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martes, 25 de noviembre de 2014

Viaje a Brunei: Kampong Ayer es la ciudad sobre el mar más grande del mundo

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

Antonio Pigafetta, el cronista de Magallanes en la primera vuelta al mundo, no tardaría en reconocer la extraña ciudad que describió en su visita a Brunei. Y eso que  mucho han cambiado las cosas desde 1521. Por ejemplo, aquella ciudad que él describió como 'construida sobre el mar, excepto la casa del rey y la de algunos hombres principales, y con veinticinco mil hogares, las casas todas de madera, edificadas sobre gruesas vigas que las elevan del suelo' sigue ahí, con una población que ronda las cuarenta mil personas, casi el diez por ciento de la población total del país, lo que la convierte en la ciudad sobre el mar más grande del mundo. Y las casas siguen siendo de madera, aunque algunos pivotes son ahora de cemento armado y sus peatones van vestidos y no como los que sorprendieron con su semidesnudez al cronista italiano.

Kampong Ayer, la ciudad sobre el mar

Claro que los aires acondicionados de las viviendas rompen la estampa que contempló el italiano, los fuerabordas que surcan permanentemente las aguas del río Brunei no tienen nada que ver con aquellas en las que 'cuando sube la marea las mujeres van en barca para ir a vender y comprar lo que necesitan para subsistir', y el uso de que los locales hacen del teléfono móvil les aleja, ya definitivamente, de los lejanos tiempos del siglo XVI. La ciudad hoy se llama Kampong Ayer y es uno de estos remedos de Venecia que pueblan el planeta aunque desde su remoto enclave le reta en su antigüedad: de Kampong Ayer hablan archivos de mil trescientos años atrás.

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

Llegar a la Water Village, como le dicen aquí, no es difícil: de hecho es casi inevitable. A las orillas del río Brunei los taxis acuáticos se acumulan, apelan al visitante, sueltan y recogen incansables a los lugareños que se acercan al centro de Bandar Seri Begawan, la capital de Brunei, cruzan a toda velocidad de una orilla a otra y tratan de engañar en el precio al extranjero con una inocencia que raya lo infantil: '¿por qué quiere cobrarme el triple de esta mañana si yo soy el mismo?' El tipo te mira achinando los ojos y la respuesta se intuye en su gesto: ¡Ah, usted es el mismo!.

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

Y la ciudad más grande del mundo levantada sobre el agua se abre entonces inmensa en sus ocho kilómetros a lo largo del río Brunei. 'Veinte dólares de Brunei por ver los monos', ofrecen una excursión los taxistas sin caer en que los monos también sienten curiosidad y se acercan a la water village para torturar a sus vecinos, que huyen atemorizados cuando los ven aparecer, y a los visitantes esporádicos, que permanecen paralizados sin saber si correr o tirarse a las hediondas aguas.

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero


El sultán de Brunei cuida de su rebaño y les ofrece, por ejemplo, sanidad y educación gratuita, les ayuda en la vivienda y vela para que nadie cometa pecados que puedan avergonzar a un buen musulmán. A las puertas de una tienda un comerciante me mira divertido mientras fuma un cigarro pero se esconde cuando saco la cámara. 'Es ramadán', se excusa y me imagino al sultán furibundo si encontrara la foto de un súbdito cometiendo semejante felonía. La ciudad se divide en barrios, unos recién construidos e impolutos, nuevos del paquete y con pasarelas firmes y sólidas, pareados modernos y de colores pastel, una monada sobre pilotes y unas aguas poco profundas y más o menos limpias.

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero
Incluso en Kampong Ayer hay barrios y barrios...

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

Pero más allá las aguas empeoran su aspecto, los desechos se acumulan bajo los bosques de pivotes y mucho más allá la acumulación conforma una estampa de la que ningún vecino debe sentirse muy satisfecho. El agua desaparece y una gruesa capa de basuras lo inunda todo: incluso en la muy nueva ciudad de Kampon Ayer hay clases...

