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jueves, 22 de noviembre de 2012

Viaje a Cizre: las manifestaciones en el Kurdistán suelen terminar a tortazo limpio



Cada poco tiempo, el PKK, el Partido de los Trabajadores Kurdos, recuerda a sus simpatizantes, y también a los que no lo son, que mantienen una aparatosa guerra contra el gobierno de Turquía y que la región de la Anatolia, que ellos reclaman como un país llamado Kurdistán, vive un estado de guerra. El sur de la región se paraliza entonces, cierran los comercios, las calles permanecen vacías, la presión del movimiento se siente mucho más en las poblaciones pequeñas donde individuos de aspecto sospechosamente elegante vigilan las esquinas y que los menos convencidos no abran sus comercios. Me dirijo a Cizre, ciudad a orillas del Tigris en la frontera de Turquía con Siria y bastión de los rebeldes desde hace décadas, y el minibús se detiene en una fantasmagórica ciudad, Idli, con las persianas echadas y tan sólo algunos niños jugando por la calle. El minibús se niega a seguir pero hay otro que se arriesga al trayecto: el primer obstáculo, a la salida de la ciudad, un control de policías que parecen más bien paramilitares, vestidos con chaquetas de cuero y armados con metralletas. Pocos kilómetros más tarde son los militares los que piden los pasaportes y confirman, por si fuera necesario, que la zona es una de las más peligrosas del país.


En la ciudad de Idil la huelga se ejecuta sin fisuras: es zona del PKK...


Pocas horas antes un comando del PKK ha secuestrado a tres profesores que viajaban en un autobús, una respuesta al ataque que sufrieron sus bases junto a la frontera con Irán que dejó catorce guerrilleros muertos. En este contexto de dimes y diretes diarios, la huelga de hambre de cientos de presos kurdos que ha durado casi setenta días no ayudaba precisamente a mejorar la situación. La huelga de hambre surgió de un preso de la cárcel de Mardin, en pleno pretendido Kurdistán, Faysal Sariyildiz, quien exigía con su protesta una mejora en las condiciones de vida de Abdullah Ochalan, el líder del PKK, el partido kurdo de los trabajadores, en prisión desde 1999 y en aislamiento desde hace más de un año. Pero no era su única petición: el uso del kurdo en las universidades y en los tribunales, una vieja aspiración del movimiento kurdo, fueron sus otras exigencias y el gobierno turco lo miró con condescendencia: no coma si no quiere, parecieron decirle. Lo que no sabían es que su ejemplo se extendería como un reguero de pólvora y que pronto fueron decenas, más tarde centenares y finalmente terminaron siendo miles los presos kurdos en huelga de hambre. 





Mi objetivo en Cizre es acudir a un acto público de apoyo a los huelguistas, una manifestación que recorrerá las calles de la ciudad para terminar en un acto público. Pero el gobierno de Ankara prohibe estas demostraciones, de hecho prohibe todo lo kurdo y lo persigue porque, según la ley turca, pone en peligro la integridad de la nación. Los kurdos se sienten identificados con cualquier lucha étnica y cuando escuchan mi nacionalidad, española, levantan los pulgares y me gritan alegres 'viva la ETA'. Es curioso pero cualquier español levanta simpatías porque, para ellos, España parece limitarse a Cataluña y País Vasco. 


Mi primer encuentro en Cizre: niños con cocktailes molotov peleándose con la policía


Por fin llego a Cizre pero más que una ciudad parece una nube a los pies del Tigris: cientos de adolescentes, algunos ni siquiera eso, más bien son niños, corren por sus calles mientras tanquetas de la policía les disparan bombas lacrimógenas. Los niños llevan grandes piedras con las que les responden, alguno tiene un cocktail molotov, muchos llevan pasamontañas. 


Las calles de Cizre me reciben con una bonita nube de gas pimienta

Cerca de la avenida principal localizo la sede del Partido de la Paz y la Democracia, el BDP, el promotor del acto público y principal partido kurdo, a cuyas puertas se arremolina una colorida multitud: mujeres ataviadas con sus trajes típicos kurdos, hombres con los tradicionales pantalones bombachos y turbantes que me parecen las conocidas kafias palestinas. Están alborotados porque saben que no tienen permiso para celebrar la marcha prevista, y eso que hoy vendrá un conocido político kurdo que es además parlamentario nacional: Idris Balukan. Los cargos electos me repiten sus reivindicaciones: mejores condiciones para Ochalan, enseñanza del kurdo en las escuelas, su uso en los tribunales. Karam es un joven que habla algo de inglés y me cuenta que esta tragedia lleva ya cuarenta años, que ha costado cuarenta mil vidas, sobre todo de kurdos, y que sus líderes electos han sido detenidos, golpeados, torturados y ejecutados por miles. Amnistía Internacional da fe de esos datos y, para corroborarlo, Karam me enseña la fachada de la sede: está acribillada a balazos. 'Fue la policía', asegura cabizbajo. 


