta la de Diyarbakir, capital espiritual de los kurdos, los campos de refugiados jalonan la frontera con Siria. Por la primera región, la de Antioquía, salen refugiados y entran rebeldes barbudos provenientes sabe Dios de dónde, y los sirios, que son malos pero no tontos, les devuelven misiles mezclados con más refugiados, y claro, así no hay manera porque desde territorio turco les devuelven los bombazos más algunos barbudos y voluntarios internacionales que se les cuelan como el que no quiere la cosa: incluso llegan sirios desde Madrid con la sana intencion de construir un hospital. Es de suponer que a los turcos cada vez les quedan menos misiles porque el presidente, recuerden: Recep Erdogan, ha sugerido a la OTAN que le haga llegar unos misiles Patriots por si las cosas terminan de salirse definitivamente de madre.

Entrada al campo de refugiados de Kilis


Y así estamos, los refugiados sirios no dejan de venir, los activistas kurdos (o terroristas, elija usted) no dejan de protestar y ahora mismo más de seiscientos presos guardan una huelga de hambre que supera ya los cincuenta días pidiendo el uso de su lengua en colegios y tribunales, periódicos y televisiones, presos que, en ciertos casos, terminarán por morir porque ni agua timan, y las protestas callejeras terminan a gorrazos, piedras del lado kurdo, gas pimienta del de los antidisturbios.


Según la oficina que mantiene ACNUR, la cifra exacta de refugiados sirios en Turquía es de 107.769, una cifra que cuando termine de leerla se habrá quedado obsoleta y que engolba, sobre todo, a sirios ponretones y sin nada en su haber porque los ricos, me asegura un muchacho en Kilkis, se van a hoteles, donde estàn más cómodos y repantignados. En mi hotel me lo confirman: mis vecinos son sirios y acaban de llegar. Mientras, dos cazas más surcan el cielo de Diyarbakir desde una base cercana, y yo me pregunto, ¿Irak, Siria o Kurdistan?






©Jose Luıs Sanchez Hachero
sanchezhachero@hotmail.com









domingo, 4 de noviembre de 2012

Viaje a la Anatolia: la primera misa armenia en noventa y siete años

Durante los ultimos noventa y siete años la campana de la iglesia de Surp Diyarbakir Gragos no ha sonado ni una vez. Hasta el 4 de noviembre de 2012, cuando un emocionado religioso tiro con fuerza de su cuerda para que su repicar inundara el casco antiguo de Diayarbakir. Frente al religioso, ancianos procedentes de media Europa, algunos de Rusia, una señora decia venir de Suecia, muchos de Estambul y, por supuesto, las cinco familias abiertamente declaradas armenias de la ciudad. Y prensa, incluso internacional que no era yo, que mas bien pasaba por alli. A las puertas del templo restaurado policias de paisano delatados por escandalosos pinganillos y estridentes walki talkies, familias kurdas que no querian perderse el acontecimiento, cristianos de la cercana iglesia caldea de rito sirio. En el patio de la iglesia, ambiente de la boda del Padrino, niños emperifollados corriendo mientras los ancianos hablan de sus cosas sentados en sillas de plastico blancas a la sombra de un frondoso limonero. Pero, con ser pintoresca la imagen, lo mejor esta dentro, en el templo, donde un atribulado grupo de ancianas contiene las lagrimas a duras penas. Y yo con ellas. La misa es como todas las misas armenias, ya saben: los religiosos congregados ante el altar, ahora suben unas escaleras, ahora echan una cortina, la vuelven a abrir, vuelta a bajar las escaleras y nuevamente congregados ante al altar ante el fervor de los feligreses.


Lo relevante es que la ultima vez que se pudo ver este enrevesado rito fue noventa y siete años atras porque, desde entonces, la iglesia de Surp Diyarbakir Gragos ha estado prohibida, tras la pertinente destruccion de edificio y comunidad. Y eso que tiene años para contar calamidades: construida en 1376 estuvo en uso hasta 1915, cuando los tres Pasha que dominaban los ultimos tıempos del agonico imperio otomano sentenciaron al pueblo armenio a la extincion. Hasta millon y medio murio a manos de los turcos, y de los kurdos que ahora vienen curiosos, y hasta de los circasianos que venian, a su vez, de ser exterminados por los rusos, millon y medio de muertos y varios mas que optaron por el exilio para salvar el pellejo. De aquellos terribles acontecimientos que puedes ver aqui y que estan recogidos en el museo del genocidio de Erevan, la capital de Armenia, se acuerdan a diario los mas ancianos, condenados a vagar en sus infancias por medio mundo hasta encontrar consuelo en alguna tierra hospitalaria, y desde aquel entonces la iglesia de Surp Gragos ha sido cuartel general en la segunda guerra mundial y almacen de algodon en la posguerra hasta que quedo en su estructura, abandonado y pasto de las cabras, que aqui son legion. Los armeniıos estaban prohibidos y destinados al olvido por aquellas molestas rebeliones de principios de siglo cuando, al estilo de la lucha kurda de hoy, pensaron que podian pescar de las aguas revueltas del fin de un imperio, el otomano.