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

La ciudad es un dédalo de pasarelas, algunas más precarias que otras, que comunica barrios nuevos con barrios viejos, pasarelas que llegan a paradas de taxi acuáticas que se yerguen sobre sus pilotitos aislados sobre el río o a colegios de los que salen cánticos infantiles y un sinfín de niños de uniforme. Hay comisarías y clínicas, mezquitas y un parque de bomberos, supermercados de barrio, museos para los turistas, zonas arruinadas por incendios, señores que arreglan sus lanchas motoras, espacios comunes, retratos del sempiterno sultán de Brunei, y por haber hay hasta monos que atacan a los vecinos (y de los que huyo ante la posibilidad de que me desequilibren y me lancen a las fétidas aguas). Aquí nació el sultanato y tal vez por ello el mismísimo sultán arregla muchas casas aunque otras tienen una pinta más estropeada. Pregunto al dueño de una de estas últimas: ‘soy filipino’, me dice, y entonces pienso que tal vez tenga algo que ver, pero más tarde el señor que fuma ante su tienda, me dice que no, que él es de Brunei y su casa luce igual de cutre que la otra.

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

A las espaldas de la ciudad sobre las aguas se levanta el telón. Los vehículos de los vecinos esperan en la carretera que circunvala el barrio y nuevamente puede uno recordar que está en Brunei. Algunos coches deportivos, otros de gama alta, muchos de gama media pero nuevos como si los acabaran de comprar, una carretera con el firme en buen estado, la jungla espesa apenas a unos metros, con su amenaza de escupir monos furiosos que te tomen por el pito de un sereno.

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

En realidad Kampong Ayer es una suma de barrios marineros, 42 exactamente, según consta en el centro de información del centro de la ciudad, si es que esta ciudad tiene algún centro. También dice que las pasarelas y caminos que recorren toda la ciudad suman 36 kilómetros y que es el corazón de la cultura del país porque de aquí partieron las actividades que dan sentido al país, desde el sultanato a la alfarería, sus trabajos textiles, su espíritu comercial. Fuera de Kampong Ayer, la jungla, espesa como decía, alguna columna de humo surgiendo espontánea del interior de la selva, una de las mejor conservadas de la isla de Borneo, el río, el petróleo, el sultán y su colección de caros vehículos.

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

Antonio Pigafetta, el cronista que narró la primera vuelta al mundo de la expedición de Magallanes, describió Kampung Ayer, en Bandar Seri Begawan, capital del sultanato de Brunei, como ‘la Venecia de Oriente’, otra Venecia más, en todo caso, que se une a aquellas cuatro casitas levantadas sobre pilotes que dio nombre a todo un país, Venezuela, a Suzhou, otra Venecia de Oriente pero denominada en su caso así por Marco Polo, aunque hay quien considera así a la ciudad de Bangkok. Por su parte, Giethoorn es la Venecia de Holanda, Annecy es la Venecia de los Alpes, Uidapur city es la Venecia de la India, en Benín está Ganvié, la Venecia africana, aunque Makoko, en Nigeria, le disputa ese título africano, tenemos Aveiro, que es la Venecia de Portugal, y los estadounidenses, que te lo disputan todo, tienen la suya: Fort Lauderdale, la Venecia de la Florida, y hasta en Cataluña hay otra Venecia, la de Empuriabrava, y el Puerto de Mogán, la Venecia de las Canarias. Por rizar el rizo, en Italia, el país de la Venecia original, hay otra Venecia más, y le dicen la Venecia de los pobres, Comaccchio, al sur de la Venecia original....

Kampong Ayer, la ciudad sobre el agua más grande del mundo, por Hachero

jueves, 9 de octubre de 2014

Viaje a Brunei Darussalam: el sultan de Brunei no puede equivocarse por ley

Brunei por Hachero

El sultán de Brunei no tiene punto medio. O no se le ve jamás, o no puedes evitar encontrártelo en cada esquina. Su rostro ceñudo e hirsuto te observa desde los retratos de los más acólitos, que aquí son legión, su cuidada perilla le confiere al sultán una virilidad de la que adolece en otros retratos de cuerpo entero, donde se le nota cierta forma abotijada.

Brunei por Hachero

El sultán te espera en el interior de un centro comercial, en forma de retratos un tanto naives pero colocados en un lugar de honor por si acaso, el sultán te recibe en la exposición de bienvenida al turista que se adentra en la ciudad flotante más grande del mundo, el sultán te observa serio desde la entrada de los hogares más humildes, tras los mostradores de los comercios, sobre las mesas de los restaurantes.

