miércoles, 12 de noviembre de 2014

Viaje a Borneo: pesadilla en el paraíso del submarinismo (I)

Mantabuan por Hachero

Mantabuan no mide más de diez hectáreas pero al menos quince soldados malayos fuertemente pertrechados patrullan su perímetro. ‘Yo llevo tres años’, cuenta uno montado en una cuatrimoto con su M-16 al cuello y sudando copioso. 'Bienvenido al puesto de la isla de Mantabuan', saluda un cartel que parece una amenaza más que una bienvenida bajo el que se parapeta un soldado con gafas oscuras tras unos sacos terreros. El sol cae a plomo en esta minúscula isla, hogar de dos familias de pescadores y con una pequeña pero frondosa selva donde se esconde el cuartel de los militares.

Mantabuan por Hachero

Las aguas turquesas, el horizonte salpicado de islas rebosantes de vegetación que resbalan hasta el mar de las Célebes, el cielo nítido y azul, las barreras de corales. Ninguno de los soldados contempla el maravilloso paisaje con mis ojos. En los suyos hay cansancio, sopor, aburrimiento. Tan sólo la llegada, de cuando en cuando, de un bote cargado de turistas, sobre todo chinos, rompe la monotonía. Los chinos saltan despreocupados a tierra, a la isla de Mantabuan, y se aglomeran ante los soldados, que descansan bajo una frágil techumbre. Suenan clicks, saltan flashes, los soldados sonríen de mala gana, agarran firmes sus fusiles, posan junto a los turistas, juguetean con sus móviles.

Mantabuan por Hachero

En una hamaca otro soldado desgasta las yemas de los dedos pasando pantallas en su smartphone. El sopor se une al calor y la escena no deja de tener su interés. Los turistas chinos fotografían y se fotografían, se toman selfies, adoptan extrañas poses en la orilla, parecen salidos de otro mundo, un universo kitsch y multicolor que pasea despreocupado por una isla de postal mientras que a pocos metros los soldados languidecen aburridos aunque, de cuando en cuando, afinan sus prismáticos por si algo sospechoso merodea el pequeño reino del coral.

Mantabuan por Hachero

Mantabuan por Hachero

Mantabuan por Hachero

Porque esos soldados velan por la seguridad de los turistas, sobre todo chinos, que han sido repetidas veces secuestrados en el paraíso del submarinismo por piratas islámicos filipinos que viven a apenas dos horas de aquí. A principios de 2013 un grupo de unos doscientos milicianos provenientes de las filipinas islas Jolo invadió esta región malasia de Sabah, en el norte de la isla de Borneo, y exigió su integración en el Sultanato de Jolo, un reino que floreció en el medievo y que se extendía por estos idílicos paisajes. Los guerrilleros se atrincheraron en la ciudad de Lahad Datu, a unos kilómetros de aquí, y se montó una carnicería que pasó desapercibida en los medios occidentales pero que ha convertido el paraíso del submarinismo en una zona de alto riesgo. El ejército malasio aplastó la ridícula invasión pero muchos milicanos se escondieron entre la gran población inmigrante filipina y, dicen, señalan los objetivos: turistas, en su mayoría. Desde entonces hay que andarse con mil ojos y de cuando en cuando alguno cae prisionero de los molestos vecinos.

Mantabuan por Hachero

‘Tonterías’, dice Lew mientras reparte los equipos de buceo a un grupo de chinos que se disponen a embarcarse rumbo a los corales de Mantabuan. Lew trabaja en Singamata Reef Ressot, uno de los más populares centros de buceo de Semporna, y también noticia porque el último secuestro se cometió en sus instalaciones. Situado a algo más de una milla de la ciudad, el complejo se levanta sobre las poco profundas aguas del mar de las Célebes y supone un objetivo fácil para los piratas que quieren pescar arriba del mar. Lew se indigna cuando le pregunto por los secuestros y mira al cielo mientras pregunta quién está libre de sufrir algún mal. 'Mejor mire allá, mire qué foto hay desde aquí'. Coincido en su sentido de la estética pero el gesto se le tuerce cuando pasa lentamente una lancha de la policía junto a las instalaciones y el piloto frunce el ceño tras sus grandes gafas de sol mientras comprueba que todo va bien.

Mantabuan por Hachero


El ressort ofrece habitaciones que tienen como vecinas a los peces y a las islas que recortan su silueta en el horizonte, un mar turquesa y pasillos de madera que circulan sobre el agua. Una noche apareció una embarcación de la nada, seis hombres armados treparon al conjunto turístico y se llevaron a una turista china y a una empleada filipina del ressort. El cautiverio se prolongó durante dos meses y originó una herida profunda en el negocio turístico del paraíso del buceo. Un negocio sin igual, quitando la pesca, claro está, que aquí es abundante y emplea a muchos vecinos.

