jueves, 9 de octubre de 2014

Viaje a Brunei Darussalam: el sultan de Brunei no puede equivocarse por ley

Brunei por Hachero

El sultán de Brunei no tiene punto medio. O no se le ve jamás, o no puedes evitar encontrártelo en cada esquina. Su rostro ceñudo e hirsuto te observa desde los retratos de los más acólitos, que aquí son legión, su cuidada perilla le confiere al sultán una virilidad de la que adolece en otros retratos de cuerpo entero, donde se le nota cierta forma abotijada.

Brunei por Hachero

El sultán te espera en el interior de un centro comercial, en forma de retratos un tanto naives pero colocados en un lugar de honor por si acaso, el sultán te recibe en la exposición de bienvenida al turista que se adentra en la ciudad flotante más grande del mundo, el sultán te observa serio desde la entrada de los hogares más humildes, tras los mostradores de los comercios, sobre las mesas de los restaurantes.

Brunei por Hachero

Nada raro en las monarquías musulmanas, por cierto, y menos para mí, vecino de un Marruecos que ha visto a Hassan I, y ahora a Mohammed VI, en los lugares más inesperados. Claro que aquí sólo son algo más de cuatrocientos mil habitantes y la presencia del sultán se nota incluso en sus ausencias, en los cuidados jardines, en las calles impolutas, en el parque móvil de alta gama...

brunei por hachero

brunei por hachero

Y es que el sultán de Brunei, Hassanal Bolkiah Mu'izzaddin, tiene un ego tan grande que el país se le queda pequeño. En el centro de Bandar Seri Begawan, la capital de Brunei Darussalam (Brunei Morada de la Paz es el nombre oficial de este curioso país), se levanta el museo de los Presentes Reales. Un delirio que acumula los regalos que otros monarcas y otros países han tenido a bien entregarle a su majestad. El edificio es desproporcionado a lo que guarda, y la plantilla de trabajadores, pero sobre todo trabajadoras, demencialmente nutrida. Una enorme cúpula corona el museo, una cúpula que se levanta sobre un fastuoso carruaje sobre el que el sultán empezó, en octubre de 1967, su reinado, aunque un reinado un tanto limitado porque Gran Bretaña ejerció el protectorado sobre sus territorios hasta 1984, cuando le otorgó la independencia.

Brunei por Hachero
Museo de los regalos reales

Lograda la libertad plena, el monarca decidió que, por ley, no puede equivocarse jamás, tanto en su vida privada como en su vida pública. Así que sin dudas sobre su capacidad de adivinar, vaya en zapatillas o en calzado oficial, el día que decidió que sus regalos tendrían un señor edificio no puede tomarse a chanza. Si lo decidió el sultán, por algo será. A las puertas espera una legión de pudorosas y sobrevestidas azafatas, te atienden hasta cuatro señoritas con chador y pulcramente cubiertas, una te consigue las llaves de una taquilla, otra te recuerda la necesidad de caminar descalzo en un lugar tan sagrado, otra te señala la planta de arriba y te dice que de hacer fotos ni hablar, otra más te vuelve a mostrar la planta de arriba. Y entonces el gozo fogoso del que se ve retratando los óbolos del monarca se esfuma en una mueca de estupor. 'Las fotos sólo se permiten en la planta baja', me consuela la azafata mientras me requisa temporalmente la cámara e imagino gestos de dolor verdadero entre los turistas chinos que no dejan de tomarse imágenes a las puertas del edificio.

Brunei por Hachero


Una lástima, me digo ya planta arriba mientras contemplo la metopa que el rey Juan Carlos I de España le entregó en persona colocada en una urna observada atenta por una cámara en el techo. Más allá una placa de un jeque del golfo, acullá un regalo del rey de Tailandia, la Shell le entregó una enorme maqueta de un gasero, hay instrumentos africanos, collages sin apenas gracia provenientes del centro de Asia, reproducciones de templos, de castillos, de palacios, y armas como símbolos de amistad. La mayoría de los regalos me parecen tan kitsch como los rickshaws de Melaka, lo mismo que la réplica de un dorado trono de oro macizo donde se sustanció su despegue de la vida común, o aquel canapé de piel de tigre que envejece rodeado de rojo satén. Estoy tentado de sacar el móvil y dejar constancia del almacén real convertido en museo pero el ojo orwelliano me hace desistir: ya he probado los calabozos de Gibraltar, no creo necesario conocer los de otros subproductos de la Gran Bretaña.

Brunei por Hachero

Brunei por Hachero

Las vitrinas apenas llenan el enorme espacio del museo y las lanzas, las telas, los retratos al óleo y demás fruslerías no terminan de dar sentido a semejante edificio. Ya en la planta baja consigo, por fin, recuperar mi cámara aunque siento que lo llamativo está precisamente arriba. Abajo no hay más que el carruaje que lo llevó el día de su coronación y una representación de aquel momento con maniquíes que hacen las veces de soldados reales, además de cuarenta sombrillas de diseño cúbico en dos colores, amarillo y rojo, que fueron portados por 'Los Jóvenes' el fastuoso día de marras.

Brunei por Hachero

El caso es que la mayor parte del museo nos retrotrae al momento más importante de la historia del sultán, o del sultanato, lo mismo es: la coronación del monarca el 1 de enero de 1984, cuando se independizó de Londres. Una independencia que no cortó los lazos de amistad construidos desde 1888, el año en el que los ingleses establecieron un protectorado  de común acuerdo con la familia real que alcanzó su momento de gloria en 1962, cuando una rebelión armada contra el monarca fracasó gracias a los británicos. Desde entonces, Inglaterra mima a su pequeña ex colonia y el sultán de Brunei envía ósculos de amistad desde su pequeño reino tropical. Una amistad nada desdeñable para los británicos porque Brunei produce casi 200.000 barriles de petróleo al día, mientras que consume apenas 12.000, y literalmente flota sobre una balsa de miles de millones de metros cúbicos de gas. Como curiosidades, Brunei tiene cero dólares de deuda externa y el sultán proporciona a sus súbditos sanidad y educación gratuita, subvenciona el arroz, la vivienda y  construye delirantes mezquitas en una inequívoca oda a Allah y al fasto económico.

