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viernes, 26 de diciembre de 2014

Viaje a Tarifa: entre inmigrantes subsaharianos

Inmigrantes en Tarifa por Hachero

'Salí de Camerún hace ahora cuatro años', afirma un muchachón con cara amable, 'yo de la República centroafricana', dice su vecino, 'de Gabón', 'yo de Costa de Marfil'. La larga fila de jóvenes parece una reunión de la Organización de los Estados Africanos. Han venido en embarcaciones de goma, desde cámaras de ruedas de camión a barquitas infantiles inflables, alguno ha pillado hueco en un remedo de zodiac, han superado los catorce kilómetros que separan Tánger de Tarifa y ahora saludan alegres, besan el suelo, elevan los brazos al cielo y se arrodillan a rezar.

Inmigrantes en Tarifa por Hachero

No tienen papeles, apenas tienen presente y nadie sabe qué futuro les aguarda pero yo los veo de otro modo: son la pesadilla de Darwin, superhombres que han superado las más difíciles pruebas de supervivencia y que ahora se enfrentan a la última pantalla de este trágico juego de la vida que les ha tocado vivir. Los que salieron de Camerún, de Gabón, de la República Centroafricana o de Costa de Marfil han atravesado frondosas selvas infectadas de bichos desagradables y de insectos que transmiten enfermedades horribles, han cruzado pantanos y aldeas hostiles hasta llegar al Sahel, ese extenso predesierto que no es sino un desierto polvoriento que anuncia la llegada del Gran Desierto de los Desiertos, el Sahara, que también han cruzado, muchos de ellos a pie, para entrar, entonces, en un país no menos hostil que aquellas aldeas hostiles que ya olvidaron en el camino: Marruecos.

Inmigrantes en Tarifa por Hachero

Para las chicas el camino no ha sido fácil porque, a todas las dificultades anteriores hay que unirles el que han pasado de mano en mano, y de bragueta en bragueta, hasta la última pantalla de este videojuego de la vida, y esas barrigas que les impiden los movimientos guardan terribles historias de humillación y sexo sucio tras un matorral, de tortazos y culatazos, de amenazas y de chantajes, tal vez de algunos dirhams, puede que de someterse gustosamente porque qué otra cosa hacer si tengo hambre, puede que incluso alguna de esas barrigas hable hasta de amores imposibles.

Inmigrantes en Tarifa por Hachero

Porque una vez que han llegado a Marruecos, la aventura se enquista y las montañas del Atlas, del Antiatlas y las del Rift no son sino pequeños promontorios ante la perspectiva de permanecer semanas, meses y hasta años subido en una montañita desde la que se ve el premio final: Europa. Un premio dudoso, un premio que les hará llorar y preguntarse que por qué demonios abandoné mi aldea con mi madre rumbosa que molía mijo al amanecer. Pero eso es otra historia. Lo triste es que el premio está ahí enfrente y que hoy que hace viento de poniente se ven perfectamente esas extrañas velas de kite surf que pueblan los cielos de las playas de Tarifa. Hay vida, pueden pensar, y se lo pasan muy bien, deben pensar.

Inmigrantes en Tarifa por Hachero

Inmigrantes en Tarifa por Hachero

Así que unos intentan entrar por la fuerza a través de esas vallas tan densas que vigilan con tanto ahínco los militares que les dan dirhams a las muchachas y los policías de verde que aguardan serios al otro lado. Así que estos chicos, estos muchachos, y aquellas chicas y aquellas muchachas no pueden ser sino, como decía antes, la pesadilla de Darwin, la evolución del ser humano a través de las más estrictas y difíciles pruebas de supervivencia que imaginarse uno pueda, curtidos por los caminos, las selvas, los desiertos, las montañas, las fieras salvajes y las fieras humanas, el profundo mar y el implacable sol.

Inmigrantes en Tarifa por Hachero

'Con semejante camino no estamos preocupados porque puedan traer el ébola', me comenta Javier Gil, el coordinador de la cruz roja en la provincia de Cádiz, y pienso que tal vez tenga razón, y espero que la tenga cuando veo a una voluntaria arrodillada ante uno de estos superhombres limpiándole los pies en una imagen que tiene mucho de papal pero que jamás se repetirá con un Papa en Tarifa.