Brunei por Hachero

Nada raro en las monarquías musulmanas, por cierto, y menos para mí, vecino de un Marruecos que ha visto a Hassan I, y ahora a Mohammed VI, en los lugares más inesperados. Claro que aquí sólo son algo más de cuatrocientos mil habitantes y la presencia del sultán se nota incluso en sus ausencias, en los cuidados jardines, en las calles impolutas, en el parque móvil de alta gama...

brunei por hachero

brunei por hachero

Y es que el sultán de Brunei, Hassanal Bolkiah Mu'izzaddin, tiene un ego tan grande que el país se le queda pequeño. En el centro de Bandar Seri Begawan, la capital de Brunei Darussalam (Brunei Morada de la Paz es el nombre oficial de este curioso país), se levanta el museo de los Presentes Reales. Un delirio que acumula los regalos que otros monarcas y otros países han tenido a bien entregarle a su majestad. El edificio es desproporcionado a lo que guarda, y la plantilla de trabajadores, pero sobre todo trabajadoras, demencialmente nutrida. Una enorme cúpula corona el museo, una cúpula que se levanta sobre un fastuoso carruaje sobre el que el sultán empezó, en octubre de 1967, su reinado, aunque un reinado un tanto limitado porque Gran Bretaña ejerció el protectorado sobre sus territorios hasta 1984, cuando le otorgó la independencia.

Brunei por Hachero
Museo de los regalos reales

Lograda la libertad plena, el monarca decidió que, por ley, no puede equivocarse jamás, tanto en su vida privada como en su vida pública. Así que sin dudas sobre su capacidad de adivinar, vaya en zapatillas o en calzado oficial, el día que decidió que sus regalos tendrían un señor edificio no puede tomarse a chanza. Si lo decidió el sultán, por algo será. A las puertas espera una legión de pudorosas y sobrevestidas azafatas, te atienden hasta cuatro señoritas con chador y pulcramente cubiertas, una te consigue las llaves de una taquilla, otra te recuerda la necesidad de caminar descalzo en un lugar tan sagrado, otra te señala la planta de arriba y te dice que de hacer fotos ni hablar, otra más te vuelve a mostrar la planta de arriba. Y entonces el gozo fogoso del que se ve retratando los óbolos del monarca se esfuma en una mueca de estupor. 'Las fotos sólo se permiten en la planta baja', me consuela la azafata mientras me requisa temporalmente la cámara e imagino gestos de dolor verdadero entre los turistas chinos que no dejan de tomarse imágenes a las puertas del edificio.

Brunei por Hachero


Una lástima, me digo ya planta arriba mientras contemplo la metopa que el rey Juan Carlos I de España le entregó en persona colocada en una urna observada atenta por una cámara en el techo. Más allá una placa de un jeque del golfo, acullá un regalo del rey de Tailandia, la Shell le entregó una enorme maqueta de un gasero, hay instrumentos africanos, collages sin apenas gracia provenientes del centro de Asia, reproducciones de templos, de castillos, de palacios, y armas como símbolos de amistad. La mayoría de los regalos me parecen tan kitsch como los rickshaws de Melaka, lo mismo que la réplica de un dorado trono de oro macizo donde se sustanció su despegue de la vida común, o aquel canapé de piel de tigre que envejece rodeado de rojo satén. Estoy tentado de sacar el móvil y dejar constancia del almacén real convertido en museo pero el ojo orwelliano me hace desistir: ya he probado los calabozos de Gibraltar, no creo necesario conocer los de otros subproductos de la Gran Bretaña.

Brunei por Hachero

Brunei por Hachero

Las vitrinas apenas llenan el enorme espacio del museo y las lanzas, las telas, los retratos al óleo y demás fruslerías no terminan de dar sentido a semejante edificio. Ya en la planta baja consigo, por fin, recuperar mi cámara aunque siento que lo llamativo está precisamente arriba. Abajo no hay más que el carruaje que lo llevó el día de su coronación y una representación de aquel momento con maniquíes que hacen las veces de soldados reales, además de cuarenta sombrillas de diseño cúbico en dos colores, amarillo y rojo, que fueron portados por 'Los Jóvenes' el fastuoso día de marras.