Brunei por Hachero
El príncipe heredero del sultanato es Al Muhtadee Billah y también tiene su caricatura

Y ahora más que nunca porque el sultán, convencido como está de que no puede equivocarse jamás ha escandalizado a todo el mundo con su decisión de imponer la sharía y rescatar del olvido las lapidaciones a las adúlteras y homosexuales, las amputaciones a los ladronzuelos y la pena capital a los blasfemos y apóstatas. Su decisión de imponer la suprema ley islámica, no ha sentado nada bien en el resto del planeta, pasto de Sodoma y Gomorra (pensará Hassanal) y desde la oficina de Naciones Unidas para los derechos humanos a Amnistía Internacional son legión las organizaciones que han exigido la revocación de un código que nos retrotrae, dicen, a la edad más oscura de la humanidad. El sultán, que además de tener un sultanato es uno de los hombres más ricos del mundo, posee hoteles de renombre internacional repartidos por todo el mapa, como el Príncipe de Savoia, Le Meurice o el Dorchester, pero también el Beverly Hills y el Bel Air, establecimientos que están, respectivamente, en Milán, París y Londres, pero también en Los Ángeles y Nueva York. Su decisión, soberana e irreprochable por ley, ya sufre el boicot de los siempre revoltosos chicos del cine, de los colectivos de gays y lesbianas de todo el mundo y de cualquier persona de bien. No entra en esta categoría la familia real británica, que ya ha roto varias veces el boicot, pensando, quién sabe, en el lago infinito de gas sobre el que descansa Brunei y en el que se basa la fortuna y la suerte del sultán..

Brunei por Hachero

Una suerte, eso sí, que la sharía sólo se impondrá a los musulmanes, que son el 70% de la población local. Llego a Bandar Seri Begawan por barco desde Malasia y lo hago en viernes de Ramadán: las calles están desiertas, las carreteras vacías, los taxistas parecen un lujo de otro país, llueve desesperadamente. Suerte que poco después un señor con aspecto de chino pero que se declara malayo, aunque con pasaporte de Brunei, y católico apostólico y romano, me ofrece su vehículo para acercarme al centro. La velocidad de su inglés es tal que sólo capto ideas y a veces creo que ni él mismo está seguro de lo que dice.  '¡Qué gran papa fue Juan Pablo II!', dice mi benefactor mientras me habla de que ser católico en Brunei es algo más que una cosa rara: se conocen todos, claro. 'Hay tres obispos', me cuenta mientras recorre unas carreteras modernas, cuidadas y totalmente vacías, 'y tenemos comunidades de católicos en las principales ciudades'. Suerte que la sharía no se les imponga directamente aunque sí de modo tangencial: los no musulmanes deben vigilar sus espaldas antes de mencionar a Allah o entrar en discusiones sobre la fe islámica. Tampoco se puede poner en tela de juicio la labor de Hassanal, que ha sido desde sultán a jefe de estado, primer ministro y ministro de defensa o de finanzas, patriarca del estado feliz en el que no puedes encontrar ni una gota de alcohol, para desesperación de los expatriados, ni una mujer vestida a la occidental.

Brunei por Hachero

Un despropósito para una familia que vulnera en su vida diaria cada punto de la sharía que tanto interés tienen en instaurar. Por ejemplo, la colección de vehículos de lujo, que no es propia del sultán sino más bien de su hermano menor, el Príncipe Jefri, quien sufre una supuesta afición por el sexo, los harems y las grandes fiestas subidas de tono. De momento las sospechas recaen sobre Jefri, todo un friki que controló durante años las ventas de petróleo y gas desde su ministerio de Economía (hasta que lo echaron por el desastre que estaba gestando) y que, según el New York Post, tenía un yate de 152 pies que se llamaba 'Tetas', y dos yates menores: Pezón 1 y Pezón 2. Jefri además tiene 17 hijos, productos de su alegre vida genital, y ahora vive lejos del sultanato porque le condenaron a pagar casi 4.000 millones de euros por el desfalco que produjo y si se topa con su hermano acaba en los calabozos reales. The New York Post recoge la historia de Shannon Marketic, una miss norteamericana que aseguraba haber recibido una oferta de trabajo de 3.000 dólares diarios para un trabajo promocional en Brunei y terminó convertida en esclava sexual obligada a bailar para el príncipe, una historia que se ha escuchado en otras ocasiones en boca de otras chicas, como Jillian Lauren, que escribió un best seller basado en su supuesto cautiverio, 'Some girls: my life in a Harem'.

Brunei por Hachero

Y no es que el sultán se quede muy atrás en lujo: según Vanity Fair su mansión tiene 1.788 habitaciones, 257 cuartos de baño, cinco piscinas, un salón de celebraciones con capacidad para cinco mil personas y un garaje para más de cien coches. Una humilde cochera en comparación con la colección de su hermano, que se cifra en 3000 vehículos que hacen más comprensible el extraordinario buen estado de las carreteras de este país tropical. Las vías están en franco buen estado y me pregunto si será por el bien de sus súbditos o porque de otro modo no tendría sentido su espectacular colección. Una colección misteriosa y escondida de la que apenas hay alguna foto robada y el testimonio de un broker de los coches, Michael Sheenan, uno de los pocos occidentales que ha conseguido entrar en el misterioso garaje y cuyo asombro puedes ver pinchando aquí. Entre sus coches, Aston Martin construidos ex profeso para el sultan, modelos de Bentley sobre chasis especiales, BMWs originales y únicos, multitud de ferraris pero con la excepcionalidad de que del F50 Bolide, propiedad del sultán, no se conoce nada más porque oficialmente no existe... Por las calles, eso sí, los vehículos de alta gama son legión, y parecen recién sacados del paquete, de nuevos. Lo mismo ocurre con la mayoría de las viviendas, nuevas y modernas, a pesar de algún barrio menos favorecido en el que intuyo viven inmigrantes.

Brunei por Hachero

De hecho el 90% de su PIB procede del petróleo y en los supermercados encontrar un producto local es tan difícil como ver el garaje del sultán. Un país que produce al día 25.3 millones de metros cúbicos de gas no puede tener problemas económicos aunque sí de estrategia y visto lo visto (fundamentalismo religioso, barra libre de servicios sociales y gasto exagerado en pamplinas por parte de la familia real) no parece que el mundo posterior al crudo genere más que inquietud. A día de hoy importa el 60% de sus alimentos, lo que deja entrever que el resto de productos, desde tecnología a locomoción pasando por todo lo que uno puede imaginar, viene de fuera. Un mundo a la medida del sultán y su familia, una suerte de mundo feliz en el que el nombre, Morada de la Paz, está muy bien puesto porque apenas ocurre nada más destacable que una ráfaga de viento o que unos turistas se pierdan en la inmensidad de una ciudad vacía. Pero vacía solo sobre el papel porque en cada esquina, en cada rincón, puede observarte un rostro enjuto y serio.

El rostro del sultán.