La fachada de la sede del BDP de Cizre está ametrallada...


... y dentro los políticos locales no pierden detalle de las noticias turcas...


... y mientras, fuera, se inicia la marcha prohibida por las autoridades


Las leyes turcas no reconocen minorías en el país, consideran perseguible penalmente cualquier mención a la cuestión kurda y no se paran ante la inmunidad de los cargos electos. Las sedes de los partidos han sido ametralladas, como esta que visito, bombardeadas, quemadas, asaltadas, confiscadas. Y eso sólo si hablamos de las sedes: alcaldes, concejales, directores generales y hasta parlamentarios han terminado en la cárcel o sus cuerpos asesinados en cunetas por mencionar la cuestión étnica. Una auténtica guerra que tuvo su apogeo en la década de los noventa y que ahora, con la excusa de la huelga de hambre, parece haber vuelto a la peor época: coches bombas, secuestros, retaliaciones, bombardeos militares, violentas protestas callejeras...



El PKK nació en un contexto de impotencia legal, cuando ni tan siquiera los políticos kurdos podían dar salida a sus reivindicaciones a través de las urnas. Claro que los revoltosos muchachos del PKK entonces se centraron en los militares y los policías y los enfrentamientos han jalonado la historia reciente de Turquía de miles de muertos. De hecho, el BDP es el heredero del DTP, que a su vez fue el heredero del DEHAP, que a su vez.... Todos los partidos kurdos terminan siendo ilegalizados por sus supuestas conexiones con el PKK y sus cargos, perseguidos. Puede que algo haya porque nada más salir a la calle el colorido y nutrido grupo de manifestantes estalla en un clamor: Ocalan, Ocalan, gritan las mujeres mientras avanzan por estrellos callejones de casas de adobe, las vecinos se asoman y muchachos embozados saltan de los tejados. Los hombres les amenazan con guantazos de los de antes, de mano abierta, para que no provoquen a la policía y los muchachos, más bien niños, se achantan, pero sólo un momento porque cuando los adultos vuelven a hablar de sus cosas los enanos ya están recogiendo piedras nuevamente. Las mujeres, en su tradicional ulular, cantan Ocalan, Ocalan, el apellido de su líder y yo me pregunto: ¿realmente no tienen nada que ver con el PKK? Pegada en la puerta de acceso a la oficina del BDP recibe al visitante una gran pegatina con la cara de Ocalan, en el despacho del portavoz del BDP de Cizre vuelvo a encontrarme la misma pegatina. Ocalan es el rey sin corona, el único que se atrevió a dar voz al pueblo kurdo y a devolverle el orgullo de raza, aunque para ello haya empleado métodos que no sólo destruían al enemigo, el gobierno turco, sino a ellos mismos, a los kurdos.


Abdullah Ocalan en una pegatina en la sede del BDP de Cizre

Cizre no es cualquier ciudad. A pocos kilómetros de Siria, y también de Irak, en los últimos años ha sufrido desde algún que otro bombardeo a razzias indiscriminadas de soldados muy enfadados por la muerte de compañeros en emboscadas. Históricamente Cizre es un cruce de caminos muy interesante que incluso acogió un obispado de la iglesia asiria. Hoy es un feudo del PKK en una provincia, la de Sirnak, que es otro feudo igual pero más grande. Y, como decía antes, algo de eso debe de haber cuando las mujeres gritan a todo pulmón su clásico Ocalan, Ocalan. Los policías, mientras la marea humana avanza, y tal libres de la amenaza de que algún adulto les dé el guantazo que se buscan con ahínco los menores, se envalentonan y jalonan la travesía de bombas lacrimógenas que caen como chubascos en una borrasca.