Mantabuan por Hachero

Mantabuan por Hachero

Pero había mencionado un sultanato, el de Jolo, que parece una cosa tan remota y arcaica como los reinos de los cómics. Pero el sultanato de Jolo tuvo su momento de gloria en 1457 y su capital en la isla del mismo nombre, Jolo, que hoy forma parte de las Filipinas. Lo que fue su imperio quedó en manos de España, en un principio, y más tarde repartido entre Malasia y Filipinas. La región de Sabah, en Borneo, pasó a formar parte del estado de Malasia después de su independencia tras la II Guerra Mundial, ante el berrinche del sultán de las Jolo, aunque el sultán tenía una carta escondida: un acuerdo firmado con la Compañía Británica de Borneo del Norte para explotar la región por el que aún hoy el gobierno de Kuala Lumpur paga algo más de mil euros anuales al sultanato como compensación.

Mantabuan por Hachero

Paparruchas, deben pensar en las Jolo, furiosos por la dádiva y por la pérdida de sus territorios ancestrales. El sultanato quedó entonces dividido y los musulmanes de las Jolo con una mueca de disgusto que incluso llegó al gobierno de Manila y que a punto estuvo de degenerar en guerra cuando Ferdinand Marcos preparó un plan militar para recuperar sus pretendidas posesiones (conocida como Operación Merdeka). Cosas del pasado porque hoy Manila tiene muchos más problemas de los que ocuparse que de invadir a la vecina Malasia, a pesar del dulce caramelo de un terreno tan saturado de gas en su subsuelo como de corales bajo las aguas transparentes de sus miles de islas. Según esta página (pincha aquí) Sabah tiene alrededor de 11 billones de metros cúbicos de gas y 1.500 millones de reservas petrolíferas, el 11% y el 25% respectivamente de las expectativas de todo el país. Las aspiraciones del sultanato se unen pues a la avaricia nacional de un tesoro más jugoso que el que haya podido enterrar algún pirata en estas paradisíacas playas... Los militares, mientras tanto, siguen patrullando el perímetro, un perímetro breve y ajustado en el que el único punto de interés no es la isla cercana, el insultante azul traslúcido del mar o la caprichosa forma de aquella nube sino el nuevo disparate fotográfico de los turistas chinos...

Mantabuan por Hachero

La invasión de los musulmanes filipinos en 2013 dio un giro cuando el sultán de las Jolo, Jamalul Kiram II, fallecía poco después de la dudosa hazaña de puro viejo en un hospital de Manila, aunque su hija, la princesa Jacel Kiram, ha prometido continuar la obra de su padre y recuperar, como sea, la región de Sabah. Por si el problema fuera poco, los malasios sospechan que Nur Misuari, el líder del Frente Moro de Liberación Nacional, enfrentado al gobierno de Manila y que hace un año invadió la ciudad de Zamboanga, al sur del Mindanao filipino, ha tomado el testigo de las aspiraciones del fallecido sultán de Jolo y se une así a la larga lista de amenazas para los amantes del submarinismo en uno de los lugares más espectaculares del planeta: los que suspiran por el sultanato, los orates de Abu Sayyaf, los terroríficos Yemaah Islamiya, grupos de piratas eventuales y, ahora, los revoltosos guerrilleros del Frente Moro.  Según el comando de seguridad de Sabah, los Esscom, operan al menos catorce grupos de secuestradores filipinos en la zona, de los que tan sólo cuatro han podido materializar algún secuestro, y entre ellos mencionan a los terroríficos Abu Sayyaf, que ya secuestró en Sipadan a 21 personas en el año 2000.

Mantabuan por Hachero

miércoles, 22 de octubre de 2014

Viaje a Malasia: el paraíso de la banca islámica

banco islámico por Hachero

Pasear por el centro de Kuala Lumpur es el mejor modo de comprender que la cifra no está equivocada: de los veintisete bancos que operan en Malasia, dieciséis son islámicos. Una cifra que convierte a esta nación del sudeste asiático en el primer país por arraigo de la banca islámica comercial. Un tipo de banca que, sin embargo, no ha tenido éxito en los países árabes a pesar de que en un principio parezcan más musulmanas que las naciones del sudeste asiático. Entre las enormes torres y rascacielos que dominan el centro financiero de la ciudad se esconden multitud de sucursales de esta peculiar manera de entender las finanzas. Y es que la banca islámica se basa en la sharía, o la ley islámica, y en principio deben fomentar las actuaciones económicas que contribuyan al desarrollo de la comunidad y que no estén solamente pendientes de amasar cada vez más dinero. La banca islámica quiere que la economía sea dinámica, activa, que esté al servicio de los creyentes, por muy inversores que sean. Y para que los inversores, a los que supone devotos y píos, obtengan remuneración deben invertir a través de dos contratos ‘islámicos’, los llamados mudarabah y musharaka, que fomentan el reparto de riesgo y de beneficios entre los inversores. Un modo de que todos ganen dinero salvando las apariencias e impidiendo que las entidades financieras sean vistas como avariciosos centros de usura y de mafiosos de casino.