Brunei por Hachero

jueves, 25 de septiembre de 2014

Viaje a Malasia: los rickshaws de Melaka

Melaka por Hachero

La definición correcta de rickshaw es la de 'vehículo ligero de dos ruedas que se desplaza por tracción humana, bien a pie o a pedales'. También podemos decir que proviene del japonés 'jinrihisha', según wikipedia, y que significa persona y fuerza. Su uso en Japón, pero sobre todo en China e India, han convertido a estos vehículos en muy populares y, sobre todo, medio de vida de miles de personas sin más posibilidades que las de emplear, como dice la definición en japonés, su fuerza bruta. Un medio de transporte que, sin embargo, cuando el visitante pisa Melaka, la antigua Malacca, se vuelve algo más que un medio y que un transporte y que una fuerza bruta. Se vuelve un disparate colorido y kitsch del que uno no sabe muy bien qué pensar.

Melaka por Hachero

Por las calles más turísticas de Melaka duelen los ojos, duelen los oídos y duele el sentido estético de cualquier occidental de bien. Aquello que daña la retina en desconcertante explosión de colorido no es una aparición extraterrestre, aunque pudiera parecerlo, sino un rickshaw, la mentada bicicleta adherida a un carrito, que hace las veces de taxi en innumerables países de Asia. Pero aquí el sentido del ridículo ha desaparecido para dar paso a esa explosión de colores, ruidos, gatos de Hello Kitty, coronas de flores de plástico descoloridas, o todo lo contrario: extremadamente coloridas, y sound systems a toda pastilla.

Melaka por Hachero

Melaka por Hachero

Pasan como aves coloridas que provocan estupor y carcajadas a partes iguales, los adoran los turistas chinos, que se suben en tropel mientras disparan fotos a discreción, los occidentales se apartan a su paso mientras intentan digerir la visión antes de decidir si subirse o huir despavoridos.

Melaka por Hachero

Al parecer la idea no es original de los conductores de Melaka sino que proviene de otra ciudad malaya, Teluk Intan, donde los conductores locales vivían agobiados por el menguante número de clientes y el creciente número de impuestos. El resultado fue que cada cual adornaba del modo más loco su trishaw para llamar la atención de los potenciales clientes. En Melaka la idea gustó, caló y se ha desarrollado hasta un nivel de demencial competición por los turistas en busca del verdadero Rey del Kitsch. Y todo en las últimas dos décadas. Si pinchas aquí este viajero estuvo treinta años atrás en Melaka y no vio un solo Hello Kitty ni un sound system con Fredy Mercury chillando a todo pulmón...

Melaka por Hachero

De todos los aditamentos, los gatitos de Hello Kitty se llevan la palma de alusiones pero los rickshaws tienen formas de mariposas, de murciélagos, de grandes setas o de carrozas de rociero. En todo caso, una muestra más de que incluso en los negocios más inverosímiles el secreto está en renovarse. O morir...

Melaka por Hachero

domingo, 21 de septiembre de 2014

Ruy López de Villalobos: la puerta a las islas de las especias

Filipinas por Hachero

Ruy López de Villalobos pasó a la historia como el descubridor de unas islas a las que denominó, en un vasallaje un tanto pelota, Filipinas, en honor al monarca Felipe II. Poco más sabemos de su vida: tan sólo que nació en Málaga sobre el año 1500 y que despuntó en México como excelente marino. Tanto, que el virrey de aquel entonces, Antonio de Mendoza, lo nombra jefe de una expedición que debía consolidar las primeras rutas comerciales entre América y el recién descubierto camino a las Especias. Las de verdad.

Filipinas por Hachero

Ruy organiza seis naves que saldrán de Jalisco en 1542 con 370 hombres. En su camino descubrirán, para mayor gloria de su amada corona, las Carolinas, las Sandwich y las islas Palau, además de un sinfín de pequeñas islas. La crónica del viaje la dejó para la posteridad un tripulante, García de Escalante Alvarado en su Relación del viaje que hizo desde Nueva España a las Islas de Poniente Ruy López de Villalobos por orden del virrey Antonio de Mendoza. Cuenta Escalante que en las Carolinas encontraron una cruz y que algunos indios decían ‘buenos días’, una evidencia de que pisaban las huellas de viajes españoles, la mayoría fracasados y con los marineros perdidos para siempre. Las flotillas se sucedían por decenas en un intento perseverante de convertir al continente americano en el trampolín de una ruta estable con Cipango y Catay. En su peregrinar marino las cartas que levantó Ruy y sus hombres describen las ‘Islas del Rey’ que se identifican perfectamente con las islas Hawai, dos siglos y medio antes de su descubrimiento oficial por el capitán británico James Cook.

Filipinas por Hachero

Fondearon en la isla de Mindanao, a la que llamaron Málaga, más tarde en Luzón y desde allí continuaron tocando tierra con frecuencia, para alegría de los marineros, hastiados hasta el límite de vivir enclaustrados a bordo de las naves. Villalobos levantó el primer fortín hispano en tierras asiáticas pero tuvo que abandonarlo pronto por la manifiesta hostilidad de los nativos. Huyó la expedición entonces hacia las Molucas con tan poco tino que cayeron en manos de los portugueses y el propio Villalobos fue hecho preso y encarcelado. La mayor parte de la marinería consiguió huir de vuelta a México pero el desgraciado malagueño murió en Amboine, hambriento y enfermo de malaria, aunque apoyado espiritualmente, según describe desconcertantemente la Historia General de España y América, de José Andrés Gallego y Luis Suárez Fernández, por el navarro San Francisco Javier, que pasaba por allí, como el que dice.


García de Escalante Alvarado, ‘Relación del viaje que hizo desde Nueva España a las Islas de Poniente Ruy López de Villalobos por orden del virrey Antonio de Mendoza’, Cantabria 4 estaciones, Santander, 1999.

José Andrés Gallego y Luis Suárez Fernández, Historia General de España y América, ediciones Rialp S.A, Madrid, 1982

jueves, 18 de septiembre de 2014

Viaje a Colombia: jugando al tejo


Dice Gustavo Adolfo Moreno Bañol, un estudioso del deporte colombiano en todas sus variantes, que el juego del tejo siempre iba acompañado de grandes cantidades de chicha, que como sabrán no es otra cosa que una bebida alcohólica fermentado su maíz. En el municipio de Cota, a pocos kilómetros de Bogotá, una pandilla de indígenas muisca me invita a jugarlo y no me asombro, pues, cuando uno de ellos aparece cargado con una caja de cervezas. Sonrió el muchacho, sonrió un abuelo, sonrié yo, sonreimos todos. Claro que mi sonrisa escondía una ignorancia: la de que el juego y la cerveza van tan de la mano que la caja sólo sería la primera de muchas más.