Caen bombas lacrimógenas y todos lloramos como magdalenas


Incluso el parlamentario venido de Ankara


Las nubes de humo hacen llorar al parlamentario venido de Ankara, Idris Balukan, que me promete una entrevista después del acto, y una señora le ofrece amable un pañuelo y un trozo de limón. Las protestas se han convertido en el pan nuestro de cada en toda la Anatolia. Las he visto a las puertas de la universidad de Mardin, donde una treintena de estudiantes kurdos leía un manifiesto bajo la atenta mirada de al menos medio centenar de antidisturbios preparados para intervenir. Las he visto en Gaziantep, donde un grupo de abuelos y abuelas exigía sus derechos mientras cinco policías les grababan de un modo bastante chulesco y provocador. En Diyarbakir, la patria chica del pueblo kurdo, son habituales y la lista puede seguir hasta completar el mapa entero de la Anatolia.


Los niños juegan a la guerra con piedras y cocktailes molotov contra gas pimienta y fuego real


Las aspiraciones de Turquía se mueven entre las ganas de ejecutar a Ocalan, cosa que el presidente Recep Erdogan dijo sin pudor hace unos días, y entrar en la Unión Europea, para lo que debe dejar atrás las prácticas de matón de colegio que usa habitualmente. Claro que las cosas en Turquía van lentas. El mitin de Cizre va a comenzar en un destartalado tejado, donde han colocado unos altavoces. La colorida muchedumbre se arremolina a los pies del edificio, las mujeres chascan sus lenguas en un tradicional canto kurdo, los niños acumulan piedras por si acaso, las tanquetas de la policía observan desde cien metros, las nubes de gas pimienta comienzan a dar un respiro. Los cargos locales, tan importantes en la causa kurda, toman la palabra con la mente puesta en sus compañeros en huelga de hambre: tan es así que el alcalde de Diyarbakir, la mayor ciudad kurda, anuncia que secundará la huelga y cinco diputados nacionales también. 



Por fin va a comenzar el mitin del BDP
Pero la policía nos observa desde una colina en el centro de la ciudad de Cizre
Y con la excusa de que los niñatos llevan capucha y que el mitin no está autorizado...
... se lían a petardazos contra todos, políticos, niñatos, abuelas y abuelos, kurdos en general y contra mí, en particular...



El parlamentario venido de Ankara se dispone a hablar, agarra el micro, los asistentes miran al cielo mientras hacen la señal de la victoria, el micrófono se acopla y suena un trueno lejano: los antidisturbios han lanzado una nueva bomba lacrimógena que impacta en la multitud, a pocos metros de donde me encuentro, y le sigue otra bomba, y otra más, que reciben respuesta en forma de piedras y pandillas de adolescentes. A mi lado un abuelo, de rodillas, vomita, un grupo de mujeres ha perdido sus pañuelos y huyen avergonzadas, vuelan piedras y botes de gas, lloro como un condenado y decenas de manos me ofrecen caramelos para mitigar el llanto, trozos de limón, las puertas abiertas de algunas casas. El parlamentario kurdo venido expremente desde Ankara, el tal Idriss, huye como alma que lleva el diablo saltando por entre las tapias del vecindario. No ha podido hablar ni una sola palabra y tampoco me concederá la entrevista porque yo, entretanto, huyo de la lluvia ácida hacia lo desconocido. El mitin ha terminado y las huelgas seguirán colapsando el sur de turquía y amenazando la credibilidad internacional del gobierno de Ankara. Otra vez los kurdos no han podido abrir la boca para reivindicar lo suyo, otra vez han vuelto a hablar piedras y bombas.





© José Luis Sánchez Hachero
sanchezhachero@hotmail.com

















miércoles, 7 de noviembre de 2012

Viaje al Kurdistán: setecientas huelgas de hambre, el PKK y la independencia del Kurdistan


Mustafá sonríe plácido mientras me asegura que el País Vasco y Cataluña son sus ejemplos a seguir. 'Tienen periódicos en su lengua', dice, 'ven la televisión en su idioma, lo estudian en sus universidades y hasta pueden usarlos en los tribunales'. Mustafá es un seguidor del PKK, el ilegalizado partido kurdo de los trabajadores, que mira al infinito mientras fantasea con su Kurdistán libre al estilo de una Cataluña que considera poco menos que el paraíso terrenal. No es tan fácil, le digo, también allí hay aspiraciones, discrepancias, sueños que se antojan lejanos y otros ejemplos a seguir: Escocia, sin ir más lejos, o Québec, si es por irse más lejos aún. El paraíso siempre está en la otra esquina, pienso repantingado a las puertas del comercio de Mustafá junto a la mezquita principal de Diyarbakir, la capital kurda de la Anatolia turca, aunque Mustafá sigue fantanseando, a partes iguales, con el ejemplo catalán y con los goles de Messi.