Y ahí radican las tres grandes angustias económicas que chocan con el Islam: el cobro de intereses, asumir grandes riesgos y las apuestas. Tampoco se puede invertir en empresas que vayan contra la sharía: por ejemplo, industrias que centren su objetivo en la fabricación de alcohol, el comercio de cerdos, la pornografía o el juego.

banco islámico por Hachero

El quiz de la cuestión está, precisamente, en eso: en el beneficio bancario porque son legión los musulmanes que se niegan a utilizar los bancos porque consideran usura el interés, que se supone en contra del libro sagrado. Y como muestra un dato: la bancarización en el mundo musulmán apenas llega al 14% de la población. Pero los tiempos avanzan y la ruptura se produjo a lo largo del siglo XX, cuando el boom petrolífero inundó de dinero a unos países sin instituciones preparadas para recibir semejante caudal monetario. Así que, quitando algunos experimentos en el Egipto de Nasser y en el Pakistán posterior a la partición con la India, hay que acudir a los años setenta y a los países del golfo Pérsico para encontrar el origen de este extraño mundo de dineros y fe islámica. El tema estuvo ahí larvado, con instituciones que no acababan de romper aunque tampoco terminaban de hundirse, hasta que en el año 2011 parece haber despegado definitivamente.


El problema de estas entidades radica en su ubicación en un mundo cada vez más globalizado e interconectado, el mundo de las finanzas, y al tiempo cada vez más imbuido por la fiebre de la rentabilidad y de la falta de escrúpulos. Los bancos occidentales viven una auténtica pesadilla de monetarizar y rentabilizar inversiones, ofrecer altas tasas a sus impositores y, sobre todo, conseguir beneficios en una espiral sin un fin concreto. Para ello se acude a multitud de productos que en el mundo islámico no se reciben nada bien: por ejemplo, los créditos al consumo, que llevan aparejados deudas con tipos de interés, anatema en el Islam. El banco islámico, en cambio, practica el qard al hassan, es decir, préstamos sin interés, o bien sirve de intermediador entre comprador y vendedor de cualquier producto para justificar la remuneración por un trabajo, en este caso ese: el de intermediación. Y es que en el mundo económico islámico la deuda así sin más no se justifica y hay que llenarla de contenido. El ejemplo clásico es el de la hipoteca islámica, en la que el banco compra la vivienda a la orden de un cliente y se la revende mediante contrato de arrendamiento o bien por una comisión del precio de venta por su tarea de intermediación. Argucias legales que en Europa aún no encuentran un acomodo fiable porque cada contrato se consideraría por su parte y al final ambos contratantes incrementarían el pago de impuestos...


En esta página explican todo eso de la banca islámica de la manera más clara posible, pincha aquí:  Y en este diagrama está resumido al límite

banco islámico por Hachero

Irán tiene islamizado completamente su sistema financiero, es el único país que lo ha conseguido, frente a Malasia que, como decía, tiene el mayor número de bancos islámicos, 16 frente a un total de 27 (Arabia Saudí, por ejemplo, tiene 12 bancos de los que sólo 4 son islámicos, o Egipto, con 39 bancos de los que sólo 4 cumplen con las reglas financieras halal). Tan llamativo como estos datos son los contrarios, como Marruecos, que sólo cuenta con una banca islámica desde 2007, el mismo caso de Túnez, que lo tiene desde 2010. En todo el planeta existen 716 instituciones conformes a la sharía, de las que 511 ofrece exclusivamente productos islámicos y 205 ofrecen ventanillas islámicas en una diversificación de sus productos, entre estos últimos UBS, Citibank, Merrill Lynch, JP Morgan, BNP o Paribas... lo que deja entrever que el horizonte de esta banca no es nacional sino centrada en individuos. Tan es así que Luxemburgo ya cuenta con la primera sede de un banco islámico.


Cada institución debe tener, pues, un consejo de expertos que estudien las empresas en las que invierten el dinero y pueden emitir fatuas en caso de que detecten un uso no adecuado de las finanzas.

banco islámico por Hachero


Así pues, con todo tan idílico y utópico, decido cambiar moneda en uno de estos bancos islámicos y me encamino a una ventanilla. Craso error. Las divisas no deben de entrar en la categoría de usura o de halal y el tipo cambiario es desproporcionadamente alto con respecto a la cotización del día. Saludo con un Salam Aleikum y busco otro banco, en este caso no islámico, donde el intercambio de divisas es proporcional al internacional....

jueves, 9 de octubre de 2014

Viaje a Brunei Darussalam: el sultan de Brunei no puede equivocarse por ley

Brunei por Hachero

El sultán de Brunei no tiene punto medio. O no se le ve jamás, o no puedes evitar encontrártelo en cada esquina. Su rostro ceñudo e hirsuto te observa desde los retratos de los más acólitos, que aquí son legión, su cuidada perilla le confiere al sultán una virilidad de la que adolece en otros retratos de cuerpo entero, donde se le nota cierta forma abotijada.

Brunei por Hachero

El sultán te espera en el interior de un centro comercial, en forma de retratos un tanto naives pero colocados en un lugar de honor por si acaso, el sultán te recibe en la exposición de bienvenida al turista que se adentra en la ciudad flotante más grande del mundo, el sultán te observa serio desde la entrada de los hogares más humildes, tras los mostradores de los comercios, sobre las mesas de los restaurantes.