Jugando al tejo por Hachero

Quinientos años atrás los muiscas que habitaban la sabana de Bogotá tenían un pasatiempo que se llamaba zepguagoscua y que se jugaba con un disco de oro de 680 gramos de peso. Un juego caro, presumo, porque tantos gramos del vil metal no están al alcance de cualquiera aunque si tenemos en cuenta que no lejos del hogar muisca se gestó el mito de Eldorado y que el oro hizo añicos la vida, y la moral, de tantos conquistadores (como este gaditano, pincha aquí) concluyo que tal vez en su momento fuera un metal de lo más corriente . El caso es que el zepguagoscua se popularizó porque, admitámoslo, espolea el orgullo del jugador eso de que tu vecino sea capaz de lanzar tan pesada carga por los aires casi veinte metros hasta la meta mientras tu brazo sufre humillantes pinchazos.

Jugando al tejo por Hachero 3

El tejo es todo un rito en Colombia, donde también se le conoce como turmequé, y consiste en lanzar un disco metálico a través de una cancha en cuyos extremos se colocan unas cajas cubiertas de arcilla en la que yacen enterradas mechas (bolsitas) de pólvora que explotarán cuando se logre el impacto. El objetivo está en el centro de la caja, una suerte de círculo señalado por unas flechitas bajo el que se supone está la gran mecha. La diana se llama bocín y si tiene usted la dicha de aterrizar el disco metálico en semejante lugar se llevará seis puntos. El primero que reviente 9 mechas, a razón de tres puntos por explosión, se lleva el juego. Los puntos cambian según la puntería del tirador y si el proyectil impacta en el centro se otorgarán seis puntos, como decía, pero si la carambola es doble, es decir, en el centro y en una mecha, entonces el agraciado se llevará nueve puntos y los colombianos llaman a semejante gesta 'Moñona', no me pregunten por qué. Mejor bebamos otra cerveza, que en este país incluso tiene un santo cervecero: pincha aquí.

Jugando al tejo por Hachero 4

El juego tiene tantos seguidores y tanta solera que cuenta con esta federación desde que el congreso de la República le dio el espaldarazo definitivo en el año 2000, cuando lo declaró deporte nacional colombiano. Alguien trae otra caja de cerveza y dudo de que mi próximo lanzamiento llegue siquiera a la mitad de la pista: el brazo dormido, la cabeza a las tres de la tarde, la sensación de pertinaz ridículo ante los portentosos brazos de mis rivales, el balbuceo en mis cuerdas vocales... El tejo ya es popular en otros países, como Perú, Ecuador, Venezuela, Brasil, México o los Estados Unidos, llevado en volandas por los emigrantes colombianos y asumido por miles de devotos convencidos por la mezcla de discóbolos amantes de ingerir grandes cantidades de cerveza y el reto de ganar en estado de achispamiento. Tiro mi último tejo y concluyo que el deporte, en ninguna de sus variantes, es lo mío. Por suerte no faltan las cervezas...

lunes, 25 de agosto de 2014

Viaje al Sahara: pescando en el desierto


Junto a la carretera que conduce de Tam Tam Plage a Tarfaya, al sur de Marruecos, el desierto pierde pie y se despeña en un pronunciado precipicio sobre el océano Atlántico. El abismo es importante y el simple hecho de acercarse al borde causa escalofríos y un nudo en la garganta. Pero allí veo a unos tipos que llegan al límite mismo del desierto y desaparecen tragados por el vacío. Veo tiendas precarias, si es que la precariedad es tan precaria como estas tiendas, veo cosas tiradas por los suelos de este Sahara que ahora parece rocoso y más allá esbelto y maleable en las caprichosas formas de sus enormes dunas. Me preocupo. Los tipos no vuelven y el precipicio parece cortado a pico.

Pescadores por Hachero

Paro el coche y busco la solución al enigma. Y ahí están, encaramados en picos tan precarios como sus tiendas, acurrucados en pequeñas planicies que ni tal nombre merecen. Saludo pizpireto y trato de bajar pero uno me hace una señal serio y ceñudo: cuidado, parece decir, si te caes: no hay vuelta atrás. Le hago caso y bajo con cuidado, empuño la cámara y grabo con un ojo, vigilo los pies y el camino con el otro. Un resbalón y estás muerto. Abajo se abre un acantilado de más de cien metros, las olas baten violentas sobre la base del continente africano, no veo modo de subir en caso de accidente. 'No lo hay', dice uno de los pescadores, 'si caes...', y suelta una sonora risotada. ¿Ha pasado alguna vez?, pregunto angustiado. Todos miran al infinito y de pronto pica una lubina.

Pescadores por Hachero

Allá en el horizonte asoma majestuoso en su ruina el casco de un gran carguero que el tiempo ha convertido en un monumento al Olvido. ¿Qué hacen con este pescado?, pregunto otra vez, 'lo vendemos a los camiones frigoríficos que viajan al norte', responde uno de ellos.

Pescadores por Hachero

Mientras tanto residen en sus tiendas precarias, esos trozos de tela de arpillera y mantas beduinas que huelen tan mal como parecen. Azotados por la espuma del mar, el salitre acumulado, las rachas de viento y el inclemente sol, los pescadores del Sahara se afanan en capturar el máximo de pescado para llevar unos dirhams a casa. Unos peces que malvenderán a los transportistas, o a los intermediarios, para que se sirvan en los puertos del norte, en Sidi Ifni, en Agadir, tal vez lleguen a Essaouira. El camino está jalonado por pescadores como ellos, un grupo de cinco aquí, otro de siete allá, un pescador solitario en aquella grieta, tres más cargando cañas de pescar por un desierto que no termina de comprender muy bien qué hacen estos artilugios de pesca en lo más alejado al mar. Que está a unos metros, por cierto.