Inmigrantes en Tarifa por Hachero

Inmigrantes en Tarifa por Hachero

'El ébola tiene un periodo de incubación que no es muy extenso y estos inmigrantes llevan muchos meses, años en el caso de algunos, dando vueltas desde que salieron de su país'. 'Estamos bien, gracias a Dios', me dice uno de estos inmigrantes que dice venir de Camerún, 'el viaje ha salido bien, no ha habido muertos ni heridos graves, ya estamos en España y todo ha salido bien'. Cierro los ojos y me imagino que hablo con un piloto de rallies famoso, alguien que atiende a la prensa con naturalidad y hasta cierto hastío, alguien que ha hecho el París Dakar por las dunas más peligrosas de Mauritania y que me atiende porque tiene que atender a la prensa.

Inmigrantes en Tarifa por Hachero

Inmigrantes en Tarifa por Hachero


Pero espera, este tipo es inmigrante ilegal, indocumentado si quieren evitar eso de ilegal, ha venido en una avalancha de inmigrantes, o bueno, en una afluencia masiva de subsaharianos, si quieren ser políticamente correctos, parece una estrella de rock. ¿Y por qué no? ¿Por qué no puede ser una estrella de rock, o un futbolista famoso, o un boxeador de fama mundial? Tal vez lo sea en unos meses, puede que se escape del centro de internamiento con su orden de expulsión en la mano y llegue a Francia para convertirse en el cerebro del Paris Saint Germain. Bah, quién sabe, tal vez sea un nigeriano que chulea a sus compatriotas y las amenaza con vudú. Quién sabe. Lo único cierto es que somos testigos de un drama de proporciones épicas, un drama que genera superhombres y supermujeres, seres poderosos acostumbrados a todo y que ignoran su propio poder. Pero no es hora de reflexiones absurdas. Por un walkie talkie suena un aviso. Salvamento Marítimo ha encontrado otras cinco embarcaciones con cuarenta y cinco náufragos. Hoy son son ya doscientos sesenta y siete.

Inmigrantes en Tarifa por Hachero

miércoles, 4 de junio de 2014

Viaje a Senegal: en la ciudad colonial de Saint Louis


Corría el mes de junio de 1816 cuando la fragata Meduse partió del puerto francés de Rochefort rumbo al senegalés de Saint Louis sin sospechar siquiera que estaba destinado a convertirse en un icono de la desgracia. La fragata se las prometía muy feliz porque su misión era todo un logro patriótico: recuperar la colonia de Saint Louis de manos de los invasores británicos tras la debacle de Napoleón. Sin embargo, todo lo que podía salir mal, salió mal, y la tragedia de la tripulación aún perdura hoy a través del famoso lienzo del pintor francés Gericault titulado La balsa de la Medusa, un óleo que congela en el tiempo una de las escenas que imaginó a bordo de una frágil embarcación sobre la que se arremolinaba centenar y medio de náufragos de los cuatrocientos pasajeros iniciales.

La balsa de la Medusa

Tan sólo quince personas consiguieron sobrevivir a las dos terribles semanas que permanecieron a merced de las olas, soportando hambre y frío, devorando los cuerpos de los que fallecían y de los que mataban porque consideraban culpables de su desgracia, penetrando por la puerta grande en la más salada locura. La desgracia ocurrió en 1816 y la fragata Meduse se dirigía al puerto de Saint Louis en el camino inverso que, apenas dos siglos después, habrían de emprender miles de senegaleses en busca de los puertos europeos donde presumían cascadas de miel y montañas de pan.

saint louis por hachero

El puesto de Amina en el mercado de Saint Louis resume toda la ciudad. Decadente, aplastado por una pátina de polvo que desluce el brillo de un antiguo esplendor, con un aire colonial escondido tras sus desconchones, enérgico y ajetreado, con un nosequé naif que mueve a la compasión. Amina, con sus ochenta primaveras, se esfuerza por vender patatas y cebollas en una calle polvorienta y sin asfaltar bajo todo un universo de molestas moscas que forman nubes y tiñen de negro las sombrillas de los vendedores. Una vez se abandona el centro histórico, Patrimonio de la Humanidad desde el año 2000, Saint Louis se interna en el clásico cliché del África que tanto molesta al visitante occidental: caótica, polvorienta, pobre, intensa.

