Mostrando entradas con la etiqueta Argentina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Argentina. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de octubre de 2013

Viaje al corralito argentino: el país de las mil y una monedas

bonos argentinos corralito





El 15 de junio de 1985 el presidente argentino Raúl Alfonsín resopló agobiado y estampó su firma en el Decreto 1096, una norma que condenaba a muerte al Peso Argentino, el de toda la vida, el de más o menos siempre, víctima de una hiperinflación brutal, para sustituirlo por una nueva moneda, el Austral, acompañada de toda una batería de medidas económicas. La nueva moneda, recordemos: el Austral, sin embargo, no llegó a controlar la inflación y se depreció respecto del dólar nada menos que un 5.000% (cinco mil por ciento).
corralito argentina3
bonos argentinos corralito
La situación resultaba tan dramática como llamativa y obligó al nuevo gobierno, el del ‘Turco’ Carlos Menem, a ejecutar mortalmente a la nueva moneda, recordemos: el Austral, para sustituirla, a su vez, por un peso redivivo, aunque portador de un apellido distinto: el Peso Convertible, llamado así por la ley de convertibilidad de 27 de marzo de 1991. Una ley que estuvo vigente durante 11 años, hasta 2002, y que estableció que a partir del 1 de abril de 1991 la moneda nacional y el dólar estadounidense tendrían una relación cambiaria fija, a razón de un dólar por diez mil Australes, recordemos: la moneda de Alfonsín que ya apenas valía nada y que fue reemplazada por una unidad mayor, el Peso Convertible, que tenía el mismo valor que un dólar. Así, a lo Juan Tamariz, el antiguo Peso Argentino, que caía en picado tras una dictadura atroz y un crack económico, pasó a valer lo mismo que el dólar norteamericano y los argentinos que cobraban tres mil pesos nacionales se vieron con sueldos de tres mil dólares norteamericanos.
corralito argentina2
Con una economía inflada artificialmente, los argentinos se sintieron los reyes del mambo. Había quien viajaba a Nueva York de fin de semana, para comprar en la quinta avenida porque, ‘¡qué barato nos parecía todo!’. Había quien despreció los productos argentinos porque, ‘¡qué calidad la de los autos alemanes!’. Hubo quien sólo bebía vino francés y el que se dedicó a viajar por todo el planeta. En la intimidad, todos pensaban lo mismo: ‘che, esto no puede durar’. En los corrillos se sucedían las caras raras, los misterios de la economía global, lo estupendo del gobierno de Menem. Si alguien dudaba, el tiempo corría en su contra: ‘che, llevamos así años, no seás agorero’, y los años pasaban, al principio con temor, más tarde con extrañeza, después de un lustro parecía claro que Argentina tenía su lugar en el mundo, cuando se alcanzó la década la euforia eclipsaba a los prudentes.
trueque Argentina corralito
el paroxismo de los mercadillos del trueque: una niña ofrece sus peluches
Once años después, Argentina quebró y el gobierno lanzó un aviso: el dinero vuela de los depósitos, las deudas públicas son impagables, la situación se nos ha ido de madre. No se nos enfaden mucho porque no les dejaremos sacar su dinero de los bancos. Lo que comenzó siendo un corralito, por aquello de tener encerrado el dinero, se transformó en corralón, porque gracias a la ley de emergencia pública y reforma del régimen cambiario y al decreto 71/2002 el Peso Convertible mudó su convertibilidad: donde antes era de uno a uno ahora sería de uno a uno con cuarenta. El cambio fijo no convenció a nadie y el Peso Convertible comenzó su descenso a los infiernos. Poco después, los argentinos descubrieron que donde guardaron un Peso Convertible tenían entonces sólo veinticinco centavos de dólar, y donde había cuarenta mil dólares sólo quedaban diez mil Pesos Convertibles.