Mientras, casi 700 presos kurdos secundan una huelga de hambre, algunos desde hace cincuenta y siete días, lo que deja a una cincuentena de ellos muy cerca ya de la muerte, y lo hacen por lo que consideran una represión intolarable de su cultura. Piden que el kurdo pueda usarse en las universidades, en los tribunales, que puedan tener periódicos y cadenas de televisión en su lengua, y están dispuestos a morir por ello. Tampoco serían los primeros porque en los últimos treinta años son ya más de cuarenta mil las víctimas mortales que ha dejado este conflicto olvidado e incomprendido en Europa. Me desplazo a Mardin, ciudad de postal con mayoría kurda pero con vecinos cristianos del rito sirio y árabes. Hace cincuenta y siete días un preso kurdo encerrado en la prisión de la ciudad, un tal Faysal Sariyildiz, del partido Paz y Democracia, comenzó la primera huelga de hambre: además de las reivindicaciones clásicas, pedía también que Abdullah Ocalan, el líder del PKK capturado hace años, tenga acceso a un abogado porque lleva ya más de 400 días aislado y sin posibilidad de vuelta atrás. De hecho, el presidente de Turquía, Recep Erdogan, curiosamente casado con una kurda, ha dejado caer la posibilidad de resucitar la pena de muerte para ejecutar al que considera un asesino. Claro que otros lo ven como guerrillero y luchador por la libertad,  por eso el ejemplo de Faysal en la cárcel de Mardin se extendió a 66 cárceles más, hasta alcanzar los casi 700 presos en huelga de hambre. Entre ellos la esposa de mi amigo Kamiran Yildirim, una parlamentaria que no come desde hace catorce días. Yildirim intenta olvidar la lucha durante la noche con unos tragos de rake, el aguardiente local que mezclan con zumo de zanahoria y de rabano (cosas veredes), pero por el día hace activismo y se presenta junto a los estudiantes de la universidad local para leer un manifiesto: más de lo mismo, es decir, nuestras aspiraciones a nuestra propia lengua, nuestra propia cultura y etcétera. Pero la protesta no deja de resultar curiosa: prohibidos como tienen los kurdos manifestarse, se limitan a mantener unos carteles en alto. En Diyarbakir se atrevieron a marchar, cosa que tienen prohibida, y los enfrentamientos con los antidisturbios fueron de impresión y dejaron decenas de heridos y detenidos.

El bueno de Kamiran a las puertas de la universidad de Mardin
La constitución turca prohibe las reclamaciones politicas que se vistan de religiosas y étnicas porque las considera amenazas evidentes hacia la patria turca, la aspiración del gran Atatürk cuya efigie sigue señoreando la Turquía rural ochenta años después de su muerte. El objetivo está claro: hay que modernizar el viejo país, y hay que hacerlo mirando a Europa, ese oscuro objeto de deseo, esa aspiración enfermiza que nos arranque definitivamente de la irracionalidad centroasiática. Y para eso hay que mantener a raya a la peor de las amenazas, la islamista. Pero también las veleidades étnicas que pueden romper lo que aún permanece de aquel extenso imperio otomano: en este caso, la Turquía rural, la olvidada durante decadas, la del sureste de la Anatolia. Por eso durante un siglo se ha denominado a los kurdos 'turcos de las montañas', por eso se les ha prohibido partidos que incidieran en lo étnico y que enarbolaran aspiraciones sospechosas de independentismo. Y por eso, también, surgió el PKK como aspiración de los que no querían esperar indefinidamente algo tan sencillo como la integración y el respeto de raza. Sin embargo, el PKK nace con la mirada puesta en las revoluciones latinoamericanas, en las tropelías maoístas y en el socialismo como modelo de gobierno. O lo que es lo mismo: gasolina roja para el fuego conservador de los turcos de occidente, facilmente asustadizos ante cualquier remedo sovietıco. Durante décadas el PKK se ha mirado en la ETA, en el IRA y hasta en las FARC para sacudirse el yugo turco y el resultado de este encono son los más de cuarenta mil muertos del conflicto.