Brunei por Hachero

Nada raro en las monarquías musulmanas, por cierto, y menos para mí, vecino de un Marruecos que ha visto a Hassan I, y ahora a Mohammed VI, en los lugares más inesperados. Claro que aquí sólo son algo más de cuatrocientos mil habitantes y la presencia del sultán se nota incluso en sus ausencias, en los cuidados jardines, en las calles impolutas, en el parque móvil de alta gama...

brunei por hachero

brunei por hachero

Y es que el sultán de Brunei, Hassanal Bolkiah Mu'izzaddin, tiene un ego tan grande que el país se le queda pequeño. En el centro de Bandar Seri Begawan, la capital de Brunei Darussalam (Brunei Morada de la Paz es el nombre oficial de este curioso país), se levanta el museo de los Presentes Reales. Un delirio que acumula los regalos que otros monarcas y otros países han tenido a bien entregarle a su majestad. El edificio es desproporcionado a lo que guarda, y la plantilla de trabajadores, pero sobre todo trabajadoras, demencialmente nutrida. Una enorme cúpula corona el museo, una cúpula que se levanta sobre un fastuoso carruaje sobre el que el sultán empezó, en octubre de 1967, su reinado, aunque un reinado un tanto limitado porque Gran Bretaña ejerció el protectorado sobre sus territorios hasta 1984, cuando le otorgó la independencia.

Brunei por Hachero
Museo de los regalos reales

Lograda la libertad plena, el monarca decidió que, por ley, no puede equivocarse jamás, tanto en su vida privada como en su vida pública. Así que sin dudas sobre su capacidad de adivinar, vaya en zapatillas o en calzado oficial, el día que decidió que sus regalos tendrían un señor edificio no puede tomarse a chanza. Si lo decidió el sultán, por algo será. A las puertas espera una legión de pudorosas y sobrevestidas azafatas, te atienden hasta cuatro señoritas con chador y pulcramente cubiertas, una te consigue las llaves de una taquilla, otra te recuerda la necesidad de caminar descalzo en un lugar tan sagrado, otra te señala la planta de arriba y te dice que de hacer fotos ni hablar, otra más te vuelve a mostrar la planta de arriba. Y entonces el gozo fogoso del que se ve retratando los óbolos del monarca se esfuma en una mueca de estupor. 'Las fotos sólo se permiten en la planta baja', me consuela la azafata mientras me requisa temporalmente la cámara e imagino gestos de dolor verdadero entre los turistas chinos que no dejan de tomarse imágenes a las puertas del edificio.

Brunei por Hachero


Una lástima, me digo ya planta arriba mientras contemplo la metopa que el rey Juan Carlos I de España le entregó en persona colocada en una urna observada atenta por una cámara en el techo. Más allá una placa de un jeque del golfo, acullá un regalo del rey de Tailandia, la Shell le entregó una enorme maqueta de un gasero, hay instrumentos africanos, collages sin apenas gracia provenientes del centro de Asia, reproducciones de templos, de castillos, de palacios, y armas como símbolos de amistad. La mayoría de los regalos me parecen tan kitsch como los rickshaws de Melaka, lo mismo que la réplica de un dorado trono de oro macizo donde se sustanció su despegue de la vida común, o aquel canapé de piel de tigre que envejece rodeado de rojo satén. Estoy tentado de sacar el móvil y dejar constancia del almacén real convertido en museo pero el ojo orwelliano me hace desistir: ya he probado los calabozos de Gibraltar, no creo necesario conocer los de otros subproductos de la Gran Bretaña.

Brunei por Hachero

Brunei por Hachero

Las vitrinas apenas llenan el enorme espacio del museo y las lanzas, las telas, los retratos al óleo y demás fruslerías no terminan de dar sentido a semejante edificio. Ya en la planta baja consigo, por fin, recuperar mi cámara aunque siento que lo llamativo está precisamente arriba. Abajo no hay más que el carruaje que lo llevó el día de su coronación y una representación de aquel momento con maniquíes que hacen las veces de soldados reales, además de cuarenta sombrillas de diseño cúbico en dos colores, amarillo y rojo, que fueron portados por 'Los Jóvenes' el fastuoso día de marras.

Brunei por Hachero

El caso es que la mayor parte del museo nos retrotrae al momento más importante de la historia del sultán, o del sultanato, lo mismo es: la coronación del monarca el 1 de enero de 1984, cuando se independizó de Londres. Una independencia que no cortó los lazos de amistad construidos desde 1888, el año en el que los ingleses establecieron un protectorado  de común acuerdo con la familia real que alcanzó su momento de gloria en 1962, cuando una rebelión armada contra el monarca fracasó gracias a los británicos. Desde entonces, Inglaterra mima a su pequeña ex colonia y el sultán de Brunei envía ósculos de amistad desde su pequeño reino tropical. Una amistad nada desdeñable para los británicos porque Brunei produce casi 200.000 barriles de petróleo al día, mientras que consume apenas 12.000, y literalmente flota sobre una balsa de miles de millones de metros cúbicos de gas. Como curiosidades, Brunei tiene cero dólares de deuda externa y el sultán proporciona a sus súbditos sanidad y educación gratuita, subvenciona el arroz, la vivienda y  construye delirantes mezquitas en una inequívoca oda a Allah y al fasto económico.