Ası era la iglesia hace no tanto tiempo
Y ası es ahora que esta restaurada

 Tanta ha sido la ilusion en volver a verla entera que la campana, dicen aqui, viene de Rusia y que la rehabilitacion ha costado dos millones de liras, supongo que turcas, lo que haria un millon de euros mas o menos. Chinos es uno de esos armenios locales, de Diyambakir, un guaperas de ojos verdes y melena rizada con pinta de no haber roto un plato en su vida que despliega su sonrisa con alegria hasta que le pregunto por sus sentimientos: no tengo palabras para describirlo, me dice, han sido tantos años con la identidad borrada que el mismo, que no se considera ya ni cristiano ni musulman, comun denominador de los jovenes modernos, no puede evitar emocionarse. Debe de ser una de las cinco familias que mantienen los ritos en la ciudad, segun Pilit, una rubia de ojos azules que vive apasionada el regreso de los cultos armenios a su ciudad. Porque, hay que decirlo, se trata de la primera vez en noventa y siete años que el gobierno turco permite la rehabilitacion de un templo armenio para su su uso religioso y no como simple museo, como hasta ahora. 
el campanero vive emocionado el momento rodeado de prensa
y el vecindario kurdo se asoma a ver el novedoso sonido
y alguno se atreve a entrar a ver el espectaculo cristiano armenıo...

Porque hace dos años, insisto, esto era un solar frecuentado por cabras y por los miles de niños de la calle que pululan por la ciudad con el armazon de la estructura como unico recuerdo de que aqui hubo una vez un templo y una prospera comunidad armenia que desaparecio masacrada. Aunque no del todo, dice Chinos, extraño nombre este, porque muchos se convirtieron al islam y hoy profesan otra religion. Eso si, no es el caso de su familia, ni el de la rubia Pilit, que han aguantado un temporal de noventa y siete años que ha escampado el cuatro de noviembre de 2012 al tiempo que parece abrirse una nueva relacion de Turquia con Armenia, su gran lunar negro. 


 Los turcos siguen negando el genocidio, algo que ya es delito en Francia, por ejemplo, a la altura del nazi, aunque sera por la cantidad de armenios que encontro refugio entre galos y del que Charles Aznavour es el emblema mas recordado. En su defensa, de los turcos, hay que decir que tambien sufrieron sus masacres y que incluso desde lo mas alto del poder se hizo algun intento por detener las matanzas, aunque lo unico cierto es que los muertos armenios son legion y los exiliado superan con creces a los habitantes del pais que consiguieron tener tras el fin de la Union Sovietica. Hace tres años se celebro ademas el primer partido de futbol entre las selecciones turca y armenia, con sonora victoria turca por cierto, y ahora el gobierno de Ankara abre aun mas la mano con este gesto en la muchas veces milenaria Diyarbakir. Algo es algo, dicen los armenios entre lagrimas. Pero el dedo que intenta tapar el agujero armenio, que nos ha dejado joyas del exilio como Cher, Andre Agassi o Alain Prost, no alcanza a tapar lo que podemos considerar la desintegracion ralentizada del imperio otomano, fijense ustedes, casi un siglo despues de la batalla de Galipolis, porque en esta misma ciudad de Diyarbakir reside el corazon del pueblo kurdo, irredento e irreductible, que sale cada dia a la calle a tirar piedras a la policia y poner bombas a los militares aspirando, dicen, a su propia patria: ellos, que eran de entre los turcos los mas leales y que en Estambul denominan con cierta superioridad y desprecio turcos de las montañas. 



Dos paradojas, pues, unidas en la misma ciudad, la de los armenios que quisieron ser patria y murieron en el intento y el de los kurdos, quien sabe si ultimo acto del drama de la desintegracion ralentizada, como decia, del antiguo imperio otomano. Despues de perder el dominio sobre bulgaros y serbios, griegos y albaneses, iraquies y palestinos y hasta egipcios y magrebies y caucasicos, tal vez se aferren a los kurdos como ultima posesion, como le sucedio a España con Cuba tras una debacle que duro tambıen varios siglos. De momento, con la iglesia de Surp Gorgos, Turquia pone fin a una injusticia de noventa y siete años. Sera porque no hay mal que cien años dure. Aunque ha estado cerca...



 ©Jose Luis Sanchez Hachero
sanchezhachero@hotmail.com


















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