Brunei por Hachero

El caso es que la mayor parte del museo nos retrotrae al momento más importante de la historia del sultán, o del sultanato, lo mismo es: la coronación del monarca el 1 de enero de 1984, cuando se independizó de Londres. Una independencia que no cortó los lazos de amistad construidos desde 1888, el año en el que los ingleses establecieron un protectorado  de común acuerdo con la familia real que alcanzó su momento de gloria en 1962, cuando una rebelión armada contra el monarca fracasó gracias a los británicos. Desde entonces, Inglaterra mima a su pequeña ex colonia y el sultán de Brunei envía ósculos de amistad desde su pequeño reino tropical. Una amistad nada desdeñable para los británicos porque Brunei produce casi 200.000 barriles de petróleo al día, mientras que consume apenas 12.000, y literalmente flota sobre una balsa de miles de millones de metros cúbicos de gas. Como curiosidades, Brunei tiene cero dólares de deuda externa y el sultán proporciona a sus súbditos sanidad y educación gratuita, subvenciona el arroz, la vivienda y  construye delirantes mezquitas en una inequívoca oda a Allah y al fasto económico.

Brunei por Hachero
El príncipe heredero del sultanato es Al Muhtadee Billah y también tiene su caricatura

Y ahora más que nunca porque el sultán, convencido como está de que no puede equivocarse jamás ha escandalizado a todo el mundo con su decisión de imponer la sharía y rescatar del olvido las lapidaciones a las adúlteras y homosexuales, las amputaciones a los ladronzuelos y la pena capital a los blasfemos y apóstatas. Su decisión de imponer la suprema ley islámica, no ha sentado nada bien en el resto del planeta, pasto de Sodoma y Gomorra (pensará Hassanal) y desde la oficina de Naciones Unidas para los derechos humanos a Amnistía Internacional son legión las organizaciones que han exigido la revocación de un código que nos retrotrae, dicen, a la edad más oscura de la humanidad. El sultán, que además de tener un sultanato es uno de los hombres más ricos del mundo, posee hoteles de renombre internacional repartidos por todo el mapa, como el Príncipe de Savoia, Le Meurice o el Dorchester, pero también el Beverly Hills y el Bel Air, establecimientos que están, respectivamente, en Milán, París y Londres, pero también en Los Ángeles y Nueva York. Su decisión, soberana e irreprochable por ley, ya sufre el boicot de los siempre revoltosos chicos del cine, de los colectivos de gays y lesbianas de todo el mundo y de cualquier persona de bien. No entra en esta categoría la familia real británica, que ya ha roto varias veces el boicot, pensando, quién sabe, en el lago infinito de gas sobre el que descansa Brunei y en el que se basa la fortuna y la suerte del sultán..

Brunei por Hachero

Una suerte, eso sí, que la sharía sólo se impondrá a los musulmanes, que son el 70% de la población local. Llego a Bandar Seri Begawan por barco desde Malasia y lo hago en viernes de Ramadán: las calles están desiertas, las carreteras vacías, los taxistas parecen un lujo de otro país, llueve desesperadamente. Suerte que poco después un señor con aspecto de chino pero que se declara malayo, aunque con pasaporte de Brunei, y católico apostólico y romano, me ofrece su vehículo para acercarme al centro. La velocidad de su inglés es tal que sólo capto ideas y a veces creo que ni él mismo está seguro de lo que dice.  '¡Qué gran papa fue Juan Pablo II!', dice mi benefactor mientras me habla de que ser católico en Brunei es algo más que una cosa rara: se conocen todos, claro. 'Hay tres obispos', me cuenta mientras recorre unas carreteras modernas, cuidadas y totalmente vacías, 'y tenemos comunidades de católicos en las principales ciudades'. Suerte que la sharía no se les imponga directamente aunque sí de modo tangencial: los no musulmanes deben vigilar sus espaldas antes de mencionar a Allah o entrar en discusiones sobre la fe islámica. Tampoco se puede poner en tela de juicio la labor de Hassanal, que ha sido desde sultán a jefe de estado, primer ministro y ministro de defensa o de finanzas, patriarca del estado feliz en el que no puedes encontrar ni una gota de alcohol, para desesperación de los expatriados, ni una mujer vestida a la occidental.