Pescadores por Hachero

Pescadores por Hachero

Abajo las olas explotan en la base del acantilado y un escalofrío vuelve a recorrerme la cerviz. No imaginaba que pescar en el desierto fuera posible, y mucho menos suicida. Tampoco imaginaba que el célebre dicho de Lao Tsé perdería aquí toda su agudeza. 'Dale un pez a un hombre y comerá un día, dale una caña y comerá siempre....'



jueves, 14 de agosto de 2014

Viaje a Cuba: negocios bajo un calor aplastante




Tras el sencillo mostrador, apenas una ventana, ruge furioso el trapiche. Los clientes se arremolinan sudorosos, esperando anhelantes su vaso de guarapo, aplastados por el sol del mediodía. Tras el mostrador, como decía, ruge el trapiche y sudan, aplastadas ellas también pero bajo techo y por tanto en sombra, las empresarias que rigen los destinos de esta empresa. El funcionamiento no es difícil: el trapiche truena, las cañas de azúcar se acumulan en una esquina, por un lado introducen la materia prima, por un embudo surge mágico el guarapo, que no es otra cosa que zumo de caña, y por el otro escupe los restos machacados del vegetal. Las dos chicas no se consideran empresarias sino 'tenderas' mientras la iniciativa privada se abre paso a una velocidad de vértigo en la antigua colonia española.

El trapiche no es más que un par de rodillos de metal con estrías que machacan los largos palos de la caña impulsados por un motorcito (o por la fuerza bruta de las bestias, los antiguos, o de los esclavos, los más antiguos aún) extrayendo el líquido que se vierte en el interior de un cubo repleto de cubitos de hielo. Lo bebo mientras el sudor forma gruesas gotas en mi frente. Está frío, mastico trozos de agua sólida y siento una potente subida de azúcar que me despeja la mente, somnolienta como el pueblo. Estoy en Remedios, un municipio cubano de estética colonial a pocos kilómetros del celebérrimo Cayo Coco, un hermoso lugar en el Caribe del que nunca estoy seguro de que esté a medio dormir o a medio despertar.

negocios en Cuba por Hachero 3

Los impuestos de empresas como la del pequeño trapiche aportarán durante 2014 un 4% del presupuesto del Estado y el número de trabajadores por cuenta propia se acerca ya a los quinientos mil en toda Cuba (aunque hay quien lo sitúa en los dos millones), de un total de cinco millones de trabajadores. Les dicen 'cuentapropistas' y su tarea se nota ya en muchos rincones. Si en un principio no pasaban de abrir un restaurante (o 'paladar') o arrendar habitaciones o apartamentos a turistas,  su presencia cada día es más habitual en otros sectores, como en el del taxi, la venta de artesanía, pintores o manitas de todo tipo. Según los cubanos de a pie, casi el noventa por ciento de estos profesionales están enmarcados en el sector servicios por el simple hecho de que producen divisas mientras que las inversiones necesarias en los otros campos, desde la agricultura a la minería, siguen igual, dependiendo de unas inversiones estatales que llegan con cuentagotas. Tal vez China sea el horizonte, el auge de un país que es más que un estado, un estado-civilización, como le llama Martin Jacques en su apasionante When China rules the world, un país formalmente comunista pero en la práctica abierto a cualquier tipo de negocio que deje dinero y ayude al Kuomintang a convertirse en superpotencia. Tal vez el partido comunista cubano mire de reojo la explosión capitalista de su antigua aliada y se plantee una revolución dentro de la revolución.

negocios en Cuba por Hachero

Ahora estoy en Cueto, a las puertas del gran ingenio azucarero de la ciudad que le da fama mundial (eso y el salir en la letra del Chan Chan, de Compay Segundo). Bajo el atronador sonido del ingenio en funcionamiento aún hay decibelios para pedirse un refrigerio. Y la muchacha que rige los designios de la máquina de hacer helados cobra por adelantado y rellena los cucuruchos con una crema blanca que anuncia una explosión de sabor frío en el cielo de la boca. Hay cola para comprar helado y no importa el ruido insoportable ni el calor aplastante. Hay que refrescarse y siempre sobran unos centavitos en el bolsillo para darse un respiro. La microeconomía cubana no levantará la nación a base de grandes negocios pero el aire parece haber cambiado para animar un poco la alicaída vida del interior rural de la isla.

negocios en Cuba por Hachero


Eso sí, para hablar de macroeconomía y del destino del país, tendrán que buscar algo diferente en unos momentos en los que el futuro de Venezuela, su alivio durante los últimos años, parece especialmente comprometido por un caos del que difícilmente se puede sacar una conclusión. Carlos Saladrigas, presidente del Grupo de Estudio de Cuba (organización sita en los EEUU), cree que 'la crítica situación económica de Venezuela está llegando a un punto en que la ayuda a Cuba es insostenible y esto indudablemente va a tener consecuencias en Cuba'. De momento, el combustible para que el trapiche de Remedios sigue llegando con normalidad y esta pequeña empresa tiene sensación de normalidad, de emprendedor que ofrece un producto a una demanda que observa ceñuda el proceso. Y el producto tiene demanda porque la caña así sin más puede limpiarse a machete y luego chupar una punta para extraer el azúcar pero si te lo ofrecen en un vasito con hielo y fresquito pues mucho mejor. En la cola del exiguo mostrador los clientes se empeñan en educar al extranjero. 'Es muy bueno para las mujeres recién paridas', dice un señor con bigote, 'añadiendo levadura hacemos vinagre', cuenta una señora, 'hay que consumirlo corriendo porque si no pierde el color y se pone feo', concluye un abuelo. La iniciativa privada se abre paso por doquier. Pizzas callejeras en Baracoa, intercambio de frascos para perfumes en Santiago, helados en Macané, una señora que asegura llevar café a domicilio en La Habana, trapiches en Remedios. El sector más primario de la iniciativa privada está en movimiento...

negocios en Cuba por Hachero

Algunos reportajes de cómo la microeconomía ya ha cambiado el interior de Cuba: 



miércoles, 6 de agosto de 2014

Viaje a la India: muerte y funeral de una vaca en el Ganges

Vaca en Benarés por Hachero

En un ghat de Benarés una vaca yace muerta. Está ahí, tumbada en el suelo, soltando líquidos bajo el bochorno de un amanecer que anuncia un día caluroso. Hay que actuar rápido si se quiere evitar que grandes nubes de moscas acudan golosas a repartirse el cadáver. Un niño la mira absorto. Una vaca muerta no es cualquier cosa en la India. Y no porque no mueran, que mueren, y mueren en la calle, ante la vista de todos, mueren porque son seres vivos, y todo lo que vive muere casi por definición, y ese niño tiene muchas papeletas para que la vaca que observa atento no sea la primera que ve así: cadáver. Aún así, la mira curioso. Una vaca muerta no es cualquier cosa en la India.


Y no es cualquier cosa porque la vaca es el símbolo de los símbolos, el Gran Símbolo, por decirlo de algún modo. Simboliza la Madre Tierra, la Naturaleza, la fertilidad, la fuerza sexual y la abundancia. Los hindúes la ven como a una madre porque, dicen, da leche. Yo la miro y veo luego una cabra y me pregunto qué diferencia la leche de ambas, pero me callo. La vaca es Kâmadhenu, o ‘la que otorga deseos’, la representación física de Lakshmî, la diosa de la prosperidad. Kâmadhenu, o la vaca, representa además, y por si fuera poco, a todas las especies animales.