corralito argentina1
..los billetes se llevaban clasificados según el tipo de bono…
argentina corralito
billete de una red de trueque
Y en ese disparate de Pesos Argentinos, Australes y Pesos Convertibles, la gente se dio cuenta de que el poco dinero que les había quedado estaba atrapado en los bancos pero los estómagos gruñían del mismo modo que si tuvieran la mesa puesta con chinchulines y bifes de chorizo. Los gobiernos, a su vez, no tenían dinero con el que pagar sus sueldos y entonces confundieron aún más a sus vecinos con la emisión de bonos de emergencia, emitidos por decreto y que expiraban en unos meses. El principal de todos ellos resultó ser el Lecop, por aquello de que los emitía el estado y se suponía respaldado por un gobierno (en ruina absoluta, pero gobierno al fin y al cabo), un gobierno efímero, el del presidente Fernando de la Rúa, pero presidente al fin y al cabo. Al Lecop le siguió otro bono, esta vez provincial, el de la provincia de Buenos Aires, llamado Patacón, en honor a los indígenas que habitaban la Argentina antes de la llegada de los españoles. El Patacón alcanzó gran popularidad, incluso entre los bonaerenses, porque el mercado se inundó con ellos y hasta se podían pagar impuestos, comprar en las tiendas y cobrar el sueldo.

corralito argentina
Pagando con billetes de trueque en un mercadillo de trueques
argentina corralito
Patacones
argentina corralito
billetes de una red de trueque en Buenos Aires
Abierta la caja de Pandora, pareciera que cada gobernador provincial se hubiese comprado una impresora casera y los bonos de emergencia ocuparon buena parte del país:
El Lecor: bonos de emergencia de la provincia de Córdoba
El Federal: bonos de emergencia de la provincia de Entre Ríos
El Cecacor: bonos de emergencia de la provincia de Corrientes
El Bocade: bonos de emergencia de la provincia de Tucumán
El Quebracho: bonos de emergencia de la provincia del Chaco
El Boncafor: bonos de emergencia de la provincia de Formosa
El Petrom: bonos de emergencia de la provincia de Mendoza
El Bono Público: bonos de emergencia de la provincia de Catamarca
El Bocade Serie A: bonos de emergencia de la provincia de La Rioja
El Huarpes: bonos de emergencia de la provincia de San Juan
El Patacón I: bonos de emergencia de la provincia de Jujuy
argentina a
¿Es posible un mayor disparate? ¡¡Sí, lo es, es posible!! Los ciudadanos con menos recursos veían pasar los billetes sin posibilidad de que alguno se les colara en los bolsillos y tuvieron entonces la brillante idea de agruparse en Trueques. Al principio intercambiaban mercancías para subsistir: yo te doy una tarta de manzanas y tú me arreglas la ventana, yo te cedo mi osito de peluche pero vos me arreglás la ventana del dormitorio, yo le escribo cartas, señora, pero láveme la ropa… Pero los ciudadanos sin recursos crecían y acudían cada vez más a estos mercadillos improvisados, mercadillos de trueque que se complicaban conforme el público se multiplicaba. Así que alguno hubo que pensó con gesto oficial: ¡¡hagamos una moneda para nuestro trueque!! ¡¡Y así fue!! El Trueque de la Zona Oeste disponía de billetes propios, pero también lo tenía la Red del Trueque Solidario y la Red Global del Trueque zona Sur, una señora me comentaba ufana que ‘los argentinos somos así, tenemos monedas de todo tipo que no sirven para comprar nada’. Frente al congreso se levantaba un mercadillo de trueque patrocinado por las Madres de la Plaza de Mayo, bajo un puente se movían sombras entre tinieblas que presagiaban un mercadillo de bajos fondos, en un antiguo caserón de San Telmo una niña balanceaba sus pies en una silla mientras su colección de ositos descansaba triste sobre una mesa, en un centro comercial que respiraba lujo burgués de los tiempos de Gardel señoras de abrigos de piel miraban muy serios por encima de sus anteojos. Bonos convertibles, billetes de trueque, billetes de monopoly, de juguete, algunos al borde de la desintegración, billetes que no eran más que una triste representación de la economía del país.
argentina2 2sss21_40_28
argentina corralito billetes
Muestrario de billetes argentinos durante el corralito