Brunei por Hachero

Un despropósito para una familia que vulnera en su vida diaria cada punto de la sharía que tanto interés tienen en instaurar. Por ejemplo, la colección de vehículos de lujo, que no es propia del sultán sino más bien de su hermano menor, el Príncipe Jefri, quien sufre una supuesta afición por el sexo, los harems y las grandes fiestas subidas de tono. De momento las sospechas recaen sobre Jefri, todo un friki que controló durante años las ventas de petróleo y gas desde su ministerio de Economía (hasta que lo echaron por el desastre que estaba gestando) y que, según el New York Post, tenía un yate de 152 pies que se llamaba 'Tetas', y dos yates menores: Pezón 1 y Pezón 2. Jefri además tiene 17 hijos, productos de su alegre vida genital, y ahora vive lejos del sultanato porque le condenaron a pagar casi 4.000 millones de euros por el desfalco que produjo y si se topa con su hermano acaba en los calabozos reales. The New York Post recoge la historia de Shannon Marketic, una miss norteamericana que aseguraba haber recibido una oferta de trabajo de 3.000 dólares diarios para un trabajo promocional en Brunei y terminó convertida en esclava sexual obligada a bailar para el príncipe, una historia que se ha escuchado en otras ocasiones en boca de otras chicas, como Jillian Lauren, que escribió un best seller basado en su supuesto cautiverio, 'Some girls: my life in a Harem'.

Brunei por Hachero

Y no es que el sultán se quede muy atrás en lujo: según Vanity Fair su mansión tiene 1.788 habitaciones, 257 cuartos de baño, cinco piscinas, un salón de celebraciones con capacidad para cinco mil personas y un garaje para más de cien coches. Una humilde cochera en comparación con la colección de su hermano, que se cifra en 3000 vehículos que hacen más comprensible el extraordinario buen estado de las carreteras de este país tropical. Las vías están en franco buen estado y me pregunto si será por el bien de sus súbditos o porque de otro modo no tendría sentido su espectacular colección. Una colección misteriosa y escondida de la que apenas hay alguna foto robada y el testimonio de un broker de los coches, Michael Sheenan, uno de los pocos occidentales que ha conseguido entrar en el misterioso garaje y cuyo asombro puedes ver pinchando aquí. Entre sus coches, Aston Martin construidos ex profeso para el sultan, modelos de Bentley sobre chasis especiales, BMWs originales y únicos, multitud de ferraris pero con la excepcionalidad de que del F50 Bolide, propiedad del sultán, no se conoce nada más porque oficialmente no existe... Por las calles, eso sí, los vehículos de alta gama son legión, y parecen recién sacados del paquete, de nuevos. Lo mismo ocurre con la mayoría de las viviendas, nuevas y modernas, a pesar de algún barrio menos favorecido en el que intuyo viven inmigrantes.

Brunei por Hachero

De hecho el 90% de su PIB procede del petróleo y en los supermercados encontrar un producto local es tan difícil como ver el garaje del sultán. Un país que produce al día 25.3 millones de metros cúbicos de gas no puede tener problemas económicos aunque sí de estrategia y visto lo visto (fundamentalismo religioso, barra libre de servicios sociales y gasto exagerado en pamplinas por parte de la familia real) no parece que el mundo posterior al crudo genere más que inquietud. A día de hoy importa el 60% de sus alimentos, lo que deja entrever que el resto de productos, desde tecnología a locomoción pasando por todo lo que uno puede imaginar, viene de fuera. Un mundo a la medida del sultán y su familia, una suerte de mundo feliz en el que el nombre, Morada de la Paz, está muy bien puesto porque apenas ocurre nada más destacable que una ráfaga de viento o que unos turistas se pierdan en la inmensidad de una ciudad vacía. Pero vacía solo sobre el papel porque en cada esquina, en cada rincón, puede observarte un rostro enjuto y serio.

El rostro del sultán.

Brunei por Hachero

martes, 29 de julio de 2014

Viaje al mar del sur de China: las Spratlys son de Filipinas, y de China, y de Taiwan, y de Malaisia, y de Vietnam, y de Brunei...


Allá en el horizonte se esconden las doscientas islas de la discordia. Los vietnamitas las conocen como las islas de las 'Arenas Largas' (truong Sa), los chinos les dicen 'El archipiélago de las Arenas del Sur' (Naansha Qundao) y los filipinos 'Islas de la Libertad', o Kalayaan en tagalo. Los tres países consideran suyas unas islas que en algunos casos ni siquiera sobresalen de las aguas más que unos centímetros (en marea baja). Por si fuera poco, el extraño país de Brunei dice que algunas de esas islas son suyas, como el arrecife Louisa, Malaisia dice que el archipiélago se llama Kepulauan Spratley y lo reclama como suyo, Taiwan afea a los demás tanta ambición y dice que son los auténticos dueños de las Nansha Qundao (como chinos que son utilizan el mismo nombre que Pekín). Desde la isla de Palawan no acierto ni siquiera a intuirlas, a pesar de que la marea baja obliga al mar a retroceder cientos de metros (no exagero: cientos de metros). Pero ahí deben de estar, en el mar del sur de China, islas codiciadas por seis países y un motivo de fricción que puede acabar en un conflicto cuando menos se espere.