saint louis por hachero

Amina está contrariada porque su hijo Mustafá ha vuelto del desierto del Sahara, y lo ha hecho andando, en lo que era su tercer intento por alcanzar Europa. 'La próxima lo logrará', dice la anciana con una amplia sonrisa de esperanza en la que muestra una boca desdentada. Su historia no es nueva en este blog, ya la conté aquí

saint louis por hachero

Saint Louis por Hachero

Doscientos años después, el mar sigue ofreciendo imágenes tan impactantes como las de la Medusa. En el barrio de Guet Ndar, entre rebaños de cabras, niños desnudos y cantos del muecín, Hassan y sus amigos me hablan del callejón sin salida de sus vecinos. Hassan, y los demás, han sido pescadores aunque ahora deambulan con un rosario en la mano aprovechando el ramadan y buscando la mejor posición a La Meca. Guet Ndar es el barrio de los pescadores, un barrio superpoblado y, tal vez por eso mismo, inmerso en un ambiente que parece invitar a eso de 'tonto el último'.

saint louis por hachero
Hassan y sus amigos se quejan amargamente: 'ya no quedan buenos pilotos'

'Cada vez hay menos pilotos', se quejaba amargamente Hassan mientras el almuédano rompe el breve silencio de la tarde con su llamada a la oración, 'todos se fueron a las Canarias y ahora no hay quien maneje bien los barcos y se pesca mucho menos'. En el momento álgido de la inmigración ilegal a bordo de cayucos, en 2006, cuando cientos de jóvenes enfilaron proa al norte y muchos perdieron la vida en el intento, el barrio perdió algo más que una multitud de jóvenes: se fueron los que tenían el know how, como el que dice. Lo peor de todo, además, es que muchos de aquellos jóvenes se fueron para revivir la tragedia del Medusa y fueron cientos, tal vez miles, los que acabaron bajo las aguas y quién sabe si no hubo quien responsabilizara al piloto y terminara devorándolo también... Así está la situación hoy: pincha aquí.

deportados llegando a Saint Louis por Hachero

Los deportados desde España llegaban a Saint Louis pensando que aterrizaban en Barcelona...

Saint Louis por Hachero

En la desembocadura del río Senegal los cayucos imitan a la balsa de la vergüenza, las tripulaciones parecen pirámides humanas, o esos castillos catalanes llamados 'castellers'. El río arrastra en su llegada al mar un laberinto de cayucos, desechos de difícil encuadre y magníficas aves que contribuyen con su graznidos a incrementar un caos ya de por sí notable. Cuesta trabajo encontrar el Patrimonio de la Humanidad en mitad de esta anarquía pero a poco que enfocas la vista se alza, con una dudosa majestuosidad, un puente de hierro, oficialmente el puente Faidherbe, entre nosotros: el puente Eiffel. Y digo Eiffel porque fue el propio Alexandre Gustave el que lo diseñó para, misterios de la vida, acabar salpicando el mapamundi de sus obras: he visto diseños de Eiffel hasta en Iquitos, en pleno centro amazónico del Perú. El destino final del puente fue África aunque, dicen las crónicas, el objetivo estaba más cerca de Francia: el Danubio. Lo cierto es que Saint Louis está más allá de la desembocadura, en un estrecho islote de dos kilómetros de largo, una antigua ciudad colonial fundada con el nombre del rey de Francia del momento, Luis XIV, y con el honor de ser la primera ciudad colonial fundada por europeos en el África occidental según wikipedia, no sabría yo qué decir

saint louis por hachero
El centro de Saint Louis contrasta con las caóticas calles del barrio de los pescadores...