Eso si, la huelga de hambre ha devuelto al PKK un protagonismo que había perdido en los últimos años, casi desde que su lıder, el ya mencionado Abdullah Ocalan, fuera detenido en 1999 en Nairobi despues de largo tiempo escondido en Siria. Tras su captura fue encerrado en una prision para el solo en el Marmara pero el tipo insiste en su concepcion de la lucha armada y ahora lleva mas de cuatrocientos dias aislado (que aprovechara para seguir escribiendo libros, como solia). Los diez mil presos kurdos del país incluso secundaron una simbólica huelga de hambre de dos días para recordar la situacion del que sigue siendo su presidente y algo se mueve en Ankara porque ya incluso considera reconocer el kurdo en los tribunales. Y piuede ser peor si alguno muere en los próximos días, cosa bastante fácil después de casi sesenta días sin comer. Kamiran está orgulloso de su mujer y su amplia sonrisa lo corrobora.

Aslan es ecamarero en el rehabilitado caravansar de Diyarbakir, convertido ahora en una sucesión de garitos con cachimbas. Levanta entusiasmado sus dos pulgares, y más si tuviera, cuando le pregunto por el PKK. 'De diez familias de esta region, ocho son del PKK', me asegura Mustafá, el del comercio en la mezquita. Pero el PKK no existe, está prohibido, borrado, su solo nombre se pronuncia bajito. Hasta que los simpatizantes convocan protestas porque los activistas pueden morir en prisión. Entonces se agitan nerviosos, corean consignas, colapsan la calle y organizan huelgas que paralizan pueblos enteros, y los antidisturbios, que tienen sus órdenes, los dispersan con cañones de agua, con gas pimienta, con porras y porrazos. Isfan es ingeniera y también kurda y asegura que en todos estos años ha perdido a treinta primos en los enfrentamientos y que a pesar de su iphone y su ipad y su altisimo sueldo su espiritu esta con la lucha porque ahora no se trata de socialismo o de marxismo ni leninismo: se trata de raza y los kurdos se sienten ultrajados historicamente. Treinta primos son muchos primos, incluso para las extensísimas familias de aquí, me digo, y supongo que algo queda. Anque los golpes viene por los dos lados. La televisión turca ha repetido mucho estos días la imagen de un cockatil molotov impactando de lleno en un policía y el PKK, como respondiendo a la evocación, vuela una comisaría y deja un soldado muerto y luego pone un coche bomba cerca de la frontera con Irán y arranca el suspiro a un niño de diez años junto a un reguero de heridos. Vuelan entonces los cazas turcos, en dirección a Iraq, donde se suponen muchas de las bases del PKK, protegidos por sus hermanos de raza de la Unión Patriótica del Kurdistán, que campea por la región de Mosul como previo a lo que algún día será, dicen, su Cataluña, su Escocia o su Québec.

El caravansar de Diyarbakir ofrece una curiosa imagen más allá de lo pintoresco que resulta todo. Alfombras con los rostros de conocidos héroes kurdos se mezclan indectiblemente siempre con la del Che Guevara, un icono rebelde que he visto en todas las aspiraciones guerrilleras de medio mundo y que alcanzó su máximo paroxismo en Timor Oriental, cuando un guerrillero del Falentil me presentó a su hijo con emocionado orgullo: 'lleva el nombre de dos grandes luchadores por la libertad, Bill clinton Che Guevara', me dijo el individuo. Los kurdos no han llegado a tanto pero se han quedado muy cerca, mira esta noticia. Mientras, Víctor Jara surca los aires del caravansar con su pueblo unido jamás será vencido y sus notas chocan con las alfombras kurdas que acolchan las paredes...


Los muchachos de la universidad se dispersan tras su protesta pacífica. No eran ni treinta pero los antidisturbios eran más de cincuenta. La lucha desigual sigue, bombas clandestinas contra cazabombarderos, huelgas de hambre contra prohibiciones constitucionales. Ankara mueve ficha y deja caer, como decía, que permitirá el uso del kurdo en los tribunales, una puerta inaudita hasta ahora que parece empezar a abrirse para que, ya que Messi no jugará en el Galatasaray, sí les acerque al menos un poco más a Cataluña. Aunque entonces una de las estudiantes me mira sin comprender: 'si tienen todo eso, ¿por qué se quejan?' Porque las aspiraciones no se esfuman cuando se consiguen, supongo yo, evolucionan y quieren crecer y tal vez llegará el día en que los kurdos no se miren en el espejo catalán y les toque entonces el escocés.
Kurdos