Vaca en Benarés por Hachero


Dice la leyenda que el dios Brhama se transformó en vaca y ofreció a los hombres el néctar en forma de leche. Así que el niño que observa ese cuerpo inerme de una vaca tal vez esté pensando que contempla el cuerpo inerte de un dios. Y puede que lo sea. El cuerpo inerte de la vaca atrae cada vez más atención. Se acerca un señor con el torso descubierto, que la observa apesadumbrado. Menea la cabeza en señal de desaprobación, no sé si por la muerte en sí o por la inminencia del calor bíblico que azota a diario estos ghats y este río sagrado, recuerden: el Ganges. Tal vez apele a Prishni, o ‘nube de lluvia’, que es el epíteto de Rudranî, la pareja de una de las formas primitivas de Shiva, el de las fuerzas básicas de la naturaleza, a la que se representa, precisamente, como una vaca lechera que nutre y alimenta al mundo (aunque a Shiva hay que darle cancha porque sus representaciones incluyen a estos desconcertantes babas que pululan por la ribera del Ganges, pincha aquí. Porque es innegable que una nube de lluvia aliviaría el día y daría tiempo para pensar qué hacer con la carcasa de ese cúmulo de dioses.

Vaca en Benarés por Hachero

Los curiosos se arremolinan para mirar la vaca. Hay quien reza con el agua al cuello (literalmente), hay quien se sienta en los escalones para entonar esos salmos védicos que me recuerdan al rosario de los rocieros, hay quien mira sin mostrar más emoción. He visto a las vacas pasear como perico por su casa, correr por las calles, entrar en casas y ocupar templos, y he visto también como la gente las respeta con indiferencia (aunque en alguna ocasión también he visto sonoras patadas en el lomo de estos dioses lácteos). Normalmente se las respeta con devoción, se las alimenta como forma de incrementar el karma y sus presencias, en ocasiones molestas, se toleran con la alegría del que ve desfilar una patulea de dioses por la puerta de tu casa. Y además son dioses con dioses porque, por si fuera poco en el enorme panteón hindú (con más de 330 millones de dioses), las vacas tienen su propia divinidad: se llama Rohinî y es la nieta de Brahmâ y esposa del dios de la luna, Chandra. La relación de las vacas con el mundo de los dioses es tan complicada como el mismo panteón lo es a ojos de los monoteístas (y aún más para los ateos). Por ejemplo, Vishnu era un vaquero que se reencarnó en Krishna y el Goloka es uno de los paraísos del hinduismo, una palabra sánscrita que significa, literalmente, ‘Mundo de las vacas’.

Vaca en Benarés por Hachero


Sea como sea, la vaca es un dios vivo, que se pasea por las esquinas dejando en cada rincón una buena muestra del por qué de su éxito en la India. De la vaca sale la leche, el yogur y la mantequilla, que los hindúes comen con verdadero deleite, pero también la orina, que usaban como desinfectante, y el estiércol, que les servía como combustible.

En su esquizofrénico ‘Viaje a la India mágica’, el escritor afgano Tahir Sha describía la microeconomía que observó en una sola vaca: el dueño la alquilaba a una anciana que la mostraba orgullosa en una esquina a cambio de unas rupias y de la que se quedaba la leche, todo esto sin que la vaca hiciera otra cosa que simplemente estar: Tahir Sha, El aprendiz de brujo. En todo caso la adoración en la India por las vacas tiene elementos que justifican esa esquizofrenia, como el caso de Kanchan Rani Dutta, quien se suicidó al encontrar muerta su vaca en el establo, ver aquí.

Vaca en Benarés por Hachero

El amor por las vacas en la India hay que buscarlo en el principio de los tiempos, antes incluso que los arios se enseñorearan del subcontinente, cuando los pueblos aborígenes tallaban vacas y pintaban búfalos en las paredes, un animal que además de todo simboliza también la fuerza agresiva y la sexual (junto a Shiva, que se le representa con un buen falo en cualquier rincón)

Vaca en Benarés por Hachero

Por fin arrastran la vaca hasta la orilla, justo al lado de un señor que arde en una pira funeraria ante la indiferencia general. Ya en el agua, una señora sentada a popa agarra firme la cola del animal, o del dios, o del conjunto de dioses, del cadáver, en suma, mientras un señor rema pausadamente hacia el centro del río. El cuerpo flota en su camino hacia la eternidad, una eternidad un tanto húmeda y muy transitada, vista la cantidad de cadáveres que se hunden en este río. Algunos en forma de ceniza, otros medio carbonizados porque la familia no consiguió el suficiente dinero para la leña necesaria, los puros envueltos en un sudario y atados a un pedrusco de buen tamaño para que no floten (los bebés, las mujeres embarazadas, aquellos a quien mató una serpiente, los leprosos y las mujeres embarazadas). La vaca se hundirá en el río y con ella se va una vida, una creencia, una microeconomía, una fuente de productos lácteos, un montón de dioses y una forma de entender el mundo.


Abajo dejo un video que grabé en el Ganges y del que salen las imágenes del post.



Referencias:

pincha aquí para conocer algo más sobre la vaca en la India como símbolo en este completo estudio de Enrique Gallud, del Instituto de Indología.

martes, 29 de julio de 2014

Viaje al mar del sur de China: las Spratlys son de Filipinas, y de China, y de Taiwan, y de Malaisia, y de Vietnam, y de Brunei...


Allá en el horizonte se esconden las doscientas islas de la discordia. Los vietnamitas las conocen como las islas de las 'Arenas Largas' (truong Sa), los chinos les dicen 'El archipiélago de las Arenas del Sur' (Naansha Qundao) y los filipinos 'Islas de la Libertad', o Kalayaan en tagalo. Los tres países consideran suyas unas islas que en algunos casos ni siquiera sobresalen de las aguas más que unos centímetros (en marea baja). Por si fuera poco, el extraño país de Brunei dice que algunas de esas islas son suyas, como el arrecife Louisa, Malaisia dice que el archipiélago se llama Kepulauan Spratley y lo reclama como suyo, Taiwan afea a los demás tanta ambición y dice que son los auténticos dueños de las Nansha Qundao (como chinos que son utilizan el mismo nombre que Pekín). Desde la isla de Palawan no acierto ni siquiera a intuirlas, a pesar de que la marea baja obliga al mar a retroceder cientos de metros (no exagero: cientos de metros). Pero ahí deben de estar, en el mar del sur de China, islas codiciadas por seis países y un motivo de fricción que puede acabar en un conflicto cuando menos se espere.