Brunei por Hachero
El príncipe heredero del sultanato es Al Muhtadee Billah y también tiene su caricatura

Y ahora más que nunca porque el sultán, convencido como está de que no puede equivocarse jamás ha escandalizado a todo el mundo con su decisión de imponer la sharía y rescatar del olvido las lapidaciones a las adúlteras y homosexuales, las amputaciones a los ladronzuelos y la pena capital a los blasfemos y apóstatas. Su decisión de imponer la suprema ley islámica, no ha sentado nada bien en el resto del planeta, pasto de Sodoma y Gomorra (pensará Hassanal) y desde la oficina de Naciones Unidas para los derechos humanos a Amnistía Internacional son legión las organizaciones que han exigido la revocación de un código que nos retrotrae, dicen, a la edad más oscura de la humanidad. El sultán, que además de tener un sultanato es uno de los hombres más ricos del mundo, posee hoteles de renombre internacional repartidos por todo el mapa, como el Príncipe de Savoia, Le Meurice o el Dorchester, pero también el Beverly Hills y el Bel Air, establecimientos que están, respectivamente, en Milán, París y Londres, pero también en Los Ángeles y Nueva York. Su decisión, soberana e irreprochable por ley, ya sufre el boicot de los siempre revoltosos chicos del cine, de los colectivos de gays y lesbianas de todo el mundo y de cualquier persona de bien. No entra en esta categoría la familia real británica, que ya ha roto varias veces el boicot, pensando, quién sabe, en el lago infinito de gas sobre el que descansa Brunei y en el que se basa la fortuna y la suerte del sultán..

Brunei por Hachero

Una suerte, eso sí, que la sharía sólo se impondrá a los musulmanes, que son el 70% de la población local. Llego a Bandar Seri Begawan por barco desde Malasia y lo hago en viernes de Ramadán: las calles están desiertas, las carreteras vacías, los taxistas parecen un lujo de otro país, llueve desesperadamente. Suerte que poco después un señor con aspecto de chino pero que se declara malayo, aunque con pasaporte de Brunei, y católico apostólico y romano, me ofrece su vehículo para acercarme al centro. La velocidad de su inglés es tal que sólo capto ideas y a veces creo que ni él mismo está seguro de lo que dice.  '¡Qué gran papa fue Juan Pablo II!', dice mi benefactor mientras me habla de que ser católico en Brunei es algo más que una cosa rara: se conocen todos, claro. 'Hay tres obispos', me cuenta mientras recorre unas carreteras modernas, cuidadas y totalmente vacías, 'y tenemos comunidades de católicos en las principales ciudades'. Suerte que la sharía no se les imponga directamente aunque sí de modo tangencial: los no musulmanes deben vigilar sus espaldas antes de mencionar a Allah o entrar en discusiones sobre la fe islámica. Tampoco se puede poner en tela de juicio la labor de Hassanal, que ha sido desde sultán a jefe de estado, primer ministro y ministro de defensa o de finanzas, patriarca del estado feliz en el que no puedes encontrar ni una gota de alcohol, para desesperación de los expatriados, ni una mujer vestida a la occidental.

Brunei por Hachero

Un despropósito para una familia que vulnera en su vida diaria cada punto de la sharía que tanto interés tienen en instaurar. Por ejemplo, la colección de vehículos de lujo, que no es propia del sultán sino más bien de su hermano menor, el Príncipe Jefri, quien sufre una supuesta afición por el sexo, los harems y las grandes fiestas subidas de tono. De momento las sospechas recaen sobre Jefri, todo un friki que controló durante años las ventas de petróleo y gas desde su ministerio de Economía (hasta que lo echaron por el desastre que estaba gestando) y que, según el New York Post, tenía un yate de 152 pies que se llamaba 'Tetas', y dos yates menores: Pezón 1 y Pezón 2. Jefri además tiene 17 hijos, productos de su alegre vida genital, y ahora vive lejos del sultanato porque le condenaron a pagar casi 4.000 millones de euros por el desfalco que produjo y si se topa con su hermano acaba en los calabozos reales. The New York Post recoge la historia de Shannon Marketic, una miss norteamericana que aseguraba haber recibido una oferta de trabajo de 3.000 dólares diarios para un trabajo promocional en Brunei y terminó convertida en esclava sexual obligada a bailar para el príncipe, una historia que se ha escuchado en otras ocasiones en boca de otras chicas, como Jillian Lauren, que escribió un best seller basado en su supuesto cautiverio, 'Some girls: my life in a Harem'.