©Jose Luis Sanchez Hachero
sanchezhachero@hotmail.com














 

martes, 24 de abril de 2012

Viaje a Israel: muros y fronteras de un país enchironado


Durante la primavera del año 2004 tuve mi primera experiencia con los cuerpos y fuerzas de seguridad de Israel. Ocurrió en el aeropuerto del Prat, en Barcelona, en el mostrador de la compañía israelí El Al Israel Airlines cuando me disponía a viajar, junto a mi pareja, a Tel Aviv. Las inmediaciones del mostrador estaban acotadas y vigiladas por varios agentes de paisano y algún policía nacional de España. Éramos los únicos clientes en un gran espacio vacío. Tras el mostrador se perdían dos azafatas solitarias esperando trabajo pero éste aún tardaría en llegar. Dos agentes de paisano nos separaron, a mi pareja y a mí, y nos interrogaron de la manera más agresiva y ofensiva que pueda uno imaginarse. Me tocó en suerte un tipo llamado Boris que comenzó por preguntarme a gritos el motivo de mi visita a Israel. Le pedí educadamente que no me gritara pero el tipejo continuó soltando saliva a voz en grito y en inglés. Mientras, mi pareja sufría el equivalente, interrogada por una agente de paisano. 

Al segundo grito le dije al ominoso Boris que si quería gritarme lo hiciera en mi lengua. El individuo me miró atónito porque no podía entender que no comprendiera el idioma universal y pasó a gritarme en castellano. Entonces le grité yo también en castellano. Fue el acabóse: 'acompáñeme', dijo, y, junto a mi pareja, me llevó a un cuartito donde los gritos aumentaron de intensidad. Procedieron a un registro minucioso de maletas y bolsillos, primando siempre la actitud ofensiva, y finalmente decidieron confiscarme la cámara de video.

Yo lo llamo de otro modo: me robaron. Un robo que podemos calificar de No Permanente porque en unas semanas me la enviaron a mi domicilio, no sin varios golpes importante que me obligaron a reparar el zoom y el visor.

El griterío, las amenazas y las frases feas, sin llegar a caer en el insulto, volaron en ambas direcciones hasta que llegaron a la conclusión de que no éramos peligrosos terroristas con la mente puesta en volar el avión. En ese momento, su actitud cambió y el ominoso Boris incluso bromeó y pretendió pasar por 'un tío enrollado'. Al salir del cuartito, donde habíamos pasado algo más de dos horas, intenté dirigirme a un guardia civil, ya saben: esos agentes de verde que son la esencia de las fuerzas de seguridad patria y la enseña de España: me dijo que no quería saber nada acerca de un cuartito para interrogatorios para unos cuerpos y fuerzas de seguridad extranjeros en un aeropuerto nacional. Interesado por el tema, a mi vuelta pregunté e indagué tras una ristra de abogados, policías y políticos obteniendo una sola respuesta: esos cuartitos no existen.

En Estocolmo han prohibido recientemente estas prácticas porque las consideran vejatorias y racistas. Antes lo hicieron en Malmoe, también en Suecia, y en Dinamarca: prohibición interrogatorios Israel. Supongo que en España deberán, antes de prohibirlas, reconocerlas.


Aliviado al saber que lo que había vivido no existía, aunque son muchos los que han vivido esa humillante experiencia (incluso voluntarios para los kibbutz treinta años atrás), pude embarcarme a un país de muros y fronteras, de vallas y visados, de puestos fronterizos y check points. Y asistí en directo al levantamiento de aquel muro gris, aunque en su mayor parte más que pared es una alambrada salpicada por un muro de hormigón que alcanza los siete metros de altura, un muro-alambrada que recorrerá alrededor de setecientos kilómetros de los que al menos treinta serán exclusivamente muro de hormigón armado. Un muro que separa pueblos y familias, que expropia huertos y fincas y que permite, por cuarenta y cinco puertas, la entrada de los palestinos con el correspondiente permiso. Una tapia que da bocados con la estética de los lugares que cruza, en principio sobre la Línea Verde (la demarcación obtenida en 1949 tras la guerra árabe israelí de 1948), y que arrebata sin ningún pudor al menos el diez por ciento del territorio de la Cisjordania, porque queda del lado israelí.