miércoles, 8 de agosto de 2012

Desaparecidos andaluces durante la dictadura de Argentina



El 24 de marzo de 1976 los generales Jorge Rafael Videla, del ejército de tierra, Emilio Eduardo Massera, de la Armada, y Ramón Orlando Agosti, del aire, derrocaron al gobierno de María Estela Martínez de Perón, elevada a la categoría de presidenta desde la videpresidencia, dos años atrás, cuando murió su marido, que era Juan Domingo Perón, el presidente. Los militares pretendían poner fin a las luchas violentas entre grupos de extrema derecha y de extrema izquierda, que se repetían con gran violencia por todo el país y creaban una gran alarma en la sociedad. El ejército utilizó estos enfrentamientos como excusa para imponer el conocido como Proceso de Reorganización Nacional, eufemismo que escondía una brutal política de represión que impulsó el secuestro, la tortura, la desaparición y el asesinato por motivos políticos como modo de devolver la paz a esa sociedad que veían tan alarmada. Avalados por el gobierno de Washington, con Henry Kissinger al frente, los militares argentinos hicieron desaparecer un número que oscila entre los nueve mil que reconocen hasta los treinta mil que denuncian las Madres de la Plaza de Mayo. Entre ellos se contaban al menos cincuenta y siete españoles, cinco de ellos andaluces. El proyecto desaparecidos pretende que su memoria no desaparezca.

Por su parte, el comisionado de la memoria historia de la Junta de Andalucía eleva el número de andaluces desaparecidos a 60: el proyecto se llama Todos los nombres. Sean los que sean, al menos que sus nombres consten en alguna parte para que sus memorias pervivan.

Luis Miguel Día Salazar. Natural de Ayamonte, Huelva, donde nació en 1954. Fue secuestrado el 27 de julio de 1978 junto a su esposa, de nacionalidad uruguaya, embarazada de seis meses, en su casa de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires el 27 de Julio de 1.978, por unidades de policía no militar de esa ciudad. Se cree que estuvieron presos en la cárcel de La Matanza. Luis Miguel tenía 24 años. Su hijo, de haber nacido, tendrá actualmente 31 años.

Ricardo Domínguez de Castro. Nacido en Algeciras el 25 de enero de 1941. Desapareció el 21 de julio de 1976. Periodista. Al encontrarse perseguido desde antes del golpe de estado vivía en la clandestinidad. Por ello se desconocen circunstancias exactas de su desaparición. Tenía 35 años.

María Gloria Alonso Cifuentes. Natural de Málaga. Fue secuestrada el 29 de junio de 1977, cuando salía del almacén en el que trabajaba en Mar del Plata, provincia de Buenos Aires. Tenía 51 años.

Francisco Sánchez Quejedo. Nació en Almería el 12 de enero de 1949. Fue secuestrado en Córdoba (centro-norte de Argentina) el 14 de abril de 1978 por las fuerzas de seguridad. Era comerciante. nacido en Adra (Almería) el 12 de Enero de 1.949. Tenía 29 años.

Antonio Rafael Tamayo Ruíz. Nacido en Granada el 10 de mayo de 1941. Fue secuestrado el 1 de marzo de 1978 en San Martín, provincia de Buenos Aires. nacido en Motril (Granada) el 10 de mayo de 1.941, C.I. 5.672.661. Había trabajado en la factoría FIAT. Fue secuestrado el 1 de Marzo de 1.978 EN Tropezón, San Martín (Buenos Aires) por integrantes de la Policía Federal. 