mar de China por Hachero

 Un extraño mar del que sobresalen islotes que desaparecen y florecen tallos verdes[/caption]



Entre las Filipinas y Vietnam sobresalen levemente del mar las islas Spratlys, el botín deseado por todos los vecinos del Mar del Sur de China (Cortesía de: http://www.dailymail.co.uk/news/article-2088414/Dispute-oil-rich-islands-South-China-Sea-escalate-state-state-conflict-U-S-admiral-warns.html)

Mi primo Joel, que es filipino, se indigna con la polémica: 'mira el mapa, están al lado de las Filipinas, está claro que son nuestras', se indigna con gesto adusto y regusto patriótico, '¿qué quieren esos chinos?'. Pues esos chinos, y aquellos vietnamitas, y aquellos malaisios, y hasta los taiwaneses y como se llamen los de Brunei quieren lo que quieren todos: petróleo, gas y pesca. Mucho petróleo, mucho más gas y aún más pesca: dicen los expertos que en esas aguas puede habitar una décima parte de la pesca de todo el planeta. Frunzo el ceño y miro el agua incrédulo cuando un alevín de pez espada se asoma para mirarme a su vez.

mar de China por Hachero


Para ponerlo sobre el papel: Brunei reclama el arrecife del sur del archipiélago, las Filipinas ocho islas del conjunto y parte del mar de China, un reclamo este último (el del mar de China) que choca frontalmente con las peticiones de los gobiernos de China, Vietnam y Taiwan. Un mar que para Pekín es de 'interés estratégico' y unas islas que, en honor a la verdad, están entre las Filipinas y Vietnam. El periodista y estratega norteamericano Robert D Kaplan encuentra similitudes entre el Caribe y este mar de China, no tanto en su estética (que también) sino en el papel que le permite jugar a una gran potencia. En el caso del Caribe fueron los Estados Unidos quienes lo conquistaron a finales del siglo XIX (a costa de España) y les dio impulso para lanzarse a la conquista del resto del planeta. Si a Washington le importó realmente poco eso de la soberanía nacional y plantó su bandera en Puerto Rico y en otras muchas islas, lo que vino a ser como poner una piscina en su patio trasero... Los chinos, que también leen historia (sobre todo porque tienen más que nadie) tienen ambiciones:sospechen mal y acertarán: eso de la cercanía en un mapa les importa un soberano pimiento. Se trata de geoestrategia, de liderazgo y de recursos energéticos.

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Y para corroborar el enorme lío y que la fuerza tiene voz y voto en este conflicto internacional, basten estos datos: China ha ocupado por la fuerza ocho arrecifes del conjunto (que suman entre todos menos de una hectárea), Malaisia ha ocupado tres arrecifes y un banco de arena (además de construir una isla artificial), Filipinas tiene ocupadas siete islas, dos arrecifes y un islote, Taiwan posee una isla (la mayor del archipiélago, Itu Aba) y un arrecife, y por último Vietnam ha ocupado siete islas, quince arrecifes y tres bancos de arena. La mayor parte de esas ocupaciones son cayos o islotes sin mucha importancia, sobre todo porque casi todos sólo son visibles cuando baja la marea. El lugar es tan extraño que ni siquiera se sabe el número exacto de islas y los mapas compiten en mostrar puntos que bailan de un plano a otro.