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 Un extraño mar del que sobresalen islotes que desaparecen y florecen tallos verdes[/caption]



Entre las Filipinas y Vietnam sobresalen levemente del mar las islas Spratlys, el botín deseado por todos los vecinos del Mar del Sur de China (Cortesía de: http://www.dailymail.co.uk/news/article-2088414/Dispute-oil-rich-islands-South-China-Sea-escalate-state-state-conflict-U-S-admiral-warns.html)

Mi primo Joel, que es filipino, se indigna con la polémica: 'mira el mapa, están al lado de las Filipinas, está claro que son nuestras', se indigna con gesto adusto y regusto patriótico, '¿qué quieren esos chinos?'. Pues esos chinos, y aquellos vietnamitas, y aquellos malaisios, y hasta los taiwaneses y como se llamen los de Brunei quieren lo que quieren todos: petróleo, gas y pesca. Mucho petróleo, mucho más gas y aún más pesca: dicen los expertos que en esas aguas puede habitar una décima parte de la pesca de todo el planeta. Frunzo el ceño y miro el agua incrédulo cuando un alevín de pez espada se asoma para mirarme a su vez.

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Para ponerlo sobre el papel: Brunei reclama el arrecife del sur del archipiélago, las Filipinas ocho islas del conjunto y parte del mar de China, un reclamo este último (el del mar de China) que choca frontalmente con las peticiones de los gobiernos de China, Vietnam y Taiwan. Un mar que para Pekín es de 'interés estratégico' y unas islas que, en honor a la verdad, están entre las Filipinas y Vietnam. El periodista y estratega norteamericano Robert D Kaplan encuentra similitudes entre el Caribe y este mar de China, no tanto en su estética (que también) sino en el papel que le permite jugar a una gran potencia. En el caso del Caribe fueron los Estados Unidos quienes lo conquistaron a finales del siglo XIX (a costa de España) y les dio impulso para lanzarse a la conquista del resto del planeta. Si a Washington le importó realmente poco eso de la soberanía nacional y plantó su bandera en Puerto Rico y en otras muchas islas, lo que vino a ser como poner una piscina en su patio trasero... Los chinos, que también leen historia (sobre todo porque tienen más que nadie) tienen ambiciones:sospechen mal y acertarán: eso de la cercanía en un mapa les importa un soberano pimiento. Se trata de geoestrategia, de liderazgo y de recursos energéticos.

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Y para corroborar el enorme lío y que la fuerza tiene voz y voto en este conflicto internacional, basten estos datos: China ha ocupado por la fuerza ocho arrecifes del conjunto (que suman entre todos menos de una hectárea), Malaisia ha ocupado tres arrecifes y un banco de arena (además de construir una isla artificial), Filipinas tiene ocupadas siete islas, dos arrecifes y un islote, Taiwan posee una isla (la mayor del archipiélago, Itu Aba) y un arrecife, y por último Vietnam ha ocupado siete islas, quince arrecifes y tres bancos de arena. La mayor parte de esas ocupaciones son cayos o islotes sin mucha importancia, sobre todo porque casi todos sólo son visibles cuando baja la marea. El lugar es tan extraño que ni siquiera se sabe el número exacto de islas y los mapas compiten en mostrar puntos que bailan de un plano a otro.

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Visto el archipiélago desde el aire con el google earth se aprecian construcciones levantadas sobre algunas de las remotas islas
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Dice Kaplan en su último libro, 'Asia's Cauldron', que la aspiración de China a esta cadena de islas viene de lejos y que desde el siglo XV al XIX las dinastías Ming y Qing las incluyen en sus planos. Sin embargo, y con un mapa en la mano, los chinos parecen los menos indicados para reclamar nada. Pero la geopolítica y los intereses de una superpotencia en expansión como la china tienen otros razonamientos y aquí impera la fuerza. De hecho los chinos tienen un modo muy peculiar de reclamar las islas: la línea de la lengua de vaca, le dicen,  un mapa que el Kuomintang chino elaboró a mediados de siglo para justificar sus reclamaciones. En el plano, la línea zigzaguea por el mar del sur de China para, casualmente, acaparar todas sus aspiraciones y darles una consistencia de legalidad en una reclamación un tanto errática que, vista sobre el mapa, adopta esa forma: la de una lengua de vaca. Claro que la consistencia es débil, más allá de la fuerza militar de Pekín, y recuerda a la que Kaplan mencionaba antes, la del Caribe, donde no hubo ni siquiera este burdo intento. Los chinos parecen decir: es nuestro y sanseacabó. Los demás protestan, con poca esperanza de conseguir nada más que una mirada de desprecio, y acuden a la armada norteamericana para que les eche un capote y equilibre fuerzas. Pero cada día que pasa los chinos tienen un mayor potencia económico y pronto llegará el día en el que Pekín ocupe tranquilamente las islas sin que nadie le tosa. Todos los aspirantes tendrán que mirar desde el horizonte, rezar para que la superpotencia económica no les hunda sus economías y recordar cuando sus pescadores se paseaban por unas playas que nunca han dejado de ser un paraíso en la tierra (y un infierno cuando soplan esos tifones huracanados y el mar se levanta en maremotos desbocados).

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Kaplan no es el único en intuir tambores de guerra en la zona: Susan George, en su Informe Lugano, considera más que posible un enfrentamiento entre China y Taiwan, por un lado, y con Vietnam y Filipinas, por otra parte, a resultas de estas islas y Miguel García Reyes alude a fuentes rusas para cifrar entre 15.000 y 30.000 millones de barriles de petróleo el yacimiento que esconde el lecho de las Spratlys (ver su libro 'Estados Unidos, petróleo y geopolítica'). La literatura es abundante y coincidente en la posibilidad de la guerra y, al tiempo y paradójicamente, en su imposibilidad dada la gran superioridad de China en todos los sentidos. Mientras, los habitantes de Palawan, la tierra firme más cercana a las Spratlys, sobreviven como pueden, ahora un tifón, ahora un terremoto, más tarde el olvido del gobierno. Sus playas son paradisíacas, los turistas tienen para elegir El Nido, al norte de la isla, o el río subterráneo navegable más largo del mundo, además de naturaleza desatada y pesca y anacardos a espuertas, pero sometidos, por tanto, al capricho del turismo internacional, que aquí se ve como un maná y al tiempo como una maldición. Mi prima Carmen me regala, así de pronto, dos kilos de anacardos. 'Le vendrán bien para el viaje hasta España', me dice tan fresca que le beso la mano en agradecimiento. Si fallan los turistas, falla la economía de la isla y falla todo...