Brunei por Hachero

Y no es que el sultán se quede muy atrás en lujo: según Vanity Fair su mansión tiene 1.788 habitaciones, 257 cuartos de baño, cinco piscinas, un salón de celebraciones con capacidad para cinco mil personas y un garaje para más de cien coches. Una humilde cochera en comparación con la colección de su hermano, que se cifra en 3000 vehículos que hacen más comprensible el extraordinario buen estado de las carreteras de este país tropical. Las vías están en franco buen estado y me pregunto si será por el bien de sus súbditos o porque de otro modo no tendría sentido su espectacular colección. Una colección misteriosa y escondida de la que apenas hay alguna foto robada y el testimonio de un broker de los coches, Michael Sheenan, uno de los pocos occidentales que ha conseguido entrar en el misterioso garaje y cuyo asombro puedes ver pinchando aquí. Entre sus coches, Aston Martin construidos ex profeso para el sultan, modelos de Bentley sobre chasis especiales, BMWs originales y únicos, multitud de ferraris pero con la excepcionalidad de que del F50 Bolide, propiedad del sultán, no se conoce nada más porque oficialmente no existe... Por las calles, eso sí, los vehículos de alta gama son legión, y parecen recién sacados del paquete, de nuevos. Lo mismo ocurre con la mayoría de las viviendas, nuevas y modernas, a pesar de algún barrio menos favorecido en el que intuyo viven inmigrantes.

Brunei por Hachero

De hecho el 90% de su PIB procede del petróleo y en los supermercados encontrar un producto local es tan difícil como ver el garaje del sultán. Un país que produce al día 25.3 millones de metros cúbicos de gas no puede tener problemas económicos aunque sí de estrategia y visto lo visto (fundamentalismo religioso, barra libre de servicios sociales y gasto exagerado en pamplinas por parte de la familia real) no parece que el mundo posterior al crudo genere más que inquietud. A día de hoy importa el 60% de sus alimentos, lo que deja entrever que el resto de productos, desde tecnología a locomoción pasando por todo lo que uno puede imaginar, viene de fuera. Un mundo a la medida del sultán y su familia, una suerte de mundo feliz en el que el nombre, Morada de la Paz, está muy bien puesto porque apenas ocurre nada más destacable que una ráfaga de viento o que unos turistas se pierdan en la inmensidad de una ciudad vacía. Pero vacía solo sobre el papel porque en cada esquina, en cada rincón, puede observarte un rostro enjuto y serio.

El rostro del sultán.

Brunei por Hachero

jueves, 25 de septiembre de 2014

Viaje a Malasia: los rickshaws de Melaka

Melaka por Hachero

La definición correcta de rickshaw es la de 'vehículo ligero de dos ruedas que se desplaza por tracción humana, bien a pie o a pedales'. También podemos decir que proviene del japonés 'jinrihisha', según wikipedia, y que significa persona y fuerza. Su uso en Japón, pero sobre todo en China e India, han convertido a estos vehículos en muy populares y, sobre todo, medio de vida de miles de personas sin más posibilidades que las de emplear, como dice la definición en japonés, su fuerza bruta. Un medio de transporte que, sin embargo, cuando el visitante pisa Melaka, la antigua Malacca, se vuelve algo más que un medio y que un transporte y que una fuerza bruta. Se vuelve un disparate colorido y kitsch del que uno no sabe muy bien qué pensar.

Melaka por Hachero

Por las calles más turísticas de Melaka duelen los ojos, duelen los oídos y duele el sentido estético de cualquier occidental de bien. Aquello que daña la retina en desconcertante explosión de colorido no es una aparición extraterrestre, aunque pudiera parecerlo, sino un rickshaw, la mentada bicicleta adherida a un carrito, que hace las veces de taxi en innumerables países de Asia. Pero aquí el sentido del ridículo ha desaparecido para dar paso a esa explosión de colores, ruidos, gatos de Hello Kitty, coronas de flores de plástico descoloridas, o todo lo contrario: extremadamente coloridas, y sound systems a toda pastilla.

Melaka por Hachero

Melaka por Hachero

Pasan como aves coloridas que provocan estupor y carcajadas a partes iguales, los adoran los turistas chinos, que se suben en tropel mientras disparan fotos a discreción, los occidentales se apartan a su paso mientras intentan digerir la visión antes de decidir si subirse o huir despavoridos.

Melaka por Hachero

Al parecer la idea no es original de los conductores de Melaka sino que proviene de otra ciudad malaya, Teluk Intan, donde los conductores locales vivían agobiados por el menguante número de clientes y el creciente número de impuestos. El resultado fue que cada cual adornaba del modo más loco su trishaw para llamar la atención de los potenciales clientes. En Melaka la idea gustó, caló y se ha desarrollado hasta un nivel de demencial competición por los turistas en busca del verdadero Rey del Kitsch. Y todo en las últimas dos décadas. Si pinchas aquí este viajero estuvo treinta años atrás en Melaka y no vio un solo Hello Kitty ni un sound system con Fredy Mercury chillando a todo pulmón...

Melaka por Hachero

De todos los aditamentos, los gatitos de Hello Kitty se llevan la palma de alusiones pero los rickshaws tienen formas de mariposas, de murciélagos, de grandes setas o de carrozas de rociero. En todo caso, una muestra más de que incluso en los negocios más inverosímiles el secreto está en renovarse. O morir...