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Visto el archipiélago desde el aire con el google earth se aprecian construcciones levantadas sobre algunas de las remotas islas
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Dice Kaplan en su último libro, 'Asia's Cauldron', que la aspiración de China a esta cadena de islas viene de lejos y que desde el siglo XV al XIX las dinastías Ming y Qing las incluyen en sus planos. Sin embargo, y con un mapa en la mano, los chinos parecen los menos indicados para reclamar nada. Pero la geopolítica y los intereses de una superpotencia en expansión como la china tienen otros razonamientos y aquí impera la fuerza. De hecho los chinos tienen un modo muy peculiar de reclamar las islas: la línea de la lengua de vaca, le dicen,  un mapa que el Kuomintang chino elaboró a mediados de siglo para justificar sus reclamaciones. En el plano, la línea zigzaguea por el mar del sur de China para, casualmente, acaparar todas sus aspiraciones y darles una consistencia de legalidad en una reclamación un tanto errática que, vista sobre el mapa, adopta esa forma: la de una lengua de vaca. Claro que la consistencia es débil, más allá de la fuerza militar de Pekín, y recuerda a la que Kaplan mencionaba antes, la del Caribe, donde no hubo ni siquiera este burdo intento. Los chinos parecen decir: es nuestro y sanseacabó. Los demás protestan, con poca esperanza de conseguir nada más que una mirada de desprecio, y acuden a la armada norteamericana para que les eche un capote y equilibre fuerzas. Pero cada día que pasa los chinos tienen un mayor potencia económico y pronto llegará el día en el que Pekín ocupe tranquilamente las islas sin que nadie le tosa. Todos los aspirantes tendrán que mirar desde el horizonte, rezar para que la superpotencia económica no les hunda sus economías y recordar cuando sus pescadores se paseaban por unas playas que nunca han dejado de ser un paraíso en la tierra (y un infierno cuando soplan esos tifones huracanados y el mar se levanta en maremotos desbocados).

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Kaplan no es el único en intuir tambores de guerra en la zona: Susan George, en su Informe Lugano, considera más que posible un enfrentamiento entre China y Taiwan, por un lado, y con Vietnam y Filipinas, por otra parte, a resultas de estas islas y Miguel García Reyes alude a fuentes rusas para cifrar entre 15.000 y 30.000 millones de barriles de petróleo el yacimiento que esconde el lecho de las Spratlys (ver su libro 'Estados Unidos, petróleo y geopolítica'). La literatura es abundante y coincidente en la posibilidad de la guerra y, al tiempo y paradójicamente, en su imposibilidad dada la gran superioridad de China en todos los sentidos. Mientras, los habitantes de Palawan, la tierra firme más cercana a las Spratlys, sobreviven como pueden, ahora un tifón, ahora un terremoto, más tarde el olvido del gobierno. Sus playas son paradisíacas, los turistas tienen para elegir El Nido, al norte de la isla, o el río subterráneo navegable más largo del mundo, además de naturaleza desatada y pesca y anacardos a espuertas, pero sometidos, por tanto, al capricho del turismo internacional, que aquí se ve como un maná y al tiempo como una maldición. Mi prima Carmen me regala, así de pronto, dos kilos de anacardos. 'Le vendrán bien para el viaje hasta España', me dice tan fresca que le beso la mano en agradecimiento. Si fallan los turistas, falla la economía de la isla y falla todo...

mar de China por Hachero

Los vietnamitas, volviendo al tema de las Spratlys, dicen que las islas son suyas con algo más de razón que los chinos porque están justo enfrente de sus costas y, además, los franceses las ocuparon durante la colonia de Indochina, por lo que, razonan en Vietnam, es la demostración más palpable de que la isla es nuestra. Para liar la cosa resulta que existen unos escritos del siglo XVII, de la dinastía Nguyen, que las mencionan como propias y se quejan de la falta de agua fresca en esos peñascos repartidos por el mar. Las islas, vistas desde el cielo con el googlemaps, ofrecen bellas estampas de atolones con tonalidades marinas de azules imposibles y sensación de aislamiento absoluto. En algunos casos pueden verse islas donde han construido pistas de aeropuerto tan grandes que duplican la misma longitud del islote, y en otros casos no puede verse absolutamente nada porque la zona está sombreada y se presume que habrá algún tipo de despliegue militar. El petróleo y el gas tienen su importancia pero dicen los expertos que aquí puede encontrarse una décima parte de la pesca de todo el planeta. Tanta es la tensión que los pesqueros chinos navegan acompañados de patrulleras chinas y que no hay semana en la que se produzca alguna fricción que haga temer lo peor a los geoestrategas del sudeste asiático. A ras de suelo no se adivinan esas tensiones y sí un mar de aguas transparentes con extrañas medusas que dormitan en el fondo con la cabeza hundida en la arena...