saint louis por hachero

A Saint Louis le dicen muchas cosas, desde la Venecia africana a la capital del jazz senegalés, apelativos que durante mi estancia sólo me causaron extrañeza. Claro que no perseguía objetivos turísticos y que los vuelos de Air Europa devolviendo inmigrantes ilegales no me dejaron tiempo para mucho más... Tan sólo la casa de Hadji Diouf, el famoso futbolista de la selección senegalesa que jugaba en Inglaterra. 'Mi hijo juega en el Bolton', me dijo su madre con cierta cara de mosqueo cuando captó mi disimulo: 'sí, claro, Diouf, lo conozco', mentí piadosamente. Una casa enorme, llena de habitaciones a su vez llenas de gentes que iban y venían, una enorme pantalla de televisión en un salón, una visita que nunca supe explicar, ni explicarme, un futbolista al que nunca vi pero al que ya no puedo olvidar. Una casa que me recordó aquellas crónicas de Kapucinsky en las que la fortuna puede convertirse en pesadilla cuando los familiares, los conocidos, los familiares de los conocidos y los conocidos de los familiares se instalan en tu hogar para aprovechar tu buen momento. O, visto de otra forma, el vibrante ritmo social del África negra, acogedor, encantador y dispuesto siempre a regalarte una sonrisa. En esta página puedes seguir la vida de Saint Louis y conocer su agenda cultural y social.

saint louis por hachero

saint louis por hachero

Saint Louis tiene un pasado que enlaza directamente con la isla de Gorée, uno de los centros esclavistas más famosos de África. Construida en 1659, fue la primera ciudad francesa en África, aquí nació la Compañía Francesa de las Indias Occidentales y aquí también comenzó el negocio esclavista de los galos con las consabidos intercambios de objetos de hierro, baratijas y telas por marfil, polvo de oro, aceite de palma y, poco después, esclavos. La ciudad creció como cruce de caminos entre el África negra y Europa y apenas un siglo después ya superaba los diez mil habitantes y los británicos, ávidos cuan cucos de ocupar las tierras de sus eternos enemigos, la hacen suya temporalmente. Más tarde, en 1827, una década después de que Francia la recuperara de manos de los británicos y los náufragos de la Medusa fueran ya leyenda, el asentamiento se convierte en la capital política de Senegal.

Saint Louis por Hacherosaint louis por hachero

Sin embargo la isla de Gorée le ganó siempre en actividad esclavista y la prohibición de esta ominosa práctica en 1848 dejó a ambos enclaves sin un rumbo definido. No decayó, empero, la actividad comercial de Saint Louis, gracias a su privilegiado emplazamiento y a que París la nombró capital de sus colonias en el África occidental (lo que encuadraba no sólo Senegal sino también Mali, las Guineas y Costa de Marfil). Saint Louis entró en el siglo XX con una sonrisa tan amplia como el iceberg que hundió el Titanic y así se le debió de quedar, enorme y congelada, porque apenas unos meses entrado el siglo veinte su importancia decayó de pronto. Francia comenzó a invertir ingentes cantidades de dinero en un punto algo más al sur, situado frente a la ominosa isla de Gorée, conocido como Dakar, un sitio que albergó a partir de entonces un enorme puerto. La independencia de la colonia, en noviembre de 1958, significó el mazazo definitivo para Saint Louis: Dakar se erigía en capital del nuevo país y Saint Louis quedó sepultado en un pasado de esplendor y oprobio. El oprobio de sus tiempos de esclavista, cuando desfilaban alrededor de diez mil esclavos cada año por sus playas se contrarresta ahora con la llegada de turistas, la panacea para los locales aunque un goteo insignificante como para pensar que será la solución de la ciudad. Unos turistas que se cruzan con los jovenzuelos que sueñan con Europa y que están dispuestos a revivir los días de la balsa de la Medusa si es necesario. Antes, obligados. Ahora, de motu propio. Europa en el horizonte.

Saint Louis por Hachero

martes, 15 de abril de 2014

Viaje a Ceuta: en el paso fronterizo del Tarajal



Esta valla separa dos mundos.
El mundo de allí piensa que en el de aquí hay un paraíso. Y el de aquí piensa que allí hay un infierno.


Por eso los de allí arriesgan incluso sus vidas para alcanzar ese pretendido edén. ¿Quién en su sano juicio no arriesgaría el pellejo para conseguir entrar en un mundo de color y fantasía?

Pero, como decía, muchos de este lado consideran que más allá se levanta un infierno, lleno de seres peligrosos, calor, arena, polvo y sangre.