El muro serpentea por la Línea Verde y en algunos puntos se adentra hasta veintidós kilómetros en territorio palestino, obligados, dicen los gobernantes de Tel Aviv, por motivos de seguridad: hasta siete asentamientos judíos quedan protegidos por el muro, a pesar de estar dentro de Cisjordania, a pesar de que esos asentamientos, como tantos otros, son ilegales y por tanto un expolio internacional al pueblo palestino.

Los israelíes consideran que el muro fue un acierto porque los atentados terroristas que sufrían han descendido de manera crucial y ahora son un mal recuerdo de aquellos años de Intifada. Y tan satisfechos están con aquella idea que ahora van a hacer otro más: esta vez a lo largo de la ciudad de Metula, en la frontera con el Líbano. Y en lugar de siete metros de altura, tendrá diez, y en lugar de treinta kilómetros de largo tendrá dos. Y en lugar de proteger de supuestos terroristas servirá para contener supuestos militares: antes era Hamas o los Mártires de Al-Aqsa, ahora es el ejército regular libanés (no mencionan a la organización chiíta Hezbollah sino directamente a los soldados libaneses, en algunos puntos tan pegados a los soldados israelíes que pueden distinguir si ese día se han afeitado o no). No es el único, si miran este gráfico (cortesía del diario británico The Guardian) verán que Israel se encierra cada vez más:



Un muro, el de Metuta, dicen en Israel, consensuado con los libaneses. Muros que tal vez los protejan de los disparos pero que los encierrna aún más en espacios más claustrofóbicos: tanto, que tienen que gritarle a los que se les acercan, tanto que tienen que reproducirlos en países que no son los suyos, en salas de aeropuertos, en trincheras políticas, tanto que viven encerrados, confinados, enchironados.



Vecinos del muro que pasa cerca de Bethelem



© José Luis Sánchez Hachero
sanchezhachero@hotmail.com

domingo, 15 de enero de 2012

Viaje a Israel: de terrores y terroristas



























En esta foto que encabeza el texto, Yihad me enseña las tumbas de algunos amigos suyos que murieron cuando hicieron explotar los explosivos que llevaban pegados a sus cuerpos. Era la semana santa de 2004, un año difícil en las relaciones entre israelíes y palestinos: pocos días antes el jeque Ahmed Yassin, fundador de la organización Hamas, había muerto asesinado por un misil israelí, un crimen que provocó una repulsa internacional unánime porque el citado jeque languidecía cuadrapléjico y ciego atado a una silla de ruedas. Lo curioso de la fotografía que Yihad protagoniza no está en las tumbas: sí, son suicidas. Tampoco en el nombre de Yihad: Guerra Santa, se llama el muchacho, ya saben, esa guerra santa que en el universo islámico no sólo alude a balas y misiles sino también a la fortaleza mental para no dejarse derrotar por el enemigo más allá de la violencia. Lo curioso del momento está en la tierra removida, en la arena sin lápidas, sin flores y sin muertos. 'Son las tumbas de unos amigos que todavía no han explotado', me dijo Yihad sonriendo con tristeza. A pesar de su nombre y de la difícil vida (en sus poco más de veinte años de vida jamás había salido del campo de refugiados para palestinos de Bethelem, nuestra Belén de los pastores), Yihad no pensaba inmolarse con uno de esos cinturones que facilitaban los más extremistas de Hamás pero algunos de sus amigos sí, ya lo habían hecho, y otros estaban tan convencidos que ya tenían reservada tierra en el cementerio. Eso si conseguían no desintegrarse en la deflagración y si los israelíes tenían a bien devolver los despojos a su familia.


De la mano de Yihad visité a varias familias palestinas que ofrecían, todas por igual, una imagen patética del conflicto. Sentados a las puertas de sus viviendas, las mujeres envueltas en oscuros velos, los hombres, siempre muy mayores o muy pequeños, masticando una ramita, estupefactos, destrozados por una cascada de desgracias que marcarían para siempre sus vidas. Todos eran parientes de miembros de Hamás. La mayoría habían sufrido la conmoción de tener un familiar involucrado en un atentado suicida. Muchos de esos parientes, gente joven, había muerto. Alguno había sido detenido antes de que explotaran. Todos sufrían ahora un castigo extra por sus lazos de sangre. Soldados israelíes patrullaban los alrededores de sus viviendas y los apuntaban con sus metralletas mientras equipos de obreros, al mando de poderosos bulldozers, demolían los cimientos de las casas. Junto a las tumbas sin muertos de Belén había solares limpios de escombros: eran las casas familiares de los suicidas. Sus madres, hermanos y primos deambulaban por las viviendas de sus parientes, buscando consuelo a su cúmulo de desgracias. La justicia israelí había sentenciado: de sus entrañas salieron terroristas, la ira infinita de la justicia no podía agotarse en la muerte o prisión del delincuente. 