© José Luis Sánchez Hachero
sanchezhachero@hotmail.com


martes, 5 de junio de 2012

Pedro Chamijo, el rey inca de Granada



Inca Hualpa se presentó en Choyas como el descendiente directo de Atahualpa y a sus pies se arrodillaron caciques y curacas de los Diaguitas, los Escalonis, los Quilmes, los Acalianes y otros muchos pueblos unidos por el odio al invasor español. Inca Hualpa subió entonces a la categoría de Hijo del Sol, Titaquín, para los iniciados, el heredero del trono del antiguo reino del Perú. Como buen Inca, hablaba el más fluido quechua y su tez morena y su pelo negro no dejaban adivinar su verdadero origen ni su nombre original: Pedro Chamijo nacido en Arahal, Granada, en 1602, de cuna humilde y embarcado a Tierra Nueva por necesidad.

Mentiroso compulsivo, Pedro Chamijo convenció a gobernadores y al virrey de su habilidad para encontrar los fabulosos tesoros que todo español esperaba hallar. Y su desvarío encontró en la desesperación de los indios y en la de los gobernantes de la corona terreno abonado para lanzarse a un precipicio de luchas y contradicciones. Dicen que sus orígenes eran muy humildes, que pudo haber sido morisco, o mudéjar, que estudió en los jesuitas de Cádiz y que fue en esa ciudad donde se sintió atraído por el ajetreo del comercio con las Indias. Probablemente embarcó allí mismo para pasarse años vagando por trabajos sin importancia por el virreinato del Perú. Pedro aprendió quichua con la soltura de un nativo, estudió el glorioso pasado local y prometió a los Calchaquis la llegada de un gran rey Sol con el que derrotar al ejército español.

En las montañas, los indígenas hervían de indignación por los impuestos a los que los sometían los invasores. Chamijo les aseguró que por sus venas corría sangre de Manco Capac y Mama Ocllo y los calchaquis, más por desesperación que por otra cosa, aceptaron al intruso. El granadino, que también era conocido como Pedro Bohórquez, apellido usurpado a un sacerdote que deja adivinar un pasado tumultuoso, se convirtió en el soberano de los indígenas. Chamijo, o Bohórquez, o Inca Hualpa, aglutinó a las tribus de la región y levantó un imponente ejército. En Choyas le rindieron vasallaje los jefes de todas las etnias y lo aceptaron como Titaquín, ‘hijo del Sol’. El de Granada remontó sus orígenes al mismísimo Atahualpa, desplegó su labia de charlatán y terminó siendo aceptado como su particular generalísimo. En el pequeño pueblo de Tolombón construyó una fortaleza con cañones de madera y se sumergió en el disparate de un señor todopoderoso.


            Según Roberto Payrós en ‘El Falso Inca’, Chamijo sólo quería conocer la ubicación de los tesoros que aún se suponían en poder de los incas. Payrós lo describe como un mentiroso cegado por la avaricia y pertinaz traidor. Chamijo jugó con fuego y se quemó al poner al corriente de sus planes al gobernador español en un ataque de culpabilidad por alzarse contra sus paisanos. Los jefes de las tribus tampoco se quedaban atrás y jugaron con el granadino a su antojo, preparando la revuelta a sus espaldas. Chamijo, incapaz de percibir la bola que rodaba directa a su cabeza, continuó en su papel de rey inca mientras la región se alistaba para la guerra.

En Lima ya se tenían noticias del falso Inca y las más altas instancias exigieron al gobernador de la provincia que mandara la cabeza fresca del traidor que osaba levantarse contra la Corona. Mientras su fama llegaba a todos los rincones, Chamijo se enredaba en una espiral de rituales que trataban de convencer al pueblo, o más bien a sí mismo, de la veracidad de sus ancestros. Al mismo tiempo, se desparramaba en orgías y grandes comilonas, señoreado como estaba de la zona. Empujado por las circunstancias, Bohórquez se puso al frente de sus milicias y plantó cara a los españoles pero sus pocos conocimientos del arte de la guerra, y su poco seso en general, dieron con sus huesos en retirada, y los indígenas, diezmados a pesar de su superioridad, sintieron deseos de matarlo más que de utilizarlo.