Por eso estos últimos vigilan que los primeros no se cuelen en su paraíso. Pero no porque consideren que defienden un paraíso (de hecho muchos consideran que el infierno está en su lado) sino porque no quieren que los del más allá traigan a rastras su desagradable abismo.

Por eso convencen a algunos de los del otro lado para que les ayuden a vigilar que los díscolos del más allá se les cuelen en su mundo.

Y entonces los policías y militares de aquella parte se instalan en su lado de la valla, levantan tiendas que forman campamentos, patrullan serios y se encaraman en las colinas para que los de su propia franja, aunque provenientes de un rincón algo más alejado, se cuelen en la otra zona.



El paraíso no es gratis, claro, y por eso muchos de los que proceden de las tinieblas se encuentran de frente altas vallas, pinchos que llevan nombres de detergente, señores uniformados que empuñan armas, engorrosos trámites burocráticos, manos ávidas en cobrar sobornos y, sobre todo, incomprensión. Piensan que la sola visión del paraíso, detrás de un mar que a veces parece un río, les consuela y les ayuda a superar las vicisitudes que han sufrido (y que sufren). También miran atrás y recuerdan el hambre (algunos), las guerras (bastantes), el atraso (casi todos) y la falta de expectativas (todos) y piensan que merece la pena seguir el camino.




Pero los habitantes del pretendido paraíso están dispuestos a emplear todos los métodos a su alcance para evitar que los seres del Averno se les cuelen en la Gloria. Detrás de la valla algunos señores con uniformes (y lo más desconcertante: algunas señoras con uniforme) les piden papeles que volverían loco a Kafka, otros emplean material de antidisturbios, hay quien extiende crueles leyendas sobre los renegridos seres de las Tinieblas y finalmente se empeñan en demostrarles que en el Paraíso no son bienvenidos los ángeles negros. Por muy ángeles que sean.


Al otro lado de la valla también pululan seres del Averno, con mayúsculas, que engañan a los otros seres del averno, ahora minúsculas, con promesas celestiales. Les ofrecen barquichuelas que crucen ese mar que parece un río, también ofrecen guías que les dejarán en mullidas rocas de afiladas puntas, les hablan de contratos prodigiosos, de trabajo a espuertas y de mujeres ávidas de sus enormes falos o de sus pétreas nalgas.


En este lado temen algo parecido: que sus hermosas mujeres se vayan con esos enormes falos y que esa pétreas nalgas atrapen a sus maridos en tugurios de carretera, que les arrebaten el menguante mercado del trabajo y se hagan con los dineros que sólo sobran en las mentes del Otro Lado.

El último suceso entre los de allí y los de aquí se ha llevado la vida de Quince seres del averno (con minúsculas ahora) y ha obligado a montar guardia a los Seres del Averno (en este caso con mayúsculas) mientras que los de este lado, que es el nuestro, se preguntan unos si es necesario empuñar un fusil contra la desesperación, otros si es necesario que las autoridades vulneren las leyes para que los demás seres celestiales las cumplamos, los más si es de recibo que para todo esto sea necesario ultrajar a la Verdad. Los de allí denuncian que los recibieron a balazos, los de aquí que les atacaron por cientos y tirando piedras. Y ahora, mientras los de siempre defienden a lo de Siempre, y los de Siempre se esfuerzan por demostrar que los de siempre son inocentes, la tormenta tiñe de alerta roja las orillas del Tarajal.


Al otro lado, mientras tanto, siguen convencidos de que aquí se levanta el paraíso y esperan por miles su turno para intentar el sueño. Los de aquí, mientras tanto, piensan en cómo apagar su especial infiernillo y defenderlo de los de allí. La valla sigue impertérrita dividiendo dos mundos: el de allí y el de aquí. Dos mundos que se desconocen tanto como se temen.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Viaje al Estrecho de Gibraltar (I): hijos de dos mares: la mare que parió al levante y la mare que parió al poniente