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Algunos islotes han sufrido remodelaciones que los han dejado irreconocibles, como esta isla filipina Kalaayan, mientras que otras, como la de abajo, aparece sombreada en los mapas, no vaya a verse qué hacen y quiénes...
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Pero si lo que reclaman los vietnamitas parece más coherente que las razones chinas, los filipinos lo rompen con un rápido vistazo al mapa: las islas están a tiro de piedra de Palawan, la isla de mis primos perdidos, el motivo de mi visita a las Filipinas y a Palawan. Claro que también son los más débiles de todos los vecinos, con un gobierno errático y perdido en corruptelas y luchas intestinas contra rebeldes musulmanes y terroristas islámicos radicales, como los que me contó el padre Max en Zamboanga (pincha aquí). Los filipinos tienen verdadera necesidad de acceder a los recursos energéticos y pesqueros de las Spratley pero no parece que sean los que se lleven el gato al agua. Los filipinos, como dije antes, llaman a las islas Kalayaan, que significa Tierra de la Libertad, o Freedomland, despreciando ese nombre tan lioso de Spratly, en homenaje a su supuesto descubridor, un tal Richard Spratley, capitán de un ballenero, y prefieren el nombre que les dio un millonario filipino, Tomás Cloma, que tomó posesión oficialmente en 1956. De hecho las Spratlys están tan cerca de Palawan que los habitantes de las exiguas islas van a Puerto Princesa para avituallarse y hasta el alcalde de Pagasa, uno de esos islotes, vive allí porque los tifones y las olas le impiden residir permanentemente en su hogar. Entre los filipinos la impresión es de que les han robado en sus propias narices y que no pueden hacer nada por evitarlo. Es más: tienen miedo de que les invadan Palawan y están convencidos de que, antes o después, ocurrirá. No tranquiliza saber que incluso los matones de Abu Sayyaf han sido capaces de atacar hoteles en esta estupenda isla y de trasladar a los rehenes al archipiélago de las Jolo y las islas Sulu, que no están precisamente cerca...

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Los taiwaneses también aspiran a pillar cacho. De momento tienen 140 hombres, según asegura Kaplan, en Itu Aba, la mayor de las Spratlys, y como buenos chinos que son, pero isleños, utilizan los mismos argumentos que sus acérrimos enemigos de Pekín. Las islas son nuestras y se acabó, y las razones se solapan con las de los chinos porque, no olvidemos, son los mismos chinos que los del continente, aunque en una isla desde que Mao Zedong expulsó a Chan Kai Shek a lo que hoy es Taiwan.

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La aspiración malaisia es más reciente y hay que remontarse a 1979 cuando Kuala Lumpur pareció caer en que perdía el paso si no reclamaba algo de este embrollo. Y qué decir de Brunei, que reclama como suyas dos arrecifes que están más cerca de Vietnam que de sus remotas costas. Pareciera como que el que no llora no mama en esta región. Y mientras mis primos le hincan el diente a un gran cangrejo que aquí llaman algo así como 'Cucracho', asisto atónito al vaciado de la marea.

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La marea baja en Palawan y parece que el agua huya de los humanos. Intento llegar a la orilla pero está tan lejos que me canso de andar y me siento en un charco a observar cómo los lugareños revuelven la arena en busca de mariscos. Sacan esponjas, cangrejitos, pequeños crustáceos y pienso entonces cómo en ese justo instante alguien en la gaditana playa de la Caleta hace exactamente eso mismo. Pero la marea aquí baja una barbaridad, si trasladara la proporción a Cádiz creo que podría andar desde el castillo de Santa Catalina hasta la mismísima base de Rota sin mojarme los pies. No me extraña entonces que haya tantos islotes que sólo asoman con marea baja. La marea baja aquí es realmente baja... Joel me observa divertido y recuerda que algunos de los islotes en disputa no son otra cosa que producto de la marea baja.

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Por si fuera poco el nivel de tensión que generan esas islas dispersas, las Spratly tienen una historia añadida que les confiere un puntito de marihuanero pasado de rosca. En 1914 un británico llamado James George Meads tomó posesión de algunas islitas, se nombró a sí mismo rey James I y estableció el que llamó Reino de la Humanidad, un reino efímero que desapareció durante la segunda guerra mundial, cuando los japoneses ejecutaron a la guardia real y pusieron a la fuga al heredero, el supuesto rey Franklin I. En 1959 un alemán oriental, Christopher Schneider, fundó la República de Morac Songreti Meads, un reino rival del de la Humanidad, aunque un tifón se lo llevó por delante y murió a principios de los setenta. (Aquí puedes encontrar información sobre la rivalidad de estos dos reinos) . Un lugar apto para orates de la otra parte del mundo que sufran accesos monárquicos y autoritarios de islote. Abandono Palawan sin poder pisar ninguno de los islotes, hacen falta muchos días para embarcarse en un pesquero o varios permisos para sobrevolarlos y no tengo más tiempo. La próxima vez será...

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