Melaka por Hachero

domingo, 21 de septiembre de 2014

Ruy López de Villalobos: la puerta a las islas de las especias

Filipinas por Hachero

Ruy López de Villalobos pasó a la historia como el descubridor de unas islas a las que denominó, en un vasallaje un tanto pelota, Filipinas, en honor al monarca Felipe II. Poco más sabemos de su vida: tan sólo que nació en Málaga sobre el año 1500 y que despuntó en México como excelente marino. Tanto, que el virrey de aquel entonces, Antonio de Mendoza, lo nombra jefe de una expedición que debía consolidar las primeras rutas comerciales entre América y el recién descubierto camino a las Especias. Las de verdad.

Filipinas por Hachero

Ruy organiza seis naves que saldrán de Jalisco en 1542 con 370 hombres. En su camino descubrirán, para mayor gloria de su amada corona, las Carolinas, las Sandwich y las islas Palau, además de un sinfín de pequeñas islas. La crónica del viaje la dejó para la posteridad un tripulante, García de Escalante Alvarado en su Relación del viaje que hizo desde Nueva España a las Islas de Poniente Ruy López de Villalobos por orden del virrey Antonio de Mendoza. Cuenta Escalante que en las Carolinas encontraron una cruz y que algunos indios decían ‘buenos días’, una evidencia de que pisaban las huellas de viajes españoles, la mayoría fracasados y con los marineros perdidos para siempre. Las flotillas se sucedían por decenas en un intento perseverante de convertir al continente americano en el trampolín de una ruta estable con Cipango y Catay. En su peregrinar marino las cartas que levantó Ruy y sus hombres describen las ‘Islas del Rey’ que se identifican perfectamente con las islas Hawai, dos siglos y medio antes de su descubrimiento oficial por el capitán británico James Cook.

Filipinas por Hachero

Fondearon en la isla de Mindanao, a la que llamaron Málaga, más tarde en Luzón y desde allí continuaron tocando tierra con frecuencia, para alegría de los marineros, hastiados hasta el límite de vivir enclaustrados a bordo de las naves. Villalobos levantó el primer fortín hispano en tierras asiáticas pero tuvo que abandonarlo pronto por la manifiesta hostilidad de los nativos. Huyó la expedición entonces hacia las Molucas con tan poco tino que cayeron en manos de los portugueses y el propio Villalobos fue hecho preso y encarcelado. La mayor parte de la marinería consiguió huir de vuelta a México pero el desgraciado malagueño murió en Amboine, hambriento y enfermo de malaria, aunque apoyado espiritualmente, según describe desconcertantemente la Historia General de España y América, de José Andrés Gallego y Luis Suárez Fernández, por el navarro San Francisco Javier, que pasaba por allí, como el que dice.


García de Escalante Alvarado, ‘Relación del viaje que hizo desde Nueva España a las Islas de Poniente Ruy López de Villalobos por orden del virrey Antonio de Mendoza’, Cantabria 4 estaciones, Santander, 1999.

José Andrés Gallego y Luis Suárez Fernández, Historia General de España y América, ediciones Rialp S.A, Madrid, 1982

jueves, 18 de septiembre de 2014

Viaje a Colombia: jugando al tejo


Dice Gustavo Adolfo Moreno Bañol, un estudioso del deporte colombiano en todas sus variantes, que el juego del tejo siempre iba acompañado de grandes cantidades de chicha, que como sabrán no es otra cosa que una bebida alcohólica fermentado su maíz. En el municipio de Cota, a pocos kilómetros de Bogotá, una pandilla de indígenas muisca me invita a jugarlo y no me asombro, pues, cuando uno de ellos aparece cargado con una caja de cervezas. Sonrió el muchacho, sonrió un abuelo, sonrié yo, sonreimos todos. Claro que mi sonrisa escondía una ignorancia: la de que el juego y la cerveza van tan de la mano que la caja sólo sería la primera de muchas más.

Jugando al tejo por Hachero

Quinientos años atrás los muiscas que habitaban la sabana de Bogotá tenían un pasatiempo que se llamaba zepguagoscua y que se jugaba con un disco de oro de 680 gramos de peso. Un juego caro, presumo, porque tantos gramos del vil metal no están al alcance de cualquiera aunque si tenemos en cuenta que no lejos del hogar muisca se gestó el mito de Eldorado y que el oro hizo añicos la vida, y la moral, de tantos conquistadores (como este gaditano, pincha aquí) concluyo que tal vez en su momento fuera un metal de lo más corriente . El caso es que el zepguagoscua se popularizó porque, admitámoslo, espolea el orgullo del jugador eso de que tu vecino sea capaz de lanzar tan pesada carga por los aires casi veinte metros hasta la meta mientras tu brazo sufre humillantes pinchazos.