Mark Perry es un conocido periodista que trabaja en el Foreign Policy y que ha escrito un documentado investigación sobre el papel del Mossad en oriente medio: artículo del F.P. Entre otros descubrimientos, Perry cita documentos oficiales de los EE.UU en los que se asegura que agentes de la organización israelí se hicieron pasar por agentes de la CIA norteamericana para contratar terroristas en Pakistán que ejecutaran acciones violentas en Irán. En una escalada dialéctica sin precedentes, los gobiernos de los Estados Unidos y de Israel repiten machaconamente que Irán pone en riesgo la estabilidad de la zona, que su empeño en desarrollar energía atómica esconde unas maquiavélicas intenciones para hacerse con una bomba atómica y que el estrecho de Ormuz pertenece a la humanidad y cualquier intento por discutirlo se pagará caro. La contratación de terroristas pakistaníes para atentar en Irán hay que encuadrarlo, pues, en este contexto, un contexto más amplio en el que Irán acusa directamente a los EE.UU e Israel de haber cometido recientemente el asesinato de un físico nuclear mediante una bomba lapa adherida a los bajos de su vehículo. Terroristas como los amigos de Yihad contratados por los castigadores de los familiares de los amigos de Yihad. Terroristas buenos y terroristas malos. Aquí abajo estamos en la vivienda de un médico que tuvo la mala suerte de ver cómo a pocos metros, puede verse, un asentamiento israelí se fue levantando poco a poco. Hasta que un día, un colono lanzó una bomba y destruyó la vivienda del médico palestino, que tuvo que emigrar porque peligraba la integridad de su familia.


Menahed Begin, Isaac Shamir y Ariel Sharon, padres de la patria y presidentes del país en distintos momentos, también encabezaron y formaron parte de grupos terroristas sanguinarios y crueles: Irgún, Stern, Hagannah. Coches bombas que destrozaban hoteles, civiles secuestrados y luego ejecutados, limpieza étnica. Claro que no eran propiamente terroristas para los suyos porque luchaban por su patria hebrea. ¿Dónde empieza el terrorismo y comienza la lucha justa contra el opresor? ¿Cuál es la diferencia entre el terrorista pakistaní contratado por el Mossad y el terrorista palestino de Belén que explota con su mortífera carga? El problema no deja de ser el del 'Otro'. Desde el agujero en la pared de la casa del médico puede comprenderse la diferencia entre el 'Nosotros' y el 'Ellos'. Nosotros simbolizamos la cordura, la familia, los Nuestros. Los Otros están allí, lejos. Si miramos desde aquí, el Lejos se aplica a los de Allí. Y al revés. Desde el lado de los colonos los que observamos por este agujerito somos los Otros. Los incivilizados, los que no tenemos derecho a estar ahí. Los malos. Del otro lado siempre vienen los Terroristas, los Malos. Del nuestro surgen luchadores por la libertad, gente decente que toma decisiones difíciles por el bien común, los Nuestros.



Cuenta Perry en su reportaje que George W. Bush montó en cólera cuando supo que los agentes del Mossad simulaban pertenecer a la CIA, una vuelta de tuerca en esta truculenta historia que se remonta, recordemos, a los años 2007 y 2008. El grupo contratado se llama Jundalah y los mismos EE.UU los han catalogado como grupo terrorista responsable de diversos asesinatos a oficiales iraníes y a civiles de la misma nacionalidad, entre ellos mujeres y niños. 



El dilema moral es muy entretenido y si dejamos fuera las consideraciones patrióticas y la realpolitik de Kissinger, la trama del Gran Juego que ha dominado Oriente Medio desde los tiempos de Richard Burton (Sir Richard Burton) nos deja un escenario paradójico en el que la ética y la moralidad no tienen acceso. Un estado que castiga a los familiares de terroristas pero que contrata a terroristas que ejecutan a civiles. Un país que fabricó armamento nuclear a escondidas y acude a terroristas de otro país que también fabricó armamento nuclear a escondidas para impedir que un tercero, al que acusa de terrorismo, fabrique armas nucleares a escondidas.



© José Luis Sánchez Hachero
sanchezhachero@hotmail.com




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