Era la tercera gran guerra que los calchaquís mantenían con sus conquistadores y sería también la última porque fueron derrotados y esclavizados. Acorralado, Chamijo pidió el indulto a cambio de revelar los planes de los calchaquís. Traidor doble, el falso inca se entregó, pero continuó enredando la madeja. A ratos comunicaba a los indios las intenciones de los invasores para, más tarde, revelar a los españoles los nombres de los indios infiltrados a cambio del indulto. Trasladado a Lima, Bohórquez fue encarcelado y se le mantuvo con vida durante años como compensación por sus delaciones. Pero, enterada del asunto la regenta María de Austria, tutora de un Carlos III aún niño, ordenó la pena capital al traidor doble. Pedro Chamijo fue ejecutado públicamente mediante garrote vil, posteriormente ahorcado y más tarde su cabeza separada del tronco y expuesta como advertencia en el puente del limeño barrio de San Lorenzo. La Corona de España tampoco paga traidores...

Bibliografía
 ‘El falso Inca’, Roberto Payró, Stockcero, 2004, Buenos Aires
Pueblos indios de Pomán: Catamarca (siglos XVII a XIX), Gabriela de la Orden de Peracca, Editorial Dunken, Buenos Aires, 2006
Los indios de Argentina, Isabel Hernández, Colección Pueblos y lenguas indígenas, Ediciones Mapfre 1992.




© José Luis Sánchez Hachero

sanchezhachero@hotmail.com




lunes, 28 de noviembre de 2011

Viaje a la Argentina del corralito




En el verano de 2001 tuve el dudoso privilegio de vivir durante tres semanas el corralito de Argentina. El País publica un artículo en el que hace un periodismo ficción muy interesante donde fantasea con un futuro en el que el euro ha muerto y la peseta, la neopeseta o el europeseta irrumpe en nuestra vida económica. 


No sé si semejante situación puede llegar a producirse, aunque muchos avisan de esta posibilidad desde hace años. De ser cierta, sería un drama. De ser posible, ocurriría algo parecido a lo que yo viví en Argentina durante aquellas tres semanas. Mi amiga Mariana, por ejemplo, guardaba bajo la cama una caja llena de dólares porque no se terminó de fiar de los bancos. Al menos pudo salvar algo. Miles de personas, qué digo miles: cientos de miles asistieron perplejos a una tragedia monetaria en la que sus ahorros se dividían entre cuatro y lo que les quedaba en las cuentas no podían sacarlo sino con cuentagotas. Las colas daban la vuelta a las manzanas, los vivos se levantaban temprano y alquilaban las plazas más cercanas a las puertas, en las calles la algaradas eran generales, la gente cambiaba productos básicos en mercadillos callejeros. Incluso proliferaban las monedas: estaba el patacón, el lecop, el peso... las regiones imprimían otras monedas diferentes, en la televisión las noticias revelaban que en algunas partes del país los niños morían de hambre... parecía que el apocalipsis se desataba poco a poco...


Os dejo un video en el que se recogen algunas experiencias y en el que un locutor de radio andaluz, con décadas viviendo en Argentina, explica su visión de la situación. Muchos puntos son escalofriantemente similares a los que hemos vivido aquí. Otros, definitivamente no. Estamos en una entidad supranacional superior a la soledad argentina, hay voces que aseguran que todo está preparado para que desemboque en una Europa unida en lo fiscal y sometida al imperio del savoir faire alemán, hay quien sigue viendo luz en el horizonte. En Argentina no había luz, todo eran tinieblas. Diez años después, el video sigue teniendo validez y Argentina sigue medio hundida pero con luz en su interior porque no hay mal que cien años dure ni pueblo que lo soporte.









 © José Luis Sánchez Hachero
sanchezhachero@hotmail.com

Donativos

Publicidad