Jugando al tejo por Hachero 3

El tejo es todo un rito en Colombia, donde también se le conoce como turmequé, y consiste en lanzar un disco metálico a través de una cancha en cuyos extremos se colocan unas cajas cubiertas de arcilla en la que yacen enterradas mechas (bolsitas) de pólvora que explotarán cuando se logre el impacto. El objetivo está en el centro de la caja, una suerte de círculo señalado por unas flechitas bajo el que se supone está la gran mecha. La diana se llama bocín y si tiene usted la dicha de aterrizar el disco metálico en semejante lugar se llevará seis puntos. El primero que reviente 9 mechas, a razón de tres puntos por explosión, se lleva el juego. Los puntos cambian según la puntería del tirador y si el proyectil impacta en el centro se otorgarán seis puntos, como decía, pero si la carambola es doble, es decir, en el centro y en una mecha, entonces el agraciado se llevará nueve puntos y los colombianos llaman a semejante gesta 'Moñona', no me pregunten por qué. Mejor bebamos otra cerveza, que en este país incluso tiene un santo cervecero: pincha aquí.

Jugando al tejo por Hachero 4

El juego tiene tantos seguidores y tanta solera que cuenta con esta federación desde que el congreso de la República le dio el espaldarazo definitivo en el año 2000, cuando lo declaró deporte nacional colombiano. Alguien trae otra caja de cerveza y dudo de que mi próximo lanzamiento llegue siquiera a la mitad de la pista: el brazo dormido, la cabeza a las tres de la tarde, la sensación de pertinaz ridículo ante los portentosos brazos de mis rivales, el balbuceo en mis cuerdas vocales... El tejo ya es popular en otros países, como Perú, Ecuador, Venezuela, Brasil, México o los Estados Unidos, llevado en volandas por los emigrantes colombianos y asumido por miles de devotos convencidos por la mezcla de discóbolos amantes de ingerir grandes cantidades de cerveza y el reto de ganar en estado de achispamiento. Tiro mi último tejo y concluyo que el deporte, en ninguna de sus variantes, es lo mío. Por suerte no faltan las cervezas...

lunes, 25 de agosto de 2014

Viaje al Sahara: pescando en el desierto


Junto a la carretera que conduce de Tam Tam Plage a Tarfaya, al sur de Marruecos, el desierto pierde pie y se despeña en un pronunciado precipicio sobre el océano Atlántico. El abismo es importante y el simple hecho de acercarse al borde causa escalofríos y un nudo en la garganta. Pero allí veo a unos tipos que llegan al límite mismo del desierto y desaparecen tragados por el vacío. Veo tiendas precarias, si es que la precariedad es tan precaria como estas tiendas, veo cosas tiradas por los suelos de este Sahara que ahora parece rocoso y más allá esbelto y maleable en las caprichosas formas de sus enormes dunas. Me preocupo. Los tipos no vuelven y el precipicio parece cortado a pico.

Pescadores por Hachero

Paro el coche y busco la solución al enigma. Y ahí están, encaramados en picos tan precarios como sus tiendas, acurrucados en pequeñas planicies que ni tal nombre merecen. Saludo pizpireto y trato de bajar pero uno me hace una señal serio y ceñudo: cuidado, parece decir, si te caes: no hay vuelta atrás. Le hago caso y bajo con cuidado, empuño la cámara y grabo con un ojo, vigilo los pies y el camino con el otro. Un resbalón y estás muerto. Abajo se abre un acantilado de más de cien metros, las olas baten violentas sobre la base del continente africano, no veo modo de subir en caso de accidente. 'No lo hay', dice uno de los pescadores, 'si caes...', y suelta una sonora risotada. ¿Ha pasado alguna vez?, pregunto angustiado. Todos miran al infinito y de pronto pica una lubina.

Pescadores por Hachero

Allá en el horizonte asoma majestuoso en su ruina el casco de un gran carguero que el tiempo ha convertido en un monumento al Olvido. ¿Qué hacen con este pescado?, pregunto otra vez, 'lo vendemos a los camiones frigoríficos que viajan al norte', responde uno de ellos.

Pescadores por Hachero

Mientras tanto residen en sus tiendas precarias, esos trozos de tela de arpillera y mantas beduinas que huelen tan mal como parecen. Azotados por la espuma del mar, el salitre acumulado, las rachas de viento y el inclemente sol, los pescadores del Sahara se afanan en capturar el máximo de pescado para llevar unos dirhams a casa. Unos peces que malvenderán a los transportistas, o a los intermediarios, para que se sirvan en los puertos del norte, en Sidi Ifni, en Agadir, tal vez lleguen a Essaouira. El camino está jalonado por pescadores como ellos, un grupo de cinco aquí, otro de siete allá, un pescador solitario en aquella grieta, tres más cargando cañas de pescar por un desierto que no termina de comprender muy bien qué hacen estos artilugios de pesca en lo más alejado al mar. Que está a unos metros, por cierto.

Pescadores por Hachero

Pescadores por Hachero

Abajo las olas explotan en la base del acantilado y un escalofrío vuelve a recorrerme la cerviz. No imaginaba que pescar en el desierto fuera posible, y mucho menos suicida. Tampoco imaginaba que el célebre dicho de Lao Tsé perdería aquí toda su agudeza. 'Dale un pez a un hombre y comerá un día, dale una caña y comerá siempre....'



Donativos

Publicidad