‘Los habitantes de Estrecho de Gibraltar somos hijos de dos mares’, dice mi amigo Carlos: ‘la mare que parió al levante y la mare que parió al poniente’. Y mientras su chiste resuena en mi cerebelo una ráfaga de viento cimbrea una palmera hasta ponerla casi de rodillas. Hoy toca levante y los días de levante el perfil del africano Monte Musa se difumina hasta desaparecer y convertir el estrecho en un mar tenebroso sin límites. Si sopla la otra mare, el poniente, el aire se torna aire, traslúcido, incoloro y el sol actúa como una enorme lupa que permite a los hijos de los dos mares distinguir las viviendas y las carreteras y los árboles del otro lado del mar. África se cuela entonces en las casas de Europa y las de Europa en las de África y los equipos de vigilancia extreman sus cuidados porque es el momento de los desesperados, de los contrabandistas, de los narcotraficantes, pero también de los confiados que creen dominar las artes de la navegación, de las tablas, de la pesca submarina, de la pesca del merluza.

estrecho de Gibraltar por Hachero


El Estrecho de Gibraltar separa dos continentes, Europa y África, tiene tres países, España, Gran Bretaña y Marruecos, y dos colonias, Gibraltar, que es británica, y Ceuta, que es española (si ampliamos el estrecho Mediterráneo adentro deberíamos incluir Melilla, española también) Edito para salvar discusiones sobre esta terminología: las apasionadas discusiones sobre el término 'colonia' oscilan entre la elección de esta palabra por la Unión Africana o la mayoría de la prensa europea al fulminante rechazo de una buena parte de la opinión pública española; para mí no tiene connotación negativa y por ello la sigo usando, además de que durante años ha estado englobada bajo el gobierno de la oficina para asuntos coloniales. Tiene dos zonas francas, la de Algeciras y la de Tanger Med, y es la puerta de entrada, y de salida, y hasta de encuentro, del Océano Atlántico y el mar Mediterráneo.

estrecho de Gibraltar por Hachero

estrecho de Gibraltar por Hachero
El estrecho de Gibraltar es un espejo: en la primera foto, el puerto de Algeciras, y abajo, el de Tánger

Por si todo esta mezcla de geografía y política no bastara, bajo la corteza terrestre existe una enorme fisura de dos placas tectónicas, la Euroasiática y la Africana, lo que añade un nuevo elemento de dramatismo a los frecuentísimos acontecimientos que ocurren superficie arriba. Dicen los expertos que el Mediterráneo tarda noventa años en renovar sus aguas y que si ocurriera un cataclismo que le cerrara el acceso al Atlántico el Mare Nostrum acabaría desecándose en unos cinco mil años (algo que ya ocurrió hace más de cinco millones de años). El desastre sería mayúsculo para los casi cien mil buques que surcan anualmente sus aguas y que comunican el continente americano con el golfo pérsico por una suerte de atajos que alejan África del cotarro de verdad: el que da dinero, el de las rutas comerciales las del combustible.

Estrecho de Gibraltar por Hachero

Estrecho de Gibraltar por Hachero

Otros expertos, en teorías más modernas que no son incompatibles con las anteriores, aseguran que un millón de años atrás no existía el estrecho, que solo una cadena montañosa se extendía desde Portugal hasta África y que el Mediterráneo era una sucesión de valles profundos con lagunas saladas. Pero esa placa tectónica a la que antes aludía provocó un cataclismo que lanzó las aguas del Atlántico hacia su interior mediante una monstruosa catarata de dos mil metros de altura y treinta kilómetros de ancho. Una cascada que debió de ser bien hermosa y que duró nada menos que treinta años hasta que ambos lados se nivelaron. El trauma geológico fue de impresión y dejó un valle submarino producto de la erosión que puede medir alrededor de doscientos kilómetros.