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Los vietnamitas, volviendo al tema de las Spratlys, dicen que las islas son suyas con algo más de razón que los chinos porque están justo enfrente de sus costas y, además, los franceses las ocuparon durante la colonia de Indochina, por lo que, razonan en Vietnam, es la demostración más palpable de que la isla es nuestra. Para liar la cosa resulta que existen unos escritos del siglo XVII, de la dinastía Nguyen, que las mencionan como propias y se quejan de la falta de agua fresca en esos peñascos repartidos por el mar. Las islas, vistas desde el cielo con el googlemaps, ofrecen bellas estampas de atolones con tonalidades marinas de azules imposibles y sensación de aislamiento absoluto. En algunos casos pueden verse islas donde han construido pistas de aeropuerto tan grandes que duplican la misma longitud del islote, y en otros casos no puede verse absolutamente nada porque la zona está sombreada y se presume que habrá algún tipo de despliegue militar. El petróleo y el gas tienen su importancia pero dicen los expertos que aquí puede encontrarse una décima parte de la pesca de todo el planeta. Tanta es la tensión que los pesqueros chinos navegan acompañados de patrulleras chinas y que no hay semana en la que se produzca alguna fricción que haga temer lo peor a los geoestrategas del sudeste asiático. A ras de suelo no se adivinan esas tensiones y sí un mar de aguas transparentes con extrañas medusas que dormitan en el fondo con la cabeza hundida en la arena...

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Algunos islotes han sufrido remodelaciones que los han dejado irreconocibles, como esta isla filipina Kalaayan, mientras que otras, como la de abajo, aparece sombreada en los mapas, no vaya a verse qué hacen y quiénes...
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Pero si lo que reclaman los vietnamitas parece más coherente que las razones chinas, los filipinos lo rompen con un rápido vistazo al mapa: las islas están a tiro de piedra de Palawan, la isla de mis primos perdidos, el motivo de mi visita a las Filipinas y a Palawan. Claro que también son los más débiles de todos los vecinos, con un gobierno errático y perdido en corruptelas y luchas intestinas contra rebeldes musulmanes y terroristas islámicos radicales, como los que me contó el padre Max en Zamboanga (pincha aquí). Los filipinos tienen verdadera necesidad de acceder a los recursos energéticos y pesqueros de las Spratley pero no parece que sean los que se lleven el gato al agua. Los filipinos, como dije antes, llaman a las islas Kalayaan, que significa Tierra de la Libertad, o Freedomland, despreciando ese nombre tan lioso de Spratly, en homenaje a su supuesto descubridor, un tal Richard Spratley, capitán de un ballenero, y prefieren el nombre que les dio un millonario filipino, Tomás Cloma, que tomó posesión oficialmente en 1956. De hecho las Spratlys están tan cerca de Palawan que los habitantes de las exiguas islas van a Puerto Princesa para avituallarse y hasta el alcalde de Pagasa, uno de esos islotes, vive allí porque los tifones y las olas le impiden residir permanentemente en su hogar. Entre los filipinos la impresión es de que les han robado en sus propias narices y que no pueden hacer nada por evitarlo. Es más: tienen miedo de que les invadan Palawan y están convencidos de que, antes o después, ocurrirá. No tranquiliza saber que incluso los matones de Abu Sayyaf han sido capaces de atacar hoteles en esta estupenda isla y de trasladar a los rehenes al archipiélago de las Jolo y las islas Sulu, que no están precisamente cerca...

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Los taiwaneses también aspiran a pillar cacho. De momento tienen 140 hombres, según asegura Kaplan, en Itu Aba, la mayor de las Spratlys, y como buenos chinos que son, pero isleños, utilizan los mismos argumentos que sus acérrimos enemigos de Pekín. Las islas son nuestras y se acabó, y las razones se solapan con las de los chinos porque, no olvidemos, son los mismos chinos que los del continente, aunque en una isla desde que Mao Zedong expulsó a Chan Kai Shek a lo que hoy es Taiwan.

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La aspiración malaisia es más reciente y hay que remontarse a 1979 cuando Kuala Lumpur pareció caer en que perdía el paso si no reclamaba algo de este embrollo. Y qué decir de Brunei, que reclama como suyas dos arrecifes que están más cerca de Vietnam que de sus remotas costas. Pareciera como que el que no llora no mama en esta región. Y mientras mis primos le hincan el diente a un gran cangrejo que aquí llaman algo así como 'Cucracho', asisto atónito al vaciado de la marea.

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La marea baja en Palawan y parece que el agua huya de los humanos. Intento llegar a la orilla pero está tan lejos que me canso de andar y me siento en un charco a observar cómo los lugareños revuelven la arena en busca de mariscos. Sacan esponjas, cangrejitos, pequeños crustáceos y pienso entonces cómo en ese justo instante alguien en la gaditana playa de la Caleta hace exactamente eso mismo. Pero la marea aquí baja una barbaridad, si trasladara la proporción a Cádiz creo que podría andar desde el castillo de Santa Catalina hasta la mismísima base de Rota sin mojarme los pies. No me extraña entonces que haya tantos islotes que sólo asoman con marea baja. La marea baja aquí es realmente baja... Joel me observa divertido y recuerda que algunos de los islotes en disputa no son otra cosa que producto de la marea baja.

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Por si fuera poco el nivel de tensión que generan esas islas dispersas, las Spratly tienen una historia añadida que les confiere un puntito de marihuanero pasado de rosca. En 1914 un británico llamado James George Meads tomó posesión de algunas islitas, se nombró a sí mismo rey James I y estableció el que llamó Reino de la Humanidad, un reino efímero que desapareció durante la segunda guerra mundial, cuando los japoneses ejecutaron a la guardia real y pusieron a la fuga al heredero, el supuesto rey Franklin I. En 1959 un alemán oriental, Christopher Schneider, fundó la República de Morac Songreti Meads, un reino rival del de la Humanidad, aunque un tifón se lo llevó por delante y murió a principios de los setenta. (Aquí puedes encontrar información sobre la rivalidad de estos dos reinos) . Un lugar apto para orates de la otra parte del mundo que sufran accesos monárquicos y autoritarios de islote. Abandono Palawan sin poder pisar ninguno de los islotes, hacen falta muchos días para embarcarse en un pesquero o varios permisos para sobrevolarlos y no tengo más tiempo. La próxima vez será...

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