Estrecho de Gibraltar por Hachero


Eso debajo del agua. Arriba, el relieve canaliza el viento y convierte a sus habitantes en 'hijos de dos mares'. Aunque las consecuencias de la placa tectónica son reconocibles en toda Andalucía y el norte de África, desde el valle del Guadalquivir a Sierra Nevada, desde el Monte Musa a las montañas del Rift, me quedo con el estrecho en sí, como masa de agua atormentada que reparte entre sus vecinos alegrías y disgustos.

estrecho de Gibraltar por Hachero

Por no hablar de flora y fauna: los delfines acompañan a los veleros mientras los pescadores de almadraba atrapan a los atunes en sus migraciones anuales, los tiburones y ballenas se cuelan por la grieta para visitar a sus primos de aguas más saladas mientras que por las alturas más de treinta millones de aves de trescientas ochenta especies, según la Fundación Migres, cruza cada año el estrecho en los periodos de migraciones.  Por si fuera poco, los últimos monos de Europa están en el Peñón de Gibraltar, una especie conocida como Macaco de Gibraltar que a la mínima saltan sobre el techo de tu vehículo con la impunidad del que se sabe protegido: así se subieron en mi viejo coche...

estrecho de Gibraltar por Hachero




Para mí no deja de ser la comarca que cantan los Mártires del Compás o la que me ha dado dos hijos: aquí te lo explico mejor (lo de los dos hijos)

Estrecho de Gibraltar por Hachero

Sea como fuere, el Estrecho de Gibraltar ocupa un lugar central en la historia del ser humano desde hace miles de años. Dice el profesor José Ramos, de la Universidad de Cádiz, que la hipótesis del paso por el estrecho de sociedades de cazadores, recolectores y pescadores del norte de África durante el Paleolítico es consistente, a tenor de las pruebas halladas en la cueva de La Cabililla de Benzú, donde se han hallado restos con más de trescientos mil años. El compañero de Ramos, Darío Bernal, estima que en el Pleistoceno el estrecho era aún más estrecho y que incluso había islas que facilitaban el paso entre dos orillas que hoy mismo parecen estar mucho más cerca de lo que están. Que es bien poco, por cierto. Así que, mientras algunos homínidos se internaban por Oriente Medio procedentes del África Oriental, otros grupos de hombretones recios y aventureros colonizaban las alegres tierras del sur de Andalucía.

estrecho de Gibraltar por Hachero

El tránsito no dejó de surcar estas profundas aguas hasta que llegaron los fenicios, que fundaron la ciudad más antigua de Europa, Cádiz, seguidos por los griegos, que llamaron Columnas de Hércules al polémico Peñón de Gibraltar y a su espejo del otro lado, el Monte Musa, (O no, hay muchas teorías al respecto), los romanos, que dejaron una estupenda factoría de salazones a pocos kilómetros del estrecho (Bolonia), los reinos de los visigodos, que incluso sortearon los kilómetros de convulsa mar para colocar a un tal Don Julián como gobernador de una Ceuta en permanente lucha contra el imperio bizantino, que llegaba nada menos que a esta región (Bizancio tenía en Cartago, hoy Túnez, un importante centro comercial). La prueba inequívoca de este ajetreo está en el interior de una cincuentena de cuevas de los montes de Tarifa, pinturas con más de veinte mil años de antigüedad que fueron dadas a conocer al mundo por el espeleólogo alemán Lothar Bergmann   y que demuestran gráficamente que nadie en esta tierra fue el primero ni será el último.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Viaje a Túnez: buscando a Herodoto en el desierto rojo de Chott El-Djerid



Al occidente del río Tritón vivían los maxies, un pueblo campesino que se rapaba la cabeza sólo por el lado izquierdo, un pueblo extraño que decía descender de Troya y pintaba sus cuerpos de rojo, seres acostumbrados a luchar contra las numerosas fieras que poblaban su país y que se escondían en los frondosos bosques de las montañas, gentes curadas de todo espanto porque no sólo convivían con serpientes de enorme grandeza y elefantes y osos sino también, y entre otras tribus salvajes, con los Acéfalos, que tenían los ojos en el pecho. Mirando alrededor me pregunto dónde están aquellas bestias salvajes que atacaban las aldeas, y también me pregunto que dónde están esas aldeas, y esos maxies melenudos de derechas, y qué fue de aquellos Acéfalos con una vista tan ridículamente ineficaz. Porque a mi alrededor, y hasta donde alcanza la vista, sólo hay desierto, un desierto blanco surcado por riachuelos de agua roja, un desierto blanco de sal que se extiende durante 250 kilómetros de largo, y otros 25 de ancho, un remedo de mar que no recibe aguas de ningún río ni del que parta corriente alguna.

¿Se equivocaba pues Herodoto cuando narraba en su libro IV el extraño jardín florido lleno de gentes extrañas y fieras salvajes? Chott el Djerid es el mayor lago salino del Sahara, pero no el único: hay más. Concretamente otros tres, todos con el prefijo Chott pero con nombres distintos: El Fejej, El Gharsa y El Melrhir (este último en Argelia).


Los indicios apuntan a que aquí existió un gran mar interior, un mar del tamaño de Portugal, con dos islas en su interior, la isla de Fla y la de Mene, la de Fla habitada por uno de los pueblos griegos, los lacedemonios, procedentes de Esparta, que llegaron allí siguiendo los consejos del oráculo. Una laguna que debía de llegar al Mediterráneo porque Herodoto sitúa allí al propio Jason, arrastrada su nave Argos por los vientos del Norte y enredado en los bajíos de la laguna Tritónida. Un lago pues con pretensiones de bahía y que debía de estar separado del mar por una elevación del terreno que permitía la entrada de agua salada.



Hoy, a 50ºC, el horizonte chispea, tintinea, los rayos del sol toman forma tridimensional y Herodoto se antoja un tunante que no pisó la mitad de los sitios que describió en sus fascinantes Los Nueve libros de la Historia . Chot el Djerid tiene 7.000 kms2 y nada recuerda la fantasía descrita por el padre de la historia. Pero Herodoto de Halicarnaso no es el único en describir este secarral. Diodoro de Sicilia, un romano contemporáneo de César Augusto, también habla de la dichosa laguna pero en un plan mucho más revelador: en su Biblioteca de la Historia Diodoro asegura que una serie de terremotos terminó por sumergir zonas costeras de lo que entonces se conocía como La Libia y, dicen algunos expertos, el lago quedó por un lado bajo el mar y por otro aislado de éste y con alguna falla rota por lo que el agua, desde entonces, se filtra rauda y veloz hacia los abismos del globo terráqueo. Lo dice aquí . La descripción de Diodoro se une a la de Herodoto y a las de Platón para que muchos investigadores hayan encontrado aquí una pista más para seguir buscando  la Atlántida a una corta distancia: el sur de España o el estrecho de Gibraltar…



No hay recuerdos de Jasón, ni de los argonautas, ni de los Lacedemonios, los Acéfalos, los hombres de melena derecha ni de las fieras. Tal vez sí de François Élie Roudaire, quien siguió los pasos de Herodoto a finales del siglo XIX para concluir: esta enorme depresión salada que llega hasta el golfo de Gabes es, según escribió en su artículo 'Un mar interior en Argelia', la laguna de Tritón que describía Herodoto y que en aquel entonces, más que laguna, era una bahía en toda regla. Roudaire, que era un prestigioso geógrafo francés, fantaseó con su descubrimiento hasta proponer la construcción de un canal que trajera el agua del mar para recuperar aquella estampa de la Antigüedad y convertir la región, decía, en 'un granero de trigo'.


El apoyo  que le brinda Fernando de Lesseps, el constructor del canal de Suez, no sirvió para nada más que para provocarle litros de sudor en esas ardientes arenas para concluir: mejor lo dejamos porque construir un canal de 240 kilómetros tenía un costo inasumible.  Aquí puedes ver su historia



Lo único cierto es que el desierto mola, fotogénico como es, con sus aguas rojas y el horizonte blanco, aderezado por las leyendas de los nómadas de la región, como aquella que asegura que en su interior se perdió una caravana con mil dromedarios cargados de fabulosos tesoros, o cuando mencionan aquello de yo estuve en el rodaje de Stars Wars, que (cierto es) se rodó en esta inestable tierra. Porque inestable es, y hay que tener cuidado de dónde se pisa, y mucho más de internarse en su inmensidad porque algunas zonas engañan y pueden ceder hasta no se sabe dónde. Al sur de las salinas comienza el Gran Erg Oriental, un inacabable campo de dunas a caballo entre Túnez y Argelia, la estampa clásica que uno imagina cuando piensa en el Sahara. Mientras, imperturbable y salado, Chott el Djerid arde bajo el sol, quebrando terrones de sal, guardando, quién sabe, secretos que incendian tanto la imaginación como el sol mi cabeza.
















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